El tema del aborto es complejo y delicado, especialmente dentro del contexto religioso. La Iglesia Católica, en particular, ha tenido una postura histórica sobre el aborto, considerándolo un pecado grave. Sin embargo, la cuestión de quién tiene la autoridad para perdonar este pecado ha evolucionado, especialmente bajo el pontificado del Papa Francisco.
Para comprender mejor esta disposición y sus consecuencias, es importante recordar las disposiciones de la Iglesia con respecto al pecado del aborto y la pena que conlleva. Tradicionalmente, el aborto se considera un "pecado reservado". Esto significa que, para absolverlo, el sacerdote necesitaba el permiso del Obispo para levantar la "excomunión" que pesa sobre las personas que han provocado o participado en el aborto. Sin embargo, esta práctica ha experimentado modificaciones significativas.
La Decisión del Papa Francisco
El Papa Francisco ha tomado medidas importantes para facilitar el acceso al perdón para quienes han cometido el pecado del aborto. En la Carta Apostólica "Misericordia et misera", el Papa declaró: "Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto".
Esta decisión significa que ya no es necesario recurrir al obispo diocesano para recibir la absolución de la pena de excomunión por el delito de aborto, sino que basta con acudir a cualquier sacerdote que tenga permiso para confesar. El Papa busca que el sacramento de la reconciliación vuelva a ocupar un puesto central en la vida cristiana.
Podemos responder con sus propias palabras: “Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios”. Se trata de facilitar las cosas para alcanzar el perdón por un pecado que sigue teniendo la misma gravedad de siempre. El Papa lo deja muy claro en el mismo número 12 de su Carta: “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente”.
Al mismo tiempo y con la misma fuerza, Francisco afirma que “no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial”.
Implicaciones Canónicas y Pastorales
Para entender bien la disposición del Papa, conviene recordar lo establecido en el Código de Derecho Canónico, art. 1398: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae”, o sea, inmediatamente que se realiza el hecho. El aborto, en términos canónicos, es “un pecado reservado”.
La decisión del Papa de conceder esa autorización al sacerdote es algo que se ha vivido en la Iglesia desde tiempo inmemorial, y en ocasiones semejantes a las actuales: años santos; años marianos, jubileos especiales, etc. Al concederla, el Papa subraya la necesidad del “arrepentimiento” de la persona que va a recibir la absolución del pecado. Y el hecho de hacerlo así, de manera bien explícita, el Papa llama la atención sobre la gravedad de un pecado que comporta la muerte de una persona; a la vez que sale al encuentro del sufrimiento, del remordimiento, del dolor, de la pena, que normalmente viven las personas que han procurado el aborto, especialmente la madre.
El Papa lo señala con estas palabras: “Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa.
La Iglesia establece que la persona que procura el aborto, si este se produce, incurre en la pena de excomunión latae sententiae, es decir, que se coloca fuera de la comunión de la Iglesia. Imponer una pena de este tipo, que puede parecer poco caritativo o poco pastoral, tiene precisamente una finalidad de caridad pastoral: proteger al Pueblo de Dios, de modo que toda la comunidad eclesial conozca la gravedad de esta conducta y se evite más eficazmente.
Sin embargo, para incurrir en esta pena se requieren ciertas condiciones: mayoría de edad (18 años cumplidos); saber que se trata de un pecado grave; saber que existe tal pena eclesiástica; que el acto se realice con plena voluntariedad; y que de hecho se haya producido el aborto.
Hasta ahora, cuando una persona que había realizado un aborto o había ayudado en un aborto pero no había incurrido en excomunión (porque faltaba alguna de las condiciones señaladas), cualquier sacerdote con licencias tenía capacidad para absolver el pecado dentro de la confesión sacramental.
En cambio, si la persona había incurrido en excomunión, de modo ordinario solo podía ser absuelta por el obispo y por los sacerdotes delegados por él.
Solo si el penitente se encontraba en una “situación urgente”, cualquier sacerdote con licencia para confesar podía absolver de esa censura de aborto en ese caso concreto y solo en ese caso.
Pues bien, ahora, según lo dispuesto por el Papa en su Carta Apostólica Misericordia et misera, el penitente ya no necesita ir al obispo o a un sacerdote delegado para ser absuelto de la pena de excomunión y poder confesarse, sino que puede acudir a cualquier sacerdote con permiso para confesar, y no solo en casos de situación urgente, sino siempre.
Esta disposición del Papa se sitúa en un contexto concreto: la necesidad de que el sacramento de la reconciliación vuelva “a encontrar su puesto central en la vida cristiana”. Para conseguir esta finalidad, el Papa, en primer lugar, suplica a los sacerdotes que pongan su vida al servicio del ministerio de la reconciliación, “para que a nadie que se haya arrepentido sinceramente se le impida acceder al amor del Padre, que espera su retorno, y a todos se les ofrezca la posibilidad de experimentar la fuerza liberadora del perdón”.
Francisco afirma que "uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida" y que "algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo". Pero muchos otros, en cambio, agrega el papa, "incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir".
Francisco indica entonces a los sacerdotes que "se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión".
El segundo mensaje de Bergoglio está dirigido a los gobiernos y a todos los fieles del mundo: "El Jubileo ha sido siempre la oportunidad de una gran amnistía, que afecte a muchas personas que, aunque merezcan una condena, han tomado conciencia de la injusticia que han cometido y tienen el deseo sincero de reingresar en la sociedad con una contribución honesta".
Francisco también garantiza a todos los presos la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria en sus celdas.
En la bula (documento) en el que el papa convocaba el Jubileo ya se incluía que una de las novedades serían los llamados "Misioneros de la Misericordia", sacerdotes enviados por Francisco para predicar y confesar también los llamados "pecados reservados a la sede apostólica", entre ellos el aborto.
Con esta carta, Francisco explica con todo detalle y da instrucciones sobre cómo obtener la indulgencia plenaria durante este Año Santo dedicado a la Misericordia.
Y añade que se "se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares".
El Significado del Perdón
Jorge Bergoglio destaca además que "no existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a volver a comenzar desde el principio.
El Arzobispo explicó que el objetivo de “la pena de la excomunión llamada ‘latae sententiae’ (automática)”, es proteger la vida humana y llevar “a los culpables al arrepentimiento y a la conversión”.
“Con la pena de excomunión la Iglesia no intenta de algún modo restringir el campo de la misericordia. El Purpurado explicó que cuando la Iglesia ha excomulgado a alguien porque ha cometido un acto grave -como el aborto-, es en realidad “la persona que, por propia decisión, se priva de la comunión con todo el Cuerpo eclesial”.
“Otra aclaración es que los medios en general alimentan no poca confusión en la opinión pública, que hace a muchos hablar rápido de ‘excomunión’, de ‘excomulgados’.
“El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre.
Francisco enfatiza "con fuerza" en su misiva que "el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente".
Pero agrega que "con la misma fuerza" puede afirmar que "no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre".
"Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial", añade.
Francisco llama a no excluir a las nuevas familiasEn esta carta en la que invita a renovar el tiempo de perdón, reconciliación y caridad con los más necesitados, Francisco también extiende otras disposiciones que había autorizado durante el Jubileo como la de la concesión de absolver los pecados a los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, los llamados lefebvrianos.
Francisco justifica esta decisión "por el bien pastoral de estos fieles" y para que "se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión", en lo que se entiende como una mano tendida a los seguidores de Marcel Lefebvre, que no reconocen las novedades introducidas en el Concilio Vaticano II, por lo que están fuera de la Iglesia desde 1988.
El papa también recuerda a los sacerdotes las diferentes situaciones familiares en la actualidad y les reitera que ante estas personas tengan "un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios".
El papa Francisco ya pidió hace meses acoger a los divorciados en el seno de la Iglesia y ha defendido el respeto de los homosexuales y su no discriminación, aunque ha subrayado que sus uniones no pueden ser consideradas matrimonio.
Aun así Jorge Mario Bergoglio recuerda también en su escrito que "el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente".
Aunque se muestra condescendiente con aquellas mujeres que recurrieron a esta práctica: "Puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre", admite, y anima a los curas a ayudar a dichas mujeres: "Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial", añade.
En su documento de conclusión del Jubileo, Francisco también tiene palabras de elogio a la familia, como "lugar privilegiado en el que se vive la misericordia".
"La belleza de la familia permanece inmutable, a pesar de numerosas sombras y propuestas alternativas", destaca.
A pesar de ello, reconoce que los tiempos han cambiado y que la familia de hoy en día no es siempre el modelo de familia tradicional.
"Este Año jubilar nos ha de ayudar a reconocer la complejidad de la realidad familiar actual", declara.
De hecho, el Papa insiste constantemente en su carta apostólica en la necesidad de empatizar con el otro y sus circunstancias, y que los sacerdotes sean los primeros que den ejemplo en ese sentido.
"No podemos olvidar que cada uno lleva consigo el peso de la propia historia que lo distingue de cualquier otra persona. Nuestra vida, con sus alegrías y dolores, es algo único e irrepetible, que se desenvuelve bajo la mirada misericordiosa de Dios", afirma el pontífice.
"Esto exige, sobre todo por parte del sacerdote, un discernimiento espiritual atento, profundo y prudente para que cada uno, sin excluir a nadie, sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios", insiste.
Elizabeth González: "El aborto y el perdón"
Bergoglio también repasa en su escrito algunas lacras de este siglo: "Niños que no tienen nada para comer", "personas que siguen emigrando de un país a otro en busca de alimento, trabajo, casa y paz", cárceles con "condiciones de vida inhumana", un analfabetismo "todavía muy extendido", y "la cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente".
Y se muestra categórico ante la indiferencia: "No mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginación que impiden a las personas vivir dignamente".
En ese sentido, Francisco insiste en la necesidad de convocar una Jornada Mundial de los Pobres, de la misma manera que se celebra la Jornada Mundial de la Juventud cada tres años.
Para Jorge Bergoglio esta jornada "será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia".
“Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión”, agrega el papa.
