La arqueología musical nos ofrece fascinantes perspectivas sobre las prácticas culturales y rituales de las sociedades prehistóricas. A través del estudio de instrumentos musicales antiguos, podemos reconstruir aspectos de la vida social, espiritual y artística de nuestros antepasados. A diferencia de las pinturas rupestres o las herramientas de piedra, los instrumentos musicales, hechos a menudo de materiales perecederos como madera, pieles, huesos finos, rara vez se conservan.
Sistro egipcio, un instrumento de percusión antiguo.
Instrumentos Musicales en la Prehistoria
Entre los instrumentos que se encontraban en la época prehistórica están las flautas, instrumentos más antiguos y mejor documentados. Las más famosas están hechas de hueso de ave o de marfil de mamut encontradas en los yacimientos alemanes como Geissenklösterle, de unos 43,000 años de antigüedad. Demuestran una tecnología sofisticada y una comprensión avanzada de la acústica. Los silbatos y sonajeros hechos con falanges de reno y sonajeros de conchas o huesos con piedras en su interior. Los litófonos o piedras que, al ser golpeadas, producen diferentes sonidos. A veces, las formaciones naturales en las cuevas, estalactitas, fueron utilizadas para este fin.
En la cueva de Pekárna, se han encontrado instrumentos musicales prehistóricos, como silbatos o flautas de hueso, hallazgos consistentes en falanges de hueso perforadas, generalmente identificadas como «silbatos falángicos». Estos objetos, que datan del Paleolítico Superior, son evidencia de que los habitantes prehistóricos de esta cueva, producían sonidos y posiblemente música, utilizando herramientas rudimentarias hechas de los materiales disponibles en su entorno, como los huesos de animales cazados.
Pinturas rupestres en la cueva de Tito Bustillo, un ejemplo de arte prehistórico.
La Cueva de Pekárna: Un Tesoro Arqueológico Musical
También conocida como la Cueva de la Panadería, ubicada cerca de Brno, en República Checa, es una maravilla natural y también un tesoro de importancia histórica y cultural, que la convierte en un destino imprescindible para los amantes de la naturaleza. Su historia se remonta a la era Paleolítica, con evidencia que sugiere que fue habitada por humanos prehistóricos. Las excavaciones han desenterrado numerosos artefactos, incluyendo herramientas y restos de actividades humanas tempranas, proporcionando una visión de la vida de los cazadores de mamut Cro-Magnon que vivieron alrededor del año 30,000 a.C.
Importancia Arqueológica y Cultural
Dentro de su significado arqueológico, la cueva tiene un portal de entrada gigante y ha sido un punto importante para los estudios arqueológicos debido a sus ricas capas históricas. Además de su importancia prehistórica, Pekárna tiene rastros de asentamientos celtas y eslavos. El nombre “Brno” deriva de la palabra celta “brynn”, que significa “ciudad colina”, lo que indica la presencia humana duradera en la región. Durante el periodo medieval, el Valle de Mariánské, donde se encuentra Pekárna, fue un asentamiento fortificado. Los restos de antiguos castillos y otras estructuras aún pueden verse en el valle. Además, sirve como un sitio educativo, ofreciendo valiosas lecciones en arqueología e historia. Escuelas y universidades a menudo organizan excursiones a la cueva, proporcionando experiencias de aprendizaje prácticas. La cueva está protegida como monumento cultural y varias organizaciones trabajan para mantener su integridad. Pekárna, con su rica historia arqueológica y significancia cultural, es un destino imprescindible para cualquiera interesado en la historia prehistórica y medieval de Europa Central.
Su importancia radica en el contexto y la evidencia indirecta, del «Tambor» de Pekarna, hallazgo significativo, que es un fragmento de un tambor o sonajero de arcilla. Es uno de los instrumentos de percusión de arcilla más antiguos que se conocen en Europa, que, aunque simple, prueba la fabricación intencionada de instrumentos de percusión. En el contexto ritual y social, la cueva no era una vivienda habitual, sino un lugar de reunión estacional, posiblemente para rituales, ceremonias o intercambios sociales. Si consideramos el arte rupestre, hay que decir que es menos espectacular que el de Altamira o Lascaux, pero la cueva ofrece una acústica particular. Mientras que en otros yacimientos tenemos la «melodía» o las flautas, en Pekarna tenemos el «ritmo», el tambor de arcilla y la cueva, con su arte y su significado social.
Espacios sonoros en la Prehistoria
Arqueoacústica y Arte Rupestre
Investigaciones recientes en «arqueoacústica» han demostrado que muchas cuevas con arte rupestre tienen propiedades acústicas excepcionales. Los lugares donde se pintaron los animales a menudo coinciden con puntos de resonancia, ecos o efectos sonoros particulares.
Los asistentes no solo pudieron tocar y probar los instrumentos, sino que además tuvieron la ocasión de hacerlo en un auditorio sin igual: la Cuevona de Ardines. Con una espectacular bóveda plagada de estalactitas y una altura que alcanza los cuarenta metros, el espacio ofrece una acústica estupenda para este tipo de demostraciones. Un detalle, el de la acústica, que, según demuestran varios estudios que se están llevando a cabo por investigadores en la materia, por ejemplo, en cuevas del sur de Francia, era muy tenido en cuenta por los pobladores de estas cavernas. Parece ser, incluso, que en aquellas oquedades o 'salas' donde existe una mejor acústica, era donde nuestros antepasados preferían plasmar su arte rupestre. Según explicaron los guías, uno de estos ejemplos podría ser la propia Galería de los Caballos de la cueva de Tito Bustillo.
Sonajeros de Conchas: El Caso de Los Millares
Las conchas de río o de mar, probablemente, se utilizaron unidas mediante una cuerda de cáñamo o esparto, hoy perdida. De este modo, podían chocarlas más fácilmente entre sí para producir sonidos. En otras ocasiones, se colgarían de cinturones, muñequeras o tobilleras, de tal modo que, al danzar con ellas puestas, sonasen.
Las caracolas, como estas procedentes del poblado calcolítico de Los Millares (Almería), suponen un uso más complejo, pues presentan unos agujeros realizados de manera premeditada. La etno-arqueo-musicología ha tratado de comprobar qué sonido producían y de qué manera se tocaban. Estas caracolas pudieron ser tocadas a modo de trompa, soplando por su parte estrecha para aprovechar el desarrollo de la caracola como pabellón de resonancia. De esta forma, se conseguía una potencia de sonido amplificada.
