Isabel II del Reino Unido (Isabel Alejandra María; Londres, 21 de abril de 1926-Castillo de Balmoral, 8 de septiembre de 2022) fue reina del Reino Unido desde su ascenso al trono en febrero de 1952, hasta su muerte en septiembre de 2022, además de la soberana de los Estados independientes constituidos en reino que forman, o formaron, parte de la Mancomunidad de Naciones. Su reinado de más de siete décadas fue más duradero que el de cualquier otro monarca británico, el segundo más extenso de la historia por detrás de Luis XIV de Francia y el más largo verificado de una mujer. Fue la principal figura política de los cincuenta y cuatro países miembros de la Mancomunidad de Naciones. En su rol específico como monarca del Reino Unido fue, a su vez, la gobernadora suprema de la Iglesia de Inglaterra. Su papel político abarcó grandes áreas, tuvo funciones constitucionales significativas y actuó como foco de la unidad nacional de los británicos y como representante de su nación ante el mundo.
Para comprender la vida y el legado de Isabel II, es fundamental explorar la historia de su familia, especialmente la de su abuela paterna. A continuación, analizaremos la vida de Victoria Eugenia de Battenberg y María de Teck, dos figuras clave en la historia de la monarquía británica.
VICTORIA EUGENIA de Battenberg | La Reina Británica de Alfonso XIII
Victoria Eugenia de Battenberg: Una Princesa en el Trono Español
Victoria Eugenia Julia Ena de Battenberg nació el 24 de octubre de 1887 en el castillo de Balmoral en Escocia, como la más joven de los nietos de la reina Victoria del Reino Unido. Hija del príncipe Enrique de Battenberg y de la princesa Beatriz, creció en el entorno de la corte británica, rodeada de protocolo, disciplina y una educación exquisita. Apodada familiarmente "Ena", en homenaje a sus raíces escocesas (ya que en escocés significa Eva), fue criada bajo la estricta mirada de su abuela, quien la adoraba como si se tratara de su propia hija. Tanto es así que la reina Victoria la llamaba “el pequeño tesoro” y le enseñó que una princesa jamás “se va a la cama”, sino que “se retira”.
Victoria Eugenia de Battenberg, Reina de España.
Un Flechazo Real y un Matrimonio Marcado por la Tragedia
Fue durante una visita oficial del rey Alfonso XIII, 'el Africano', al Reino Unido en 1905 cuando conoció a Victoria Eugenia. Aunque en un principio se pensaba que Alfonso acabaría comprometido con la princesa Patricia de Connaught, sobrina de Eduardo VII, fue Ena quien le robó el corazón (tras el rechazo de la princesa) por su gran belleza. Hubo un auténtico flechazo por parte del español hacia esta mujer que adoraba Escocia y sus tradiciones por encima de todas las cosas. Pero la oposición fue inmediata. La madre de Alfonso XIII, la reina María Cristina de Habsburgo, no aceptaba que su hijo se casara con una anglicana de una familia con antecedentes de hemofilia.
Pese a todo, el amor triunfó. Ena se convirtió al catolicismo y renunció a sus derechos sucesorios británicos. Y la boda se produjo. El 31 de mayo de 1906, se casaron en la iglesia de San Jerónimo el Real en Madrid; pero lo que debía ser un día de gloria real terminó en tragedia: un anarquista, Mateo Morral, lanzó una bomba al paso del carruaje nupcial. Los reyes salieron ilesos, pero 28 personas murieron y más de 100 resultaron heridas. El día acabó en desastre y con Ena, vestida de blanco pero manchada de sangre ajena. Así de trágicamente comenzaba su reinado. Con un atentado.
La Sombra de la Hemofilia
Las desgracias se sucederían a lo largo de este matrimonio. El primer hijo de la nueva pareja, Alfonso, príncipe de Asturias, nació en 1907. Durante su circuncisión, los médicos descubrieron que la sangre no coagularía, ya que el niño padecía hemofilia, la enfermedad que tanto temía la corte española. Ena era portadora, y la enfermedad afectó también a su hijo menor, Gonzalo.
Este hecho marcó un antes y un después. Alfonso XIII, que nunca perdonó a su esposa por traer la enfermedad a la dinastía, se distanció emocionalmente de ella. Las infidelidades del rey fueron vox populi y se multiplicaron cada vez más, con varios hijos ilegítimos documentados en los registros históricos. Finalmente, la relación tocó a su fin cuando el rey de España comienza su exilio en 1931 tras la victoria republicana en las elecciones municipales y la proclamación siguiente de la Segunda República.
Ena no siguió a su marido, sino que se marchó a Suiza, lugar donde vivió hasta su muerte. La última vez que regresó a España fue en 1968 para ejercer de madrina en el bautizo de su bisnieto Felipe de Borbón, hoy Felipe VI.
La Ficción que Rescata su Legado
La serie Ena, producida por RTVE y basada en la novela de Pilar Eyre “Ena: la estremecedora historia de Victoria Eugenia, la esposa de Alfonso XIII, una reina a la que nadie quiso”, pone en el foco a esta reina olvidada. Interpretada por la actriz española Kimberley Tell y el actor español Joan Amargós como Alfonso XIII, la serie se presenta como un drama histórico al estilo de “The Crown” sobre la reina Isabel II.
Según palabras del creador Javier Olivares, la serie explora la historia de una mujer adelantada a su tiempo, que contrastaba en un mundo dominado por hombres. Fue incomprendida en España y rechazada en su propia patria.
VICTORIA EUGENIA de Battenberg | La Reina Británica de Alfonso XIII
María de Teck: La Consorte que Moldeó una Reina
Por poco más de dos meses, la Reina María de Teck no pudo asistir a la coronación de su nieta como nueva Reina de Inglaterra. La muerte le sobrevino el 24 de marzo de 1953 a los 85 años y había dejado expresado por escrito que nada (ni siquiera su muerte) podía alterar la fecha de la ceremonia de entronización, programada para el 2 de junio de ese año. Una última muestra del férreo sentido del deber que acompañó a la consorte de Jorge V durante toda su vida y que pretendió inculcar a la Princesa Isabel casi desde su nacimiento.
Reina María de Teck con su nieta, la Princesa Isabel.
Esas enseñanzas fueron sin duda de gran utilidad para la joven reina durante sus primeros años en el cargo, pero con el tiempo Isabel II acabaría desarrollando una personalidad propia que ha hecho de su reinado uno de los más populares en la historia del Reino Unido.
De una Boda Concertada a Otra por Amor
En pleno 1947, cuando la Princesa Isabel de Inglaterra y el Príncipe Felipe de Grecia anunciaron su compromiso matrimonial, las bodas concertadas entre la realeza todavía eran algo común (aunque cada vez más residual). Sin embargo, en su caso se trató de una historia de amor real que tuvo que luchar contra muchas oposiciones para finalmente poderse dar el 'sí, quiero'. Una oposición que vino principalmente de dentro de la Familia Real Británica, que veía con recelo al príncipe griego y atribuían el enamoramiento de Isabel a un "capricho". Sea como fuere, la pareja ha demostrado su solidez y en 2017 celebraron sus Bodas de Titanio tras 70 años de unión.
Muy distinto fue el caso de la abuela de la monarca, la por entonces Princesa María de Teck. Miembro de la Familia Real por nacimiento (era hija de la Princesa María Adelaida de Cambridge, nieta del Rey Jorge III y prima en segundo grado de la Reina Victoria), desde muy pequeña fue educada para mentalizarse de que su existencia se concebía únicamente como servicio a la Corona y por ello no tuvo la posibilidad de negarse al matrimonio que la Reina Victoria le concertó con uno de sus nietos : el Príncipe Alberto Víctor de Clarence.
El príncipe era el hijo mayor del Príncipe de Gales y ocupaba el tercer puesto en la Línea de Sucesión al Trono. Sin embargo, llevaba un ritmo de vida muy poco apropiado para alguien de su rango: tenía numerosas amantes, participaba en orgías (tanto con hombres como con mujeres) e incluso llegó a correr el rumor de que él era quien se escondía tras la identidad de Jack "El Destripador". Cansada de aguantar esta situación, su abuela la Reina Victoria se propuso encontrarle una esposa entre cuyas cualidades estuvieran la responsabilidad y la tranquilidad necesarias para poder encauzar a quien estaba llamado a reinar.
El compromiso del Príncipe Alberto y la Princesa María se anunció el 2 de diciembre de 1981 y se llegó a programar la boda para el 27 de febrero de 1892, pero a pocas semanas de que ésta se celebrase ocurrió una inesperada tragedia: el novio contrajo una neumonía que le provocó la muerte el 14 de enero de 1892 a los 28 años. Un duro golpe para la Familia Real del que, de una manera totalmente desnaturalizada, supieron reponerse reprogramando el compromiso matrimonial: en 1893 se anunció que la Princesa María de Teck se casaría finalmente con el hermano menor de su anterior prometido, el Príncipe Jorge de York. Una boda que, esta vez sí, llegó a celebrarse el 6 de julio de 1893.
Dos Madres Frías y Distantes
Tanto Isabel como su abuela fueron conscientes desde el primer momento de que, en calidad de mujeres, su principal servicio a la Corona consistiría en darle herederos y, a ser posible, herederos varones. Algo que en ninguno de los dos casos se hizo mucho esperar, ya que ambas tuvieron a su primer hijo al año de haberse casado. La suerte hizo que sus primogénitos fuesen hombres: la Reina María dio a luz al Príncipe Eduardo (futuro Rey Eduardo VIII) en 1894 y la Reina Isabel al Príncipe Carlos (actual Heredero al Trono) en 1948.
Casualmente, las dos serían madres de familia numerosa (la actual monarca tiene cuatro hijos y su abuela tuvo seis) y únicamente tendrían una hija mujer (las princesas Ana y María). Pero, más allá de todas estas coincidencias... ¿en qué se diferenció la relación materno-filial que tuvieron María de Teck e Isabel II con sus hijos? ¿Fueron buenas madres?
Por proximidad temporal, abordaremos primero la faceta como madre de la actual monarca, a quien siempre se ha acusado de ser demasiado fría y distante con sus hijos. Algo que la escritora Kitty Kelley confirma en su libro 'Los Windsor' (1997): " La Reina ordenó sus prioridades y colocó a la monarquía en cabeza, seguida por el matrimonio y, por último, los hijos ". En la realidad, esto se traducía en que la reina solo veía a sus hijos media hora cada mañana y luego un rato antes de irse a dormir. El resto del día lo pasaban en compañía de niñeras e institutrices. Así la definió hace unos años el propio Príncipe Carlos: " No era una madre indiferente, más bien desapegada ".
En su favor habría que decir que se encontró muy joven con la responsabilidad de ser la nueva Reina de Inglaterra y no fue fácil para ella lidiar con ello y con las dificultades que rápidamente comenzaron a asolar su matrimonio. La Corona debía estar siempre por encima de todo, pero necesitaba tener a su marido a su lado y es por ello por lo que se produjo ese ordenamiento de prioridades del que habla Kelley. Quienes más sufrieron esta situación fueron los hermanos mayores, Carlos y Ana, porque su actitud se fue ablandando con el paso del tiempo y los dos hermanos menores, Andrés y Eduardo, ya disfrutarían de una madre mucho más relajada en su papel pero igualmente estricta.
En el caso de la Reina María de Teck, la relación materno-filial fue todavía más gélida y casi impersonal. Educada dentro de los estrictos valores victorianos, la consorte de Jorge V no sabía realmente cómo tratar con niños y uno de sus asistentes personales la describió en el libro 'The Quest for Queen Mary' (2018) como "uno de los seres humanos más egoístas que he conocido nunca". Dicho asistente aseguraba que " no tenía ningún tipo de instinto maternal " y que, una vez, mirando a uno de sus bebés en la cuna dijo: " Me pregunto qué estará pensando. Pues nada de nada, claro, el pobrecito estúpido ".
Una anécdota muy ilustrativa sobre cómo era esta relación la constata una escena que se vivió tras su vuelta de una gira por todo el Imperio Británico de casi un año, siendo sus hijos todavía muy pequeños: al bajar los reyes del tren, el Príncipe Enrique se puso a llorar al verlos y la Princesa María se fue a esconder a las faldas de su abuela, la Reina Alexandra. Al fin y al cabo, sus padres eran prácticamente unos desconocidos para ellos, a quienes veían un par de veces al día y siempre en compañía del personal de servicio. Con el tiempo, los hermanos confesarían no tener recuerdo alguno de haber estado a solas con su madre.
La Difícil Tarea de Reinar
Cuando el Rey Jorge VI murió en 1952, su querida hija "Lilibeth" se convirtió de manera automática en la Reina Isabel II de Inglaterra y en la sexta soberana a la que la Reina María de Teck debía hacer la reverencia protocolaria. A sus 85 años, la anciana ya había vivido cinco reinados diferentes, asistido a tres coronaciones y presenciado la histórica abdicación de su hijo mayor. Un cúmulo de circunstancias y errores que no estaba dispuesta a que se repitiesen en el reinado de su nieta.
Desde el nacimiento de la joven reina se había volcado de manera especial en su educación, pero con más ahínco todavía cuando la pequeña se convirtió en Heredera al Trono tras la coronación de su padre. De hecho, estuvieron juntas en dicha ceremonia y la propia Isabel narró la experiencia en sus diarios : "Al final, la ceremonia se volvió bastante aburrida porque todo eran oraciones. Grannie (así llamaba a su abuela) y yo buscábamos para ver cuántas páginas quedaban para el final y cuando llegábamos a la última palabra de una página decíamos 'Finis'. Ambas nos sonreíamos la una a la otra y volvíamos a concentrarnos en la ceremonia".
A pesar de esa complicidad, a la Reina María no le tembló el pulso a la hora de reprender a su nieta por comportamientos o actitudes que ella consideraba inapropiados para alguien de su rango. Cuentan que una vez se enfadó con ella por llevar un pañuelo en la cabeza (cosa que la reina sigue haciendo todavía a día de hoy) y le dijo: " ¡Quítate eso! Pareces un peón de cocina ".
Esa estrecha relación abuela-nieta queda brillantemente plasmada en la serie 'The Crown', donde, a pesar de ser una ficción histórica, se refleja con bastante fidelidad el devenir de la Familia Real Británica. Y en lo que se refiere a la influencia que María de Teck tuvo sobre Isabel II, hay una escena especialmente reveladora en la que la viuda de Jorge V escribe una carta a su nieta avisándole de la importancia de hacer prevalecer sus obligaciones sobre cualquier cosa : "He visto tres grandes monarquías derrumbarse por su incapacidad para separar sus caprichos personales del deber. No debes permitirte cometer los mismos errores. Tu faceta como esposa y como reina entrarán frecuentemente en conflicto, pero la Corona debe ganar siempre ".
No se ha podido comprobar si dichas palabras llegaron a ser escritas de verdad, pero teniendo en cuenta la personalidad de la Reina María y los conflictos internos que asolaron a la Reina Isabel en sus inicios, no resultaría descabellado considerarlas si no verídicas sí muy próximas a la realidad. Lo mismo podría decirse de otra escena en la que la reina expresa a su abuela el malestar que le produce la imparcialidad de su cargo, a lo que ésta le responde: "La gente querrá siempre que sonrías, asientas o frunzas el ceño y en cuanto lo hagas habrás declarado una posición. Eso es lo único a lo que como soberana no tienes derecho. Cuanto menos hagas, digas, asientas o sonrías, mejor ".
Unas lecciones que Isabel II ha sabido aplicarse a lo largo de su vida aún siendo criticada por ello. Gracias a su abuela, supo entender la responsabilidad que acarreaba su cargo y fue consciente de lo que debía o no debía hacer. Eso sí, sin renunciar a trazar su propio camino y marcar su impronta personal (para bien o para mal). Al fin y al cabo, su abuela también lo hizo: María de Teck y Jorge V fueron en su día los modernizadores de la Monarquía Británica y los primeros reyes en acercarse al saludar al pueblo.
Árbol genealógico simplificado de Isabel II mostrando a sus abuelas
| Generación | Rama Paterna | Rama Materna |
|---|---|---|
| Abuelos | Jorge VI | Isabel Bowes-Lyon |
| Bisabuelos | Jorge V y María de Teck | Claude Bowes-Lyon y Nina Cecilia Cavendish-Bentinck |
Conclusión
La historia de la abuela paterna de Isabel II es un testimonio de resiliencia y dedicación al deber. Victoria Eugenia de Battenberg y María de Teck, cada una a su manera, dejaron una huella imborrable en la monarquía británica y en la vida de la reina Isabel II.
