Alimentación de Mamíferos Recién Nacidos: Un Vistazo Detallado

La alimentación de los mamíferos recién nacidos es un tema de vital importancia, ya que sienta las bases para su crecimiento, desarrollo y salud a largo plazo. Al igual que el resto de los mamíferos, los seres humanos, cuando nacemos, necesitamos mamar leche de nuestra madre, que es la que la naturaleza ha diseñado para nuestro correcto crecimiento y desarrollo. La leche materna constituye la alimentación natural del recién nacido.

En el mundo industrializado actual, se considera que la leche de vaca es un alimento imprescindible para los seres humanos en todas las etapas de la vida. Es algo que no se cuestiona en ningún caso y se plantea, además, que es insustituible. Sin embargo, es crucial entender que cada especie de mamífero produce una leche con características únicas, adaptada específicamente a las necesidades de sus crías.

La Importancia de la Leche Materna

La leche materna es tan importante en la vida humana que hasta nuestra galaxia se llama La Vía Láctea, que significa Camino de Leche. Según la mitología griega, la apariencia de la banda blanca que rodea al firmamento es la leche derramada por la Diosa Hera, tras negarse a amamantar a Hércules que entonces sería inmortal, es decir: ¡para que Hércules fuese inmortal debía de mamar!

En la evolución de la vida ya algunos insectos como las abejas producen un alimento altamente específico: la miel. Está diseñada para asegurar la supervivencia de las larvas durante el desarrollo de las futuras abejas. Es tan importante que cada animal tome la leche que la naturaleza ha diseñado para él que en el caso de la especie humana, tanto en las culturas indígenas como en las tradiciones de las antiguas civilizaciones, nunca se ha dado leche de otro animal a los niños.

La leche materna humana es única entre la de los mamíferos y puede ser la más compleja de todas ellas, con sus más de 200 tipos de moléculas de azúcares, muy por encima de la media de 30 a 50 que se encuentran en la leche de los ratones o de la vaca lechera. El papel de cada uno de esos azúcares y por qué su composición cambia durante la lactancia es aún "un puzzle científico" pero podría tener relación con el sistema inmunitario del niño y el desarrollo del microbioma intestinal (los microorganismos que habitan en el tracto intestinal), señala un estudio que publica la revista Trends in Biochemical Sciences.

Los niños nacen sin bacterias en el intestino, pero en unos pocos días tienen millones y una semana después se cuentan por miles de millones. Los azúcares procedentes de la leche materna son normalmente el primer compuesto que esas bacterias tiene a su alcance, "un almuerzo gratis" destinado a criar especies bacterianas. "Los bebés no tienen los mecanismos para digerir esos azúcares, por lo que están destinados, literalmente, a las bacterias. Es como si se tratara de un terreno de cultivo y la leche materna es el fertilizante", explica el experto.

La leche se transforma para hacer frente a las nuevas necesidades con un aumento de la cantidad de grasas y otros nutrientes que apoyan el crecimiento del niño. Sin embargo, un bebé puede crecer sano con un aporte limitado de leche materna o incluso sin haberla probado nunca, lo que crea polémica entre los defensores de la alimentación natural y la artificial.

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Composición y Beneficios de la Leche Materna

Al ser comparada con otras leches de mamíferos, la leche materna humana presenta un alto porcentaje de hidratos de carbono ya que su contenido en lactosa es muy elevado. Por otra parte, el aporte de grasa de la leche materna (ya sea humana o de cualquier mamífero) es elevado debido a que el recién nacido necesita un gran aporte calórico. En cuanto a los micronutrientes, las únicas vitaminas hidrosolubles que son más abundantes en la leche humana que en otras son la vitamina C y la niacina o Vitamina B3.

La cantidad de minerales en la leche humana no es elevada sino más bien escasa. Este dato a priori parece una mala noticia, sin embargo es algo que proporciona un beneficio fisiológico al inmaduro sistema renal del pequeño ya que la baja concentración de proteínas y minerales supone un trabajo mucho más llevadero para sus jóvenes riñones.

Los factores inmunológicos quizás sean los elementos más conocidos y comentados de la leche materna. Las fórmulas especiales para recién nacidos consiguen un perfil de nutrientes muy similar a la leche materna, consiguiendo un estado nutricional óptimo en los niños que toman biberón. Sin embargo son estos factores inmunológicos los principales culpables de que la leche artificial no sea tan buen alimento para el neonato como la leche de su madre.

La leche materna (sobre todo la producida durante los primeros días de la lactancia) es especialmente rica en leucocitos, células inmunológicas de la madre que pasan al pequeño y que ayudarán a fortalecer su sistema inmune. Las inmunoglobulinas, las lisozimas, etc. Algunos factores de la leche humana consiguen además fortalecer la flora microbiana del intestino del niño algo que sin duda le ayuda a prevenir infecciones y diarreas entre otras complicaciones.

El Calostro: La Primera Leche

La leche humana ofrece al niño el alimento ideal y completo durante los primeros 6 meses de vida. Cada mamífero tiene una leche con características propias que la diferencian significativamente de la de otros mamíferos y la hacen adecuada a su cría. Se produce durante los primeros 3 a 4 días después del parto. Es un líquido amarillento, espeso, de consistencia pegajosa, de alta densidad y poco volumen.

El volumen producido es de 2 a 20 ml por mamada, siendo esto suficiente para satisfacer las necesidades del recién nacido. La Liga de la Leche Internacional expone claramente la función de este oro blanco: “Las dosis pequeñas de calostro están diseñadas para nuestro bebé. Son fácilmente digeribles y además, sus propiedades laxantes estimulan la pronta salida del meconio, esa primera deposición negruzca.

El calostro tiene más de 60 componentes, 30 de los cuales son exclusivos de la leche humana. Es rico en inmunoglobulinas, que son las que dan protección a los bebés contra virus, infecciones y toxinas, igual que lo seguirá haciendo más adelante la leche madura. El calostro es también rico en proteínas: contiene alrededor de tres veces más que la leche humana madura. Si un bebé nace prematuro, la madre producirá una leche óptima para él, el calostro de pretérmino, que será el alimento adecuado hasta que el niño alcance un desarrollo normal. Los recién nacidos de 1300-1400 gramos son capaces de succionar estas pequeñas dosis con éxito.

La cantidad de leche aumenta, cambia de aspecto y de composición con el paso de los días. Disminuye el contenido de proteínas pero aumenta la cantidad de grasas y carbohidratos. Los cambios de composición y volumen son muy significativos durante los primeros 8 días, para luego estabilizarse. Tiene un aspecto más fluido y acuoso que la leche de vaca. Contiene una gran variedad de elementos: carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales en cantidades óptimas para el bebé hasta los 6 meses. Estas variaciones no son aleatorias, sino funcionales, y cada vez está más claro que están directamente relacionadas con las necesidades del niño.

Alternativas a la Leche Materna

Si bien la leche materna es la opción ideal, existen situaciones en las que no es posible o suficiente. En estos casos, las fórmulas infantiles pueden ser una alternativa viable. Sin embargo, es importante tener en cuenta las recomendaciones de los profesionales de la salud y elegir una fórmula adecuada para la edad y las necesidades del bebé.

La guía actualizada de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre alimentación complementaria de lactantes y niños pequeños de 6 a 23 meses señala que para bebés de 6 a 11 meses alimentados con leches distintas de la leche materna pueden utilizarse fórmulas lácteas o leche animal. Sin embargo, diversas sociedades científicas han matizado recientemente esta directriz.

Los especialistas sugieren que, si no se dispone de leche materna, se tomen las fórmulas infantiles (la mayoría se obtienen modificando leche de vaca, aunque en Europa también hay a base de leche de cabra desde 2015) junto con alimentos complementarios para reducir el riesgo de carencias nutricionales en los bebés de 6 a 12 meses. “Proporcionan un perfil nutricional más adaptado a los lactantes humanos que la leche no modificada de otros mamíferos”, comentan.

Aun así, consideran que solo puede utilizarse leche animal entera:

  • Cuando la leche de fórmula no estuviera disponible.
  • Si la leche infantil no fuera asequible.
  • En el caso de que la leche artificial no se pudiera preparar de forma segura.

Y puntualizan: “Es importante no dar cantidades excesivas, porque podría fomentar carencias de hierro y aumentar la pérdida de sangre gastrointestinal”. Rosaura Leis, coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la AEP, añade que no se recomienda dar leche animal a estas edades debido a su bajo contenido en hierro y otros nutrientes esenciales o al alto contenido en proteínas o grasas.

Leches animales para niños mayores de un año

Si bien a partir de los 12 meses, la alimentación infantil es más variada, los lácteos siguen siendo una fuente de alimentos importante. En nuestro entorno, las familias alimentan a sus bebés que ya han cumplido un año de vida principalmente con leche de vaca. Es la opción más frecuente, por ser el tipo de leche animal más común y accesible. Pero hay otras clases con perfiles nutricionales similares, aunque con diferencias en distintos nutrientes, como la concentración de proteínas y grasas “que puede afectar a la digestión y nutrición del niño”.

En el mercado encontramos principalmente leche de vaca, leche de cabra y leche de oveja. ¿Qué características tienen? ¿En qué fijarse para elegirlas? ¿Cuál es la mejor para los niños y niñas?

¿En qué se diferencian la leche de vaca, cabra y oveja?

Como destaca Rosaura Leis, la leche de vaca se convierte en una opción de consumo común debido a que contiene nutrientes importantes como el calcio o la vitamina D. Pero las otras dos leches también resultan muy interesantes.

Leis subraya que la leche de oveja tiene un contenido en proteínas y grasa mayor que la de vaca o cabra, lo que hace que sea particularmente adecuada para la producción de quesos y yogur. Y, por su parte, la leche de cabra tiene una composición similar a la de vaca, si bien en nuestro entorno también se transforma en quesos, mientras que en África y Asia meridional se consume generalmente cruda o acidificada.

Tabla comparativa de leches animales
Leche de vacaLeche de cabraLeche de oveja
Energía (kcal/100 ml)666796
Hidratos de carbono (kcal/100 ml)54,54,7
Proteínas (g/100 ml)3,33,45,29
Grasas (g/100 ml)3,63,96,26
Calcio (mg/100 ml)121110183
Hierro (mg/ 100 ml)0,10,120,07

En cuanto al contenido de grasa, la leche de vaca (3,5 %) y de cabra (3,8 %) son similares. Sin embargo, en relación a la digestibilidad, sobresale la leche de cabra: sus glóbulos grasos son más pequeños, lo que facilita su digestión. La leche de oveja tiene un contenido en grasa significativamente más alto (alrededor del 6-7 %). Lo mismo ocurre con el contenido proteico, similar entre vaca y cabra y más elevado en la de oveja.

La leche animal es una fuente destacada de calcio, un mineral necesario para el adecuado desarrollo mineral óseo e implicado en procesos metabólicos como la tensión arterial. Como se aprecia en la tabla, el contenido en calcio es más elevado en la leche de oveja (170-200 mg por 100 ml), seguido de la de vaca (120 mg por 100 ml) y de la de cabra (100 mg por 100 ml).

¿Qué leche animal elegir para los niños?

La portavoz de la AEP recuerda que, después del primer año, la leche de vaca entera es generalmente la opción más utilizada para alimentar a los menores. Pero también reconoce que la leche de cabra puede ser más accesible y tradicional en determinadas regiones y culturas y, además, “siempre que esté pasteurizada, puede ser una opción válida si se prefiere o si hay alergia a proteínas de leche de vaca (APLV)”, aunque también podría producirse una reacción cruzada y presentar alergia a las proteínas de la leche de cabra.

Por eso es fundamental, antes de tomar cualquier decisión alimentaria que afecte al menor, consultar con su pediatra, quien será el que recomiende o no una restricción tras realizar un diagnóstico correcto y cómo sustituir ese producto de forma adecuada para no poner en riesgo la salud nutricional del peque. “Es importante destacar el papel del pediatra en el asesoramiento nutricional de nuestro hijo”, valora la experta, quien ve “los ‘controles de salud’ como una oportunidad para detectar conductas de riesgo en relación con los estilos de vida del niño”, y al equipo sanitario pediátrico como “guía para el mejor crecimiento y desarrollo del menor”.

Bebidas vegetales: ¿una alternativa?

Para Leis debe quedar claro que las bebidas vegetales nunca deben ser sustitutos de la leche, dadas sus importantes diferencias nutricionales: “Debemos tener presente que la bebida vegetal no tiene la misma composición nutricional que la leche de vaca, por tanto, no puede sustituirla”.

La coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la AEP apunta que en lactantes menores de 12 meses no están recomendadas, dado que no proporcionan los nutrientes necesarios. Y, en el caso de alergias a proteínas de leche de vaca, comenta que existen fórmulas de proteínas de vaca hidrolizadas o fórmulas hidrolizadas de arroz con una composición nutricional que se ajusta a las recomendaciones nutricionales para este grupo de edad.

No obstante, si se desea que el peque tome bebida vegetal, Leis recomienda que se siga el consejo de su pediatra o equipo pediátrico, “con el fin de prevenir déficits o excesos de nutrientes, que pueden poner en riesgo la salud nutricional del niño a corto, medio y largo plazo”, no sin antes apuntar que se deben evitar aquellas con azúcares añadidos.

El Comportamiento Mamífero y la Lactancia

Desde la aparición de los mamíferos en el cretácico, hace unos 150 millones de años, todas sus crías han mamado la leche de sus madres. Un complejo sistema neuroendocrino prepara a las hembras de mamífero para la maternidad durante la gestación y causa inicialmente, tras el parto, la conducta materna. A partir de ahí son las crías las que se encargan de mantener dicha conducta estimulando a la madre. Si el contacto se interrumpe, la conducta materna desaparece.

En condiciones normales, entre mamíferos no humanos, no son muy frecuentes los rechazos maternos de la cría ni los casos en los que una hembra amamanta a la de otra madre y se observa esporádicamente amamantamiento de crías de una especie diferente. El Homo Sapiens Sapiens, aparecido hace unos 200.000 años, es capaz de lleva a cabo las tres situaciones descritas e incluso normalizar las dos últimas.

Para poder hacer consuetudinarias estas conductas ajenas al resto de mamíferos, tuvimos que aprender mucho durante miles de años hasta poder abandonar el nomadismo y adoptar el sedentarismo como estilo principal de vida. Hace unos 10.000 años, el acumulo de alimentos y riqueza posible en las sociedades que dominan la agricultura y la ganadería, la seguridad que ofrecen las viviendas y asentamientos estables y la jerarquización de grupos sociales cada vez más grandes que caracterizan el Neolítico posibilitan el inicio de una experiencia nunca antes vista: la crianza de alejamiento, de separación, de destrucción de la díada madre-bebé.

Prácticas de Alejamiento en la Crianza

La crianza de proximidad propia necesariamente (de otro modo la supervivencia no estaba asegurada) de los grupos nómadas depredadores paleolíticos comienza a desaparecer y desde entonces hasta hoy se ha reforzado por medio de múltiples mecanismos de índole cultural que, aunque disfrazados de argumentos filosóficos, morales, teológicos, supersticiosos o incluso proteccionistas y hasta científicos, no pueden esconder una terrible realidad: el odio cultural de genero, el poder del hombre sobre la mujer, la misoginia en toda su extensión, el desprecio infinito a la mujer, a su mente, si es que se la considera, y a su cuerpo.

Tabú del Calostro

Hasta que la leche no fluye blanca, está contaminada por la sangre menstrual. La mujer debe desecharla durante unos días (o semanas) en los que al recién nacido se le ofrecen mezclas de diversas sustancias: agua, leche de animal, grasa, manteca, miel o, en le mejor de los casos leche de otra mujer. Ha sido una práctica ancestral y generalizada en prácticamente todas las sociedades de la antigüedad, alcanzando el siglo XIX en general y persistiendo hoy día en India, Pakistán, zonas de Turquía, varios países de África y muchas comunidades indígenas asiáticas y americanas. Debido a la mortalidad que origina es un motivo de preocupación para la OMS. La práctica común hasta hace poco de ofrecer inicialmente durante horas suero glucosado a los recién nacidos se puede considerar una deriva pseudocientífica del tabú del calostro.

Lactancia Mercenaria

Grupos importantes de madres, que por su estatus social se lo pueden permitir, dejan, no ya de amamantar, sino también de criar, confiando la crianza y primera alimentación de sus hijos a otras madres, las llamadas nodrizas o amas de cría, que pueden ser esclavas o no, pero sí de estatus social inferior a las primeras, que les retribuyen por ello.

Alimentación con Fórmulas Modificadas de Leche de Vaca

En el siglo XVIII se inician experimentos en hospicios sobrecargados de lactantes abandonados tendentes a disminuir los enormes costes derivados de contratar las nodrizas que los amamantan, buscando fórmulas alimenticias que puedan sustituirlas. Estas prácticas se saldaron con terribles fracasos originando una gran mortandad, cercana muchas veces al 100%, en cualquier caso dos o tres veces superior a la conseguida con la alimentación por nodrizas. Son precisos varios descubrimientos y avances científicos para conseguir un producto que no mate directamente o a corto plazo a los lactantes pequeños.

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