La fiebre puerperal es la manifestación clínica de una infección en la mujer después de haber dado a luz, es decir, durante la etapa del puerperio. Esta infección puerperal es debida a las heridas o complicaciones ocasionadas en el aparato genital durante el parto. En el pasado, la fiebre puerperal era una de las principales causas de muerte materna.
Hoy en día, las infecciones posparto están bien controladas. La administración de antibióticos ha conseguido disminuir la frecuencia y la gravedad de la fiebre puerperal.
Definimos fiebre puerperal cuando se constata una temperatura termometrada superior a 38ºC, en dos ocasiones separadas al menos seis horas, desde las 24 horas del parto hasta seis semanas posparto.
A continuación, exploraremos en detalle el tratamiento de la endometritis puerperal, una de las principales causas de fiebre puerperal, abordando sus causas, síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento.
El puerperio, posparto o cuarentena es el gran desconocido de las madres. En este periodo el organismo materno va recuperando su normalidad después del parto.
¿Qué es la Endometritis?
La endometritis consiste en la inflamación del endometrio, la capa interna que rodea y reviste el útero. Esta afección no debe confundirse con la endometriosis, ya que son términos diferentes.
Existen dos tipos de endometritis:
- Endometritis aguda: Es poco frecuente, pero puede producirse tras un parto, cesárea, legrado... Los síntomas serían fiebre, tiritona, malestar general, dolor en la zona baja del abdomen, cambios en el flujo vaginal... y requiere tratamiento cuanto antes para evitar complicaciones.
- Endometritis crónica: Se refiere a una inflamación en el endometrio de manera crónica, es decir, persistente, y que habitualmente es asintomática. Este tipo de endometritis suele ser polimicrobiana (hay varios microorganismos presentes).
Las pacientes que padecen endometritis crónica podrían tener problemas de fertilidad, fallos de implantación y aborto de repetición.
Causas de la Fiebre Puerperal
En general, las infecciones puerperales son consecuencia de una falta de higiene en la atención durante el parto o el puerperio, aunque también puede suceder que una parte de la placenta se quede en el interior del útero y dé lugar a complicaciones. Como ya hemos indicado, los microorganismos más frecuentes causantes de la fiebre puerperal son los que se encuentran en la flora vaginal, en la piel o en la flora intestinal: Streptococcus agalactiae, Streptococcus pyogenes, Staphylococcus Aureus, Escherichia coli, etc.
A continuación, vamos a exponer las causas principales que dan lugar a la fiebre puerperal:
- Endometritis puerperal: Es una infección bacteriana que se halla en el interior uterino, en concreto en el endometrio, donde ha estado anclada la placenta durante los 9 meses de gestación. Además de fiebre, suele presentar dolor abdominal bajo, útero aumentado de tamaño y doloroso, sangrado continuado y flujo (loquios) maloliente. Sólo el 15% de los cuadros es tardío, debutando a partir de la primera semana de postparto.
- Infección de la herida quirúrgica: Ya sea por la episiotomía en el parto vaginal o por la incisión abdominal de una cesárea. En general, ocurre aproximadamente en el 5% de los partos, debutando en los primeros 7 días tras la cirugía. Los microorganismos causantes de la infección generalmente proceden de la piel, como Staphylococcus Aureus. Es muy importante cuidar bien estas heridas para prevenir el riesgo de infección.
- Mastitis puerperal: Consiste en una infección de los pechos debida a la lactancia. La fuente de infección proviene de los microorganismos de la boca o faringe del bebé lactante (estreptococos y anaerobios) y con menor frecuencia de la piel (Staphylococcus Aureus), por lo que es necesario un tratamiento antibiótico de cobertura amplia. Suele debutar a las 2 - 3 semanas del inicio de la lactancia, con una frecuencia del 2-10% de las madres que lactan.
- Infecciones urinarias: Debidas generalmente a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural. Son provocados por bacterias del tracto genital como Staphylococcus Aureus o Escherichia coli. Aparecen en los primeros días postparto (2-5 días).
- Otras infecciones sistémicas: Pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, etc.
La causa de la endometritis es una infección uterina por clamidia, gonorrea, tuberculosis o, incluso, por una combinación de bacterias. Además, el riesgo de sufrir esta inflamación del endometrio es mayor después de realizar procedimientos como una histeroscopia, una biopsia endometrial o tras un parto prolongado.
Factores de Riesgo
Los factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto). Éstos son los siguientes:
- Trabajo de parto prolongado
- Parto instrumental
- Mujer con antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales
- Obesidad
- Anemia o desnutrición
- Ruptura prematura de membrana
- Extracción manual de la placenta
- Cesárea de urgencia
- Relaciones sexuales días previos al parto
Cabe destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones va a padecer una infección puerperal. Para poder prevenirla, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.
Síntomas de la Fiebre Puerperal
Evidentemente, la fiebre alta es el síntoma principal de una infección durante el posparto. Sin embargo, hay otras manifestaciones que indican que algo no marcha bien en las mujeres que acaban de dar a luz.
A continuación, vamos a comentar los posibles signos y síntomas de una infección puerperal:
- Malestar general.
- Palidez.
- Sudoración fría.
- Escalofríos.
- Taquicardia.
- Cefalea.
- Loquios (secreciones vaginales típicas del puerperio) abundantes y malolientes.
- Dolor abdominal.
Sin embargo, a veces, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal es la fiebre baja.
Diagnóstico de la Infección Puerperal
La aparición de fiebre en los días posteriores al parto no siempre es indicativo de una infección o sepsis puerperal. Para considerarse como tal, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos:
- La fiebre es igual o superior a los 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
- La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
- En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.
La subida de leche también puede provocar un aumento de la temperatura de la madre durante unas horas, pero no cumple con los requisitos para considerarse que existe una sepsis puerperal.
Durante el diagnóstico de una infección puerperal, es necesario identificar el foco de infección por una parte, y cuál es el agente causante por otra, es decir, los microorganismos infecciosos.
Para ello, el médico tendrá que valorar los posibles factores de riesgo intrínsecos de la madre, así como los factores de riesgo relacionados con el parto. Además, éste llevará a cabo una exhaustiva exploración física, incluyendo las mamas y la revisión vaginal.
También mandará realizar las pruebas complementarias que sean necesarias: analítica de sangre, hemocultivo, cultivo de orina, cultivo endometrial, etc. Es muy importante poder identificar los microorganismos causantes de la infección para poder aplicar el tratamiento más adecuado.
¿Cómo se detecta la endometritis?
Además de realizar una revisión ginecológica en la que útero y cérvix pueden mostrar sensibilidad, existen diferentes pruebas diagnósticas para la endometritis. Entre ellas, se encuentran las siguientes:
- Cultivo microbiano endometrial: Se toma una muestra para la detección e identificación de microorganismos cultivables.
- Biopsia endometrial: La muestra obtenida se emplea para identificar por inmunohistoquímica células plasmáticas CD138+. En el estudio histológico el hallazgo principal para el diagnóstico es la presencia de plasmocitos.
- Histeroscopia: Permite la visualización de la cavidad uterina. En ocasiones, es posible observar edema estromal, hiperemia epitelial y/o micropólipos.
Por otro lado, especialmente tras fallos de implantación o aborto de repetición, en las clínicas de reproducción asistida pueden recomendar la realización del test ALICE.
El test ALICE permite identificar patógenos responsables de la endometritis crónica cultivables y no cultivables (que no serían detectables en cultivo), ya que es un examen de tipo molecular. Además, puede recomendar el tratamiento más adecuado para las bacterias encontradas.
ENDOMETRIOSIS - Síntomas y signos | Reina Madre
Tratamiento de la Sepsis Puerperal
El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre. En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor.
A continuación, es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro como la amoxicilina. En este sentido, el antibiótico más usado es la doxiciclina, que debe tomarse durante catorce días.
En función de los resultados de los cultivos y el antibiograma, podrá modificarse el antibiótico para curar la infección.
Por otra parte, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día.
Los casos más graves de infección puerperal requieren el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.
¿Tiene cura la endometritis?
Afortunadamente, el manejo de la endometritis no suele ser complicado y se suele curar eficazmente tras el tratamiento correcto.
Cuando una mujer es diagnosticada de endometritis, el médico le recetará antibióticos para tratar la infección causante de la endometritis durante, aproximadamente, unas dos semanas.
Por ello, conocer los microorganismos causantes de la endometritis tiene gran relevancia para orientar el tratamiento antibiótico más adecuado. Si no se conocen, se prescribiría un antibiótico que suele ser eficaz para los microorganismos que causan más frecuentemente endometritis crónica.
Además, puede ser recomendable administrar probióticos (habitualmente por vía vaginal) para restablecer una microbiota adecuada.
Posteriormente, el especialista valorará si realizar un nuevo análisis para comprobar que la endometritis ha remitido tras el tratamiento.
Endometritis y Reproducción Asistida
Diferentes estudios han demostrado que la endometritis crónica puede ser prevalente en mujeres con problemas de fertilidad, especialmente en las que presentan el diagnóstico de fallo de implantación. Los estudios realizados describen que la endometritis crónica podría alterar lo que llamamos “ventana de implantación”, el periodo idóneo del endometrio para que la implantación embrionaria se produzca, disminuyendo su receptividad a que esto ocurra.
La endometritis crónica está presente en un porcentaje elevado de pacientes con fallo de implantación o aborto de repetición. Por ello, especialmente en estos casos, puede ser recomendable la realización del test ALICE y, si se confirma la endometritis, llevar a cabo el tratamiento adecuado.
Tratar la endometritis crónica antes de la transferencia embrionaria mejoraría las tasas de éxito.
Por ello, en un ciclo de FIV, si la paciente tiene endometritis crónica, suele ser habitual la vitrificación (congelación) de los embriones mientras la paciente recibe el tratamiento adecuado para la endometritis (con antibióticos y probióticos).
Posteriormente, puede ser recomendable la comprobación de que el tratamiento ha sido efectivo y la situación se ha revertido.
Finalmente, si todo está bien, se podría realizar la preparación endometrial para la transferencia embrionaria.
