La cría de pollitos es una tarea gratificante para los aficionados a la avicultura, y con un manejo adecuado, el éxito está asegurado. En esta guía, te proporcionaremos los cuidados esenciales para criar pollitos recién nacidos, desde la elección del habitáculo hasta el control de la temperatura y la alimentación.
Primeros Pasos: El Habitáculo y la Temperatura Ideal
La primera decisión es elegir el habitáculo o criadora, usualmente una caja de madera. La temperatura de la nacedora debe ser de 37º, y ha de mantenerse al trasladarlos al habitáculo de cría.
Los pollitos recién nacidos van a necesitar una temperatura de 32 ºC aproximadamente. Cada semana que pase esta se puede ir disminuyendo en unos 2-3 ºC.
En recién nacidos, la temperatura a nivel del suelo debe ser de 35º C, e ir descendiendo según las crías vayan creciendo.
Además, estas criadoras son de muy fácil manejo, ideales para gente que esta comenzando en este mundo y para amantes de las aves.
Es fundamental que se les proporcione una temperatura específica. Este artículo te permitirá tener controlada la temperatura de los pollitos, permitiendo así un mejor y completo desarrollo.
Tal y como explicamos en nuestro curso de incubación, los huevos deben permanecer en la incubadora 21 días, el mismo tiempo que pasarían debajo de la gallina si la incubación se realizase de forma natural. En este periodo se forman los órganos, el sistema musculoesquelético y las plumas del pollito.
Si echamos cuentas, el tiempo que requiere la incubación del huevo más el tiempo que pasan los pollitos en la criadora suman cerca de tres meses. Por eso, si iniciamos el proceso a finales de invierno, las crías estarán listas para salir al gallinero en primavera, ¡una estación en la que no pasarán ni frío ni calor!
La Importancia de la Ventilación y la Humedad
Una buena ventilación es imprescindible. Por eso, el espacio donde estamos alojando a los pollitos ha de ser suficientemente grande en proporción al número de animales. La superpoblación de pollitos puede provocar un exceso de niveles de dióxido de carbono y de vapor de agua.
Por tanto, debemos evitar que el aire esté sobrecargado para que los pollitos tengan el oxígeno suficiente para desarrollarse sanos y fuertes. Los niveles de humedad más apropiados no deben superar el 60%. La humedad puede ser controlada manteniendo una ventilación y una renovación constante del aire.
Alimentación Adecuada para un Crecimiento Óptimo
Para que se desarrollen en condiciones óptimas en cuanto a niveles óseos, de grasa y de musculatura es imprescindible suministrar a nuestros pollitos una alimentación adecuada. Así, para que crezcan sanos y fuertes, debemos suministrarles un pienso compuesto de arranque.
En cuanto a su alimentación lo recomendable es comenzar dándoles una mezcla de inicio o arranque para pollitos bebés. Los pollitos comen granos y cereales picados, como el maíz, avena, trigo, cebada, arroz, centeno y semillas de girasol, que constituyen la base de su alimentación.
Esta mezcla la pueden comer hasta las 8 semanas aproximadamente.
Recuerda que en los 2 o 3 primeros días de vida las crías no necesitan ingerir alimentos, pues absorben el saco vitelino. Durante el primer mes es preferible darles grano molido o en migaja en lugar de entero.
Higiene y Limpieza: Claves para la Salud de los Pollitos
La limpieza y la higiene en la cría de pollitos son dos aspectos que no solo no debemos descuidar, sino que debemos cumplir a rajatabla. La cama de los pollitos precisa ser constantemente renovada para evitar que las heces o la suciedad se conviertan en un foco de infecciones.
Transición al Gallinero y Madurez Sexual
Una vez tengamos controlados estos factores es importante que los pollitos puedan empezar a salir de la caja donde los hemos criado y comenzar a habituarse a un gallinero con acceso al exterior. El cambio debe hacerse de manera progresiva.
A partir de los 5 meses los pollitos ya alcanzan su madurez sexual y pueden poner huevos. Si hemos llegado a este punto es que lo has hecho bien con ellos.
El Clima en la Nave y la Zona de Confort
Uno de los factores que más influyen en los resultados es el clima en la nave. Y uno de los factores más importantes que intervienen en el clima es la temperatura. En eso podemos ser de ayuda.
Tanto si nos fijamos en el bienestar de las aves como en el ahorro de costes o en los resultados técnicos, las aves están mejor cuando están cómodas. Y cuando se trata de temperatura, eso significa que el productor tiene que asegurarse de que las aves están en su zona de confort.
¿Qué es la zona de confort? Las aves necesitan sentirse bien en la nave. Para lograr eso, la temperatura también debe ser adecuada. Lo ideal es que la temperatura sea exactamente la que más agrada a las aves. Si es así, podemos decir que las aves están en su zona de confort.
Si hace demasiado frío, el comportamiento de las aves cambia. Se arriman unas a otras para aprovechar el calor corporal mutuo. O comen más porque necesitan más energía para elevar su temperatura corporal. Sin embargo, el valor energético de los alimentos que consumen no redunda en beneficio de su crecimiento o de la puesta de huevos.
Cuando la situación es más seria, las aves pueden enfermar. Y en el peor de los casos, una temperatura demasiado baja puede ser incluso letal.
Una temperatura demasiado alta también es un problema por otras razones. Cuando hace calor, las aves comen menos. Y cuando comen menos, se reduce también su crecimiento, o ponen menos huevos. Y, en este caso, las aves también pueden enfermar si la temperatura no es adecuada. Incluso, pueden sufrir estrés térmico y, en casos muy graves, pueden morir.
Por eso es importante que la temperatura sea la adecuada. Por la salud y el bienestar de las aves y para crear un clima perfecto que permita obtener buenos resultados técnicos. Es cuestión de utilizar un sensor de temperatura y así saber si la temperatura es correcta.
Con un sensor de temperatura, medimos la temperatura ambiente. Y aunque ciertamente es un indicador importante para determinar si la temperatura es adecuada, no es el único. Lo que queremos saber, al fin y al cabo, es si las aves experimentan la temperatura adecuada. Y para ello necesitamos algo más que solo una medición de la temperatura ambiente.
Hay otros dos factores importantes que determinan cómo experimentan las aves la temperatura: La humedad (relativa) y el efecto refrigerante de la velocidad del viento.
La humedad condiciona la percepción de la temperatura. Una temperatura ambiente de, por ejemplo, 30 grados puede resultar agradable o convertirse en un calor agobiante en función de la humedad. Así pues, empezamos midiendo la humedad. Y con esa medida, podemos calcular el efecto de la humedad en la percepción de la temperatura.
Dependiendo de cómo esté configurado el sistema climático de la nave, se puede influir tanto en la temperatura como en la humedad controlando la refrigeración, la calefacción, la ventilación y la humidificación del aire.
Reflexionemos un momento sobre lo que esto significa. Si no se tiene en cuenta la humedad al regular la temperatura, esta puede ser correcta en cuanto a grados centígrados, pero la sensación térmica puede ser igualmente errónea. El productor cree que las aves están en su zona de confort, pero en realidad tienen demasiado frío o demasiado calor. Con todas las consecuencias que esto conlleva. Tal vez sufran estrés por calor, o justamente, corren peligro de sufrir hipotermia.
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Además de lo anterior, hay que tener en cuenta también el efecto refrigerante de la velocidad del viento. En la mayoría de las zonas climáticas, durante los periodos de calor es necesario contar con una refrigeración. Esto puede hacerse, por ejemplo, con nebulizadores o esteras refrigerantes. Pero en la mayoría de las naves, se empieza a generar refrigeración mediante la velocidad del viento. Esto se hace instalando ventiladores de túnel en un extremo de la nave para crear circulación del aire en el interior. Esto tiene un efecto similar al del ventilador que nosotros también usamos en los días calurosos: De este modo, si bien no se logra bajar la temperatura ambiente real, se produce una sensación térmica más fresca.
La temperatura ambiente no bajará, pero las aves experimentan el efecto de la velocidad del viento como enfriamiento. En otras palabras, su sensor de temperatura no indica realmente la temperatura que experimentan los animales. Y aquí reside de nuevo el riesgo de creer que la temperatura indica que sus animales están en su zona de confort, mientras que, al mismo tiempo, observa síntomas de que hace demasiado frío.
