Amor sin Materia: Un Análisis Profundo de las Relaciones Modernas

El amor, un tema tan universal como complejo, ha sido objeto de estudio y reflexión a lo largo de la historia.

EL AMOR LÍQUIDO | DOCUMENTAL sobre Zygmunt Bauman. Modernidad líquida. PLATÓNICO. Banquete. Eros

Hoy, nos encontramos en una encrucijada donde las concepciones tradicionales del amor se ven desafiadas por nuevas dinámicas sociales y tecnológicas.

En este artículo, exploraremos el concepto de "amor sin materia", analizando cómo las relaciones modernas, influenciadas por el individualismo, el consumismo y la tecnología, están transformando la forma en que amamos y nos relacionamos.

Repensando el Amor y las Relaciones

Una ocasión perfecta para repensar el amor y las relaciones de pareja, desde el Blog del Espacio Violeta te proponemos hacerlo con títulos que hemos seleccionado para no dejar pasar este día sin una buena lectura.

El Amor Romántico Bajo la Lupa Feminista

Las mujeres hemos sufrido mucho por amor porque hemos sido educadas bajo una premisa: el objetivo último es encontrar el amor y, por supuesto, mantenerlo en el tiempo. Es uno de los temas que más han interesado a nuestras lectoras siempre. En este monográfico, lo abordamos en profundidad.

  • El amor, la clave de nuestra revuelta. Andrea Momoitio.
  • ¿Se puede pensar el amor? Laura Latorre.
  • La honestidad masculina y el amor romántico. Coral Herrera Gómez.
  • Amistad entre mujeres. Sangre Fucsia.
  • El amor es una construcción social. José Luis Serrano.
  • El poliamor ‘is the new black’*. Brigitte Vasallo.
  • Amy Winehouse murió por amor. Anita Botwin
  • Las niñas que querían ser adultas: embarazo adolescente y amor romántico. Coral Herrera Gómez.
  • Un aprendizaje desigual del amor. Laura Latorre
  • Lo que he aprendido de las feministas sobre el amor. Coral Herrera Gómez.
  • ¡Regala mandarinas! June Fernández.
  • Vamos al súper juntas, prima. Andrea Momoitio.
  • Abrir amores, ¿cerrar fronteras? Brigitte Vasallo.
  • Más que palabras. Señora Milton.

Herramientas Feministas para Transformar el Amor Romántico

Cómo disfrutar del amor es un texto de autoayuda feminista en el que la autora nos ofrece reflexiones, consejos, y algunas preguntas para trabajar personal y colectivamente desde la autocrítica amorosa y el autocuidado.

Consejos versados y distribuidos en capítulos breves que tratan sobre la autoestima, los cuidados, los celos, el miedo a estar solas, la culpa, el duelo, el autoengaño, el auto boicot, las luchas de poder, la violencia de género, etc.

La Construcción Sociocultural del Amor Romántico

Entendida siempre como un fenómeno reproductivo biológico y ninguneada por el discurso científico, muy pocos son los estudiosos que han concedido a la pasión amorosa la atención que merece.

La tesis central de esta obra es que las emociones están mediadas culturalmente, y predeterminadas por los mitos, los relatos, los estereotipos y tabúes que las han devaluado durante siglos a la categoría de sentimientos irracionales no susceptibles de ser investigados con rigor académico.

Mediante un proceso de crítica y deconstrucción, la autora va desvelando la mitificación del romanticismo patriarcal, las utopías emocionales de la posmodernidad, y la existencia de ciertas ideas etiquetadas como normales o naturales, concebidas por nuestra cultura para perpetuar las estructuras sentimentales tradicionales y legitimar la organización económica y política de la sociedad occidental.

El Amor como Droga: Desenganchándose de la Estafa Romántica

Después de la revolución sexual, llega la revolución amorosa: las mujeres que queremos dejar de sufrir por amor estamos trabajando para desengancharnos de una de las drogas más potentes del mundo, y para evitar que más mujeres se conviertan también en yonquis del amor y sucumban a la gran estafa romántica.

No podemos dejar solas a las niñas y adolescentes mientras las bombardean con cuentos de princesas y películas con final feliz. Hay que prepararlas para que no vayan desnudas a la guerra mundial contra las mujeres, creyendo ingenuamente en los mitos que nos ponen de rodillas: el mito romántico, el mito de la familia feliz, el mito de la conciliación.

El Amor Líquido de Zygmunt Bauman

Cuando me comentaron que escribiera sobre los valores, ya había decidido hablar del concepto de amor líquido y pensé que tenían bastante relación ambos temas. Hablar de los deseos conflictivos, la fragilidad de los vínculos, la inseguridad, la ambivalencia entre la seguridad del vínculo convencional y la “libertad” de la ausencia de compromiso tiene mucho que ver con los valores. Hay un deseo de estar relacionados y a la vez la desconfianza de estar relacionados “para siempre”.

Este concepto se debe al sociólogo Zygmunt Bauman. Haré referencia a uno de sus libros titulado “Amor líquido”. Antes de la “era líquida”, en la que se suponía que las personas se guiaban por unos valores determinados, (solidaridad, voluntad, generosidad, justicia, honestidad, compromiso, etc) las relaciones eran un fin esencial para ser feliz.

El manejo del amor líquido se convierte en un imposible complejo que incluye querer poder y no tener debilidad ni dependencia del amor, entre la atracción y la indiferencia, entre ser una parte entre los varios en vez de ser el uno de entre todos, quiero sentirme pleno pero no agobiado, quiero ser amado pero no obligado. Esto conduce a las llamadas relaciones de bolsillo que saco como un pañuelo cuando quiero sonarme y lo guardo o tiro cuando cumplió su cometido y ya no son necesarias.

Relaciones de Bolsillo: La Encarnación de lo Instantáneo y Descartable

Catherine Jarvie explica que las relaciones de bolsillo son “la encarnación de lo instantáneo y lo descartable”. Usted controla la relación teniendo en cuenta dos condiciones: la primera es: nada de enamorarse, nada de emociones que le conmuevan. Esta idea hace que las “parejas abiertas” se consideren algo meritorio por ser “relaciones revolucionarias que han logrado hacer estallar la asfixiante burbuja de la pareja”. O que las relaciones deben ser revisadas regularmente para valorar su validez.

Entonces se llega a la visión iluminada de que el compromiso es una trampa que hay que evitar pese al deseo de relacionarnos. “Al comprometerse, por más que sea a medias, usted debe recordar que tal vez esté cerrándole la puerta a otras posibilidades amorosas que podrían ser más satisfactorias y gratificantes. Al igual que otras inversiones, primero rinden y luego declinan”. Y entonces, si usted quiere “relacionarse”, será mejor que se mantenga a distancia; si quiere que su relación sea plena, no se comprometa ni exija compromiso. Mantenga todas sus puertas abiertas permanentemente.

Bauman habla de la nueva concepción de la “relación”, que se sustituye por conexiones, habla de conexiones, de redes. Las “relaciones”, “la pareja” o ideas semejantes resaltan un compromiso mutuo y excluyen lo opuesto; la red permite conectarse y desconectarse a voluntad.

«El conjunto de experiencias definidas con el término “amor” se ha ampliado enormemente. Relaciones de una noche son descriptas por medio de la expresión “hacer el amor”. Esta súbita abundancia y aparente disponibilidad de “experiencias amorosas” llega a alimentar la convicción de que el amor es una destreza que se puede aprender, y que el dominio de esa materia aumenta con el número de expe­riencias y la asiduidad del ejercicio.

“Y por eso es imposible aprender a amar, tal como no se puede aprender a morir. Y nadie puede aprender el elusivo -el inexistente aunque intensamente deseado- arte de no caer en sus garras, de mantenerse fuera de su alcance. Cuando llegue el momento, el amor y la muerte caerán sobre nosotros, a pesar de que no tenemos ni un indicio de cuándo llegará ese momento. Sea cuando fuere, nos tomarán desprevenidos.

Deseo vs. Amor: Una Lucha Constante

«El deseo es el anhelo de consumir. De absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar. El deseo no necesita otro estímulo más que la presencia de alteridad. (…) A partir de ser explorada, familiarizada y domesticada, la alteridad debe emerger despojada del aguijón de la tentación, sin ningún acicate. Es decir, si es que sobrevive a tal tratamiento. Sin embargo, lo más posible es que, en el curso del proceso, sus restos no digeridos hayan pasado del terreno de lo consumible al de los desechos”. Lo que se puede consumir atrae, los desechos repelen.

“Por otra parte, el amor es el anhelo de querer y preservar el ob­jeto querido. Un impulso centrífugo, a diferencia del centrípeto deseo. Un impulso a la expansión, a ir más allá, a extenderse hacia lo que está “allá afuera”. A ingerir, absorber y asimilar al sujeto en el objeto, y no a la inversa como en el caso del deseo. El deseo es ampliar el mundo: cada adición es la huella viva del yo amante; en el amor el yo es gradualmente transplantado al mundo. (…). Y por eso, el amor implica el impulso de proteger, de nutrir, de dar refugio, y también de acariciar y mimar, o de proteger celosamente, cercar, encarcelar.

Amar significa estar al servicio, estar a disposición, es­perando órdenes, pero también puede significar la expropiación y confiscación de toda responsabilidad.

«Si el deseo ansia consumir, el amor ansia poseer. (…). Si el deseo es autodestructivo, el amor se autoperpetúa. Como el deseo, el amor es una amenaza contra su objeto. El de­seo destruye su objeto, destruyéndose a sí mismo en el proceso; la misma red protectora que el amor urde amorosamente alrededor de su objeto, lo esclaviza. El amor hace prisionero y pone en custodia al cautivo: arresta para proteger al propio prisionero.

El Amor Líquido: Un Signo de los Nuevos Tiempos

El amor líquido, en definitiva, es un signo de los nuevos tiempos. De que lo fragmentario, la incertidumbre y la inestabilidad se han instalado también en nuestra vida cotidiana. Pero eso no quiere decir que el amor romántico, duradero, que se funda en la intimidad y que tiene como contracara la posesión, la fidelidad y el esfuerzo cotidiano por construirse, desaparecerá. Lo que pasa es que ya no está solo. No es la única manera de amar, ni quizá se considere la más ‘correcta’.

Estamos en tiempos de profunda soledad pero nunca tanta gente presumió de vivir bien en soledad: hombres y mujeres empiezan relaciones sentimentales que lejos de ser satisfactorias se limitan a ser la materialización de enfermizas fantasías personales y se agotan al poco tiempo. Pocos desean una relación estable y a largo plazo, prefiriendo enfocarse en el placer sexual, despreciando cualquier tipo de compromiso. Muchos buscan a alguien, sin saber qué es lo que quieren de ese alguien, y jamás están satisfechos.

El Amor y la Psicosis

Podemos preguntarnos entonces, y en primer lugar, de qué modo es el amor un recurso del psicótico. En este sentido, y a pesar de las variaciones que posteriormente Freud realizaría al respecto, sus Tres ensayos sobre una teoría sexual contienen elementos que nos van a resultar especialmente útiles.

En el primero, el estadio autoerótico, el sujeto sólo se relaciona con su propio cuerpo, mediante un trato en el que alojamos la soledad y el aislamiento de la esquizofrenia. Como protagonista indiscutible del origen pulsional de la vida, el cuerpo desmembrado del esquizofrénico da testimonio de un intento fracasado de abandonar la soledad. No es que no intente amar, si queremos verlo así, sino que tropieza en el curso de la tarea debido a la fragilidad que origina su psicosis.

Las manifestaciones del amor que surgen en la esquizofrenia representan en realidad una derrota ante la separación. Son el esbozo de un recurso, pero de un recurso finalmente fracasado. Sin embargo, podemos ver que allí donde el esquizofrénico debe rendirse sin condiciones, el paranoico, por su parte, es capaz de llegar a una capitulación menos exigente gracias a la erotomanía. Hemos franqueado en este caso el autoerotismo para entrar en el estadio propiamente narcisista, en la satisfacción del sujeto en torno a sí mismo que permite más solidez al yo y un cuerpo por fin unificado.

Erotomanía: El Amor Delirante

Freud decía que el amor no parte del otro, sino del narcisismo, que es el origen de cualquier patología mental. Por eso llamó a las psicosis "neurosis narcisistas", subrayando de este modo la importancia del narcisismo en la elección amorosa. La erotomanía, en ese sentido, es el paradigma de la estrategia amorosa narcisista con que el psicótico intenta llegar al otro. El resultado, sin embargo, es insuficiente: el erotómano ama al otro, pero ese otro es tan distinto que solo puede identificarlo a través del delirio, de un recurso precario de anudamiento, de un remiendo de última hora.

Melancolía: El Dolor del Amor Perdido

Lejos de seguir los pasos de la Psiquiatría en su intento por suspender el término hasta hacerlo desaparecer de sus conceptos y clasificaciones, reconocemos en el melancólico el sujeto que mejor nos puede trasladar hasta el conocimiento de las pasiones amorosas.

Como veremos más adelante, el cimiento sobre el que el verdadero amor se edifica está a caballo entre la melancolía y la tristeza, entre el vacío puramente psicótico y la falta que divide al neurótico y garantiza su identidad. La literatura, especialmente, nos ha mostrado a lo largo de los siglos el carácter dramático del amor, su irremediable vínculo con la desolación. Los grandes amores siempre han sido amores imposibles, trágicos, de una muerte prematura por causas que escapaban a las posibilidades de los amantes.

La melancolía se ha definido como el mal de amor por excelencia. "La melancolía erótica es el amor que traspasa los límites de la razón", nos decía Ferrand en su tratado. De este modo nos imaginamos que el melancólico no deja de lado al amor como táctica subjetiva de las psicosis, sino todo lo contrario: toma tanto impulso para abandonar el vacío, que, inevitablemente, vuelve a él en caída libre.

El Arte de Amar de Erich Fromm

En la actualidad, los textos de Fromm siguen siendo reeditados constantemente y por tanto, leídos por un público muy amplio. Y entre esta inmensidad de cifras, El arte de amar, es, sin duda, el texto más famoso de nuestro autor. Aun así, se pueden contar con los dedos de una mano los estudiantes que lo conocen. Sin embargo, y a pesar de este extravío entre nuestro alumnado, El arte de amar se sigue leyendo con fruición por un número considerable de personas.

El arte de amar surgió en un momento vital especial para Fromm. Su génesis se remonta al periodo posterior al fallecimiento de su segunda esposa Henry Gurland (1900-1952). Henry fue una fotoperiodista muy comprometida contra el nazismo. Huyó de la Alemania nazi, cruzando la frontera de Portbou, con Walter Benjamín, en 1940. Conoció a Fromm en New York y contrajeron matrimonio en 1944. Padecía diversas enfermedades y Fromm la atendió intensivamente. De hecho, en 1950 ambos se mudaron a México en busca de un entorno más favorable para las dolencias de Henry. Ella murió en 1952, probablemente por suicidio.

El Amor Fraternal: La Base de Todo Amor

La clase más fundamental de amor, básica en todos los tipos de amor, es el amor fraternal. Por él se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida.

El Amor Maternal: El Amor a la Vida

Este inculca en el niño el amor a la vida.

El Amor Erótico: Más Allá del Deseo Físico

Quizás la forma de amor más engañosa que existe, puesto que se confunde fácilmente con la experiencia explosiva de enamorarse. No es lo mismo amar que desear físicamente. Fromm, que como es sabido, tenía una idea muy diferente a la de Freud con respecto a la sexualidad humana (Fromm, 1937), consideraba que el deseo sexual no solo es un apetito físico, sino también una forma de superar la separatidad.

El Amor a Sí Mismo: Un Componente Esencial

No solo los demás, sino nosotros mismos, somos “objeto” de nuestros sentimientos y actitudes; las actitudes para con los demás y para con nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas. (…) En todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí mismo.

El Amor a Dios: Una Dimensión Espiritual

Muy resumidamente recordaremos que para Fromm el ejercicio del arte del amor requiere de la puesta en acción, de un modo plenamente consciente, de unas actitudes y acciones muy determinadas. No obstante, en nuestra cultura, la concentración es aún más rara que la autodisciplina.

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