El debate sobre la abolición del aborto es uno de los más polarizados en la sociedad actual. Involucra consideraciones éticas, morales, legales y filosóficas que afectan profundamente la forma en que entendemos los derechos individuales, la autonomía corporal y el papel del Estado en la protección de la vida.
Como liberal-conservador y provida, resulta contradictorio defender un acto tan monstruoso como es matar a un ser humano inocente e indefenso en el vientre materno y proclamarse "liberal".
Argumentos a Favor de la Abolición del Aborto
Los defensores de la abolición del aborto sostienen que este acto es una violación fundamental del derecho a la vida, un derecho que consideran inherente a todo ser humano desde el momento de la concepción. A continuación, se presentan algunos de los argumentos más comunes:
1. Defensa de los Derechos Individuales y la Dignidad Humana
El liberalismo implica la defensa de los derechos individuales, y eso exige reconocer la dignidad humana. No es coherente pensar que el ser humano tiene unos derechos intrínsecos y al mismo tiempo deshumanizar y cosificar a ciertos seres humanos, con el fin de justificar su eliminación. De hecho, esa forma de pensar no es propia del liberalismo, sino de las ideologías totalitarias.
2. El Aborto como Ataque a la Libertad
Algunos presentan el hecho de abortar como un acto de libertad, pero no lo es. Abortar es un ataque a la libertad igual que lo es toda forma de asesinato. Matar a una persona significa despojarla de aquello que va necesariamente ligado a la libertad: la vida humana. Sin respeto por la vida humana no hay libertad. Creerse con derecho a acabar con un ser humano inocente e indefenso no le hace a nadie más libre. Lo que eso implica es que ciertas personas se crean superiores a otras hasta el punto de negarles el derecho a la vida.
3. La Maternidad No Implica Derecho a Quitar la Vida
Una de las afirmaciones más antiliberales que existen es el lema abortista "nosotras parimos, nosotras decidimos". Ser madre no convierte a ninguna mujer en propietaria de sus hijos ni le da derecho a quitarles la vida. Que un hijo por nacer tenga una relación biológica de dependencia con su madre no significa que ésta tenga derecho a matarlo. Los niños ya nacidos también tienen una gran dependencia de sus padres, y éstos no están legitimados a quitarles la vida, ni tan siquiera a dejarles abandonados para que mueran.
4. Coherencia Ética y Moral
Si entendemos el liberalismo como una ideología que se limita a una mera defensa de los derechos individuales, incluso despojándolo de toda base ética y moral, no es coherente poner al individuo en el centro de ese pensamiento y al mismo tiempo admitir la destrucción de ese individuo precisamente en el inicio de su vida, en la etapa en la que ese individuo necesita más la protección de todos. Pero es que además es falso creer que el liberalismo se debe despojar de toda connotación ética y moral. Creer que el asesinato está mal es una afirmación ética y moral.
5. Responsabilidad y Consecuencias de los Actos
El movimiento proaborto se ha ido haciendo fuerte con la llamada "revolución sexual" de los años 60 y 70. Ideólogas comunistas como Simone de Beauvoir y Shulamith Firestone plantearon el aborto como una forma de deshacerse de la responsabilidad de nuestros propios actos a la hora de mantener relaciones sexuales. Básicamente, su idea se podría resumir en esta frase: hagamos lo que nos dé la gana y que las consecuencias las pague otro con su vida. Eso es poner la irreponsabilidad de una persona por encima de los derechos individuales de otra persona. Así no se hace una sociedad más libre, sino una sociedad más irresponsable.
6. Incoherencia con la Abolición de la Pena Capital
Uno de los grandes avances de la humanidad ha sido la progresiva abolición de la pena capital, un castigo que consistía en quitar la vida a las personas condenadas por los crímenes más atroces. Además de ser un castigo inhumano, la pena capital implicaba numerosos riesgos, pues existía la posibilidad de que se condenase a alguien injustamente y una vez ejecutada la pena no habría forma de corregir ese error. Es incoherente que muchos que rechazan la pena de muerte al mismo tiempo consideren legítimo matar a un ser humano inocente, que ni siquiera ha tenido la oportunidad de cometer ningún mal. Esto incluye también el aborto en caso de embarazo por violación. En un delito de violación que acaba en un embarazo hay dos víctimas: la mujer violada y su hijo.
7. Efectos Perversos en la Sociedad
El aborto no sólo es una atrocidad, sino que además tiene efectos perversos en toda la sociedad. Cuando admitimos que se viole el más básico de los derechos individuales, que es la vida, todos los demás derechos quedan amenazados. No es extraño, en este sentido, observar que los países que han legalizado el aborto se han lanzado por una corriente resbaladiza que les lleva a erosionar y pisotear otros derechos. Y es cuando aceptamos que nos despojen de nuestra responsabilidad, estamos recorriendo el camino para que nos despojen también de nuestras libertades más básicas. Por otra parte, toda ley tiene efectos didácticos en la sociedad, porque transmite la idea de que se legaliza lo bueno, para favorecerlo, y se ilegaliza aquello que es perjudicial, para impedirlo. Al legalizar el aborto se transmite la idea de que matar a un inocente es algo legítimo y bueno. A nivel social esto transmite una idea igual de aberrante: la de que cualquier problema que te surja en la vida se puede resolver mediante la violencia. No nos extrañemos de que los abortistas más radicales, los de la ultraizquierda, estén recurriendo cada vez más a la violencia contra quienes no opinan como ellos con cada vez más frecuencia, sin mostrar ni el más mínimo arrepentimiento e incluso sin merecer la condena de la izquierda más moderada.
El derecho a la vida “constituye el derecho fundamental esencial y troncal en cuanto es el supuesto ontológico sin el que los restantes derechos no tendrían existencia posible”, según recoge la sentencia 53/1985 del Tribunal Constitucional. Además, esta misma sentencia manifiesta que el Estado tiene dos obligaciones en relación con la protección del no nacido. Por un lado, “abstenerse de interrumpir o de obstaculizar el proceso natural de gestación”. Ante esta realidad, el GP VOX considera que la ley del aborto “supuso un ataque frontal al derecho a la vida” porque “no respeta los valores en los que se basa el texto constitucional”. Asimismo, esta ley recoge un sistema de plazos por el cual la mujer podrá solicitar el aborto durante las primeras 14 semanas o hasta las 22 en caso de existir causas médicas.
En este sentido, la ley del aborto recoge que en todos los casos se habrá de informar de manera “clara, objetiva y comprensible” a las mujeres “sobre las consecuencias médicas, psicológicas y sociales de la prosecución del embarazo o de su interrupción”, y hace referencia también al plazo de tres días que debe transcurrir desde que la mujer embarazada recibe la información hasta que aborta.
Principales argumentos A FAVOR y EN CONTRA de la LEGALIZACIÓN del ABORTO
Argumentos en Contra de la Abolición del Aborto
Quienes se oponen a la abolición del aborto argumentan que las mujeres tienen derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y que el acceso al aborto es esencial para garantizar su autonomía y libertad reproductiva. Algunos de sus argumentos principales son:
1. Autonomía Corporal y Libertad de Elección
Se entiende la rabia que algunas personas sienten por la abolición del derecho federal al aborto. Como escribió la mayoría en un caso de 1992 que confirmó el derecho federal al aborto, las personas han “organizado relaciones íntimas y tomado decisiones que definen sus puntos de vista sobre sí mismas y su lugar en la sociedad, confiando en la disponibilidad del aborto en caso de que la anticoncepción falle”.
Como escribió la mayoría en un caso de 1992 que confirmó el derecho federal al aborto, las personas han “organizado relaciones íntimas y tomado decisiones que definen sus puntos de vista sobre sí mismas y su lugar en la sociedad, confiando en la disponibilidad del aborto en caso de que la anticoncepción falle”.
Bien está que la criatura nazca cuando es querida previamente por sus progenitores, pero si éstos no la desean o no la han planificado debe ser considerada como una amenaza al equilibrio amoroso de la pareja. “Un hijo si yo quiero y cuando quiero”.
2. El Individualismo y el Amor Libre
*Este argumento responde al enfoque “individualista” que se hace del ser humano, propio de muchos círculos liberales del área occidental (europea y americana). El individualismo resume la actitud del tigre: ¿Pues quién ha visto un tigre, en condiciones normales, cazar y vivir en manada? Para él, los demás animales, incluidos los otros tigres, son los rivales, la competencia. El individuo es aquí lo primero y radical, lo sustancial, lo que no necesita de otro para existir. Por tanto, las relaciones que se establecen entre individuos son siempre postizas, sobreañadidas, creadas por los propios individuos mediante pacto o acuerdo. Y lo mismo que son creadas pueden también destruirlas. Así, el matrimonio es una pura creación humana, sin normas que obliguen mas allá de lo que los sujetos quieran obligarse.
Lo real es el individuo. Lo fingido es la relación que establece con otro. El individuo es, como su nombre indica, in-divisum, cerrado y enquistado en sí mismo, sin poros por los que se comunique con los demás.No habría entre los individuos una comunidad de esencia que los uniera realmente; y, por tanto, estarían siempre libres de una norma universal que pudiera brotar de esa esencia. Los requerimientos del individuo deben ser cumplidos entonces en franca competencia con los demás: porque el otro querrá dominar tanto o más que yo. El modelo de relación interpersonal se rige así por la dinámica del arbitrio, de la zancadilla al menor descuido. El individuo, como cada tigre, defiende su propio territorio.
*Hay, pues, dos tesis capitales que el individualismo aplica al caso de las relaciones interpersonales. Primera: que todos los hombres son buenos, libres e iguales por naturaleza, teniendo por ello derecho todos a la felicidad y, en particular, a esa forma de felicidad que se llama amor, buscado libremente. Segunda: que, en virtud de la bondad natural del hombre, las tendencias amorosas están en nosotros para que las sigamos, sin considerar sus consecuencias o sus repercusiones en el hijo. Es preciso que uno sea sincero con esas tendencias y las deje ir de suyo.
Bastaría remitirse a la experiencia cotidiana para convencerse de que así, de pronto, no todos somos “buenos”. La bondad moral y legal se consigue al menos con cierto esfuerzo y vigilancia sobre nuestra conducta que, en el despliegue de nuestra naturaleza, exige un control racional.
Por otra parte, el individualismo no considera como un valor máximo la vida en sí misma “la vida en cuanto no depende todavía de contenidos o formas de vivir”; y sostiene que el valor de la vida depende en primer lugar de sus contenidos. Confunde así lo que se es con lo que se tiene. De esta suerte, una vida que, como la del feto, aún no tiene contenidos, carece de valores éticos y jurídicos que merezcan ser protegidos o tutelados.
*El individualismo, en sus más variadas formas, garantiza desde el punto de vista jurídico a los ciudadanos la libertad sexual, pero a la vez exime a esos mismos ciudadanos de toda responsabilidad sobre las consecuencias de sus actos (una de ellas es el embarazo de la mujer).
En la posición individualista se afirma que el amor se basta a sí mismo; y sería incluso “inmoral” subordinarlo a algo, por ejemplo, al hijo. El propio instinto sexual sólo se ordenaría al placer individual y no se subordinaría a otra cosa.
En el acto amoroso, cada uno guardaría su libertad. Cualquier vínculo con un hijo no deseado entorpecería la naturalidad de la satisfacción y la libertad del individuo. Sobre el individuo no hay nada: menos aún una ley moral que pueda ser invocada. La paternidad figura, pues, como un obstáculo para la libertad del amor. El hijo es un estorbo. El derecho de la mujer a interrumpir el embarazo es consecuencia necesaria de la libertad sexual.El fruto de la generación, que anidaría en el vientre femenino, no en el masculino, desequilibraría la balanza de las libertades en perjuicio de la mujer. Para restablecer la igualdad con el varón se le tiene que dar a la mujer el derecho al aborto.
*El individualismo ignora que las relaciones interpersonales no se identifican con la arbitraria imposición de los individuos. El verdadero ámbito interpersonal es la unión moral de sujetos que realizan un fin conocido y querido por ellos; ese fin es precisamente su bien común.En un ámbito interpersonal auténtico hay unidad de fin (que es conocido y querido por los sujetos) y unidad de voluntades (que realizan el bien común). Las relaciones entre personas no están así determinadas puramente por los individuos sino por el bien común y la unión de fin. Sólo en la medida en que el sujeto sale al encuentro del otro, ofreciendo su contribución desinteresada, queda para sí mismo, se dispone a ser más persona.
*El bien común por el que se constituye esa comunidad básica que se llama “matrimonio” es precisamente el marcado por la naturaleza humana y, en función de ella, por la esencia del amor.
El individualismo dice que para que haya matrimonio basta que dos seres humanos se pongan de acuerdo sin subordinarse a un bien común; los contrayentes se comportan como contratantes, como comprador y vendedor de un producto.
Pero el auténtico humanismo exige que las dos personas se subordinen a un bien común, a una idea que se pretende realizar. Decía Saint-Exupery que el amor no consiste tanto en mirarse el uno al otro, como en mirar los dos juntos en una dirección. Por amor realizan dos una misma obra, una idea, un proyecto de vida, dibujado en la naturaleza misma de los sexos. Ese proyecto de vida no es arbitrario, sino que está fundado en la constitución humana de la que brota el amor.
*Se nace con todas las consecuencias biológicas y psíquicas.
Nosotros no nos hemos hecho sexualmente complementarios; y por ser ya sexualmente complementarios, podemos libremente proyectar una comunidad conyugal de ayuda mutua.Además nosotros no nos hemos hecho físicamente aptos para procrear; por eso asumimos el proyecto que la naturaleza dibuja de fecundidad en el hijo. Los esposos no son dos rivales, ni dos seres que hagan cada uno su negocio; porque los dos hacen juntos un mismo asunto: hay un consorcio de vida, una comunidad de destino en donde lo primario no es el acuerdo de voluntades, sino el fin común por el que se unen libremente.
Una señal de la especificidad racional del hombre es que puede prever las consecuencias de sus actos y responder de ellos: su conducta sexual no es una excepción.
Se olvida a menudo que la libertad no se define solamente por la ausencia de constreñimientos, sino también y sobre todo por la capacidad de usar de ella. Por eso, si no se confunde el amor con el ejercicio físico y placentero de la genitalidad infecunda, será siempre un sentimiento responsable, compatible incluso con la continencia aceptada.
Cuando se afronta el típico slogan individualista: “tenemos libertad de elección”, podríamos comentar que todos estamos a favor de la elección; siempre y cuando la elección sea ética. Si una de las alternativas no es éticamente aceptable, la libertad de elección no se debe sustraer al imperativo moral.
3. La Aceptación Social y la Definición de "Humano"
Lo engendrado es humano solamente por las relaciones que la sociedad mantiene con él. Un ser humano no se hace por el suceso biológico de unirse un espermatozoide a un óvulo, sino por el concurso de los otros, a través de la palabra, el aprendizaje, las relaciones afectivas y, previamente, por la aceptación que el otro haga de él. Sólo si los padres desean al hijo puede decirse que el producto biológico se hace humano; quien no pueda aceptar esta responsabilidad debe interrumpir el embarazo.
Este tópico acepta que, aun suponiendo que el cigoto fecundado en la mujer se diferenciara sustancialmente de otros cigotos animales, la vida humana carecería de un valor intrínseco, independientemente de lo que hacen los otros para hacerla verdaderamente “humana”.
Seríamos seres humanos en tanto en cuanto otros seres humanos nos ayudan a serlo. Sólo entonces el “eso” biológico se convertiría en un “tú”: Y si en la sociedad se considerara que un nuevo hijo es un estorbo, entonces la interrupción del embarazo no sería un aborto, sino una dolorosa exigencia social. Así se expresan la mayoría de los “feminismos” actuales.
En una revista de gran tirada he podido leer: “En el caso de un hijo no querido, la interrupción del embarazo no es un mal, ya que este acto no constituye la supresión de un niño ya existente”. Y en un dossier posterior se dice que “el carácter humano del embrión no se revela solamente por la existencia de un proceso biológico, o a partir de un determinado umbral en este proceso: es la humanidad la que humaniza y no sólo la naturaleza, es la llamada a nacer de los padres (y a través de ellos de la colectividad), la que realiza una relación humanizante”.
4. El Colectivismo y el Papel de la Sociedad
Este argumento coincide sospechosamente con el enfoque “colectivista” que se hizo del hombre, propio no sólo del socialismo marxista, sino del fascismo nazi.
Para el colectivismo sólo el todo es lo sustancial y fundamental; el individuo es únicamente un ente incompleto, parte de un organismo perfecto. Y así como la mano, parte del cuerpo, no puede existir sin el todo, igualmente el individuo carece de sentido existencial fuera de la comunidad. Lo verdadero es el todo. El hombre sólo tiene derechos en la comunidad, por la comunidad y para la comunidad.
Carlos Marx, en su 6ª Tesis sobre Feuerbach había dicho que “la esencia humana no es algo abstracto que sea interno al individuo singular; porque en realidad es el conjunto de las relaciones sociales”.
El colectivismo es en realidad una filosofía de la colmena. Y ¿quién ha observado una abeja, o una hormiga, trabajando para sí misma? En sus vuelos, en sus acarreos del néctar, sólo tiene una finalidad: el aprovisionamiento de la colmena. La abeja solitaria es pura ficción literaria. La abeja, como singular, sólo tiene sentido para el todo. Fuera de este colectivo, para ella sólo hay la extinción inmediata.
En la filosofía de la colmena, lo primario es el todo, el colectivo, por quien dan su vida y sus intereses los individuos. Estos carecen de sustancialidad propia. No existe primero el sujeto y después la relación social. Primero es el todo social, la relación sistemática. Después viene como parte recambiable, el individuo. La sociedad colectivista termina uniformando a los sujetos, o sea, anulándoles la iniciativa.
Como todas las relaciones están entonces programadas desde la esfera del todo social, el individuo debe quedar siempre disponible para tareas “más altas” socialmente. El amor y la fecundidad tienen que entrar como un elemento más en la edificación de la sociedad. En cuanto parte integrante de ella, podrá ser hoy obligado a ser antinatalista y abortista (porque el índice de nacimientos sea estimado como “elevado” por el colectivo dirigente), pero mañana podrá ser urgido a la procreación forzosa por razones inversas. El amor, dentro del colectivismo, estará siempre comprometido en la lucha “liberadora” de la humanidad, subordinado al todo absoluto, a la vasta objetividad de la sociedad colectivista.
También el feminismo contemporáneo tienes rasgos opresivamente socializantes.
En verdad el feminismo subraya algo cierto, a saber, que el hombre es un ser que vive en sociedad: su inteligencia, su voluntad y sus sentimientos no podrían desplegarse adecuadamente sin la presencia de los demás hombres. La sociedad no es una simple suma de individuos, sino la suma de esos individuos, más unas relaciones originales que tienen leyes propias. Pero el feminismo no ve que esas relaciones no son el hombre, sino que son del hombre, cuyo ser es más original y profundo que las relaciones que lo ligan a los demás. El prejuicio del tópico comentado estriba en creer que el hombre sólo es en tanto que aceptado por los demás, llámense padres o sociedad en general.
Frente al argumento feminista o colectivista hay que afirmar que la persona posee anterioridad natural respecto de la sociedad, de tal manera que sus derechos no le vienen del medio social en que vive, sino de su condición sustantiva de ser persona. Si de la sociedad dependiera reconocer el derecho a la vida a un ser y no reconocerlo a otro, se caería fácilmente en el racismo, en la discriminación arbitraria, por razón de edad, sexo o color. El derecho a la vida es anterior al juicio que la sociedad puede dar sobre él. Por muy reducidas que un anciano tenga sus capacidades, por muy pequeño que el embrión sea, hay un derecho a la vida que la sociedad debe sancionar. Y si el embrión no es ya humano, tampoco lo será más adelante cuando nazca; como no es “humano” el chimpancé, por más “derechos” que la sociedad pudiera otorgarle.
5. Democracia y Pluralismo Ideológico
Democracia significa aceptar las leyes civiles establecidas por mayoría de votos, gusten o no a los demás ciudadanos. Además, en una sociedad pluralista no se puede imponer el criterio de una parte a otra, sino que hay que respetar también a los que son de la opinión de que el aborto no es delito.
La única democracia aceptable es la que elige a un representante por mayoría de votos. Pero de ningún modo es aceptable que la mayoría pueda decidir acerca de lo que está o no conforme con el bien natural del hombre. En tal caso desembocaríamos una vez más en la tiranía de la mayoría. Ha habido épocas en la historia de leyes injustas y de gobiernos tiránicos, aunque fueran establecidos por las urnas y los votos democráticamente. Asimismo, el suicidio colectivo no deja de ser un suicidio, por más colectivo que sea.
En el caso del aborto, nadie ha pedido su opinión al que está por nacer a propósito de si quiere ...
6. Indicaciones Terapéuticas
Indicaciones terapéuticas………..0,5 %
Estos indicadores muestran a las claras que los casos extremos o trágicos son los que menos motivan para abortar.
Por eso tiene sentido (macabro sentido) la irónica propuesta recogida en un periódico: “Yo estoy a favor del aborto… Pero no el aborto sólo hasta los nueve meses, sino con más generosidad: hasta la edad en que me molesten las personas. Por ejemplo, habría que abortar a alguien de dieciocho, o varios de cuarenta en adelante y a todas las gentes de más de ochenta”… que me molestan.
