El Apego en el Recién Nacido: Clave para su Desarrollo Emocional y Social

El apego es un vínculo afectivo que se crea desde la primera infancia y depende fundamentalmente de nuestras figuras de referencia: nuestros padres. Este vínculo comienza desde el periodo prenatal, estableciendo una relación íntima y especial entre la madre y el embrión. La forma en la que la mamá habla a su bebé y acaricia su vientre son señales que el bebé percibe, fundando así la base del vínculo de apego.

La Importancia del Apego en el Desarrollo Cerebral

Una de las principales características de la especie humana es que nuestros bebés nacen profundamente inmaduros, en contraste con otras especies. El cerebro de un recién nacido tiene todas las neuronas que tendrá el resto de su vida, pero estas están aún apenas conectadas entre sí. Durante el desarrollo se tendrán que crear las conexiones entre ellas, para lo que es absolutamente imprescindible la estimulación de las personas que cuidan al bebé, habitualmente padre y madre, necesarias para construir las vías neuronales de las que, posteriormente, emergen las capacidades emocionales y cognitivas de un cerebro adulto.

Los recién nacidos dependen de otra persona que los proteja para seguir con vida; sin esa otra persona que los cuide y alimente morirían. Para que las neuronas se conecten entre sí, para que se creen, por tanto, las estructuras neuronales de las que emergen las capacidades de la mente humana, es necesario un otro. Las neuronas no crecen y no se conectan entre sí si el bebé no es estimulado, tocado, hablado y mecido suave y afectuosamente.

Por tanto, los bebés necesitan para alcanzar un sano desarrollo ser alimentados, ser hidratados, ser protegidos, ser estimulados, etc. Esto hace que la necesidad constitutiva del ser humano, la necesidad principal de los bebés y de los niños, desde la que se organizan todas las demás y que guía el desarrollo, es sentir que tienen a sus figuras de cuidado (normalmente padre y madre) disponibles y sensibles ante sus necesidades, que estos los quieren. Y para esto, para tener a las figuras de cuidado disponibles y sensibles ante las necesidades, es necesario tener construida con ellos una unión afectiva fuerte, significativa y estrecha (lo que llamamos el vínculo de apego).

El hecho de nacer a medio configurar otorga al cerebro la posibilidad de terminar de construirse en función de lo que sea necesario para adaptarse al contexto en el que nazca. Por ejemplo, esta plasticidad hace que un bebé nacido en China, si es adoptado por una familia compuesta por una madre holandesa y un padre alemán, aprenda sin problemas sus dos idiomas, de ser estimulado desde los dos y ser hablado lo suficiente en ambos.

La Necesidad Fundamental del Vínculo de Apego

John Bowlby, uno de los padres de la teoría del apego, encontró en sus investigaciones en orfanatos, tras la Segunda Guerra Mundial, que niños sanos, que estaban bien nutridos, hidratados, preservados de la enfermedad, morían. A la luz de las investigaciones en neurociencia, podemos entender qué les pasaba a estos niños: el cerebro de estos niños percibía que no tenían la necesidad fundamental cubierta, la de una unión afectiva con un adulto protector.

La necesidad más fuerte, por tanto, de un bebé es construir este vínculo de apego, es estar unido afectivamente a un adulto protector y que este esté unido a él, puesto que, de ser así, de existir esa unión afectiva sólida, el adulto estará por y para el bebé y el bebé tendrá todo lo que necesita.

¿Cómo satisfacer la necesidad del bebé, durante el primer año de vida, de saber que hay un otro disponible para él, de que tiene ya una unión irrompible con al menos un adulto que es incondicional en su cuidado? Pues no queda otra que hacerle sentir que estamos ahí a través de la satisfacción de sus necesidades. Si hacemos esto durante el primer año de vida, inundaremos el cerebro de nuestros hijos de sensaciones de seguridad, tanto en las relaciones interpersonales como en sí mismos, desde las que se desarrollará su personalidad.

En torno al año y medio, los niños ya discriminan las distintas sensaciones físicas, hambre, sed, dolor, frío, calor, si estas han tenido una respuesta contingente y responsiva, de manera masiva, por parte de sus figuras de apego. El desarrollo emocional sigue adelante y van a ir apareciendo sensaciones emocionales más complejas, que son difíciles de entender en esta edad, del mismo modo que las sensaciones fisiológicas para los bebés fueron un caos indescifrable, hasta que sus padres las regularon.

Como ya explicamos, las redes neuronales se crean de una determinada manera en función de cómo sea la estimulación de las figuras de apego. Una actuación inadecuada de los padres ante el miedo del niño a ir a ponerse la vacuna puede ser no decirle que van a ir al médico o, peor aún, mentirle diciéndole que van a ir al médico porque papá o mamá son quienes lo necesitan.

Pueden parecernos reacciones exageradas, pero si nos encontramos ante estas situaciones, ¿cuál sería la actuación adecuada? Primero decirle al niño la situación que se va a producir, explicarle la realidad. Tras esta sensibilidad, el adulto competente en gestión emocional le ayudaría a su hijo a salir de esta intensa emoción negativa, haciéndole ver que es necesario y positivo. “Cariño, entiendo que no te apetezca o que te dé miedo y que por eso no quieras, pero las vacunas son muy importantes porque gracias a ellas nos hacemos fuertes ante las enfermedades".

Poder soportar estas emociones y regularlas. El primer mecanismo que tienen que desarrollar los niños y que pueden además poner en marcha para gestionar sus emociones es la distracción. Y generarán este mecanismo porque nosotros, como figuras de apego, les hemos estimulado en esta dirección y tras hacerles pasar por estas experiencias quedará en su cerebro una estructura neuronal con la que, posteriormente, ellos solos se puedan distraer ante una emoción negativa y no verse atrapados por ella.

Los niños que han podido pasar por estas experiencias y desarrollar con ellas estos mecanismos de autorregulación emocional serán posteriormente, a los 3-4 años, autónomos (dentro de sus límites evolutivos) para manejar sus situaciones difíciles y dirán cosas grandiosas como estas: “Mamá, no me gusta el tiempo de después del comedor en el cole porque estoy cansado y la profe nos hace hacer una ficha, pero pienso que es un rato corto y que luego estás tú que me vienes a buscar y vamos al parque”.

El Rol del Pediatra en la Promoción de Vínculos Seguros

Creo muy eficaz y con una posibilidad de lograr un impacto muy positivo en las familias que los pediatras expliquen a los padres y madres que, de igual modo que la manera en la que alimentan a sus hijos tiene un impacto en la configuración de su salud física, la manera en la que nos relacionamos afectivamente con ellos esculpe su cerebro. Tiene un impacto en su salud emocional, esculpe las conexiones neuronales que configuran las capacidades emocionales con las que nuestros hijos harán frente a las frustraciones, problemas o emociones negativas.

Diferencia entre Vínculo y Apego

Vínculo y apego son dos conceptos que erróneamente se suelen emplear como sinónimos. Cuando hablamos de “vínculo” desde la psicología, nos estamos refiriendo a al lazo emocional que la madre establece con su hijo. Por su parte, al hablar de “apego” nos referimos al lazo afectivo que se establece entre el recién nacido y su madre, que es la principal garante de seguridad y protección para el niño.

Un estudio reciente que hemos realizado en la Universidad de Jaén ha determinado que existe una prevalencia de vínculo alterado del 12,7 % y de apego alterado del 11,5 %, cifras que son considerablemente alarmantes. Las repercusiones en el niño son observables, en su mayoría, a medio y largo plazo, en la salud física, mental y social. Entre otras cosas, aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psicopatológicos y de la conducta alimentaria.

Etapas en la Evolución del Vínculo de Apego

Los bebés cambian mucho durante los primeros años por eso se establecen varias etapas en la evolución del vínculo de apego:

  1. Etapa de Preapego (Desde el nacimiento hasta las seis semanas): el bebé comienza aplicando una serie de reflejos innatos que están dotados de valor para la supervivencia. Llora, agarra y orienta la vista hacia las personas que lo cuidan, también responde de forma positiva a los acercamientos y caricias de los adultos.
  2. Etapa de Formación de Apego (seis semanas a seis-ocho meses): El bebé muestra con su conducta que distingue a la madre del resto de personas que le rodean, sonríe y balbucea con mayor facilidad ala madre que a otras personas y se muestra más tranquilo y sosegado cuando es mamá quien le sostiene en brazos.
  3. Fase de Apego (seis-ocho meses a dieciocho meses- dos años): Durante este período las relaciones de ansiedad y enfado ante la separación de la madre constituyen una muestra clara de las relaciones de apego que el niño mantiene con su madre. A partir de los 8 meses el bebé empieza a tener preferencia por su madre llegando incluso a rechazar el contacto con otras personas.
  4. Formación de Relaciones Recíprocas (a partir de los 18 meses-dos años en adelante): A partir de los 18 meses la capacidad de representarse mentalmente a la madre cuando esta está ausente y el comienzo del habla, provocan un cambio en la conducta del niño. Decrece la ansiedad de separación porque el niño empieza a entender que la separación no es definitiva y porque la madre puede explicarle verbalmente cómo y cuándo se va a producir su regreso.

Los resultados de varias investigaciones revelan que las mamás que explican las razones de la separación y el tiempo que esta va a durar consiguen una relación mucho más serena por parte de sus hijos. La culminación óptima es un lazo afectivo sólido y duradero entre el niño y la madre, que no requiere de tantos esfuerzos de proximidad por parte del niño.

John Bowlby (1907-1991), psiquiatra infantil británico, elaboró la teoría del vínculo en relación al desarrollo emocional del bebé humano a partir de observaciones de niños que habían sufrido graves carencias en la relación con su madre y esta fue posteriormente enriquecida por Mary Ainsworth (1913-1999), psicóloga americana. Se reconoce así al niño como un ser humano que necesita amor, seguridad y comprensión para su pleno desarrollo físico, mental, social, moral y espiritual, en libertad y dignidad.

Las investigaciones más recientes en neurociencia han confirmado este principio: los primeros años de vida van a constituir la base de la personalidad y la salud mental del ser humano. Las condiciones deseables para un desarrollo óptimo durante estos primeros años incluyen: no separación de la madre en el posparto inmediato, favoreciendo el contacto piel con piel las dos primeras horas de vida; promoción de lactancia materna y alimentación saludable; protección frente a infecciones y generación de vínculos afectivos seguros que contribuyan a un desarrollo cerebral y psicosocial adecuados.

El desarrollo psíquico precoz es el efecto de un proceso madurativo, pero también y sobre todo el efecto de interacciones entre el niño y su entorno. Winnicott (1896-1971), pediatra y psicoanalista inglés, ya decía que “el niño posee una tendencia innata al crecimiento y desarrollo, pero necesita los cuidados maternos para ello. Será la madre suficientemente buena la que facilite la continuidad existencial”.

Bowlby describe el vínculo como un instinto biológico destinado a garantizar la supervivencia de los bebés. En el vínculo son importantes por una parte la disponibilidad y sensibilidad de la madre y por otra el sistema de conductas que desarrolla el bebé para conseguir que su madre esté cerca de él, lo que le permite sentirse seguro y poco a poco empezar a explorar su entorno.

Se han descrito varios tipos de apego: el apego seguro, el inseguro-ambivalente, el inseguro-evitativo y el desorganizado. El apego seguro se da cuando el niño confía en la disponibilidad de sus padres y se ve favorecido por un cuidador sensible ante las señales del hijo, que reacciona cuando este busca protección. Aunque la instauración de un vínculo seguro es una tarea primordial en una crianza saludable, no podemos pensar que todas las funciones de los padres o cuidadores se incluyen en el apego; por ejemplo, poner límites y socializar estarían fuera y son también aspectos fundamentales en las tareas de parentalidad.

El pediatra de Atención Primaria es una figura clave para promover la creación de vínculos seguros durante la infancia temprana, base para una salud mental futura. Además de esta función promotora de salud global, nuestra función también está en la prevención secundaria; esto es, prestar atención a entornos familiares que pueden estar en riesgo de desarrollar apegos no seguros.

Los expertos definen el apego del bebé como el vínculo que se establece entre el bebé y la madre, padre o persona que lo cuida y que en cierto modo garantiza su supervivencia. El bebé busca de manera activa la “figura de apego” y la utiliza para sentirse seguro a la hora de explorar y como protección .

Entendemos el vínculo la relación de apego afectiva que se desarrolla entre los padres y el bebé. Desde el embarazo la madre va desarrollando una relación con su bebé. El apego seguro es aquel en el cual los padres responden de forma afectuosa y lo más inmediata posible a las necesidades del niño. Principalmente favorece la seguridad y la autoestima de los hijos.

Al contrario de lo que se pensaba décadas atrás, el bebé percibe los diferentes estímulos desde el útero y ya desde el embarazo se puede iniciar una relación. Al atender de forma afectuosa al bebé, éste aprende a confiar en su madre, en sí mismo y en su entorno.

Aproximadamente a partir de la semana 16 de la gestación, los bebés empiezan a percibir y diferenciar la voz de sus madres. Un tono de voz suave y afectuoso ayuda a calmar al bebé y a hacerle sentir seguro. Acariciar la barriga suavemente estimula al bebé a realizar más movimientos. El tacto es una de las primeras formas de comunicarse de los bebés, ya que responden al contacto piel con piel.

La relación entre la madre y el bebé se inicia desde la concepción. El bebé percibe diferentes estímulos del entorno extrauterino y reacciona a él. Iniciar este vínculo afectuoso desde la gestación tiene beneficios para díada.

Ideas Clave para Favorecer un Vínculo de Apego Seguro

  • Disponibilidad y sensibilidad: el bebé tiene que saber que estás disponible pase lo que pase. Saber interpretar lo que necesita y responder de manera satisfactoria a sus necesidades es clave.
  • Permanecer cerca del bebé: estar cerca de tu hijo desde el principio favorece el apego por este motivo se fomenta la piel con piel cuando das a luz, el colecho, porteo… Tu bebé necesita percibir tu cariño y sentirse seguro y protegido. Los gestos son muy importantes por eso sonreír a tu bebé cuando te diriges a él es muy importante.
  • Cogerlo en brazos: fundamental, el contacto de tu piel con la suya le trasmite amor, serenidad, bienestar, seguridad… Así se va familiarizando con tu olor y tus caricias.
  • Mirarlo: si, lo has leído bien, mirarlo a los ojos mientras estás con él, mientras lo cuidas y le hablas cariñosamente. A tu bebé le gusta mirarte y explorar tu cara, tocarte y disfrutar de tu olor. Así que razón de más para mirarlo y disfrutar juntos.
  • Evitar la sobreprotección: una cosa es fomentar el vínculo emocional y otra sobreprotegerlo, además esto afecta al desarrollo del bebé. Deja a tu bebé que explore lo que hay a su alrededor, fomenta su autonomía para que se dé cuenta de las cosas que puede hacer sin tu ayuda pero que sepa que estás cerca para apoyarlo cuando lo necesite.
  • Háblale cariñosamente: cantar y hablar de forma dulce y cariñosa es muy bueno porque le ayuda a percibir los sentimientos y emociones que transmiten tus palabras.
  • Aprovecha las rutinas para mostrarle tu cariño: demuéstrale en todos esos momentos tu cariño y cuánto lo quieres. Es fundamental que se sienta muy querido.
  • Ten expectativas adecuadas a su nivel de desarrollo: conocer los comportamientos típicos de cada edad te ayudará a ser realista y saber qué puedes esperar de tu peque, qué estímulos le puedes ofrecer y qué límites puedes poner.

En resumen, lo más importante es que establezcas con tu bebé un vínculo de cariño y cercanía que le ofrezca seguridad y confianza. Responder a sus necesidades y consolarlo cuando lo necesite.

Patrones Básicos del Apego en la Infancia

El psiquiatra John Bowlby y la investigadora Mary Ainsworth revolucionaron el mundo del psicoanálisis de su época con sus teorías del apego e identificaron tres patrones básicos de apego en la infancia:

  • Apego seguro: cuando el niño muestra confianza y sabe que su cuidador principal (madre o padre) está cerca. El peque explora a su alrededor seguro de lo que hace y se relaciona con extraños porque se siente seguro mientras su madre está delante. Cuando sean adultos, serán personas seguras y confiadas que desarrollarán relaciones con las personas de forma sana y tranquila.
  • Apego evitativo: cuando el niño trata a su madre o cuidador igual que a un extraño, es decir, la ignora y evita mostrar poca o ninguna ansiedad cuando se marcha o cuando regresa. Niños que no tienen satisfechas sus necesidades y tienen que valerse por sí mismos. De adultos, serán personas que se relacionen pensando que no necesitan ayuda de nadie para salir adelante.
  • Apego ambivalente o resistente: el niño manifiesta mucha ansiedad cuando su madre o cuidador no está, llegando a pensar que lo han abandonado, pero cuando regresa se muestra resentido y no hay manera de calmarlo. En realidad, lo que siente es que su madre no está para cubrir sus necesidades, que no está disponible y por eso cuando regresa siente que ya no confía en ella mostrándose resentido y enfadado. Cuando sea adulto tendrá miedo a ser abandonado, a que sus relaciones se terminen y como consecuencia evitará vincularse mucho con los demás para no sufrir ni sentir dolor.

Para fomentar un buen apego en tu hijo no es necesario tenerlo entre algodones hay que dejarlo crecer, esforzarse y aprender poco a poco a ser independiente.

Vas a hacer muchas cosas por tu bebé, pero una que debes hacer desde el primer momento es garantizarle una infancia sana y una adultez serena. ¿Cómo? Muy sencillo, con el apego seguro, el vínculo emocional que vas a establecer con tu bebé que determinará cómo será el día de mañana.

La vida está llena de emociones, pero pocos sentimientos son tan intensos como los que una madre y un padre sienten por su bebé recién nacido y conforme van pasando las semanas y los meses esa vinculación emocional va aumentando.

Por su parte, los bebés están preparados biológicamente para establecer vínculos con la o las personas que lo cuidan, así, durante los primeros meses de vida se crea una relación de cariño tan especial, intensa e incondicional que harás cualquier cosa por él.

Teoría del apego de Bowlby A esta relación única y tan especial de la que hablamos es a lo que se le denomina vínculo de apego. Un concepto que tiene sus orígenes en las teorías de Freud sobre el amor y que años más tarde el psicólogo Jonh Bowldy verificó con su Teoría del Apego (1979) que constituye la investigación más profunda que se ha realizado hasta la fecha sobre este tema.

La formación de un vínculo de apego adecuado durante la infancia es la base de un desarrollo emocional equilibrado y ayudará a tu peque a establecer relaciones positivas con los demás y a afrontar con mayor o menor seguridad los retos que le esperan a lo largo de toda su vida.

Es probable que ya supieras la importancia que tiene el apego, pero puede que te preguntes por qué es tan importante y qué puedes hacer para fomentar un apego seguro.

En este post te vamos a aclarar todas tus dudas explicando sus etapas y cómo puedes establecer un buen apego con tu bebé.

Acariciar, abrazar, besar, calmar, cantar y hablar son formas naturales de hablar con tu bebé y de tranquilizarle cuando está incómodo e inquieto. Esto es justo lo que necesita: disfrutar de tu compañía. Así se siente especial y querido y aprende a querer a los demás.

La socialización de tu hijo se va a producir, en parte, a través del desarrollo de los afectos, que le permitan formar vínculos como el apego, la empatía, la amistad, la atracción o el deseo.

Practica yoga prenatal. El yoga durante el embarazo tiene enormes beneficios para la madre (mejora el sueño, reduce la ansiedad, aumenta la flexibilidad y resistencia de los músculos, disminuye el dolor de espalda, entre otros). También es una forma de relacionarse con el bebé, pensando en él y acariciándolo. Escucha música.

Podemos citar como ejemplos madres con depresión puerperal, situaciones de adopción, enfermedad mental en padres o hijos de inmigrantes con separaciones prolongadas de sus padres. En estos casos, la detección temprana puede llevarnos a intervenir en la medida de nuestras posibilidades, colaborando con trabajadores sociales, matronas, redes locales de apoyo a la crianza o lactancia materna, escuelas infantiles… o, si el caso lo requiere, derivar a nuestro centro de salud mental infantil de referencia para una intervención más especializada.

¡El Secreto del Apego Seguro! Los Dos Años Clave para Transformar la Vida de tu Hijo - Marian Rojas

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