La placentofagia, o el consumo de la placenta después del parto, es una práctica que ha ganado popularidad en los últimos años, especialmente entre celebridades y mujeres que buscan un enfoque más natural para el postparto. Figuras del mundo del espectáculo, como Kim Kardashian o Tom Cruise, han defendido sus bondades nutricionales.
Estructura de la placenta humana.
Se publican libros de recetas y cada vez más madres realizan esta práctica en distintos países del mundo. Algunos estudios consideran que es una práctica que se realiza principalmente en Occidente por mujeres blancas de clase media y que está creciendo en popularidad.
¿Qué es la Placentofagia?
Su nombre, como su carne, no es que suene agradable: placentofagia. Y se trata, como el título indica, de comer la placenta, un órgano efímero bañado en hormonas y mística. Puede ingerirla la madre tras el parto o personas ajenas, seducidas por sus supuestos beneficios. Es un método controvertido y puede entrañar riesgos, según alerta la comunidad médica.
Razones para la Placentofagia
Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas); que estimula la leche materna, que aporta hierro y nutrientes, que devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene.
Algunas mujeres también la ingieren cruda. Se supone que entre sus beneficios están la prevención del dolor del postparto, la mejora de la lactancia, el aumento de la energía y menor riesgo de sufrir depresión o una especial vinculación con el bebé, así como una mejora de la piel de la madre.
Irene confirma que se informó por el testimonio de otras madres y de comadronas. Internet ha expandido la placentofagia gracias a foros sobre la crianza, el auge de las medicinas alternativas, y el parto natural. Quienes lo defienden exponen muchas veces una resistencia a la medicalización y hablan del control de la madre sobre el parto. También citan cuestiones cercanas a la espiritualidad.
“Es como una cuestión mística-energética, es una parte tuya, que ha sido de los dos, y que vuelve a ti”, explica Irene. Por la misma razón, también ha enterrado una parte de sus placentas en árboles, un árbol plantado por cada hijo nacido.
Formas de Consumo
Entre las diferentes modalidades para la ingesta está la deshidratación y posterior conversión en cápsulas, la cocción o la maceración con hierbas. Se come en batidos, cocinada o cruda y, normalmente, debido a su sabor y difícil textura, en cápsulas, triturada.
Las placentas que toman las madres a veces se cocinan (normalmente al vapor), muchas se encapsulan, tras deshidratarse y triturarse, o se ingieren crudas en estos batidos, trituradas.
Placenta encapsulada.
Evidencia Científica y Riesgos
Lo cierto es que no hay ninguna evidencia científica que demuestre todos estos supuestos beneficios. Tres meses después, un estudio de la Universidad Northwestern, de Estados Unidos, en el que se han revisado 10 investigaciones publicadas recientemente sobre la placentofagia ratifica la postura de la Organización Colegial y apunta que no existe ninguna evidencia científica para apoyar esta ingesta, ya sea cruda, cocida o encapsulada.
Pero la ciencia no tiene nada claros estos beneficios (no hay evidencias sólidas que los respalde), y sí que entrevé riesgos de infección, aunque tampoco hay registro médico sobre complicaciones derivadas (en 2016, se reportó un caso de infección infantil potencialmente asociado a una placenta tomada en forma de cápsula).
Además, alertan de los posibles riesgos que tiene esta práctica, ya que la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de las toxinas y contaminantes. La aleta se realizó después de que hubo un caso de un recién nacido lactante que se infectó del estreptococo del grupo B después de que la madre tomó píldoras de placenta y se contagió por esta vía.
Se cree que la leche materna estaba infectada por la bacteria estreptococo del grupo B que la madre contrajo al ingerir su placenta infectada. El estreptococo del grupo B puede causar enfermedades graves en los recién nacidos.
Los patólogos argumentan que las placentas pueden estar colonizadas por bacterias y que de hecho algunas están infectadas, como ocurre con el Staphylococcus aureus, presente en la vagina de un 10% de las mujeres.
Clark, que es profesora de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, se interesó en este tema tras recibir a algunas pacientes que le preguntaban si la ingesta de placenta podría interferir en su tratamiento antidepresivo. Para ella, es una irresponsabilidad por parte de las madres porque realmente no saben lo que están comiendo.
La especialista critica que esta práctica se haya puesto de moda en los últimos tiempos debido a que cada vez son más las famosas que lo practican porque aunque casi todos los mamíferos placentarios no humanos la ingieren después del parto, no se conocía esta práctica en la raza humana hasta la década de 1970 cuando aparecieron los primeros relatos de placentofagia en América del Norte.
Los posibles peligros de ingerir la placenta fueron uno de los temas de los que más se habló en el conocido ‘Informe Doulas’ que presentó el CGE. En él, las matronas denunciaban que las doulas recomiendan la ingesta para recuperarse del parto y propiciar la subida de la leche.
Comerse la placenta encapsulada, guisada con patatas o, mucho peor, cruda, es una muy mala idea.
Si la propuesta pasa por comerse la placenta cruda (“para que no pierda sus beneficiosas cualidades”), entonces me parece fatal. Los animales se comen su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no hay beneficios, no existen razones para hacerlo”.
Dentro de todas estas sustancias filtradas están el cadmio, el mercurio, la acrilamida, decenas de dioxinas, furanos o de compuestos perfluoroalquilados. El principal problema de los residuos placentarios es que, para conocer la verdadera calidad placentaria y sus garantías, habría que controlar la alimentación que ha llevado la madre durante la gestación y todos los medicamentos que tomó. Exactamente igual que se hace con la producción farmacéutica y la alimentaria.
Aspectos Legales y Recomendaciones
Hay países que en sus listas de recomendaciones desaconsejan ingerirla porque consideran que puede poner en riesgo al bebé y a la madre. Este peligro estaría en la contaminación de la placenta por acción bacteriana o viral.
En algunos países, incluidos España, se puede solicitar la placenta de manera formal, aunque puede haber reticencias por parte del hospital al tratarse de un desecho biológico.
Cuando se entrega la placenta, se indican las medidas necesarias para disminuir al máximo los riesgos sanitarios (como usar guantes en su manipulación, que no esté en contacto con personas sin protección o animales). La mayoría de las madres que la toman, sin embargo, tienen el parto en casa.
La base legal es que se debe respetar, tal como recomienda la OMS, el “derecho de la madre a decidir sobre su vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta, y otras prácticas culturalmente importantes”.
Ángel M. Hay poco apoyo clínico para mujeres que ingieren su propia placenta tras dar a luz, pero parece que está ganando popularidad.
Placentofagia en el Reino Animal
En primer lugar hay que decir que no es algo extraño en el reino animal, los camellos, las llamas o los mamíferos marinos lo hacen.
Los animales que se comen la placenta lo hacen por dos motivos no extrapolables a la especie humana: se comen los restos del parto para obtener un simple beneficio nutritivo tras el sofoco extremo que supone dar a luz a sus crías y, además, para no dejar pistas ni huellas ni olores a sus posibles depredadores. El hombre lo hace más bien por esnobismo, para intentar absorber el 'carácter' de un órgano con excelente reputación, pero que acaba de morir.
El dato de que muchos mamíferos se coman la placenta nada más nacer su camada tampoco parece convencerles.
No extraña, por tanto, la respuesta que dió la Dra. Maggie Blott, obstetra y portavoz de la Real Colegio de Obstetras y Ginecólogos (Londres), al ser entrevistada por la BBC en 2006 en relación al tema: “No hay ninguna justificación médica [para comerse la placenta]. Los animales se comen su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no hay beneficios, no existen razones para hacerlo”. Totalmente de acuerdo.
Alternativas y Otros Usos de la Placenta
Hay culturas que entierran la placenta dentro de sus ritos tradicionales, como los mapuche. Y también hay empresas que las usan para comésticos y suplementos. En algunos países, se utilizan como saborizante (periódicamente, la prensa denuncia la existencia de un mercado negro en China, donde se venden desecadas como si fueran setas o en salazón, según las publicaciones).
En los partos medicalizados que tienen lugar normalmente en las sociedades desarrolladas, la placenta es eliminada con las precauciones establecidas para los residuos biológicos. No obstante, al ser un órgano muy rico en ácido hialurónico y colágeno, podría ser utilizado en la industria cosmética. Actualmente es de importancia el uso del cordón umbilical como reservorio de células madre del feto para su posible uso en medicina regenerativa.
¿Es beneficioso COMER la PLACENTA después del parto? | Medicina Clara
El trasplante de progenitores hematopoyéticos incorporó hace unos años a la sangre de cordón umbilical de los recién nacidos como una de las fuentes de las que podían extraerse estos progenitores.
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Beneficios Alegados | Prevención de depresión postparto, mejora de la lactancia, aumento de energía, aporte de hierro y nutrientes. |
| Riesgos Potenciales | Infección por bacterias o virus, contaminación con toxinas y metales pesados. |
| Evidencia Científica | Limitada y no concluyente sobre los beneficios. |
| Formas de Consumo | Encapsulada, cocida, cruda en batidos. |
| Recomendaciones | Muchos países desaconsejan su consumo debido a los riesgos potenciales. |
