Síndrome del Bebé Sacudido: Síntomas, Causas, Diagnóstico y Tratamiento

El síndrome del bebé sacudido (SBS), también conocido como síndrome del niño zarandeado, es una lesión cerebral grave causada por el sacudimiento violento de un bebé o niño pequeño. Se trata del conjunto de lesiones cerebrales que se producen en un niño al sacudirle vigorosamente. Puede provocar daños irreversibles, discapacidad e incluso la muerte.

Es relativamente frecuente: se estima que su incidencia en el mundo es de 20-25 casos por cada 100 000 niños menores de dos años, produciéndose en la mayoría de los casos antes del año de vida. Zarandear a un bebé no es la violencia física más frecuente que se ejerce contra los niños, pero sí la que causa más muertes y más secuelas. El niño de síndrome zarandeado se engloba dentro de lo considerado como maltrato físico, cuya definición engloba cualquier acción realizada de forma voluntaria que provoque o pueda provocar lesiones (no siempre intencionadas, en ocasiones, el origen del síndrome está relacionado con la ignorancia sobre las consecuencias de este tipo de maltrato).

¿Por qué es tan peligroso sacudir a un bebé?

La cabeza de los bebés es mucho más grande respecto a su cuerpo que la de los niños mayores y los adultos, de hecho supone casi el 25% de su peso. Además, los músculos del cuello son débiles e incapaces de sujetar bien la cabeza y su cerebro, más blando y con vasos sanguíneos más frágiles, es más vulnerable.

Al zarandear al bebé, la cabeza sufre movimientos de aceleración y desaceleración rápidos, haciendo que el cerebro golpee contra las paredes del cráneo produciendo inflamación o sangrado en el cerebro y sus envolturas, sangrado en la retina (parte posterior del ojo) y lesiones en la médula espinal a nivel del cuello.

Menos de cinco segundos de zarandeo son suficientes para provocar un daño de esta gravedad, que será mayor si termina con un golpe contra el colchón de la cuna o el sofá.

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Causas del Síndrome del Bebé Sacudido

El motivo más frecuente es un llanto inconsolable y prolongado que provoca la frustración y el enfado del cuidador, que finalmente zarandea al niño. Generalmente ocurre cuando un adulto sacude intensamente a un bebé o niño pequeño por frustración o ira, a menudo porque el niño no deja de llorar. En ocasiones después de que el cuidador tenga esta reacción, el niño queda como adormilado, pero en otras se produce una irritabilidad mayor.

Es importante saber que este síndrome no se produce por un balanceo, ni por un suave trote de rodillas durante el juego, ni por los baches en carretera, sino por una repetición violenta de movimientos bruscos y golpes. Lanzar al bebé al aire jugando no conlleva riesgo de daño cerebral, siempre y cuando el juego no sea muy violento (lanzar de manera repetida a alturas mayores de 20 cm). También puede ser peligroso imitar ciertos vídeos que vemos por internet y por las redes.

Síntomas del Síndrome del Bebé Sacudido

Los niños que han sufrido un TCM frecuentemente consultan por las manifestaciones clínicas asociadas a sus lesiones cerebrales, evidentes en unos casos, sutiles y no específicas en otros. En ocasiones los adultos que acuden con el niño al médico niegan la existencia de traumatismo previo a la clínica o refieren caídas de poca altura (menores a un metro). Las personas que provocan un TCM suelen esperar un tiempo antes de consultar, en espera de la recuperación espontánea del niño.

Los síntomas del síndrome del bebé sacudido incluyen:

  • Irritabilidad extrema
  • Letargo
  • Dificultad para alimentarse
  • Vómitos
  • Convulsiones
  • Dificultad para respirar
  • Pérdida del conocimiento

El único dato clínico que se ha asociado a TCM con elevado valor predictivo positivo (93%) es la apnea.

Secundario al traumatismo craneal abusivo aparecen síntomas derivados de hemorragias cerebrales y retinianas, fracturas óseas y secuelas neurológicas. El 40-70% debutan con crisis epilépticas. Puede presentarse como una manifestación súbita de convulsiones, deterioro neurológico agudo (somnolencia y/o irritabilidad marcada), problemas cardiorrespiratorios (apneas, bradicardias, etc.), que obligan al cuidador a buscar atención sanitaria.

Tradicionalmente la triada de alerta sobre un niño con posible síndrome del zarandeo consiste en la hemorragia subdural o subaracnoidea, hemorragia retiniana y ausencia de trauma cerebral externo.

Diagnóstico del Síndrome del Bebé Sacudido

El hecho de que los síntomas no sean visibles a primera vista hace más complejo el diagnóstico del síndrome del bebé sacudido y es necesaria una evaluación por parte de médicos y especialistas en pediatría. Lo principal es realizar una correcta historia clínica del paciente y una correcta exploración, tras lo que sacaremos información muy valiosa.

Ante un niño con la sintomatología descrita arriba, en el que sospechemos un síndrome de niño zarandeado, se procede a realizar pruebas complementarias de imagen (ecografía, TAC, RNM, RX) y pruebas oftalmológicas para la detección de hemorragias retinianas.

No obstante, hay que tener en cuenta las consecuencias emocionales y legales que un diagnóstico de maltrato equivocado puede suponer para la familia, por lo tanto, será imprescindible realizar un adecuado diagnóstico diferencial.

Diagnóstico Diferencial

El maltrato infantil se debe sospechar ante traumatismos craneales o clínica neurológica no explicados por los eventos banales relatados por los cuidadores, teniendo en cuenta que en lactantes la presencia de hemorragia subdural, hemorragias retinianas y encefalopatía deben plantear la posibilidad de maltrato, especialmente si aparecen asociadas, aunque siempre deben descartarse otras posibles etiologías que pueden producir manifestaciones similares (Tablas 1 y 2).

Diagnóstico Diferencial del Hematoma Subdural Diagnóstico Diferencial de Hemorragias Retinianas
  • Traumatismos accidentales
  • Trauma del parto
  • Trastornos de la coagulación
  • Trastornos metabólicos
  • Partos vaginales (se resuelven en el primer mes)
  • Traumatismos por accidentes de vehículos
  • Lesiones por aplastamiento
  • Enfermedades críticas

Ante la sospecha de TCM se debe realizar hemograma, estudio básico de coagulación (tiempo de protrombina y tiempo de tromboplastina parcial activada), metabolismo óseo (hormona paratiroidea, fósforo y 25-OH-vitamina D), estudio metabólico básico (aminoácidos, acilcarnitinas en plasma y ácidos orgánicos en orina), estudio oftalmológico, estudios radiológicos (serie ósea y neuroimagen).

Tratamiento del Síndrome del Bebé Sacudido

El tratamiento del síndrome del bebé sacudido se centra en estabilizar al bebé y minimizar el daño cerebral. No hay un tratamiento que revierta el daño cerebral una vez que ocurre. Sin embargo, dependiendo de la gravedad del caso, los médicos pueden ofrecer terapia física, rehabilitación y cuidados especializados para elevar las condiciones de vida al niño.

En muchas ocasiones, los niños que han sufrido un TCM suelen precisar una estancia en la unidad de intensivos pediátricos para estabilizar su vía aérea, dar soporte ventilatorio, manejar la hipertensión endocraneal y minimizar el daño cerebral secundario al efecto masa, hipoxia y crisis convulsivas.

Consecuencias a Largo Plazo

Las consecuencias a largo plazo del síndrome del bebé sacudido pueden ser devastadoras. El síndrome del niño zarandeado produce con frecuencia secuelas a largo plazo. Uno de cada diez niños que sufren un zarandeo grave, fallece.

De los supervivientes, la mitad queda con secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, discapacidad cognitiva, retraso mental, pérdida auditiva y/o visual, ceguera o epilepsia. Los niños que han sido sacudidos con menos intensidad, pero de manera repetida, pueden desarrollar dificultades para aprender a hablar, tener falta de coordinación motora o problemas de aprendizaje.

Muchos bebés que sobreviven a una sacudida violenta pueden enfrentar discapacidades físicas y cognitivas de por vida, que pueden incluir parálisis cerebral, retraso en el desarrollo, pérdida de la visión o audición, convulsiones y problemas de comportamiento. Por ejemplo, si se ha producido contractura muscular, la fisioterapia puede ayudar mediante la implementación de estiramientos, movilizaciones articulares, tratamiento manual y posicionamiento adecuado. Como ves, la fisioterapia infantil acompaña al peque en cada momento de su crecimiento y desarrollo.

Todos estos niños deben recibir seguimiento continuado, ya que la recuperación del trauma inicial no exime de manifestaciones neurológicas a largo plazo.

¿Cómo Prevenir el Síndrome del Bebé Sacudido?

El síndrome del niño zarandeado se puede prevenir en todos los casos. Simplemente con no llevar a cabo comportamiento como los descritos más arriba, la prevención está garantizada. Cómo hemos comentado, es casi imposible causar este daño en el juego u otras situaciones.

El síndrome del bebé zarandeado o síndrome del bebé sacudido es una condición grave, pero 100% prevenible. La educación y la concienciación son claves para evitar que este tipo de lesiones ocurran.

Si eres padre, madre o cuidador, recuerda que el llanto del bebé es normal, pero sacudirlo nunca es la solución. Es importante recordar que, a aunque no haya intención de hacerle daño al bebé, la fuerza del adulto resulta más que suficiente para provocar lesiones graves en los bebés.

Los riesgos de zarandear de forma brusca a un lactante todavía son poco conocidos o infravalorados por la población general y la información que reciben las futuras madres o las que han dado a luz recientemente es escasa.

Dada la frecuencia de secuelas de carácter grave (discapacidades, retraso psicomotor, etc.) y la tasa de mortalidad ( 25 %), es IMPRESCINDIBLE una adecuada estrategia de prevención, consistente en una adecuada formación de los padres.

LAS CAMPAÑAS DE PREVENCIÓN EN CUALQUIER MODALIDAD AYUDARÍAN A DISMINUIR LA INCIDENCIA DE ESTE SÍNDROME EN SU TOTALIDAD PREVENIBLE.

Consejos para padres y cuidadores:

  • En caso de que el niño se quede “sin respiración” (espasmo de sollozo, ataque de tos, etc) hay que cogerlo por los brazos colocándolo boca abajo o manteniéndolo sentado, inclinado hacia delante y sujetando la cabeza; se le puede frotar la espalda o darle golpes suaves con la mano.
  • Los niños pueden llorar por muchas causas (hambre, cambio de pañales, cansancio, somnolencia, dolor, enfermedad, etc.) y los padres deben buscar la causa, y en cualquier caso, intentar tranquilizarlo cogiéndolo en brazos , acariciándolo, mimándolo.
  • En caso de llanto prolongado se pueden poner en práctica una serie de medidas que alivien al niño y que ayuden al cuidador a no agobiarse y no perder la calma.

ES MUY IMPORTANTE QUE COMO ADULTOS AJUSTEMOS NUESTRAS EXPECTATIVAS Y SEPAMOS QUE LOS LLANTOS FORMAN PARTE DE UNA ETAPA NORMAL EN EL DESARROLLO DE NUESTROS BEBÉS Y QUE HAY UNA GRAN VARIABILIDAD ENTRE BEBÉS EN SU TEMPERAMENTO, PATRÓN DE LLANTO Y NIVELES DE ACTIVIDAD.

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