Los niños pueden ser desafiantes en ocasiones, mostrando comportamientos que desafían la autoridad de los adultos, y estos resultan ser complejos de manejar por los padres, maestros y cuidadores. Sin embargo, es importante comprender que los niños pueden ser desafiantes por muchas razones diferentes. Por ello, abordar estas situaciones requiere una combinación de comprensión y habilidades de manejo de conducta.
Como padre o madre, seguramente te habrás encontrado en alguna situación en la que tu hijo o hija te ha contestado un ‘no’ ante una petición de que haga algo, desafiando así tu autoridad. Eso no significa que tenga un problema, porque forma parte del proceso evolutivo de los niños. El problema viene cuando sus actitudes desafiantes se convierten en una rutina y no se trata de una desobediencia común, sino que esconde un problema mayor: el trastorno oposicionista desafiante.
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Comprender el comportamiento desafiante en niños
En primer lugar, es fundamental entender que los niños pueden ser desafiantes por muchos motivos diferentes: podrían sentirse abrumados por emociones intensas, como la frustración o el enojo, o estar lidiando con problemas emocionales o de comportamiento subyacentes. Además, algunos niños podrían tener dificultades para regular su comportamiento debido a problemas de desarrollo o de atención.
Niños desafiantes: cómo actuar ante una conducta negativa - Anastasiya Nedohonova/Freepik
Cuando se detecta un comportamiento desafiante en los niños, los padres tienen la opción de seguir una serie de estrategias para trabajar estas actitudes y ayudarles a superar esta fase de su desarrollo.
Estrategias para abordar el comportamiento desafiante
1. Establecer una conexión sólida con el niño
Para manejar a un niño desafiante, es necesario comenzar por establecer una conexión y comunicación efectiva con el niño. Esto significa que debemos dedicar tiempo suficiente para escuchar activamente y comprender las necesidades y sentimientos del niño. Hacer preguntas abiertas y fomentar la conversación ayuda a construir una relación más sólida entre padres e hijos.
2. Establecer límites claros y consistentes
Una vez que se ha establecido una conexión sólida, el segundo paso será establecer límites claros y consistentes. Esto incluye normas específicas en el hogar y en la escuela, como no hablar con la boca llena o no usar lenguaje inapropiado. Los límites deben ser claros, razonables y aplicados de manera justa y coherente.
Es importante recordar que los límites deben ser flexibles y adaptarse a las necesidades y grado de madurez del niño. Si está luchando con un problema de comportamiento específico, es posible que necesite límites distintos o más específicos para ayudarlo a controlarlo. Por ejemplo, un niño que tiene dificultades para controlar su ira puede requerir límites adicionales para mantenerse seguro y evitar lastimarse a sí mismo o a otros.
3. Utilizar el refuerzo positivo para fomentar el buen comportamiento
Otra estrategia efectiva para manejar a un niño desafiante es utilizar el refuerzo positivo. Este tipo de refuerzo consiste en elogiar y recompensar el comportamiento positivo del niño. Por ejemplo, se puede elogiar a un niño por compartir un juguete con un hermano u ofrecerle una recompensa por completar las tareas del hogar.
También cabe destacar que el estímulo positivo debe ser empleado de manera apropiada y efectiva para que funcione. No se debe usar como una forma de sobornar al niño o recompensarlo por comportamiento inapropiado. Además, el refuerzo positivo debe ser específico y oportuno: el niño debe comprender qué comportamiento es deseado.
4. Modelar comportamientos positivos y resolver conflictos pacíficamente
Modelar un comportamiento positivo es otra de las estrategias que los padres pueden seguir ante conductas desafiantes. Dado que los niños aprenden a través de la observación y la imitación, estos deben actuar como modelos a seguir. Esto significa mostrar un comportamiento positivo y ejemplar para el niño, incluyendo el uso de un lenguaje respetuoso y calmado, la expresión adecuada de emociones y la resolución de conflictos de manera efectiva y pacífica.
Cómo tratar con un niño desafiante - Freepik
5. Dar opciones y oportunidades de empoderamiento al niño
Además, es crucial dar al niño opciones y oportunidades para tomar decisiones y sentirse empoderado. Esto puede incluir permitir escoger su ropa, por ejemplo, o decidir qué actividad hacer después de la escuela. Al dar al niño un sentido de control sobre su vida, estaremos ayudando a disminuir la resistencia y aumentar la cooperación.
6. Ser consistente en el manejo de situaciones desafiantes
También es importante ser consistente en el manejo de situaciones desafiantes. Esto significa que los adultos deben tratar de manejar el comportamiento del niño de manera coherente, incluso si están cansados, estresados o frustrados. Los niños pueden detectar la inconsistencia y podrían aprovecharse de ella, lo que puede empeorar su comportamiento desafiante.
7. Prestar atención a las necesidades y sentimientos del niño
La atención a las necesidades de los niños es algo de lo que los padres deben estar siempre pendientes y trabajar para cubrirlas. Los niños que son desafiantes pueden estar experimentando problemas emocionales o de comportamiento subyacentes que necesitan ser abordados. Por ello, es necesario que los padres aprendan a detectar las señales que indican que el niño necesita ayuda adicional. Algunas de estas señales son la disminución del interés por las actividades que solía disfrutar, del rendimiento académico o cambios en el comportamiento repentinos.
El autocuidado es muy importante - Getty Images
8. Cuidar de uno mismo y buscar apoyo cuando sea necesario
Finalmente, los adultos deben cuidarse y buscar apoyo y ayuda cuando sea necesario. El manejo de un niño desafiante puede ser estresante y agotador, y es importante cuidar de uno mismo para poder cuidar adecuadamente del niño. Buscar apoyo de amigos, familiares o profesionales de la salud mental ayuda a reducir el estrés y mejorar la capacidad de manejar situaciones desafiantes. Además, los padres también pueden practicar deporte, meditación o asistir a clases de yoga, por ejemplo. En estos casos, se trata de que los padres dispongan de tiempo para ellos para relajarse y recuperar la energía.
El Trastorno Oposicional Desafiante (TOD)
Otra cosa es que el niño sufra el trastorno oposicionista desafiante. No existe una causa específica que pueda explicar el trastorno oposicionista desafiante, pero los expertos apuntan al factor psicosocial como un posible desencadenante. Una educación coercitiva o violenta, la inmadurez o la falta de experiencia en la crianza de un hijo o unos padres excesivamente permisivos pueden estimular las conductas desafiantes.
Si estos comportamientos se prolongan en el tiempo debes buscar ayuda, ya que hijo puede tener un Trastorno de Oposición Desafiante (TDO) y, en ese caso, debes acudir a un psicólogo que proceda hacer una evaluación psicológica para confirmar el diagnóstico y asesorarte si necesita ir a terapia. El Trastorno Oposicional Desafiante es un trastorno que padece el 20% de la población infantil y juvenil. Es una conducta que lleva a los niños a enfrentarse a las figuras de autoridad de forma persistente.
Algunas características del Trastorno Oposicional Desafiante son:
- Rabietas y/o discusiones frecuentes con los adultos.
- Mala tolerancia a las órdenes, se niegan a cumplirlas.
Los niños pueden llegar a aprender que provocar y retar a los padres puede llegar a desesperar y, por tanto, conseguir cosas que de otra forma no podrían. Les gusta saber cuál es el límite.
Consejos adicionales para padres
Aquí hay algunos consejos adicionales para manejar a un niño desafiante:
- Evita los gritos.
- Ten paciencia.
- Trabaja la frustración. Es el sentimiento desagradable que se experimenta cuando no se consigue lo que uno quiere.
- Cuida su agresividad.
- No entres en la lucha de poder. Los niños desafiantes creen que son iguales a los adultos, para ellos no existe autoridad.
- Pon límites claros. Y cúmplelos.
- Sé consecuente y perseverante.
- Pide ayuda profesional.
Conductas desafiantes en adolescentes
Enfrentar los retos de la adolescencia ya es complicado, y más cuando se trata de uno desafiante. Las faltas de respeto, la transgresión de limites, delinquir, el consumo de sustancias, absentismo escolar, agresividad física hacia objetos o personas, robar, conductas de riesgo y un largo etcétera son conductas que generan mucho rechazo en la sociedad. Al ser una conducta que traspasa “lo normativo” de la adolescencia, en plena búsqueda de identidad reciben mensajes muy castigadores como “el que la lía”, “delincuentes”, “vago”, etc.
Los padres de dichos adolescentes se encuentran en una situación compleja, donde el espectro de emociones es infinito. Abarca el miedo por lo que pueda ocurrir, la rabia y frustración de no saber qué hacer, el dolor de ver a su hijo sufrir y de que te falte el respeto, la culpa de no saber hacerlo mejor, cuestionarse como padre y un largo etcétera. Dicha combinación es donde residen los sentimientos encontrados y los padres acaban en un constante dilema de cómo actuar (“lo castigo vs lo cuido”), entre otro tipo de posibilidades.
A continuación, menciono algunas estrategias para relacionarse con hijos desafiantes:
- Comunicación abierta y clara: Tras las discusiones y la mala conducta, a veces cuesta encontrar el espacio para hablar con ellos. Ser coherentes con ellos y eso pasa por ser los adultos. Si como padres se traslada desorden, dudas e incoherencias, eso es lo que recibirán. Los hijos a tienden a imitar lo que hacen los padres, más que lo que dicen. Por ejemplo: no se puede esperar que un adolescente se exprese abiertamente y de manera sana si los padres no son propios de hacerlo.
- No entrar en escalada. Este es un punto importante, porque la frustración y rabia que generan los adolescentes desafiantes provoca que a veces los padres se acaben posicionando al mismo nivel. Lo que a un padre le sirvió de adolescente, no tiene por qué servirle a su hijo: Las mochilas son diferentes.
- Paciencia: El cerebro del adolescente sigue en evolución y cualquier proceso de cambio requiere de tiempo.
- Límites claros. Ser comprensivos y contenedores no quiere decir que no se les pueda y tenga que poner límites. Poner límites significa darles coherencia, orden y una estructura segura.
- Pactar. Los adolescentes necesitan su autonomía, pero a la vez se les tiene que poner límites y normas. Pactar con ellos es un voto de confianza donde se pueden sentir escuchados. Aceptar que desde el amor y el querer dar lo mejor a los hijos, a veces los padres se equivocan. Es habitual que tras el pulso de los hijos los padres actúen de manera equivocada.
- Escuchar: Se comunican a través de la rabia, pero eso no quiere decir que no tengan nada que decir (siempre y cuando se fomente un espacio adecuado y fuera de la agresividad).
- Aliarse siempre con la otra figura cuidadora y dar mensajes claros. Los progenitores deben ser un equipo. Los adolescentes reciben mucha confusión si las figuras cuidadoras dan mensajes opuestos. Además, es el escenario perfecto para poder manipular situaciones.
- Revisarse cómo gestiono las emociones como persona y padre y cómo las traslado a mi hijo. Poner consecuencias congruentes, constantes y anticipadas. Consecuencias a la conducta. Es importante poner consecuencias a la conducta realizada, no a la emoción ni a la persona, sin juzgar. Es difícil que los padres a veces no se dejen llevar por la frustración con comentarios como “ya no se qué hacer contigo”, “no puedo más”, “así no llegarás a ningún lado”, “eres un maleducado”, dejarles de hablar, etc. Sin embargo, es imprescindible diferenciar la conducta que realiza el adolescente de lo que siente.
- Pedir ayuda profesional. La conducta de los y las adolescentes rebeldes y desafiantes muchas veces desconcierta a quienes conviven con ellos.
Etapas de la adolescencia
La transición hacia el camino de la adultez es una etapa del desarrollo caracterizado por la presencia de grandes ( y a veces abrumadores) cambios, tanto a nivel físico como mental y social.
- Adolescencia temprana: va de los 11 a los 14 años y está marcada por la pubertad, con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios.
- Adolescencia media: entre los 15 y los 17 años, aparecen conflictos por el antagonismo entre las normas de la familia y la libertad que el adolescente desea.
- Adolescencia tardía: de los 18 a los 21 años (algunos autores marcan desde los 15), se van aceptando progresivamente los valores y límites.
Como supones, estas etapas no se desarrollan siempre igual en cada familia.
Adolescentes desafiantes y rebeldes
Los adolescentes desafiantes y rebeldes pueden hacer perder la paciencia a los adultos y muchas veces se toman medidas contraproducentes. Es fundamental replantear la actitud de padres y madres y valorar el refuerzo positivo en vez del castigo. Los extremos, ser demasiado permisivo o extremadamente autoritario, no son las mejores posiciones para las madres y los padres.
Hay que insistir en las normas realmente importantes de forma consistente, pero priorizando para dejar más libertad en otros asuntos. Reñir o castigar con enfado puede hacer que impongas un escarmiento excesivo o digas algo de lo que te arrepentirás luego. Además, si pierdes el control, tu autoridad sufre un menoscabo. Espera a que el enfado se te pase y toma las decisiones con tranquilidad.
Establece reglas claras y realistas. Al aplicar las consecuencias, estas deben ser proporcionales a la falta. En general, las cosas funcionan mejor cuando se imponen por periodos breves, como unos días. Los excesos pueden traer consecuencias, como que el o la joven escape de casa.
Es fundamental que, además de la restricción impuesta, haya un diálogo con tu hijo o hija, que permita fomentar una comunicación afectiva. Servirá para que conozcas los motivos para exhibir una actitud desafiante en adolescentes. Así mismo, es importante enseñarles a pedir ayuda, ya que no son conscientes de lo que les pasa y culpan a los demás de todo a lo que se enfrentan. Los demás sufren su comportamiento ya que no pide ayuda o cambia su actitud, a pesar de sentirse mal por el fracaso.
¿Por qué se comporta así? Causas del comportamiento desafiante
Puede haber muchas causas detrás del comportamiento desafiante y disruptivo de nuestro hijo. Por lo general, habrá más de una causa, ya que en psicología rara vez una única causa explica un comportamiento.
- Es posible que tenga un temperamento difícil, un carácter fuerte, o que tenga unos rasgos de personalidad determinados que favorecen este tipo de comportamientos. Esto es algo con lo que el niño ‘nace’, son factores hereditarios.
- Por otro lado, está el estilo educativo de los padres. Generalmente, detrás de estas conductas hay un estilo educativo parental demasiado permisivo. Papás a los que les cuesta hacer cumplir las normas, que tienen dificultades para manejar los retos y desafíos de los hijos o que sucumben a menudo a sus peticiones “por no oírlos”. Los niños tienen una capacidad especial para llevar la perseverancia a su máxima expresión, y lo difícil es mantenernos firmes y ser más constantes aún que ellos.
- Con los ‘niños rebeldes’ también hay que tener si existe algún trastorno que pueda estar influyendo en su conducta. Por ejemplo, los menores con TDHA, en un alto porcentaje, presentan problemas de conducta. Los depresivos también pueden exhibir este tipo de comportamientos, ya que la depresión en niños no tiene los mismos síntomas que en el adulto.
- Por otro lado, una baja autoestima o inseguridad pueden expresarse de esta manera, así como tener conflictos con sus relaciones: sufrir bullying en el colegio, celos de algún hermanito, necesidad de más atención por parte de los padres. A veces, estas malas conductas son la manera en que ellos expresan la rabia que sienten por otras cosas que están sucediendo en su vida y sobre las que no tienen control.
Es importante pedir ayuda de un profesional si sospechamos que nuestro hijo pueda presentar cualquiera de estas circunstancias. Por lo general, como decíamos, la causa suele ser la suma de varias.
¿Qué estoy haciendo mal? Asumir responsabilidades como padres
No se trata de buscar culpables, pero sí de asumir responsabilidades. Como padres tenemos que ser conscientes de esa responsabilidad. Hay una parte que no depende de nosotros y que, como decíamos, puede estar relacionada con el carácter del niño o con circunstancias por las que atraviesa, pero hay otra parte que depende directamente de nosotros.
Empezar a educar desde que nacen. Los niños están aprendiendo SIEMPRE. Son pequeñas esponjas con una capacidad grandísima de aprendizaje, de observación, de ensayo y error. Habrá muchas cosas que las aprenderán simplemente de vernos a nosotros. Otras irán asimilándolas por la vía de experimentar las consecuencias de sus actos. Otras por ensayo y error. Y muchas otras, porque nosotros se las enseñamos directamente.
La frustración: Un caballo de batalla
La frustración es el sentimiento desagradable que se experimenta cuando no se consigue lo que uno quiere. Aprender a tolerarla es muy importante, porque en la vida son muchísimas las ocasiones en que es necesario aguantar lo que no nos gusta, que las cosas no salgan como esperamos, etc. ¿Y cómo se aprende? Poco a poco, desde pequeños.
Aprender a gestionar la frustración es fundamental | Fuente: Canva
En primer lugar, experimentándola. Los padres a veces no permitimos que eso suceda. Nos anticipamos a las consecuencias negativas de las cosas, sobreprotegemos. Damos a los niños todo lo que piden. Consentimos sus conductas inapropiadas. Así que no les estamos permitiendo experimentar la frustración.
Y aprender a manejarla. Este es el segundo aprendizaje que deben hacer nuestros hijos. Aprender a tolerar las emociones negativas que acompañan a la frustración, y saber qué hacer con ellas, cómo expresarlas.
La rabia es la emoción que suele aparecer. La rabia se puede expresar de muchas maneras, algunas mejores para nosotros que otras. Puede aparecer en forma de violencia (pegar, insultar, golpear objetos), en forma de llanto y de gritos.
Como padres debemos favorecer una expresión adecuada de la ira, enseñando al niño a ir controlándola y manejándola, y permitiendo que esa emoción se exprese, pero en formas más adaptativas. Se trata de dar salida a la ira, no se trata de evitarla o de anularla. Pero de la manera adecuada.
Otras estrategias:
- Poner límites claros, normas claras y hacerlas cumplir.
- Ser consecuente y perseverante. No vale castigar y levantar el castigo a la media hora. No vale permitir hoy una conducta y mañana no. No vale educar según tenga yo el día ni según mi grado de cansancio.
- Elegir las batallas. Pocas pero con paso firme. No tolerar lo intolerable. Y dejar pasar lo intrascendente.
Si ves que no sabes cómo hacerlo, pide ayuda. A veces los padres necesitan unas pocas sesiones de asesoramiento con un psicólogo para que les dé pautas. Otras veces es preciso también intervenir con el niño, pero no siempre. Ante la duda, hay que consultar. También son muy importantes las escuelas de padres y los libros sobre educación.
“Cuando nace un niño, nacen un padre y una madre”. Y no, no traen manual de instrucciones. Así que tomémonos nuestro tiempo en aprender a ser buenos padres y madres, porque es de las tareas más bonitas y, a la vez, más difíciles que vamos a hacer en nuestra vida.
