Una de las preocupaciones comunes relacionadas con la fertilidad es la presencia de quistes en los ovarios y su impacto en la capacidad de ser madre. Se trata de una cuestión frecuente que nos encontramos casi a diario en consulta. Cuando una mujer está pensando en ser madre, es normal que surjan dudas sobre cualquier diagnóstico ginecológico previo. Una de las preocupaciones más habituales en consulta es la relación entre los quistes ováricos y el embarazo.
Los quistes ováricos son una alteración frecuente en mujeres en edad fértil y, en la mayoría de los casos, no impiden lograr un embarazo. A veces después de una ecografía de control o para conocer las causas de un dolor pélvico persistente, el médico nos informa que tenemos un quiste en el ovario. Cuando una mujer se encuentra en edad fértil y está buscando un embarazo, que el especialista nos confirme este hecho produce un gran temor.
En este artículo, exploraremos en detalle la relación entre los quistes ováricos y el embarazo, los diferentes tipos de quistes, su impacto en la fertilidad y las opciones de tratamiento disponibles.
¿Qué son los Quistes Ováricos?
Los quistes ováricos son sacos llenos de líquido que se forman en el ovario y que, con frecuencia, aparecen en relación con el proceso de ovulación. Los llamados quistes ováricos son colecciones de líquido o de otras sustancias que se ven durante la realización de una ecografía. Estos quistes pueden ser muy variados ya que pueden estar rellenos de líquido o sangre, de pelos, grasa y (incluso dientes en el caso de los teratomas). Pueden ser sólidos o pueden ser simplemente funcionales.
Los ovarios son los órganos encargados de producir los óvulos y las principales hormonas femeninas. En muchas ocasiones no producen síntomas y se diagnostican de forma casual durante una ecografía ginecológica de control. Su comportamiento y relevancia clínica varían según su origen.
Tipos de Quistes Ováricos
Es importante diferenciar ambos conceptos:
- Ovarios poliquísticos: hacen referencia a un aspecto ecográfico con mayor número de folículos de lo habitual.
- Quistes funcionales: Son los más frecuentes y están relacionados con el ciclo menstrual y la ovulación.
Estos últimos llamados habitualmente quistes funcionales se refieren a toda imagen que se ve ecográficamente y que es una correspondencia con un proceso fisiológico normal. Estos quistes pueden incluir quistes foliculares y quistes del cuerpo lúteo. Los quistes funcionales, como los quistes foliculares o quistes del cuerpo lúteo, aparecen durante el ciclo menstrual normal y no afectan a la fertilidad. De hecho indican un funcionamiento correcto del ovario.
Durante el periodo fértil de una mujer el ciclo ovárico permite cada mes, que de un grupo de folículos que están presentes en el ovario desde el nacimiento, crezca de forma selectiva uno de ellos, que se transforme en el folículo prioritario y finalmente acabe rompiéndose para expulsar un ovocito susceptible de ser fecundado. Éste proceso es el que corresponde con la ovulación y habitualmente se realiza a mitad de ciclo. Si una mujer que acude a una revisión ginecológica o se realiza una ecografía por cualquier otra causa, pueden objetivarse que presenta una imagen quística en el ovario en los momentos cercanos a la ovulación. Dicha imagen no es responsable de ninguna patología.
Cuando una mujer queda embarazada, esa imagen quística tras la ovulación se transforma en el denominado cuerpo amarillo o cuerpo lúteo. Su función es la secreción de progesterona que permite que el endometrio se transforme en un nido perfecto para la llegada del embrión y que permita su nutrición adecuada hasta que la placenta esté completamente formada y madura. La función del cuerpo lúteo se mantiene durante todo el primer trimestre y es a partir del segundo trimestre cuando la importancia de esta función disminuye.
El quiste que encontramos más habitualmente en el embarazo es el cuerpo lúteo que proviene del folículo que ha dado el ovulo del embarazo, esta formación produce unas hormonas que son vitales para el mantenimiento de la gestación durante las primeras semanas, y desaparece de forma constaste al tercer mes. En resumen, toda mujer embarazada tiene un quiste en el ovario durante el primer trimestre. Habitualmente desaparece durante el segundo, y en este tramo temporal su visualización sería completamente normal.
Sin embargo, existen otros tipos de quistes ováricos, como los quistes dermoides, císticos y endometriomas, que pueden ser más problemáticos en términos de fertilidad. Cobran especial relevancia los endometriomas, por tratarse de la manifestación ovárica de la endometriosis. Por otro lado, existen quistes dentro de los procesos endometriósicos. En la ecografía se visualizan con contenido en su interior y, cuando se abren en una intervención quirúrgica o tras su análisis anatomopatológico posterior se objetivan que tienen material achocolatado en el mismo.
Los quistes no funcionales o no relacionados con el ciclo menstrual, como los dermoides y cistoadenomas, deben ser controlados periódicamente aunque se trate solo de crecimientos benignos.
QUISTE DE OVARIO: ¿QUÉ ES? SÍNTOMAS, TRATAMIENTO, RIESGOS... - Ginecología y Obstetricia -
Quistes Ováricos y Fertilidad
En general, los quistes funcionales no suelen afectar a la fertilidad femenina. Estos quistes se desarrollan como parte del ciclo menstrual normal, tienden a desaparecer por sí solos. Por este motivo, los quistes funcionales no interfieren en el embarazo natural.
En la mayoría de los casos, es posible concebir de forma natural incluso si se tienen quistes ováricos. En la mayoría de los casos, los quistes ováricos no afectan la fertilidad de manera significativa, y es posible un embarazo natural. Sin embargo, los quistes más grandes pueden ejercer presión sobre los órganos reproductores, dificultando la ovulación y el transporte de óvulos y espermatozoides.
La endometriosis supone una condición inflamatoria crónica que se caracteriza por la presencia de tejido endometrial fuera de la cavidad uterina, siendo la localización más habitual, por proximidad, los ovarios. En el caso de parejas afectas de esterilidad o infertilidad, encontramos a la endometriosis en un 30-40% de los casos. El ambiente inflamatorio resultante tiene un impacto negativo en la fecundación, implantación y desarrollo embrionario, así como en el desarrollo endometrial óptimo. Puede alterarse también la anatomía de las trompas de Falopio, con obstrucción de las mismas.
Afortunadamente, el diagnóstico de endometriosis no es sinónimo de infertilidad, y aproximadamente la mitad de las pacientes no presentarán problemas a la hora de conseguir un embarazo espontáneo. Todo dependerá de múltiples factores: edad de la paciente, localización y tamaño de las lesiones, estilo de vida de la pareja, y otros factores influyentes.
SOP y Quistes
El SOP es un desorden hormonal común en mujeres de edad fértil en el que los niveles de hormonas masculinas son anormalmente altos. Las mujeres con SOP ovulan raramente, sus ovarios presentan multitud de pequeños quistes y presentan periodos menstruales esporádicos.
Los quistes beningos no afectan de manera directa la fertilidad, pero sí que, dependiendo de su tamaño, pueden reducir el espacio disponible en el ovario para que los folículos puedan crecer correctamente. En caso de querer buscar un embarazo, dependiendo del tamaño del quiste y de su origen, el médico evaluará la mejor forma de proceder, desde una conducta expectante y controles rutinarios hasta cirugía.
Complicaciones de los Quistes Ováricos
Aunque no es lo habitual, algunos quistes pueden dar lugar a complicaciones:
- Torsión ovárica: puede producirse cuando el quiste aumenta de tamaño y el ovario gira sobre sí mismo, causando dolor intenso, náuseas y vómitos, y comprometiendo el riego sanguíneo. Por último existe la posibilidad de que este quiste se torsione, es decir, gire sobre sí mismo, produciendo una estrangulación de los vasos que le irrigan y producir dolor más intenso que habitualmente es de carácter intermitente.
- Rotura del quiste: puede provocar dolor abdominal brusco y sangrado interno.
El problema se presenta cuando la mujer siente dolor o molestias en la zona en la cual se encuentra este cuerpo lúteo. No obstante, hay ocasiones en las que los quistes pueden complicarse.
Diagnóstico y Tratamiento
Será fundamental un estudio detallado e individualizado, valorando mediante ecografía-doppler ginecológica de manera detallada las estructuras pélvicas, pudiendo utilizarse también la resonancia magnética. El estudio hormonal y de la reserva ovárica mediante analítica sanguínea, el análisis del semen y la permeabilidad de las trompas también pueden ayudarnos a la hora de establecer un pronóstico y la toma de decisiones.
El tratamiento de los quistes ováricos depende de muchos factores. En la mayoría de los casos solo es preciso un seguimiento a lo largo del tiempo para ver si desaparecen por sí solos. En otros casos, puede ser necesario un tratamiento más agresivo, como la extirpación quirúrgica del quiste. Es frecuente que mujeres embarazadas presenten preocupación por el diagnóstico ecográfico de un quiste de ovario y esta preocupación es mayor cuando se produce el diagnóstico justo durante el embarazo.
No existe una medida preventiva específica para evitar la aparición de quistes ováricos. El tratamiento depende del tamaño, el tipo de quiste y la evolución durante la gestación.
- Conducta expectante: en quistes pequeños y sin síntomas, lo más habitual es realizar controles ecográficos periódicos y esperar a su resolución espontánea.
- Tratamiento quirúrgico: se reserva para casos concretos (crecimiento rápido, sospecha de complicaciones, dolor intenso). Cuando es necesario, se recomienda realizar la cirugía a partir del segundo trimestre, siempre valorando cuidadosamente el balance riesgo-beneficio.
La técnica a la que con más frecuencia se recurre en pacientes subfértiles con quistes ováricos es la Fecundación In Vitro (FIV), y en casos seleccionados, la Inseminación artificial (IA) y la ovodonación.
A veces es suficiente realizar controles ecográficos con tratamiento hormonal para enlentecer o frenar el crecimiento de los mismos o, bien es precisa una intervención quirúrgica para una correcta extirpación y limpieza de los focos endometriósicos existentes en la cavidad pélvica y/o abdominal. También existen otros quistes que presentan un tamaño mayor o una complejidad en su estructura desde el punto de vista ecográfico, precisando un control más exhaustivo, bien ecográfico o bien laparoscópico, para su ulterior análisis.
Si por el contrario, el tamaño o las características ecográficas o analíticas, hacen vislumbrar cualquier tipo de duda en cuanto a una posible complicación, se puede proceder a su extirpación.
Quistes Ováricos Fetales
En los fetos de sexo femenino, los quistes ováricos son las anomalías intraabdominales que se diagnostican con mayor frecuencia durante el embarazo. La mayoría son diagnosticados de forma incidental entre el segundo y el tercer trimestre de gestación como consecuencia de una exploración rutinaria ecográfica.
La detección prenatal de estos quistes es una consecuencia de la realización rutinaria de ecografías prenatales para el control de la gestación.
La etiología de los quistes ováricos en el feto no está clara. La mayoría de los autores apoyan la hipótesis de que su desarrollo depende de la acción de hormonas maternas y de origen placentario sobre el ovario fetal (gonadotropinas fetales, estrógenos maternos y la gonadotrofina coriónica humana placentaria), que actuarían durante el tercer trimestre de gestación cuando el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal ya ha madurado.
La mayoría de las series recogidas en la literatura clasifican los quistes ováricos en simples o no complicados, que son aquellos que presentan una pared fina con contenido anecoico. Los complejos o complicados, quizás porque hayan sufrido una torsión o una hemorragia intraquística, presentan en su interior niveles líquidos, tabiques o imágenes de coágulos organizados, con una pared que puede ser más gruesa.
Al no ser posible predecir exactamente la evolución, es fundamental realizar ecografías seriadas, para evaluar el tamaño y la ecoestructura del quiste, como parte del manejo, y para seleccionar la estrategia terapéutica más adecuada.
Los quistes simples con un tamaño menor a 5cm tienen un mejor pronóstico por su tendencia a resolverse espontáneamente en los primeros 4 a 6 meses de vida y, por lo tanto, no requieren tratamiento quirúrgico. Es por ello que se recomienda mantener una actitud expectante y conservadora. Aquellos quistes de mayor tamaño (mayores a 5cm) tienden a presentar complicaciones intraútero y pueden precisar tratamiento quirúrgico posparto.
Las opciones de tratamiento incluyen el manejo conservador, la aspiración antenatal o neonatal del quiste y la quistectomía laparoscópica o laparotómica posnatal. En relación con la forma de terminar el embarazo, debe tenerse en cuenta que el diagnóstico prenatal de un quiste de ovario no es indicación de cesárea, de modo que serán las restantes circunstancias obstétricas las que determinen la vía preferible del parto.
La mayoría de los quistes ováricos fetales tiene un buen pronóstico, ya que tienden a la resolución espontánea. En cambio, existe un subgrupo, el de los quistes con imágenes ecográficas complejas, con un pronóstico muy diferente.
