El uso de alprazolam durante el embarazo es un tema de preocupación debido a los posibles riesgos para el feto. La decisión de utilizar cualquier medicación psicotrópica durante el embarazo debe considerar cuidadosamente los beneficios potenciales para la madre frente a los riesgos para el feto.
A continuación, se presenta un análisis detallado de los riesgos asociados al uso de alprazolam durante el embarazo, basado en guías de práctica clínica, consensos de profesionales y sumarios de evidencia.
El alprazolam y embarazo Posibles riesgos
Riesgos del Alprazolam Durante el Embarazo
Los estudios sobre el potencial teratogénico del alprazolam durante el primer trimestre del embarazo son contradictorios. Por lo tanto, no se pueden establecer conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto entre el consumo de benzodiacepinas (BZD) durante esta fase de la gestación y malformaciones congénitas.
Sin embargo, los recursos de información farmacoterapéutica y las guías de práctica clínica coinciden en que su uso durante el embarazo supone un potencial riesgo para el feto y recomiendan que no se utilicen de forma rutinaria durante el embarazo, especialmente en el primer trimestre.
La revisión del fármaco alprazolam de Lexi-comp (Uptodate) indica que existe un riesgo para el feto clasificado como tipo D. Esto significa que existe evidencia positiva de riesgo fetal humano, pero los beneficios de su uso en mujeres embarazadas pueden ser aceptables, a pesar del riesgo, en determinadas circunstancias.
La ficha técnica de alprazolam publicada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios indica que en diferentes estudios se ha observado un aumento en el riesgo de malformaciones congénitas asociadas al tratamiento con BZD durante el primer trimestre del embarazo.
Debido a que el uso de estos fármacos raramente es cuestión de urgencia, deberá evitarse el empleo de alprazolam durante este periodo de tiempo.
Un estudio de casos-control publicado en 2007 analizó los efectos neonatales y la incidencia de malformaciones congénitas en recién nacidos cuyas madres habían consumido durante el embarazo BZD y/o hipnóticos agonistas del receptor de benzodiazepinas. El análisis de los resultados mostró un mayor riesgo de parto prematuro y de bajo peso al nacer en la población expuesta.
Como conclusión, los autores establecen que el uso materno de BZD y/o hipnóticos agonistas del receptor de benzodiazepinas puede aumentar el riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer y causar síntomas neonatales, pero no parecen tener un fuerte potencial teratogénico.
En concreto sobre alprazolam, se menciona que aunque con los datos que se desprenden de los estudios no se puede establecer una clara asociación causa efecto entre la exposición a alprazolam y ciertas malformaciones congénitas, se asume que es capaz de incrementar el riesgo de dichas anormalidades congénitas cuando se administran a las mujeres embarazadas durante el el primer trimestre.
También se sugiere en esta revisión que sería prudente evitarlo durante la lactancia por sus posibles efectos en el lactante.
Como regla general el uso de BZD durante el primeros tres meses de embarazo se debería evitar, ya que el feto es más vulnerable a los efectos tóxicos durante este período de organogénesis.
Es importante tener en cuenta que la depresión en el embarazo está asociada con mayor riesgo de parto prematuro, menor peso al nacer, baja puntuación en el test de Apgar, necesidad de cuidados intensivos neonatales, hipertensión gestacional y partos por cesárea, depresión postparto, desnutrición, tabaquismo e ingesta de alcohol y de medicamentos.
Tabla resumen de los riesgos asociados al uso de Alprazolam durante el embarazo:
| Riesgo | Descripción |
|---|---|
| Malformaciones congénitas | Aumento del riesgo de malformaciones congénitas, especialmente durante el primer trimestre. |
| Parto prematuro | Mayor riesgo de parto prematuro. |
| Bajo peso al nacer | Mayor riesgo de bajo peso al nacer. |
| Síntomas neonatales | Posibles síntomas neonatales. |
Alternativas al Alprazolam Durante el Embarazo
Ante el criterio general de intentar evitar la medicación psicotrópica especialmente durante el primer trimestre, las primeras opciones a probar son las alternativas psicoterapéuticas.
Dentro de estas, parece que lo más recomendable y eficaz en el corto plazo que supone un embarazo serían las de corte cognitivo conductista y, específicamente, las técnicas de exposición, reestructuración cognitiva, reentrenamiento de la respiración y las técnicas de relajación.
Cuando la ansiedad no se puede aliviar de una manera razonable con estas técnicas, o bien por el motivo que sea, no es posible usar las mismas, sería lógico plantearse el uso de psicofármacos.
Se recomienda el tratamiento conductivo conductual (TCC) como primera medida y cuando sea necesario se pueden ofrecer BZD a las mujeres en el embarazo para el tratamiento a corto plazo de la ansiedad y la agitación severas.
Un sumario de evidencia que aborda el uso de las BZDs durante el embarazo para controlar la ansiedad o la agitación severas, sugiere que se deben elegir los medicamentos con vidas medias cortas (por ejemplo, lorazepam).
Los antidepresivos más utilizados durante el embarazo son los ISRS, y aunque la información sobre los riesgos de los antidepresivos durante el embarazo proviene de estudios de baja a moderada calidad, los riesgos prenatales de los ISRS se han estudiado más ampliamente que otros antidepresivos.
Es importante destacar que la GPC española sobre el manejo de pacientes con trastornos de ansiedad comenta, respecto a este aspecto, que durante el embarazo la evidencia existente no es suficiente para determinar si las ventajas potenciales de las BZD para la madre superan a los posibles riesgos para el feto y que para evitar el riesgo potencial de defectos congénitos se debe usar la dosis eficaz más baja, la duración de tratamiento más corta posible y como monoterapia.
La GPC de NICE sobre el manejo de la patología psiquiátrica perinatal menciona igualmente que las BZD no deben administrarse rutinariamente en las mujeres embarazadas, excepto para el tratamiento a corto plazo de la ansiedad extrema y/o agitación. Esto, añade, es debido a los posibles riesgos que supone su uso para el feto (por ejemplo, paladar hendido) y el neonato.
Consideraciones Finales
Antes de comenzar cualquier tratamiento en el embarazo, se debería consensuar con la mujer la relación riesgo-beneficio para la medicación psicotrópica y los posibles beneficios de una intervención psicológica.
Es fundamental que las mujeres embarazadas con trastornos de ansiedad reciban una evaluación exhaustiva y un plan de tratamiento individualizado que considere tanto los riesgos como los beneficios de las diferentes opciones terapéuticas.
