Durante los últimos 34 años, Guayacán Orquesta ha sido sinónimo de la mejor salsa del mundo. Ahora, la orquesta celebra un nuevo hito en su carrera con el anuncio del lanzamiento de su más reciente sencillo “Rumba para enamorar”, una poderosa colaboración junto a Heredero. Saber que este 29 de abril sale a luz su nuevo álbum, «Sin Par», es una noticia que alegra sin duda alguna a todos los seguidores de esta prestigiosa orquesta global que dirigen los maestros Nino Caicedo y Álexis Lozano.
Álexis Lozano y Nino Caicedo han creado un proyecto musical con éxitos uno tras otro, como es el caso de «Citas clandestinas», uno de sus singles, y el cual está en los primeros lugares de popularidad en ciudades de Colombia como Cali, Bogotá, Medellín y Barranquilla.
Todos estos temas al igual que «Citas clandestinas» hacen parte de este proyecto musical realizado a fuego lento en ciudades como Nueva York, Miami, Madrid, La Habana y Cali. Durante el 2020 y 2021, y en plena pandemia, Guayacán no ha dejado de hacer música; encerrados en su mundo musical, Álexis Lozano y Nino Caicedo, han dado paso a canciones como «Bogotá salsera» o «Quiéreme o déjame». Nino Caicedo, a cerca de «Citas clandestinas», que se estrenó el 26 de noviembre en todas las plataformas digitales, comentó que es una canción tan real como la vida misma.
Guayacán Orquesta, una de las agrupaciones más emblemáticas de la salsa en Colombia.
«Sin Par»: Un Triunfo del Diseño Sonoro
“Sin Par” le tomó a la orquesta un poco más de dos años para su grabación. “Nos hemos tomado todo nuestro tiempo para desarrollar el proyecto, puliendo cada detalle e involucrados en los procesos de grabación, mezcla y masterización,” dijo Caicedo, el hombre que ha estado detrás de los grandes éxitos de Guayacán desde 1989.
Este retrato de Cali arranca en Nueva York. “En medio de la pandemia decidimos hacer un álbum del cual nos sintiéramos infinitamente orgullosos, y para tal efecto decidimos hacerlo con calma, paciencia y sin apuros. “Sin Par” es un triunfo del diseño sonoro.
En los barrios donde los inmigrantes de Cuba y Puerto Rico evocaban su tierra a ritmo de danzón, guaracha, mambo, son, bolero, guaguancó, guajira y todos los compases que hunden sus raíces en tres continentes, en los sonidos que desembarcaron con sus padres y abuelos llegados de África y Europa y el fruto de su diálogo en América. Eran los años 60 cuando a este coro se sumó el jazz y nació la salsa, una bomba de sabrosura que se expandió desde el Spanish Harlem al mundo con estrellas como Héctor Lavoe, Willie Colón, Tito Puente, Rubén Blades o Celia Cruz.
Con los 80 la llama se fue apagando en la ciudad de los rascacielos pero prendió en Cali, en Colombia, que hoy es la indiscutida capital mundial de la salsa. El documental La salsa vive, de Juan Carvajal, cuenta esta historia de amor y es la mejor guía de viaje antes de posar los pies en la ciudad colombiana; para entender por qué los músicos salseros se sintieron como en casa entre los afrodescendientes de Cali; por qué el género floreció durante los años ya pasados del dominio narco y cómo anidó en el corazón de los caleños, que ahora cuidan de este patrimonio con orquestas, escuelas de baile, museos, espectáculos y discotecas.
En la Calle del Sabor se reúnen los amantes de la salsa cada viernes por la noche.
Cali: La Sucursal del Cielo
«Aunque no tengamos mar ni leyenda de bucaneros es Cali ambiente Caribe sin playa ni varaderos", presume un lema local que aventura sus muchos otros alicientes: barrios pintorescos, platos deliciosos, frutas de colores, formas y sabores increíbles, una naturaleza desbordante e idílicos retiros entre plantaciones de caña de azúcar.
Comenzamos la ruta a vista de pájaro, sobre las alas de un tororoi bailador (cómo no), que es el último en sumarse a la lista de 562 especies de aves que habitan en la ciudad, casi un tercio de todas las registradas en Colombia. Estamos en el Valle del Cauca, una franja de entre 12 y 32 kilómetros de ancho por 240 de largo que corre paralela al Pacífico. Al océano lo separa la Cordillera Occidental de los Andes colombianos y el Parque Nacional Natural Farallones. Al este, la Cordillera Central y el Parque Nacional Natural Las Hermosas. Dos murallas de verdor que se elevan hasta 4.000 metros y bendicen al valle con un clima amablemente cálido y lluvioso.
El Cristo Rey y las cumbres que rodean Cali.
Desde la cima del Cerro de los Cristales, a 1.440 metros de altitud, abraza la ciudad el Cristo Rey, que recuerda al de Río de Janeiro, sólo que éste asoma bajo la túnica el pie izquierdo, como si fuera a iniciar un paso de baile. Hay que ascender a la cumbre para tener las mejores vistas de Cali, contemplar sus barrios blancos entre borbotones de vegetación, las imponentes cordilleras y el vuelo de mil pájaros. Naturalistas nos pueden ilustrar en este enclave que es reserva forestal.
A la protección del Cristo Rey se suma la de las Tres Cruces que coronan el cerro vecino. Bajo ellas está encerrado el Buziraco, un demonio (dicen que traído por los españoles) cuyo mito arraigó entre los africanos de Cali. Recorrer los casi mil escalones hasta la cima es una de las actividades favoritas de los caleños, que además del baile adoran el deporte.
A estas alturas ya vamos comprendiendo por qué es tan popular la frase «Cali es Cali y lo demás es loma». Arturo J. Ospina la escribió para Las caleñas son como las flores; Piper Pimienta Díaz puso la voz en 1970 -«alargando el paso / con las mujeres de Cali me voy a gozar»- y el mítico Grupo Niche la consagró al incluirla en Cali pachanguero en 1984: «A millas siento tu aroma / cualquiera justo razona / que Cali es Cali señoras, señores / lo demás es loma».
Entra en escena Jairo Varela, el líder del Grupo Niche, el compositor más querido de Cali, una leyenda que hasta su fallecimiento en 2012 paseaba siempre con una libreta para escribir la crónica de la ciudad a ritmo de salsa y que hizo cumbre con ese Cali pachanguero, la quinta canción de su disco No hay quinto malo, cuando Cali era todavía taurina.
Varela, afrodescendiente del Chocó, había probado suerte ya en Bogotá y Nueva York y la escribió agradecido por el recibimiento de los caleños, que la adoptaron como himno y catapultaron a su autor. Más de 100.000 discos vendió, suena en la película Salsa justo después de que Draco Rosa, autor de Livin' la vida loca, se quite la toalla; se ha escuchado en la gala de los Oscar; incluso tiene una versión sinfónica. Y sigue vigente narrando la añoranza de los emigrantes: «Que todo el mundo te cante / Que todo el mundo te mime / Celoso estoy pa' que mires / No me voy más ni por miles». También acuña el alias de la ciudad: «Del cielo Cali, la sucursal».
Así que es justo comenzar el paseo por La Sucursal en la Plazoleta Jairo Varela, antes conocida como de La Caleñidad, pero ya sabemos que una cosa y la otra son lo mismo. Enormes trompetas se entrelazan para rendir tributo al trovador y al Grupo Niche, cuyas canciones suenan día y noche dentro de las campanas del monumental instrumento. Allí mismo está el Museo Jairo Varela, uno de los imprescindibles de la ciudad.
La iglesia neogótica de La Ermita.
Cruzando la Avenida 2 se alza la mole racionalista de la Alcaldía, y a sus pies el parque de La Retreta, a orillas del río Cali, cuyas aguas rojizas recuerdan que la naturaleza salvaje está a solo un paso. Aquí arranca el Bulevar del Río, una agradable senda peatonal salpicada por las icónicas esculturas de gatas emblema de la ciudad. Son las novias, cuentan, del Gato del Río, la estatua de bronce de tres toneladas que se cuela en los selfies de todo visitante. Vale la pena el paseo, acompañado por el rumor del río, el trino de los pájaros y la sombra de los árboles que culmina en los vestigios restaurados de la Hacienda Aguacatal. Ahora albergan el Centro Cultural Obeso Mejía, una preciosa librería y el Café Gardenia, ideal para recuperar las fuerzas en su tranquila terraza.
Aunque los tentempiés más tradicionales los encontramos en la Galería Alameda. Los puestos de este mercado son un festival para los sentidos y una invitación a paladear exóticas frutas como la pomarrosa, el mangostino, la guama o el chontaduro, con presuntas propiedades afrodisiacas. O para refrescarse con una lulada, el jugo local más famoso, o un guarapo, de caña de azúcar y limón. Y para probar el pandebono, orgullo del Valle del Cauca. En La Caleñita sirven marranitas, un apetitoso bocado de plátano verde frito y tocino, y aborrajados vallunos, de plátano y queso, recetas de influencia africana como tantas otras del Pacífico colombiano.
De vuelta al centro sorprende la fachada art decó del Savoy, el hotel más antiguo de la ciudad. Su habitación 206 fue el primer hogar de Jairo Varela en Cali, del 79 al 84. Dentro todo sigue igual. Es un viaje en el tiempo.
Un vendedor de limas y aguacates en la Plaza de Caicedo, con sus palmas de cera.
A unas cuadras está la iglesia La Ermita, emblema de estilo neogótico y buen punto de partida para explorar las callejuelas llenas de tiendas y puestos hasta toparse con las esbeltas palmas de cera de la Plaza de Caicedo, llamada así por el libertador local Joaquín de Caycedo y Cuero. Allí está la Catedral Metropolitana de San Pedro Apóstol y en su interior, la tumba de Isaías Duarte Cancino, arzobispo asesinado en 2002 por su beligerancia con «el negocio maldito de la droga», como recuerda una placa.
Para ahondar sobre la violencia que tanto ha hecho sufrir a Colombia basta caminar un poco hasta la Casa de las Memorias del Conflicto y la Reconciliación. Estamos en el barrio de la Merced, con preciosos locales donde tomar un buen café o comprar artesanía. En la Asociación Mujeres Cabeza de Familia se pueden hacer ambas cosas.
La calle de la Escopeta es famosa por los murales que la convierten en una de las más coloridas de la ciudad.
A un paso está la calle de la Escopeta, una de las más pintorescas por sus murales, y algunos de los museos más importantes: el Arqueológico y el del Oro Calima. Son pequeños y dejan tiempo para entrar en la Iglesia de la Merced, donde en 1988 se celebró una de esas bodas que pasan a la historia. Se casaban los protagonistas de la telenovela Gallito Ramírez, Margarita Rosa de Francisco y el cantante Carlos Vives, que llevaron su romance de la ficción a la realidad. Se concentró tal muchedumbre que la novia tardó dos horas en llegar al altar. Tenía el ramo destrozado. El matrimonio duró sólo dos años, pero dejó una huella imborrable en los colombianos.
«Si por la Quinta vas pasando / Es mi Cali bella que vas atravesando». El Grupo Niche vuelve a marcar el paso con Cali Ají, que ubica la famosa Calle 5 donde empieza el barrio de San Antonio, el más singular de La Sucursal. Es un placer pasear entre sus casas coloniales con grafitis de estética tropical, curiosear en las pequeñas tiendas de productos locales y detenerse en sus restaurantes. Aquí están algunos de los mejores de la ciudad, como Domingo Mercado de Vereda, donde la chef Catalina Vélez hace magia con los productos del Pacífico, o Waunana, que reformula recetas tradicionales; preciosos cafés como Casa Alebrije o Macondo, núcleo de vida cultural; en Lengua de Mariposa transforman en riquísimos helados los sabores vallunos.
La fachada del taller tipográfico La Linterna, forrada con sus creaciones artísticas en el corazón de San Antonio.
Una fachada llama la atención sobre las demás. Es toda una exposición de arte que luce la obra de La Linterna, un taller tipográfico en marcha desde 1934 donde aún funcionan imprentas del siglo XIX. Merece la pena entrar y escuchar de boca de los trabajadores su épica historia, contemplar las máquinas, oler la tinta y salir con alguno de sus vistosos carteles, auténticas obras de arte.
"Si va al Barrio Obrero, se vuelve rumbero / Si se me acalora, no mire la hora / Tómese un raspa'o y cuento acaba'o". Hagamos caso a la Orquesta Guayacán en este paseo para perdernos en tiendas de discos míticas como Melassa Club, Cali Vynil o la Terraza de Don Pablo; allí están también las principales "viejotecas", santuarios donde mueven el esqueleto los melómanos que suman más de 60 primaveras. No hay límite de edad para ser guapachoso, como llaman en caleñol a las personas gozadoras.
Cada atardecer, un ritual amado por los habitantes de La Sucursal: se oculta el sol y el aire de los Farallones refresca el valle. Los timbales, los bongos, las trompetas, los güiros y las campanas con su titicó esparcen sus notas avivando los corazones. "Si por la tarde las palmeras se mueven / Alegre la noche está esperando / ¡Fiesta!", clama el Grupo Niche. Los pies y las caderas piden salsa. Hora de poner rumbo a los templos del baile. La Topa Tolondra para aprender y hacer amigos; Mulato Cabaret o La Caldera del Diablo para exhibirse.
Bailarines de Delirio, el mayor show de salsa del mundo.
Cada viernes en la Calle del Sabor se reúne la mayor concentración de salsófilos del mundo. Una fiesta multitudinaria que sostiene el latido de la salsa nacida en Nuevayol, que diría Bad Bunny -«pasan los años y sigo dando palo»-, alentado al Malo Willie Colón.
En Cali la salsa se baila con un estilo genuino, frenéticamente perfecto, que coordina el juego de las rodillas, los tacones y el metatarso. "Aquí de verdad sí la bailan bien", se rindió Celia Cruz tras imponerse los caleños a los cubanos en un concurso. Hay que verlo para creerlo, y aun así cuesta asimilar que una pareja pueda sincronizarse en tantos giros, pasos y volteretas a esa velocidad, lanzando destellos de belleza y alegría, contagiando puro goce de vivir.
El sumo espectáculo ocurre en Delirio cada último viernes del mes. Más de un centenar de bailarines participan en el show y en los intermedios los espectadores toman la pista demostrando por qué Cali es la capital de la salsa. La gente lleva pegado al cuerpo su ritmo. Imposible no sucumbir.
Te amo, Te extraño- Guayacán Orquesta
La Hacienda El Paraíso, escenario de la novela de Jorge Isaacs 'María'.
Valle del Cauca: Riendo Entre Dos Cordilleras
La vista desde el avión despierta las ganas de recorrer los caminos entre las infinitas plantaciones de caña de azúcar en el Valle del Cauca. "Jardín que brotó de la naturaleza / Riendo entre dos cordilleras / Que celosas protegen mi tierra preciosa / Y quedó oliendo a café / Quedó sabiendo a guarapo / Con rico sabor de caña / El Cauca dejó la montaña". El Grupo Niche señala el camino en Mi Valle del Cauca.
Dejamos la ciudad por la carretera a Palmira sombreada por los sapanes para llegar a la Hacienda Piedechiche, un vergel a orillas del río Amaine donde además de la encalada residencia de estilo andaluz del siglo XVIII los guías nos mostrarán la fauna y flora locales.
A pocos kilómetros encontramos la Hacienda El Paraíso, muy querida por los colombianos por ser el escenario de su gran novela del romanticismo María, de Jorge Isaacs.
Entre tanto, en el bonito pueblo de Ginebra nos espera la oportunidad de probar un exquisito sancocho preparado a leña.
