El dolor abdominal es uno de los motivos de consulta más frecuentes en Urgencias de Pediatría. La adenitis mesentérica se presenta como una de las causas comunes de este dolor abdominal. No se trata de una patología grave, pero es común que se confunda con la apendicitis.
¿Qué es la Adenitis Mesentérica?
Literalmente significa inflamación de los ganglios del intestino. Es una enfermedad frecuente y causa habitual de dolor abdominal en niños por encima de los tres años y también en adolescentes. La adenitis mesentérica tiende a ser una causa común de dolor en el abdomen. Los ganglios linfáticos forman parte del sistema inmunitario. Por eso se activan ante una infección. Están repartidos por todo el cuerpo y hay gran cantidad en la pared del intestino.
La adenitis se define como la inflamación de uno o varios ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos son órganos pequeños en forma de alubia que se encuentran distribuidos por todo el cuerpo y que forman parte del sistema linfático. Su función principal es actuar como filtros para sustancias extrañas y contener células inmunitarias que ayudan a combatir infecciones. Cuando un ganglio linfático se inflama como respuesta a un proceso infeccioso, autoinmune o neoplásico, hablamos de adenitis. Esta puede cursar con dolor, enrojecimiento, aumento de tamaño del ganglio e incluso fiebre o malestar general. El diagnóstico de la adenitis se basa en la historia clínica, el examen físico y pruebas complementarias según la sospecha diagnóstica. El tratamiento depende de la causa subyacente.
Causas de la Adenitis Mesentérica
Cuando un microorganismo entra en nuestro organismo el sistema inmunitario se activa para eliminarlo. Además de otras muchas más vías de protección, los ganglios linfáticos se ponen en marcha actuando como un filtro para atrapar el patógeno del torrente sanguíneo. Al activarse, suelen inflamarse y aumentar de tamaño.
Es muy común que los niños que tienen adenitis mesentérica hayan tenido en los días o semanas previas infecciones víricas de la vía aérea superior como catarros, resfriados, faringoamigdalitis, faringitis, gripes y también infecciones que afecten al estómago y/o intestino, como gastroenteritis.
Otras causas
- Infección vírica (virus de Epstein-Barr)
- Infección bacteriana a nivel gastrointestinal, más frecuente por Yersinia enterocolitica y Yersinia paratuberculosis
- Infecciones bacterianas o virales
- Enfermedades autoinmunes
- Procesos inflamatorios crónicos
- Neoplasias
Síntomas de la Adenitis Mesentérica
La adenitis mesentérica entra dentro del llamado diagnóstico diferencial del dolor abdominal en urgencias de pediatría. El síntoma más frecuente es el dolor alrededor del ombligo y en la parte baja del abdomen. Puede ser continuo o intermitente y generalmente se asocian otros síntomas como: malestar general, náuseas, diarrea o fiebre.
Si nos encontramos ante un caso de dolor que además asocia todos estos signos el cuadro clínico es muy similar al de una apendicitis aguda, enfermedad con la que más comúnmente se confunde la adenitis mesentérica. A diferencia de la apendicitis, la adenitis no necesita tratamiento quirúrgico y, en la mayoría de las ocasiones, el cuadro se soluciona en unos días, aunque en algunos niños el dolor puede persistir varias semanas.
Debemos sospecharla cuando un paciente presente: dolor abdominal, febrícula...
Signos de alarma
- Pérdida de peso
- Pérdida de apetito
- Fiebre intermitente
- Periodos de estreñimiento o diarrea
- Sangre en las heces
- Heces blancas, heces con sangre fresca o heces negras o explosivas
- Vómitos
- Abdomen distendido
- Dolor articular
- Dificultad para tragar
- Dolor que se aleja de la zona alrededor del ombligo
Si todo ello es negativo pero los síntomas se alargan en el tiempo y el niño sigue quejándose, debemos seguir investigando esta vez hacia un origen emocional. El pediatra valorará no solamente los síntomas físicos sino la relación con sus padres, como se comporta con ellos, que hay a su alrededor, si va contento al colegio, si tiene pesadillas, qué tal come, si tiene miedos o manías.
No debemos limitarnos solo a descartar patología orgánica. Debemos valorar al niño y a su familia en su conjunto. Garantizar su bienestar emocional también forma parte de nuestra responsabilidad como médicos.
Diagnóstico de la Adenitis Mesentérica
Para hacer el diagnóstico nos basamos en la historia clínica, es decir, los síntomas que tiene el niño, la forma de presentación y el antecedente típico de haber pasado una infección reciente. Además, completamos la valoración con la exploración física del pequeño, para descartar el cuadro de apendicitis, por lo que habitualmente las pruebas de imagen no son necesarias.
Si nos encontramos con un caso en el que sea difícil diferenciar entre estas enfermedades se suele solicitar una ecografía de abdomen.
La adenitis mesentérica consiste en una inflamación de ganglios linfáticos en mesenterio generalmente reactiva a infección vírica (virus de Epstein-Barr) o bacteriana a nivel gastrointestinal, más frecuente Yersinia enterocolitica y Yersinia paratuberculosis. Dada su forma de presentación es fundamental incluirla en el diagnóstico diferencial con la apendicitis aguda.
Es importante diferenciar entre adenitis y linfadenopatía. La adenitis implica inflamación del ganglio, con signos clínicos como dolor, calor o enrojecimiento. En cambio, la linfadenopatía hace referencia a cualquier aumento de tamaño ganglionar, sea o no inflamatorio.
Tratamiento de la Adenitis Mesentérica
La adenitis mesentérica no tiene un tratamiento específico. Básicamente intentamos que el niño esté lo más confortable posible mientras los ganglios inflamados vuelven a su tamaño normal. El tratamiento, por tanto, es sintomático, con ibuprofeno, dieta suave y reposo.
- Ibuprofeno
- Dieta suave
- Reposo
La adenitis en sí no es contagiosa, pero puede estar causada por una infección que sí lo sea, como una faringoamigdalitis viral o bacteriana. Es importante identificar el agente causal.
La duración depende de la causa. En infecciones virales leves puede resolverse en pocos días. En otros casos, como tuberculosis o procesos autoinmunes, puede prolongarse durante semanas o requerir tratamiento específico prolongado.
