La presente investigación se centra en el análisis de los orígenes y la evolución histórica del movimiento feminista, con especial atención a partir del siglo XIX. Como otros movimientos sociales, el feminismo tiene una historia y esta incluye el conjunto de movimientos y teorías que reivindicaban grosso modo la denuncia a causa de la desigualdad persistente entre hombres y mujeres a lo largo del tiempo.
Durante siglos, las mujeres han sido sometidas a la autoridad masculina en la mayoría de los ámbitos de la vida, desde el social y legal hasta el académico, científico y político. Sin embargo, el pensamiento feminista tiene antecedentes remarcables que se remontan al menos a la Edad Media con la conocida «querella de las mujeres», un conjunto de escritos que, hasta la Ilustración del siglo XVIII cuestionaron su estado de subordinación.
Su abasto es discutido, tanto por cronología (existen ciertas discrepancias sobre el momento de inicio y también, cuando empieza y cuando termina una ola) como la tipología de fenómenos que debería de comprender, ya que mayoritariamente el discurso se ha centrado y ha contado las vivencias de las mujeres blancas y occidentales en el tema de defensa, liberación y reivindicación de los derechos de las mujeres, dejando en segundo plano las realidades del movimiento de liberación de mujeres de otros continentes.
El feminismo ha experimentado una profunda evolución a lo largo de la historia, desde los primeros planteamientos críticos en la Edad Media y los debates filosóficos de la época ilustrada, pasando por la acción política de la Revolución Francesa y los movimientos sufragistas de los siglos XIX y XX, hasta las luchas contemporáneas del siglo XXI. Autoras como Mary Astell, Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft sentaron las bases ideológicas del pensamiento feminista moderno, mientras que figuras como Sojourner Truth y Frederick Douglass transformaron estas ideas en acción, vinculando la lucha por los derechos de las mujeres con otros movimientos emancipadores.
En la actualidad, el feminismo se ha diversificado y globalizado, incorporando nuevos enfoques como el ecofeminismo, el feminismo descolonial y el ciberfeminismo, abordando cuestiones como la violencia de género, las identidades disidentes y la desigualdad económica.
A continuación, exploraremos las distintas etapas o "olas" del feminismo, destacando sus hitos, figuras clave y transformaciones.
Primera Ola: El Feminismo Ilustrado y la Revolución Francesa
Al siglo XVIII se lo conoce como el Siglo de las Luces. Con este llegaron la Ilustración y la Revolución Francesa, y la defensa por la igualdad entre los ciudadanos adquirió un gran protagonismo en la sociedad. En 1789, en plena revolución, la Asamblea Nacional Constituyente francesa aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano.
Este documento, lejos de respaldar los derechos de todas las personas, recogía y proclamaba exclusivamente los derechos fundamentales de los hombres. Siendo parte de la revolución y del movimiento ilustrado, las mujeres empezaron ser conscientes de la opresión en la que vivían y decidieron luchar contra ella. Olympe de Gouges, escritora y filósofa política francesa, fue la primera mujer ilustrada en alzar la voz.
A raíz de la Revolución Francesa, la escritora Olympe de Gouges proclamó en 1791 la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía, como respuesta crítica a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 por la Asamblea Constituyente de Francia, que había excluido explícitamente a las mujeres. Su compromiso con la igualdad la condujo a ser guillotinada en 1793.
En 1791 publicó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, un artículo en el que reivindicaba que las mujeres pudieran tener los mismos derechos civiles que los hombres. De Gouges apuntó: “La mujeres tienen derecho a ser llevadas al cadalso y, del mismo modo, derecho a subir a la tribuna”. Pero la Ilustración no quería mujeres con razón y, por defender la igualdad legal y jurídica entre los sexos, Olympe de Gouges fue guillotinada en 1793.
Paralelamente, en Inglaterra, la filósofa Mary Wollstonecraft publicaba Vindicación de los derechos de la mujer (1792), una obra fundamental en la que denunciaba la desigualdad como una construcción social y reclamaba la igualdad de acceso a la educación como base para la libertad. Según las profesoras Júlia Nuño y Mariona Lloret, el pensamiento de ciertas mujeres del siglo XVIII influyó de manera significativa en el desarrollo del feminismo. De acuerdo con esta visión, la primera oleada -considerada el nacimiento del feminismo moderno- se identificaría con el periodo de la Ilustración.
Un año después de que se publicara el texto de De Gouges, la escritora y filósofa inglesa Mary Wollstonecraft (madre de Mary Shelley, autora de Frankenstein o el moderno Prometeo) redactó la Vindicación de los Derechos de la Mujer, un artículo en el que proclamaba la igualdad entre los sexos y afirmaba que la diferencia entre el hombre y la mujer no era algo natural sino cultural, un sesgo producido mediante la educación.
El poder reaccionó de manera muy negativa ante este primer debate feminista ilustrado. Como respuesta, las mujeres fueron excluidas de los derechos políticos, se prohibió que pudieran reunirse más de cinco mujeres en la calle y muchas fueron encarceladas por sus ideales. Además, a inicios de 1800, el Código Napoleón, que planteaba el matrimonio como un contrato en el que la mujer estaba obligada a obedecer a su marido, se extendió por toda Europa. Así, la Ilustración alumbró al feminismo, pero también supuso su primera gran derrota.
Olympe de Gouges, figura clave de la primera ola del feminismo.
Segunda Ola: Las Sufragistas y la Lucha por el Voto
En cualquier caso, con la llegada del siglo XIX, el feminismo inició una nueva etapa marcada por la organización colectiva de las mujeres y la vinculación de su discurso con otras luchas sociales.
La segunda ola feminista, también conocida como sufragismo, surgió en Estados Unidos y Reino Unido a mediados del siglo XIX. En esta segunda fase, el feminismo pasó de ser una lucha únicamente intelectual a convertirse en un movimiento de acción social.
En Estados Unidos, tras haber luchado por la independencia de su país, las mujeres empezaron a agruparse para defender sus derechos y los de los esclavos. En 1848, Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott organizaron la Convención de Seneca Falls, la primera convención estadounidense sobre los derechos de la mujer donde, gracias a la firma de 68 mujeres y 32 hombres, se aprobó la Declaración de Seneca Falls o Declaración de Sentimientos.
La Convención de Seneca Falls marcó un hito en la historia del feminismo estadounidense, ya que surgió la Declaración de Sentimientos, un documento inspirado en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, que afirmaba, en esencia, que hombres y mujeres son creados iguales. En este primer programa político feminista se reivindicaba la igualdad de los derechos civiles, incluyendo el derecho a voto y la educación.
Al otro lado del Atlántico, las mujeres inglesas empezaron a pedir el sufragio femenino en en 1832, pero su solicitud fue completamente ignorada. Por eso, más de tres décadas después, las sufragistas pasaron a la acción: Emily Davies y Elizabeth Garret Anderson redactaron la Ladies Petition, la primera petición masiva de voto para las mujeres que fue respaldada por 1.499 firmas. Sus compañeros y aliados John Stuart Mill y Henry Fawcett presentaron el documento en la Cámara de los Comunes, donde la Ladies Petition fue rechazada.
En 1903, en vistas de la persistente respuesta negativa, las sufragistas, lideradas por Emmeline Pankhurst, empezaron a irrumpir en discursos políticos, a asaltar los mítines del Parlamento y a usar métodos de lucha de los que fueron pioneras, como las huelgas de hambre, los encadenamientos, los sabotajes y el uso de explosivos. Pero, pese a las múltiples estrategias que idearon para hacerse oír, las feministas continuaron siendo mayoritariamente ignoradas.
El sufragismo estuvo liderado principalmente por mujeres burguesas blancas, pero al final de la segunda ola aparecieron feministas con otras realidades. Una de ellas fue Sojourner Truth, la esclava negra que habló de la doble exclusión por ser negra y mujer. Otra fue Flora Tristán, la socialista que manifestó la doble represión de clase y de género que sufrían las mujeres obreras, acuñando la frase “la mujer es la proletaria del proletariado”.
Finalizada la Primera Guerra Mundial, Reino Unido aceptó el sufragio femenino como “agradecimiento a las mujeres por sus trabajos prestados durante la guerra”. A finales del siglo XIX e inicios del XX, el sufragio femenino empezó a convertirse en una realidad. El primer país del mundo en aprobar el voto para las mujeres fue Nueva Zelanda, el 18 de septiembre de 1893. Le siguieron Australia en 1902, Finlandia en 1906 y Rusia en 1917.
Finalizada la Primera Guerra Mundial, Reino Unido aceptó el sufragio femenino como “agradecimiento a las mujeres por sus trabajos prestados durante la guerra”. En 1920, Estados Unidos aprobó el voto para las mujeres blancas. En España, el sufragio femenino llegó en 1931, durante la Segunda República Española, pero desapareció nuevamente con la llegada de la dictadura franquista tras la Guerra Civil.
Tercera Ola: El Segundo Sexo y la Diversificación del Feminismo
En el periodo de entreguerras, el movimiento feminista se paralizó. Las mujeres habían conseguido el voto, algunas empezaron a ir a la Universidad y, satisfechas con estos nuevos derechos y libertades, muchas se desmovilizaron. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, la sensación de malestar apareció de nuevo.
Las mujeres habían participado de manera activa durante la guerra y ya no querían volver al rol de esposas sumisas, obedientes y complacientes. Ahora querían disponer de su independencia, trabajar, tener salarios justos, controlar su maternidad y divorciarse sin presión. En este contexto aparecieron las dos escritoras y filósofas que lideraron la tercera ola feminista: Betty Friedan y Simone de Beauvoir.
La socióloga estadounidense Betty Friedan publicó, en 1963, la La mística de la feminidad, un ensayo en el que abordaba el “problema que no tiene nombre”. En La mística de la feminidad, Friedan criticó la situación de sometimiento que vivían las mujeres y afirmó que estas eran infelices porque el sistema las obligaba a priorizar el cuidado de los demás frente al suyo propio. El pensamiento de Friedan tuvo un gran impacto en Estados Unidos e hizo que muchas mujeres se replantearan su papel en la sociedad.
Por su parte, el estudio más completo sobre la condición de la mujer llegó en 1949, cuando la filósofa francesa Simone de Beauvoir publicó El segundo sexo. En su ensayo, de Beauvoir defendía que no hay nada biológico que justifique los roles de género, sino que estos se van creando a medida que las personas cumplen con una serie de roles asociados a su sexo. La filósofa hizo una dura crítica del androcentrismo y apuntó: “no se nace mujer, se llega a serlo”.
Durante la tercera ola, el debate feminista fue evolucionando y terminó por dividirse en dos ramas. Por un lado, apareció el “feminismo liberal”, que describía la situación de las mujeres como una desigualdad y consideraba que había que luchar por implementar cambios hasta conseguir la igualdad entre los sexos. Y, por otro, se instauró el “feminismo radical”, que proponía eliminar la “raíz” del problema, es decir, el patriarcado o sistema establecido de dominancia del hombre hacia la mujer.
En los años sesenta y setenta, hubo una gran producción literaria alrededor del movimiento y se crearon revistas como Ms. Magazine, la publicación feminista fundada por Gloria Steinem y Dorothy Pitman Hughes, mujeres referentes del final de la tercera ola. En estas publicaciones se incorporaron componentes de la teoría queer, el antirracismo, la teoría post colonial y la visión positiva de la sexualidad. A partir de los noventa, se puso el énfasis en reivindicar que no hay un solo tipo de mujer sino múltiples, dependiendo de cuestiones sociales, culturales, étnicas, religiosas, nacionales y demás.
De hecho, al igual que en el siglo XIX con la lucha anti esclavista, el feminismo siempre ha ido del brazo de otras luchas históricas de colectivos minoritarios que han sido perjudicados.
Simone de Beauvoir, autora de "El segundo sexo".
Cuarta Ola: Feminismo en el Siglo XXI y la Era Digital
A lo largo del siglo XXI, la conciencia sobre la persistente desigualdad entre géneros ha ido creciendo en el mundo. El feminismo ha cogido fuerza a nivel global, dando pie a fenómenos como las multitudinarias manifestaciones feministas del 8 de marzo de 2018 o el movimiento #MeToo, en el que miles de mujeres denunciaron sus experiencias de acoso sexual en redes sociales.
Los expertos apuntan a que nos encontramos en la cuarta ola feminista, en la que cuestiones como la violencia de género, la brecha salarial o los techos de cristal están en el centro del debate. Pese a los grandes avances logrados por el feminismo, a día de hoy aún no se ha alcanzado la plena igualdad entre hombres y mujeres.
Uno de los momentos más destacados y que tuvo más impacto a nivel internacional, fue el movimiento #MeToo iniciado por Tarana Buke en el año 2006 y que se viralizó en octubre de 2017. Alyssa Milano lo utilizó por las redes sociales para denunciar públicamente las situaciones de agresión y abuso sexual que había sufrido por parte del poderoso productor Harvey Weinstein con el hashtag #MeToo.
En la actualidad, el feminismo se ha diversificado y globalizado, incorporando nuevos enfoques como el ecofeminismo, el feminismo descolonial y el ciberfeminismo, abordando cuestiones como la violencia de género, las identidades disidentes y la desigualdad económica. Desafortunadamente, ante el aumento de la consciencia crítica feminista y de la legislación que da cobertura legal a algunas de las demandas del movimiento feminista, cada vez hay más reticencias por parte de grupos que forman parte de la extrema derecha y que catalogan el feminismo como la ideología de género.
La diversidad de temáticas y derechos a reclamar hace que el movimiento feminista se diversifique, desde el feminismo decolonial, pasando por el ecofeminismo hasta el ciberfeminismo.
Las tres anteriores olas han ido ampliando el camino aún sin final del movimiento feminista, consiguiendo que este tenga cada vez más adeptos y luchadores en sus filas. Y sobre todo, han ido cubriendo las necesidades de las mujeres en el momento en el que se dieron. Pero estas han cambiado en la actualidad, y algunos de los retos a los que se enfrenta este cuarto título de la saga son, por ejemplo, que la sociedad acepte la importancia que tiene la igualdad de género y la necesidad de que a través de políticas públicas y feministas se vaya consiguiendo. También alcanzar la clara y rápida identificación de las situaciones de desigualdad hacia las mujeres dadas por la herencia del patriarcado, que van desde acosos sexuales callejeros, pasando por la brecha salarial y la carga de trabajo doméstico, hasta llegar al lenguaje.
Una marcha feminista en París, ejemplo del activismo contemporáneo.
A continuación, se presenta una tabla que resume las principales características de cada ola del feminismo:
| Ola | Periodo | Principales Reivindicaciones | Figuras Clave |
|---|---|---|---|
| Primera Ola | Siglos XVIII y XIX | Derechos civiles, derecho al voto, acceso a la educación | Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft |
| Segunda Ola | Mediados del siglo XIX hasta 1960 | Sufragio femenino, igualdad legal, derechos laborales | Emmeline Pankhurst, Elizabeth Cady Stanton |
| Tercera Ola | 1960 - 1990 | Derechos sexuales y reproductivos, crítica al patriarcado, diversidad | Simone de Beauvoir, Betty Friedan |
| Cuarta Ola | Siglo XXI - Presente | Violencia de género, brecha salarial, justicia social, activismo digital | Tarana Burke, Malala Yousafzai |
