El cuidado de un recién nacido a menudo presenta desafíos para los padres, especialmente si son primerizos. Una de las tareas esenciales es garantizar una adecuada cura del ombligo del bebé, un proceso que requiere atención y delicadeza.
Nada más nacer, al bebé se le corta el cordón umbilical a través del cual ha recibido de la madre los nutrientes y oxígeno necesarios para vivir. Durante varias semanas, parte de ese cordón umbilical permanece secándose hasta su caída total, y la zona del ombligo precisará atenciones especiales hasta que cicatrice la herida que queda.
Aunque existen diferentes opiniones sobre la limpieza del cordón umbilical, lo más recomendable es seguir las pautas de los especialistas. La Asociación Española de Pediatría (AEP) explica en un artículo de su revista "En familia" que mantener la zona limpia y seca es fundamental para prevenir infecciones neonatales, y añade que su cuidado comienza inmediatamente después del nacimiento.
En ese momento, los profesionales sanitarios se encargan de pinzarlo y cortarlo utilizando material estéril. “Tras el nacimiento y hasta que el cordón cicatriza -continúan explicando-, los gérmenes habituales de la piel pueden provocar una infección en la zona. Por ello, es fundamental mantener las medidas higiénicas adecuadas“.
Cómo cuidar el cordón umbilical del recién nacido
¿Qué Productos Utilizar para la Cura del Ombligo?
Lo ideal es curar el ombligo con alcohol de 70º y con clorhexidina, un líquido transparente que actúa como desinfectante y que evita las infecciones.
Para un correcto cuidado, deberemos retirar ligeramente la pinza de plástico hacia arriba para poder limpiar con una gasa esa zona. No aplicar directamente el alcohol en la piel del bebé, sino sobre la gasa. Utilizar una gasa para la zona adherida a la pinza y otra para la propia pinza. Aplicar la clorhexidina y dejar secar. Lo habitual es que, siguiendo estas pautas, a los pocos días el cordón se caiga por sí solo.
Cura del Ombligo Paso a Paso
La humedad excesiva y un mal cuidado pueden provocar infecciones y un retraso en el proceso de cicatrización. Para evitar problemas, sigue estos sencillos pasos:
- Después del baño, seca la piel del bebé y procede a hacer la cura.
- Lávate bien las manos con agua y jabón.
- Moja una gasa estéril con alcohol. Ten cuidado de no tocar el centro de la misma, que es con la que se limpiará el cordón.
- Limpia bien la zona de alrededor y sobre el ombligo.
- Comprueba que la zona queda seca; si no es así, pasa otra gasa limpia para terminar de secarla.
- Dobla el filo del pañal para que el ombligo se airee (aunque los nuevos pañales absorben muy bien la humedad). Intenta que el pañal quede por debajo del ombligo.
Qué No Hacer Durante la Cura del Ombligo de tu Bebé
Siguiendo los consejos de pediatras españoles y las recomendaciones de organizaciones de salud reconocidas, hemos recopilado una lista con los errores más comunes que los padres cometen durante la cura del ombligo de sus bebés. Evitarlos marcará la diferencia para garantizar una cicatrización adecuada.
- Usar alcohol isopropílico: El alcohol isopropílico, aunque se utiliza en entornos sanitarios, reseca e irrita la piel extremadamente delicada del bebé. En su lugar, los especialistas recomiendan limpiar el área suavemente con agua tibia de buena calidad.
- Cubrir la zona con vendajes: El cordón umbilical, tras cumplir su función, comienza a secarse y no requiere que lo tratemos como una herida. Para que cicatrice adecuadamente, es necesario que reciba oxígeno. Cubrirlo con vendajes puede retrasar este proceso, por lo que lo mejor es mantener la zona descubierta y limpia.
- Vestir al bebé con ropa ajustada o calurosa: Garantizar una buena ventilación en el área del ombligo es esencial para su curación. Ropas ajustadas o excesivamente calurosas dificultan la circulación del aire, por lo que es preferible optar por prendas holgadas hasta que el cordón se caiga por completo.
- Aplicar una crema antibiótica: Aunque pueda parecer necesario, no debe tratarse con cremas o lociones antibacterianas. Manipularlo en exceso puede prolongar su proceso de cicatrización, por lo que lo ideal es mantenerlo limpio y seco.
- Ignorar una posible hernia umbilical: Es importante observar cuidadosamente cualquier cambio en el ombligo del bebé. Si aparece un pequeño bulto que causa dolor al tacto o hace que el bebé llore, podría tratarse de una hernia umbilical. Aunque la mayoría de las veces se resuelven de forma natural, es recomendable acudir al pediatra para que le haga una revisión.
- Usar pañuelos en lugar de hisopos: Utilizar pañuelos desechables o papel higiénico para limpiarlo no es adecuado, ya que estos materiales son demasiado ásperos para la piel del recién nacido y, además, dejan pequeñas fibras que podrían causar infecciones. Los hisopos o algodones suaves son la opción más segura y efectiva.
- Pasar por alto una infección: Aunque el cordón pueda tener un aspecto rojizo o marrón arrugado de forma normal, es crucial no confundir esto con signos de infección. Los médicos advierten que, si hay pus, mal olor o secreciones inusuales, es fundamental acudir al pediatra inmediatamente.
- No doblar el borde del pañal: Para evitar que el cordón se moje con el pis del pequeño, hay que doblar el borde del pañal para que no cubra el ombligo. Esto también permite que el aire circule libremente, lo que favorece una cicatrización más rápida.
- Cortar el cordón en casa: Nunca intentes cortarlo en casa, aunque parezca que está a punto de caerse. Esto podría causar heridas abiertas e infecciones graves. No te preocupes, el cordón se desprenderá por sí solo cuando sea el momento adecuado.
- No secarlo correctamente: Es fundamental secarlo cuidadosamente después del baño o si el bebé suda. Utiliza una toalla suave para eliminar la humedad y, de ser necesario, un hisopo para retirar el exceso de agua.
- Frotar con demasiada fuerza: Evita frotarlo con fuerza, ya que esto podría irritar la piel y retrasar la cicatrización. Lo mejor es limpiarlo con suavidad y manipularlo lo menos posible.
- Usar productos antimicrobianos sin consultar al médico: Sustancias como la equinácea o la raíz de sello de oro en polvo, que suelen emplearse en tratamientos holísticos, no son recomendables para el cuidado del cordón umbilical. Pueden causar reacciones alérgicas o quemaduras en la piel del recién nacido. Consulta siempre con un profesional antes de usar productos de este tipo.
Otros Consejos Importantes
- No debes usar ombligueros. Se trata de una venda que se ponía a los recién nacidos con el fin de sujetar un paño que cubría el ombligo hasta que se secaba, pero ahora se sabe que no es muy conveniente. Los esparadrapos, ya sean de tela de papel o analérgicos, pueden producir lesiones en la piel y las vendas oprimen el vientre y son incómodas.
- No emplear fajas. No curan ni facilitan la curación de las hernias de ombligo y pueden resultarle incómodas, incluso provocarle vómitos o dificultad al respirar.
- No utilizar bolas de algodón. Es preferible secar con gasas estériles y dejar el ombligo al aire. Tapándolo, aumentas la humedad y el riesgo de infecciones.
- No tirar y arrancar el cordón umbilical porque puede producir una hemorragia.
- No dejar la gasa mojada en alcohol encima del ombligo durante demasiado tiempo porque podría irritar la zona.
- No aplicar mercurocromo y mercurobromo que son líquidos desinfectantes de color rojo intenso, de uso frecuente en hogares para desinfectar heridas, porque pueden provocar eccemas. No son la mejor elección.
- No curar con productos a base de yodo. Son antisépticos, pero no están recomendados para los recién nacidos o lactantes, porque se absorben a través de la piel y pueden producir alteraciones en la función del tiroides.
Posibles Complicaciones y Cuándo Consultar al Pediatra
Si, a pesar de seguir estos cuidados básicos, se retrasa la cicatrización más de 20 días, es posible que se haya producido una infección u onfalitis, que se caracteriza por el enrojecimiento y endurecimiento de la piel que rodea el ombligo, supuración o secreción sanguinolenta y maloliente.
Después de caerse el cordón umbilical, es posible que sangre levemente. Si las gotas de sangre aparecen nada más secarlas o aparecen en bastante cantidad, es recomendable consultar al pediatra.
Las hernias pueden ser también motivo de preocupación por parte de los padres, pero no son un caso de urgencia. Se pueden detectar por un bulto en el ombligo. No son raras y se presentan con más frecuencia en los bebés prematuros. Se producen por pequeños defectos en la pared muscular del abdomen, pero mejoran con la edad y hacia los dos o tres años desaparecen. Rara vez precisan de cirugía. El pediatra lo apreciará al explorar al niño, pero si no es así, no está de más que se le comente.
Otra razón por la que se consulta al pediatra son los granulomas umbilicales, que son como heridas en forma de cereza pequeña, roja y húmeda que se forman en la cicatriz del ombligo, después de que se haya caído el cordón. La curación es sencilla, pero es aconsejable consultar al pediatra para descartar que se trata de otro tipo de enfermedad.
En ocasiones, tras la cicatrización del ombligo, queda una porción de piel sobresaliendo de 1 a 3 cm o incluso más. Lo habitual es que vaya desapareciendo, pero cuando no ocurre así, tiene lugar lo que se conoce como ombligo probóscide, que queda como una pequeña trompa de elefante. En tales casos, es necesaria la intervención quirúrgica, pero no es nada preocupante.
Y recuerda, si tienes dudas sobre el cuidado del ombligo de tu bebé, habla con su pediatra. La guía de un profesional médico es esencial para garantizar la salud y el bienestar del recién nacido.
