Guía Definitiva para Quitar el Pañal: Consejos de Carlos González

El control de esfínteres es un tema crucial en el desarrollo infantil. Aprender a no hacerse pipí encima, lo mismo que aprender a caminar, a sentarse o a hablar, son cosas que no requieren estudio ni enseñanza. Existen niños de diez años y también adultos que no saben leer o que no tocan el piano porque nadie les enseñó.

Los padres tienen que hacer algo (enseñar a su hijo o buscarle un profesor o una escuela) si quieren que aprenda esa y muchas otras cosas. Pero no hay niños de diez años que no sepan caminar, sentarse o hablar, o que se hagan pipí encima (despiertos). Todos los niños sanos (y buena parte de los enfermos) controlan perfectamente el pipí (de día) y la caca a los cuatro años o bastante antes.

Por lo tanto, la pregunta no es «¿qué tengo que hacer para que mi hijo aprenda a usar el retrete?», pues haga usted lo que haga, tanto si lo hace todo «bien» como si lo hace todo «mal», o incluso aunque no haga nada de nada, su hijo aprenderá. La pregunta es «¿qué puedo hacer para que mi hijo no sufra mientras aprende a usar el retrete?» Y la respuesta es «más vale que no haga nada». O que haga lo menos posible.

Cuando los padres hacen algo, cuando sientan al niño a ciertas horas en el orinal, cuando le obligan a estar sentado hasta que hace algo, cuando le riñen si se lo hace encima, a la larga el niño aprenderá también a ir al retrete, pero será desgraciado en el proceso (y sus padres también). En casos extremos, es probable que ciertas «enseñanzas» desafortunadas pue-dan retrasar el aprendizaje o producir en el niño un rechazo a defecar que se convertirá en estreñimiento.

¿Cómo Aprenderá si No Le Quitamos el Pañal?

Pero si no le quitamos nunca el pañal, ¿cómo aprenderá? ¿No seguirá llevando pañal toda la vida? Lo dudo. No conozco a nadie que haya hecho la prueba; pero sospecho que, incluso si los padres no tomasen nunca la iniciativa, todos los niños acabarían por arrancarse el pañal ellos mismos. Nadie va con pañal por la calle a los quince años.

Pero el caso es que los pañales cuestan dinero y cambiarlos cuesta un esfuerzo, y casi todos los padres hacen, antes o después, un esfuerzo para quitar el pañal a sus hijos. En principio, eso no debería traer ningún problema. El pañal es algo totalmente artificial, un invento relativamente reciente que no busca la comodidad del niño, sino la de sus padres. Los niños no necesitan pañal.

Muchos padres le quitan a su hijo el pañal en verano y que sea lo que Dios quiera. Incluso antes del año, cuando saben que es imposible que el bebé controle el pipí y la caca de forma voluntaria. Para hacerlo, por supuesto, es conveniente no tener alfombras ni moquetas en casa, y es necesario estar dispuesto a fregar cualquier rincón en cualquier momento, sin el menor reproche. Así se ahorra el niño algunas escoceduras por el calor y los padres mucho dinero en pañales.

Al final del verano, si (como era de esperar) el niño se lo sigue haciendo todo encima, se le vuelve a poner el pañal y tan contentos. En el primer verano después de los dos años, cuando de verdad hay alguna esperanza de cambio, los padres pueden explicarle al niño lo que se espera de él: «Cuando tengas ganas de hacer pipí o caca, avisa. » Pero, por supuesto, no se harán pesados preguntando cada media hora (basta con que lo expliquen una vez en junio o, como mucho, cada quince días), ni lo sentarán en el orinal cuando no lo ha pedido, ni le reñirán o criticarán ni se burlarán de él por los escapes o por las falsas alarmas, ni mostrarán impaciencia.

Puede ser útil preguntarle si prefiere usar el retrete, como papá y mamá, o un orinal (y que elija el que más le gusta) o un adaptador para el retrete. Mientras no haya un mínimo control, es prudente ponerle el pañal para salir a la calle. Algunos niños logran el control en este verano, otros en el siguiente. Algunos, por supuesto, alcanzan la madurez entre medias y piden que se les quite el pañal en invierno («¿Estás seguro?» «Sí. » «Bueno, vamos a hacer la prueba. »)

Quitar el pañal, decíamos, no habría de traer ningún problema, pero a veces lo trae. Incluso sin obligarles, sin reñirles, sin ponerse pesado y sin hacer comentarios ofensivos, algunos niños se niegan a que les quiten el pañal. Están tan acostumbrados a llevarlo, que no se imaginan la vida sin él. Explíquele a su hijo que no importa que se haga pipí o caca en cualquier sitio, que no se va a enfadar. Pero si a pesar de todo le pide un pañal, póngaselo sin rechistar. Al fin y al cabo, la idea no fue suya; fueron sus padres los que decidieron ponerle pañal cuando nació y no es culpa del pobre chico si se ha acostumbrado.

Es posible que un niño que al año y medio se dejó quitar el pañal, se niegue a los dos años y medio. No insista, no atosigue, simplemente dígale: «Bueno, cuando quieras que te lo quite, avisa», y ya está. Algunos niños están contentos de ir sin pañal, pero se sienten incapaces de usar el orinal. Notan que van a hacer algo, avisan, pero no quieren sentarse en ningún sitio. Quieren el pañal. A veces, durante una temporada, hay que ponerles un pañal cada vez que han de hacer pipí o caca.

A algunos, que juegan desnudos en la playa, hay que ponerles un pañal para que hagan pipí. No se asombre, no se queje, no se ría. Póngale el pañal sin discutir, que ya falta bien poco. Algunos niños, más tímidos, no se atreven a pedir el pañal, pero tampoco a usar el orinal, e intentan retenerse lo más posible. Algunos llegan a sufrir estreñimiento.

Si observa que su hijo deja de hacer caca cuando le quitan el pañal, pruebe a ponérselo otra vez (incluso si no lo ha pedido). No es malo volver a usar el pañal después de unos días o meses sin él. No es un paso atrás ni un retroceso, ni le hace ningún daño al niño. A no ser, claro, que él se niegue.

Nos vamos ahora al otro extremo, al del niño que no es capaz de controlarse, pero insiste en que le quiten el pañal o en que no se lo vuelvan a poner si se lo habían quitado en verano. Como siempre, es importante hablar con el niño y ser respetuoso. Si sólo hay fallos ocasionales, es mejor hacerle caso. A veces hay que renunciar a salir de casa durante unas semanas para no tener un drama, lo que no deja de ser una lata.

Por eso es importante no ponerse pesados con el asunto, no lanzar indirectas y puyas, que nadie le vaya diciendo al pobre niño «qué vergüenza, tan mayor y con pañales», «a ver si aprendes a ir al retrete de una vez», «si te lo vuelves a hacer encima, te tendré que poner pañales como a una niña pequeña» y otras lindezas. Nunca hay que hablar así a un niño, ni en este tema ni en otros.

¿Cuándo Consultar al Pediatra?

Si su hijo se sigue haciendo caca o pipí encima después de los cuatro años (salvo algún accidente muy de tarde en tarde con el pipí), consulte al pediatra. Cuando hay problemas, con frecuencia son de origen psicológico (a veces debido precisamente a intentos de «enseñarles» a usar el orinal por las malas y otras veces, manifestación de otros conflictos o de celos). En algunos casos, la defecación involuntaria (encopresis) es consecuencia del estreñimiento: se forma una bola que irrita la mucosa rectal y produce una falsa diarrea.

El niño no lo hace a propósito, y las burlas y castigos no harán más que empeorar el problema. Aunque muchos niños pueden dormir secos a los tres años, otros muchos se hacen pipí en la cama (enuresis nocturna) hasta la adolescencia o incluso toda la vida. Durante la Primera Guerra Mundial, el 1 por ciento de los reclutas norteamericanos fue declarado no apto para el servicio por enuresis. La enuresis nocturna casi nunca tiene causa orgánica o psicológica, sino que depende de la maduración neurológica y de las características genéticas (va por familias).

Algunos niños consiguen no hacerse pipí en un día especial (por ejemplo, en casa de un amigo), a costa de pasar la noche prácticamente en vela. Este tipo de comentarios, además de cruel, es falso. Yo estuve haciéndome pis hasta los dieciséis años, y peor que me sentía y más acomplejada que nadie… No la regañes, no la responsabilices, es una enfermedad, de pronto un día dejé de hacérmelo.

Consejos Adicionales para Facilitar el Proceso

  • Elige un orinal de colores: Si quieres que tu peque no se resista a sentarse en el orinal, adquiere uno que sea muy llamativo y que tenga muchos colores.
  • Mejor, con ropa práctica: Al principio, el pequeño se sentará en el orinal cada dos por tres. Por ello, lo ideal es vestirle con ropa que resulta muy práctica y fácil de poner y de quitar.
  • Dale ejemplo: Los niños imitan todo lo que ven hacer a los mayores, y más cuando se trate de sus padres. Por tanto, debes darle ejemplo para ayudarle a aprender.
  • No insistas: El paso del pañal al orinal debe ser gradual, sin prisas, no forzado ni impuesto, sino sugerido. Por tanto, nunca debes insistir si el pequeño ya no quiere estar sentado en el orinal.
  • Elógiale: La forma más reconfortante y motivadora para el pequeño, son los elogios de sus padres. Por ello, es muy importante que, mientras tu pequeño está sentado en el orinal, le hagas compañía y no regatees en elogios hacia él.
  • Sin temor ni inseguridad: Si adviertes cierto temor o inseguridad en tu pequeño, cuando está sentado en el orinal, lo ideal es que lo distraigas, por ejemplo, con un juego, con una historia o con un cuento.
  • Paciencia: En este proceso es necesaria, sobre todo, muchísima paciencia. Y es que es normal que, en las primeras semanas, el pequeño advierta el estímulo demasiado tarde, cuando ya se ha pipí en la cuna o en la cama.

Vacaciones: ¿Un Buen Momento para Abandonar el Pañal?

En general, las vacaciones de verano son el momento ideal para retirar el pañal al niño: los padres tienen más tiempo y se muestran más pacientes y tolerantes. Asimismo, el niño, libre de ropa, puede usar el orinal más fácilmente. Sin embargo, no siempre será posible programar quitar el pañal durante las vacaciones. No pasa nada.

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Higiene Natural del Infante (HNI)

Si nunca has escuchado hablar de HNI quizá creas que su objetivo es que los niños usen orinal cuanto antes. Puede que pienses que es una estrategia para ahorrar un montón de dinero en pañales. Tal vez te suene a alternativa planteada por ecologistas preocupados por el medio ambiente. Su verdadera esencia está en el deseo de conectar con los niños. Dicho de otra forma, no existe otra motivación que la de responder a las necesidades del bebé. Igual que se le ofrece alimento cuando manifiesta hambre o consuelo cuando se siente incómodo, la HNI consiste en acompañar al niño cuando tiene la necesidad de deponer.

Los dos ingredientes básicos de la Higiene Natural del Infante son la observación y la comunicación. Conocer el comportamiento del bebé antes de eliminar es más sencillo si solemos estar en contacto directo con él. El 'diálogo' durante la deposición es otra de las claves. Los signos, las caricias y los sonidos son herramientas usadas por mamás y papás que se decantan por este método. "Es impresionante advertir las señales porque no son algo obvio. Cuesta trabajo explicárselas a alguien, simplemente se perciben", confiesa Ingrid Bauer.

Conclusión

Recuerda que cada niño es un mundo y que lo más importante es respetar sus tiempos y ofrecerle un entorno de confianza y seguridad para que pueda desarrollar el control de esfínteres de forma natural y sin presiones.

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