Listeria monocytogenes fue descrita como germen patógeno por primera vez en 1926, como responsable de un brote que afectó a conejos y cerdos. No fue hasta la década de los 80 cuando se reconoció su capacidad de producir enfermedades en humanos tras la ingesta de alimentos contaminados.
La infección por L. monocytogenes produce normalmente síntomas leves y autolimitados en la población general sana, aunque ha sido responsable de grandes brotes alimentarios con importantes consecuencias sociosanitarias. Sin embargo, puede dar lugar a cuadros clínicos graves en poblaciones especiales como: neonatos, mujeres embarazadas y personas con algún grado de inmunodepresión.
De hecho, L. monocytogenes es un bacilo grampositivo, anaerobio facultativo, de crecimiento intracelular, no esporulado, catalasa positivo y oxidasa negativo, que crece fácilmente en agar sangre, produciendo hemolisis incompleta. La bacteria posee de uno a seis flagelos y exhibe una característica motilidad rotatoria “de movimientos tambaleantes” a 25ºC. El crecimiento óptimo ocurre entre los 30-37ºC, pero crece mejor que otras bacterias a temperaturas bajas (entre 4 y 10ºC) y es resistente a los ambientes con pH bajo y alto contenido en sal.
En la tinción de gram, Listeria puede confundirse con un estreptococo, un enterococo o un difteroide, hecho que debe ser tenido en cuenta a la hora de interpretar los resultados en la práctica clínica. Recientemente, han sido identificadas 17 especies del género Listeria spp. Solo L. monocytogenes es patógena en humanos, aunque se han comunicado casos anecdóticos de infección por otras especies en individuos inmunodeprimidos.
Existen, al menos, 13 serotipos basados en los antígenos O celular y H flagelar, aunque los subtipos productores de enfermedad son: 4b, 1/2a y 1/2 b.
LISTERIA en el EMBARAZO · SINTOMAS y TRATAMIENTO · ¿Cómo prevenirla?
Transmisión y Factores de Riesgo
La mayor parte de los casos de listeriosis humana se deben a la ingesta de comida contaminada, o bien por el contagio vía transplacentaria o durante el paso del feto en el canal del parto en los casos de listeriosis neonatal. Otros modos de transmisión han sido descritos, como la infección cruzada en guarderías o mediante el contacto con los instrumentos de exploración médica, sin embargo, no suponen más que casos anecdóticos.
Una gran cantidad de los alimentos que consumimos pueden estar contaminados por Listeria en pequeñas cantidades. En condiciones normales, la ingesta de pequeñas cantidades en individuos sanos pasa totalmente desapercibida o produce un cuadro leve autolimitado.
La listeriosis es a menudo una enfermedad esporádica, pero ha sido responsable de grandes brotes alimentarios en todo el mundo. En Europa, la incidencia de listeriosis en humanos alcanzó cotas máximas durante la década de los ochenta, para disminuir progresivamente hasta estabilizarse durante la primera década del siglo XXI. Los datos más recientes muestran un aumento progresivo en el número de casos desde 2008.
Este incremento parece estar relacionado con la mayor esperanza de vida de la población, sobre todo entre las personas inmunodeprimidas, y con los cambios en los hábitos alimentarios.
La listeriosis se considera Enfermedad de Declaración Obligatoria en España, desde 2015. Según el informe de RENAVE (Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica española), en el periodo comprendido entre 2015 y 2018, se notificaron 1.369 casos confirmados de listeriosis. Las tasas de incidencia variaron desde 0,64 en 2015 hasta 1,06 en 2018, por cada 100.000 habitantes. Estas tasas de incidencia se incrementaron hasta los 15 casos/100.000 entre los niños menores de 1 mes, y los 19 casos/100.000 habitantes entre los varones con edades comprendidas entre los 75 y 85 años. La mortalidad global fue del 9,1%.
Entre los años 2015-2018, se notificaron 8 brotes de listeriosis en España, todos ellos con menos de 4 casos afectados.
Patogenia
Como se ha señalado previamente, la vía más común de adquisición de la listeriosis es la ingesta de alimentos contaminados, para lo que se requiere un cierto inóculo bacteriano. El periodo de incubación puede variar entre 1 y 90 días, en el caso de enfermedad invasiva.
Tras la ingesta, Listeria atraviesa la barrera mucosa intestinal por un proceso de endocitosis activa de las células epiteliales, gracias a una proteína de superficie, la internalina, que interacciona con el receptor E-cadherina de las células endoteliales y macrófagos e induce la fagocitosis de la bacteria. Una vez fagocitada, la listeriolisina O (LLO), uno de los mayores factores de virulencia, junto con las fosfolipasas, permiten a Listeria escapar de los fagosomas, liberándose en el citoplasma de la célula huésped.
Una vez que Listeria penetra en el torrente sanguíneo, puede diseminarse por vía hematógena a cualquier localización, aunque muestra un tropismo preferente por el sistema nervioso central (SNC) y la placenta. La presencia de hierro parece ser un factor de virulencia importante para el crecimiento de Listeria.
La resistencia a la infección por Listeria depende fundamentalmente de la inmunidad celular, mediante la activación de linfocitos T citotóxicos (CD8+) activados por los macrófagos, que reconocen y destruyen las células infectadas.
Manifestaciones Clínicas
Tras el contacto con Listeria, normalmente a través de la ingesta de comida contaminada, la infección cursa en individuos sanos de manera asintomática o con un cuadro leve de: fiebre, cefalea, mialgias o diarrea. El diagnóstico no es frecuente en casos esporádicos, ya que Listeria no se detecta en los medios habituales de cultivo de heces, pero su participación debe considerarse en brotes epidémicos.
En poblaciones seleccionadas como: embarazadas, neonatos, inmunodeprimidos o ancianos, Listeria puede producir una infección invasiva que da lugar a diferentes cuadros clínicos graves y con una elevada morbimortalidad. La bacteriemia sin foco evidente es la manifestación más común fuera del periodo neonatal. Se caracteriza por un cuadro de fiebre, mialgias y artralgias, indistinguible de los cuadros de bacteriemia producidos por otras bacterias.
Listeriosis en el Embarazo
La listeriosis se presenta con una frecuencia de 13 a 20 veces mayor en la mujer embarazada que en la población general. La infección es más frecuente en el tercer trimestre del embarazo, como consecuencia de la alteración de la inmunidad celular. La mayor parte de las mujeres experimentarán síntomas menores o permanecerán asintomáticas (hasta el 30%).
Las mujeres sintomáticas pueden desarrollar un cuadro febril con: mialgias, artralgias y cefalea, y pueden presentar bacteriemia. La afectación del SNC durante el embarazo es extremadamente rara por razones desconocidas. El pronóstico materno suele ser excelente, aun sin tratamiento antibiótico.
La infección en el feto puede adquirirse por vía fetoplacentaria o, de forma menos frecuente, durante el paso a través del canal del parto. Si la infección se produce intraútero, la tasa de mortalidad se aproxima al 50%, bien por aborto espontáneo o por la muerte del feto en las siguientes horas al nacimiento, debido a una forma de listeriosis conocida como granulomatosis infantoséptica, caracterizada por microabscesos y granulomas diseminados, particularmente en hígado y bazo.
En los niños nacidos vivos, habitualmente prematuros, la listeriosis adquirida intraútero suele manifestarse como una sepsis de instauración precoz, indistinguible clínicamente de la producida por otras bacterias, como el estreptococo del grupo B, caracterizada por un cuadro de sepsis asociado con frecuencia a distrés respiratorio o neumonía, y lesiones cutáneas en forma de pápulas, acompañadas o no de conjuntivitis. En estos casos, Listeria puede ser aislada de muestras de: conjuntiva, orofaringe, líquido amniótico, meconio, placenta o sangre. La tinción de gram del meconio puede mostrar bacilos grampositivos y ayudar al diagnóstico precoz.
En aquellos niños nacidos a término que adquieren la infección durante su paso por el canal del parto, la forma más frecuente de presentación es una sepsis neonatal tardía, con el desarrollo de meningitis entre los 10 y 30 días de vida. En muchos de estos casos, las madres permanecieron asintomáticas durante toda la gestación y los embarazos se llevaron a término.
En un registro prospectivo de casos de listeriosis neonatal llevado a cabo en Reino Unido, entre los años 2004 y 2014, se confirmaron 19 casos, con una incidencia global de 3,4 por cada 100.000 nacidos vivos. En el 90% de ellos, la presentación fue una sepsis neonatal precoz, y 4 casos se diagnosticaron de meningoencefalitis. El síntoma más frecuente en la presentación, fue el distrés respiratorio. La mortalidad fue del 21% de los casos, todos ellos dentro de los primeros 7 días desde el debut de la enfermedad.
En el registro prospectivo Monalisa se incluyeron 107 infecciones en mujeres embarazadas. La presentación más frecuente al diagnóstico fue la fiebre con síntomas obstétricos (contracciones, trabajo de parto o pérdida fetal). El 83% de las infecciones tuvieron consecuencias graves para el feto: muerte fetal (24%), parto prematuro (45%) o complicaciones asociadas con el parto. Todas las mujeres con listerioris materno-fetal se recuperaron sin secuelas, incluyendo un 10% que no había recibido tratamiento.
La investigación identificó 540 casos de listeriosis obstétrica y 450 de listeriosis neonatal que requirieron hospitalización en España entre 2000 y 2021. Estos casos culminaron en 146 resultados fetales-neonatales adversos, que incluyen abortos espontáneos, muertes intrauterinas, mortinatos y muertes perinatales.
La incidencia de ingresos hospitalarios por listeriosis obstétrica fue de 5,7 por cada 100.000 partos, mientras que la neonatal se situó en 4,7 por cada 100.000 partos. La incidencia de resultados adversos fetales-neonatales relacionados con la listeriosis alcanzó 1,5 por cada 100.000 partos. Estas cifras muestran un aumento estadísticamente significativo a lo largo de los años, con picos notables en 2013-2014 y 2019.
Los resultados revelan un significativo incremento en la listeriosis obstétrica y neonatal, así como un impacto devastador en la salud del feto y el recién nacido, con un riesgo considerablemente mayor de aborto espontáneo, muerte intrauterina y mortinato.
La investigación muestra que existe un riesgo cuatro veces mayor de resultados adversos fetales o del recién nacido en comparación con la población general. Esto incluye un riesgo 1,75 veces mayor de aborto espontáneo, 17 veces mayor de muerte intrauterina y 23 veces mayor de mortinato.
En su conjunto, la listeriosis materna se asoció con un riesgo 3,76 veces mayor de resultados adversos fetales-neonatales.
Estos datos subrayan la necesidad de implementar políticas nacionales de prevención activas contra la listeriosis en el embarazo, así como programas de vigilancia y prevención específicos para las futuras madres.
Es imperativo implementar políticas de prevención y vigilancia más robustas a nivel nacional para proteger a esta población vulnerable. La educación resulta clave para asegurar que las mujeres embarazadas dispongan de toda la información necesaria para reducir su riesgo de exposición a la listeria.
Los investigadores apuntan que la vigilancia continua, los esfuerzos de prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno para las mujeres embarazadas con listeriosis y los recién nacidos infectados deben ser prioridades. Además, un control más estricto contra la transmisión alimentaria y los brotes procedentes de reservorios animales resulta imperativo.
A pesar de que la listeriosis se declaró enfermedad de declaración obligatoria en España en 2015, tanto la incidencia como el pronóstico han empeorado en las últimas dos décadas, especialmente en grupos de alto riesgo como las mujeres embarazadas.
Afectación del Sistema Nervioso Central (SNC)
La infección invasiva por L. monocitogenes produce afectación del SNC con relativa frecuencia, debido al especial tropismo de la bacteria por las meninges y el parénquima cerebral, en particular por el tronco del encéfalo. La meningitis por L. monocytogenes es una de las causas a incluir en el diagnóstico diferencial de la meningitis neonatal y la segunda en frecuencia en adultos mayores de 50 años e inmunodeprimidos, después de S. pneumoniae.
Un número reducido de casos ha sido comunicado en niños inmunocompetentes fuera del periodo neonatal. La invasión del parénquima cerebral por L. monocytogenes puede dar lugar a áreas de cerebritis o abscesos focales. En estos casos, la clínica predominante es la alteración del nivel de conciencia o la disfunción cognitiva, y puede simular una encefalitis por virus del grupo herpes.
En contraste con otras infecciones por Listeria, la afectación del tronco del encéfalo o rombencefalitis ocurre con mayor frecuencia en adultos sanos. El cuadro clínico típico es una enfermedad bifásica con una fase prodrómica de: fiebre, cefalea, náuseas y vómitos que dura entre 3 y 4 días, seguido de un inicio brusco de déficits focales de pares craneales asimétrico, signos cerebelosos y hemiparesia o hemihipoestesia.
Diagnóstico y Tratamiento
El diagnóstico de listeriosis invasiva requiere la identificación de Listeria en muestras de líquidos o tejidos biológicos, habitualmente estériles como: sangre, LCR, líquido articular, placenta, líquido amniótico, etc., mediante cultivo convencional, MALDI-TOF o reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Excepto en los casos de alergia a betalactámicos, amoxicilina, ampicilina y penicilina son las drogas de elección.
Los tres se unen con alta afinidad a la PBP-3 de Listeria, aunque han demostrado ser solo lentamente bactericidas en modelos de infección intracelular in vitro. Aunque amoxilicina parece tener una mejor actividad, ampicilina es la droga que cuenta con una mayor experiencia clínica.
En los casos de infección grave bacteriémica, infección del SNC o en aquellos pacientes con defectos de la inmunidad, múltiples guías de tratamiento recomiendan el tratamiento combinado con gentamicina basado en estudios de sinergia in vitro. Trimetoprim-sulfametoxazol es un tratamiento alternativo en los pacientes alérgicos a betalactámicos, que presenta una buena penetración en el SNC y efecto bactericida contra Listeria, aunque demostró menos eficacia que ampicilina o quinolonas en un modelo experimental de meningitis en monoterapia.
En un estudio no randomizado de pacientes con meningoencefalitis grave, la combinación de ampicilina y cotrimoxazol se asoció con menor mortalidad y secuelas neurológicas que ampicilina y aminoglucósido, aunque la experiencia clínica es escasa. Levofloxacino y moxifloxacino son antibióticos con una excelente penetración en el tejido cerebral y son rápidamente bactericidas, pero presentan una actividad débil contra las bacterias intracelulares.
Rifampicina ha demostrado excelente actividad intracelular y penetración en el SNC e intracelular, y se ha usado en el tratamiento combinado de infecciones graves. Todos los pacientes con sospecha de infección invasiva por Listeria deberían recibir tratamiento con ampicilina, asociada o no a gentamicina o cotrimoxazol, en aquellos casos de infección grave, endocarditis o infección del SNC.
Las mujeres embarazadas que desarrollan un cuadro de listeriosis suelen presentar buena evolución sin tratamiento antibiótico, pero existen datos que sugieren un mejor pronóstico para el feto con el tratamiento precoz. Para prevenir la infección neonatal, algunos países como Canadá, Australia y Estados Unidos, han elaborado guías de práctica clínica para el manejo de la mujer embarazada expuesta a una infección por L. monocytogenes.
Medidas Preventivas y Control
La seguridad alimentaria es una prioridad en la industria de alimentos listos para consumir. Uno de los principales desafíos es controlar la presencia de Listeria monocytogenes, una bacteria capaz de sobrevivir y multiplicarse en condiciones de refrigeración. El Challenge Test es un estudio que nos permite determinar la capacidad de un alimento para soportar el crecimiento de organismos alteradores. Este ensayo permite determinar si el producto puede soportar el crecimiento de la bacteria y si cumple con los criterios microbiológicos establecidos por la normativa vigente.
Los alimentos listos para consumir, como embutidos, quesos blandos y ensaladas preparadas, no requieren cocción antes de su consumo, lo que los hace especialmente vulnerables a la contaminación por Listeria monocytogenes. Listeria monocytogenes es una bacteria grampositiva capaz de sobrevivir en ambientes fríos y formar biofilms, lo que la convierte en un patógeno difícil de eliminar en la industria alimentaria.
Por ello, conocer cómo se transmite, qué síntomas produce y cómo prevenirla durante el embarazo es clave para proteger la salud materno-fetal.
El control de Listeria monocytogenes no es una opción, es una necesidad. Si estás trabajando en mejorar la seguridad alimentaria de tus productos, contar con herramientas como el Challenge Test o planes de muestreo adaptados puede marcar la diferencia entre cumplir y destacar.
El análisis microbiológico convencional detecta la presencia o ausencia de bacterias en una muestra concreta en un momento determinado. El Challenge Test, en cambio, evalúa el comportamiento de la bacteria a lo largo del tiempo en condiciones simuladas de conservación.
Aquellos productos que se consumen sin tratamiento térmico posterior, que tienen una vida útil prolongada o que contienen ingredientes sensibles (como carnes, pescados, huevos o vegetales), deben ser considerados prioritarios para realizar un estudio de vida útil.
Aunque la normativa no fija una frecuencia obligatoria, se recomienda realizar controles de superficies al menos una vez al mes, y con mayor frecuencia en zonas de alto riesgo o tras cambios en los procesos de limpieza.
El incumplimiento de este reglamento puede conllevar sanciones económicas, retirada de productos del mercado, pérdida de certificaciones e incluso responsabilidad penal si se demuestra negligencia.
Medidas como optimizar la cadena de frío, reducir la vida útil, mejorar el envasado o reforzar la limpieza pueden reducir significativamente el riesgo sin alterar el perfil sensorial o nutricional del producto.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) establece que si un producto puede permitir el crecimiento de Listeria monocytogenes durante su vida útil, debe validarse con un estudio.
Si tienes dudas, puedes realizar una evaluación preliminar con asesoría técnica o consultar guías oficiales.
Tabla: Resumen de Recomendaciones para la Prevención de Listeriosis en el Embarazo
| Recomendación | Descripción |
|---|---|
| Evitar alimentos de riesgo | No consumir productos lácteos no pasteurizados, embutidos, carnes frías o frutas y verduras crudas no lavadas adecuadamente. |
| Cocción adecuada | Asegurarse de que los alimentos estén bien cocidos antes de consumirlos. |
| Higiene | Lavar bien las manos y utensilios de cocina antes de preparar alimentos. |
| Control de temperatura | Mantener los alimentos refrigerados a temperaturas seguras para evitar el crecimiento de Listeria. |
| Consultar guías oficiales | Seguir las recomendaciones de la AESAN y otras agencias de seguridad alimentaria. |
