La historia de Rafael Arroyo e Hijos SL se entrelaza con la rica tradición cerámica de Talavera de la Reina, una ciudad que durante siglos ha extendido su nombre por España y el Nuevo Mundo gracias a su legado cerámico.
Cerámica de Talavera de la Reina. Fuente: Wikimedia Commons
Los Orígenes: Juan Ruiz de Luna y el Resurgimiento Cerámico
Antes de hablar de la actividad cerámica de Juan Ruiz de Luna a partir de 1908, es importante conocer la situación de la producción de cerámica artística de Talavera de la Reina a principios del siglo XX. Una crisis que se venía arrastrando desde finales del siglo XVIII, siendo acusada a lo largo del XIX.
La cerámica talaverana que había alcanzado su cénit durante los siglos XVI y XVII fue decayendo por diferentes factores. En el siglo XVIII los alfares talaveranos perdieron progresivamente parte de sus operarios, ya fueran alfareros, pintores, aprendices…, para trabajar en la Real Fábrica de Sedas de Talavera fundada en 1748; también hay que considerar en este siglo lo que supuso la fundación en 1727 de la Real Fábrica de Alcora, con una competencia desleal favorecida por diferentes exenciones.
En 1905 cerró el alfar de “La Menora” en Talavera, por lo que a comienzos del siglo XX solo quedó en funcionamiento la fábrica de cerámica de “El Carmen”. Esta fábrica había sido fundada en 1849 por Juan Niveiro Paje, en el antiguo convento desamortizado de los carmelitas descalzos.
A finales del siglo XIX, en el período en el que se asienta Juan Ruiz de Luna en Talavera, hay una corriente intelectual que se plasmará en el denominado Regeneracionismo, que tiene relación con el krausismo, la Institución Libre de Enseñanzas, también la Generación del 98 y con pensadores preocupados en la recuperación del pasado artístico y cultural, así como la puesta en valor de las artes decorativas y artesanales.
Ante el avance del proceso de industrialización, promueven la recuperación de los oficios tradicionales, y entre ellos la cerámica. El cordobés Enrique Guijo Navarro, que se había formado como ceramista en Sevilla, llegó a Talavera en 1907 con el fin de exponer su proyecto de resurgimiento cerámico ante Emilio Niveiro Gil de Rozas, propietario por entonces del alfar de “El Carmen”. Debió presentarle varias piezas. Entre ellas, unos platos con motivos renacentistas, sin embargo, no llegó a convencer en su propósito a Niveiro.
Taller de pintoras en los primeros años de la fábrica (Archivo de Amparo Ruiz de Luna)
Fundación de "Ruiz de Luna, Guijo y Cía"
En 1908 se funda la sociedad “Ruiz de Luna, Guijo y Cía” formada por Juan Ruiz de Luna con el cargo de director y administrador, el farmacéutico, anticuario y coleccionista Platón Paramo Sánchez, Enrique Guijo Navarro, y Juan Ramón Ginestal Maroto.
Páramo se comprometía a poner a disposición de la sociedad su colección de lozas y azulejería de Talavera y Puente del Arzobispo como modelos de reproducción, mientras que Ginestal aportaba el edificio de la antigua fábrica de paños en la calle Adalid Meneses.
Con esta cocción se abre un nuevo periodo en la cerámica de Talavera. Una producción que iría en aumento hasta la llegada de la Guerra Civil, y que se prolongaría una vez terminada esta. En palabras del experto, investigador y coleccionista de la cerámica talaverana, Ángel Sánchez-Cabezudo, el alfar de “Nuestra Señora del Prado” hizo “resurgir de sus cenizas el gran legado cerámico de una ciudad que, durante siglos, había extendido su nombre por España y el Nuevo Mundo”; además, “puso las bases y formó a aquellos que habían de recoger el testigo de lo que sería la actividad en la segunda mitad del siglo XX”.
La sociedad varió su composición, pues tras la muerte de Ginestal, su viuda abandonó la misma, refundándose el 9 de agosto de 1909 con la incorporación de dos nuevos socios, Manuel Casas y José Gallego.
Entre los principales problemas que se encontró Ruiz de Luna para dinamizar el proceso de producción, fue la escasez de operarios. Apenas contaba con seis obreros en sus inicios, entre los que se encontraba como discípulo aventajado Francisco Arroyo Santamaría, a las órdenes del encargado del taller y director artístico, Enrique Guijo.
Con el tiempo se creó una escuela de cerámica en la propia fábrica para que formando y aumentando el número de operarios se pudieran atender a los numerosos encargos que se recibían. Primero fue Enrique Guijo el que llevó a cabo la función de maestro de pintores, y con el tiempo se crearía una sociedad de obreros para el aprendizaje del dibujo lineal y artístico, así como de modelado, que estaría a cargo del ya por entonces hijo político de Juan Ruiz de Luna Rojas, Francisco Arroyo, y su hijo, Juan Ruiz de Luna Arroyo.
Se considera la primera época de la fábrica la comprendida entre los años 1908 y 1915. Es el período en el que se sientan las bases, modelos estilísticos y canales de comercialización que propiciarán la sostenibilidad y crecimiento de la fábrica.
Ruiz de Luna difundió entre sus amigos y conocidos información sobre la producción cerámica de la fábrica, también la hizo llegar a arquitectos que pudieran integrarla en el diseño de sus construcciones. La publicitó en establecimientos nacionales y extranjeros. Su intuición como empresario le llevó a divulgar la cerámica de “Nuestra Señora del Prado” a diferentes ámbitos.
En este devenir, Enrique Guijo dejó la fábrica en 1910 para ocupar una plaza de profesor en la Escuela de Cerámica en Madrid.
En estos primeros años, Ruiz de Luna solicitó a los socios, y de forma sucesiva, un aumento de inversiones de capital, así como llevar a cabo cambios que posibilitaran la viabilidad del establecimiento y el aumento de producción: contratar más operarios, creación de un catálogo “colorido”, adquisición de un motor eléctrico, disminuir la producción de loza ordinaria… Recomendaciones que no tuvieron eco entre los socios.
La Continuación en Solitario y el Legado Familiar
La audacia de Ruiz de Luna consistió en no renunciar al proyecto iniciado en 1908. Decidió continuar con el alfar en solitario, comprometiéndose a pagar a los inversores salientes la parte del capital que les correspondía en el plazo de cinco años.
Una nueva época que se desarrollaría hasta 1942, periodo de esplendor en el que emprende ambiciosos proyectos, recibe premios y críticas excelentes. También es el momento en el que aúnan esfuerzo sus hijos Juan, Rafael y Antonio, así como su nieto, Juan Manuel Arroyo, hijo de Francisco Arroyo Santamaría.
De izquierda a derecha, Antonio, Juan y Rafael Ruiz de Luna Arroyo (Archivo de Amparo Ruiz de Luna)
Tal como dijimos más arriba, la cerámica de Ruiz de Luna pretendió impulsar la recuperación del período histórico y artístico, el del Siglo de Oro, en el que Talavera había surtido de excelente azulejería y piezas cerámicas a palacios de la realeza, nobiliarios, y loza de uso ordinario entre las clases menos pudientes.
La llegada de la Guerra Civil, supuso un punto de inflexión y quebranto en la actividad del alfar. Prosiguió su labor, pero con dificultades. Por una parte, acusó la falta de materias primas, especialmente los óxidos para colores y el estaño para el esmalte, en parte por las dificultades de importación. Por otra, también repercutió la escasez de mano de obra.
Pero la fábrica se mantuvo viva, gracias a encargos como el Hogar del Soldado de Segovia (1938-1939).
El agotamiento y debilitamiento físico, motiva que Juan Ruiz de Luna delegue la dirección del negocio en sus hijos en 1942: Juan, Rafael, Antonio y Salvador Ruiz de Luna Arroyo. Este hecho supone el inicio de la tercera época de la fábrica, que se prolongará hasta su cierre definitivo en 1961.
La fábrica continuará con su línea de producción variada, atendiendo a los diferentes encargos que le llegan tanto desde España, como del extranjero. Sigue siendo reconocido y valorado el trabajo desarrollado, recibiendo como antaño numerosas distinciones y premios.
En 1961 la fábrica de cerámica cerró sus puertas por suspensión de pagos, aunque las piezas permanecieron en lo que era fábrica-museo hasta el año 1979.
El Museo de Cerámica Ruiz de Luna
En 1963, la Dirección General de Bellas Artes, junto a la Diputación Provincial de Toledo, y el Ayuntamiento de Talavera de la Reina, compraron por Orden Ministerial a los herederos la colección, evitando de esta forma su dispersión. Si bien dicha colección vivió un peregrinaje singular, su destino final fue el actual Museo de Cerámica Ruiz de Luna de Talavera de la Reina.
En 1863 nació Juan Ruiz de Luna Rojas. Cien años después, en 1963, se procedió a la compra de su colección base del actual Museo de Cerámica Ruiz de Luna de Talavera de la Reina.
Hoy en día, el Museo de Cerámica Ruiz de Luna es un referente para conocer la historia de la cerámica de Talavera de la Reina y el legado de Juan Ruiz de Luna y su familia, incluyendo a Rafael Arroyo e Hijos SL, quienes contribuyeron a mantener viva la tradición cerámica de la ciudad.
Museo de Cerámica Ruiz de Luna. Fuente: talaveralareina.es
