Tubérculos de Montgomery: Información Esencial sobre Lactancia y Embarazo

¿Notas ciertos cambios en el pecho incluso antes de saber que estás embarazada? Es normal, tu organismo se prepara para la lactancia materna desde el principio. Uno de los cambios más evidentes y que antes se producen en el cuerpo de la futura mamá tiene lugar en sus pechos. Además de que aumentan de tamaño, también varían mucho los pezones. En concreto, se aprecian mucho mejor las glándulas areolares, también conocidas con el nombre del obstetra irlandés que las describió clínicamente por primera vez en 1837, William Fetherstone Montgomery.

Te explicamos qué son exactamente y cuál es su función.

¿Qué son los tubérculos de Montgomery?

Los tubérculos de Montgomery o glándulas areolares son unos pequeños bultos situados en la areola, alrededor del pezón. Se sitúan en las glándulas areolares y son más visibles cuando se estimulan. Las glándulas de Montgomery son fácilmente localizables durante la lactancia porque conforman puntitos abultados por toda la superficie de ambas areolas, alrededor de los pezones, que suelen destacar también por tener un color más clarito que el resto de la piel de esta parte del cuerpo.

Siempre están presentes, pero es durante el embarazo, la lactancia y también con la estimulación de los pezones cuando se hacen más evidentes debido a que se hinchan. Por lo que los tubérculos de Montgomery hacen referencia a esos ganglios que se forman alrededor del pezón y dentro de la areola, que ayudan a proteger la piel de cualquier bacteria. ¿Cómo? Estos bultos producen secreciones que mantienen la zona del pezón lubricada y, por tanto, también protegida. Además, evita la sequedad en el pezón facilitando que la toma de leche en el proceso de lactancia se haga con todo tipo de comodidades.

Según el documento elaborado por el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria, del Ministerio de Sanidad en España, encontramos entre 10 y 20 glándulas o tubérculos de Montgomery por cada areola. Su número varía mucho de unas mujeres a otras: pueden tener entre cuatro y veintiocho en cada areola.

Antes del embarazo, estas glándulas se denominan tubérculos de Morgagni. No obstante, durante el embarazo, adquieren un tamaño mayor y se elevan sobre la superficie de la areola.

Cambios en las mamas durante el embarazo

Casi desde el inicio del embarazo las mamas empiezan a cambiar. Uno de los primeros síntomas del embarazo es el aumento de tensión en las mamas, acompañado de una sensación de calor.

Durante las primeras semanas de embarazo aumentan en sangre diferentes hormonas femeninas como son los estrógenos y la progesterona. Estas hormonas presentan una acción sobre el tejido mamario estimulando el crecimiento del mismo, la denominada mamogénesis.

Durante este proceso crecen las estructuras que forman el interior de la mama, estimulando al inicio el desarrollo de los conductos mamarios y fomentando su ramificación, y posteriormente aumentando la celularidad de las glándulas. Este aumento de tejido glandular y ductal disminuye el tejido graso de la mama, lo que conlleva un aumento de su densidad.

Esto físicamente lo percibe la mujer como un aumento del tamaño de la mama, así como su turgencia. Desde el principio de la aparición de los cambios anatómicos existe una proliferación en paralelo de vasos sanguíneos que permiten el aporte adecuado al tejido en crecimiento y que pueden percibirse como una red vascular superficial violácea o azulada tanto en las mamas como en el escote.

A su vez en el segundo y tercer trimestre la areola y el pezón mamario aumentan de tamaño y coloración, por el aumento de la melatonina en la zona.

En la gran mayoría de los casos estos cambios se perciben de forma muy precoz incluso previamente al conocimiento por parte de la mujer que se encuentra gestante y puede ser confundido erróneamente con un síndrome premenstrual. De igual modo, las mujeres con mamas de mayor tamaño pueden percibir los cambios en el pecho de manera atenuada.

Durante el embarazo su apariencia se hace más notoria y se asemeja a un tubérculo, de ahí que reciba este nombre. Aunque otro de los motivos que le hace denominarse así es por su situación anatómica, ya que cumplen una función primordial en la lactancia materna: dar de comer a los bebés.

Ese pliegue o inflamación en la areola se crea por la producción de estrógenos y progesterona que posibilitan el desarrollo glandular.

Mujeres no embarazadas: esos bultos tienen a ser más pequeños y son más bien conocidos por tubérculos de Morgagni.Mujeres embarazadas: como ya hemos mencionado anteriormente las glándulas de Montgomery están mucho más marcados debido a la situación hormonal durante el embarazo. Su tamaño comienza a crecer de forma exponencial durante el período del embarazado y se mantienen mientras dure el proceso de lactancia.

Cambios en la pigmentación de la piel: Durante la gestación se oscurecen zonas específicas del cuerpo de la mujer. Este aumento de la pigmentación se debe a un incremento de la actividad de la hormona melanoestimulante, responsable de la formación de la melanina provocada por la progesterona.

Tras el parto, el bebé colocado en el vientre materno será capaz de reptar hasta alcanzar el pecho de su madre y lo hará guiado por el olfato, pero además seguirá la senda marcada por la línea nigra y la visión de la areola oscurecida y agrandada.

· Los pezones pueden estar más sensibles: Muchas mujeres manifiestan que al principio de sus embarazos dar el pecho les resultaba muy molesto e incluso doloroso.

Glándulas de Montgomery

¿Cuáles son sus funciones durante la lactancia?

Los tubérculos de Montgomery tienen una doble función de gran importancia en la etapa de la lactancia materna. Los tubérculos de Montgomery tienen una función muy específica e importante durante el embarazo y la lactancia.

Una de sus funciones principales es secretar un líquido lubrificante que forma una película protectora sobre las areolas, protegiéndolos así de cualquier ataque microbiano, de la sequedad o de la posible aparición de grietas. Son glándulas sebáceas que producen secreciones de una sustancia cuyo objetivo es mantener el pezón lubricado y protegido ante el desgaste al que es sometido por la lactancia materna.

Durante el embarazo, estas glándulas van creciendo en número para realizar las funciones mencionadas. Muchos expertos, además, aseguran que el olor que desprenden es el que atrae a los bebés a buscar el pecho de la mamá. De esta forma, los tubérculos de Montgomery servirían de estímulo olfativo para el apetito de los recién nacidos. Al mismo tiempo, la sustancia que emiten es una pista olfativa para el bebé, ya que estimula su apetito y les ayuda a localizar mejor el pecho de su mamá en una etapa en la que todavía su vista es un sentido muy secundario al apenas estar desarrollado.

Además, es por donde la leche se excretará ya que aquí se encuentran unos canalículos conectados a orificios que conectan desde el interior de la mama hacia el exterior. También muy cerca en esta localización sobre la areola y el pezón, encontraremos los tubérculos de Montgomery que excretan sustancias antibacterianas que protegen al bebé.

Con la lactancia materna puede producirse sequedad en el pezón debido al desgaste y exposición al que se ve sometido. Durante el embarazo y, sobre todo, en la lactancia, juegan un papel decisivo para mantener lubricado y protegido el pezón gracias a la sustancia que expulsan cuando se estimula esta parte tan delicada del cuerpo de la mujer. Es precisamente cuando se estimula el pezón cuando dichos bultitos aumentan más de tamaño.

¿Cómo tratarlas?

Las glándulas de Montgomery tienen más trabajo en la etapa del embarazo y lactancia, y la prueba de ello es que los puntos se aprecian mucho menos cuando la mujer no está esperando un bebé o no da el pecho. No todas las mujeres tienen las mismas glándulas de Montgomery; de hecho, el número puede variar muchísimo, desde las 4 hasta las 28 por areola.

Independientemente del número que tengas, lo que no debes hacer jamás en entorpecer su función. Es por esto que los expertos recomiendan que para preservar su función antibacteriana, las mamás las enjuaguen con agua limpia en la ducha, y a su vez indican también que no se utilice jabón para hacerlo, puesto que podría eliminar los aceites que secretan la sustancia lubricante y protectora, así como resecar la piel. Asimismo, nunca deben utilizarse soluciones desinfectantes u otros productos que puedan resecar o dañar más el área.

Algo que todavía hacen muchas mujeres es lavarse el pecho antes de cada toma y después de estas, pero ni esto es efectivo ni tampoco echarse continuamente cremas y pomadas, porque todo ello anula o limita el efecto de las glándulas de Montgomery.

Evidentemente, si hay grietas o cualquier otro problema que haya llevado al médico a recomendarte un tratamiento con alguna crema, haz caso de sus consejos puesto que es la voz experta en la materia. Pero si no lo hay, lo recomendable es dejar que estas trabajen de forma natural, por lo que no es necesario mantener una higiene mayor de la habitual en la zona.

Estas dos funciones son fundamentales para facilitar la lactancia materna, por lo que un lavado demasiado frecuente del pecho antes y después de las tomas puede anular o limitar el efecto de las glándulas de Montgomery, entorpeciendo su función. Igualmente no hay que echarse cremas y pomadas que puedan reducir sus efectos, a no ser que las grietas ya hayan aparecido o surja algún otro problema y el médico indique algún tratamiento a seguir.

Si estás embarazada y das el pecho, te informamos de que dar el pecho no provoca ningún problema durante el embarazo. Disfruta de tu lactancia sin problemas.

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