El tema del infanticidio eugenésico es recurrente a lo largo de la historia. De diversas maneras, se llevó a cabo en Grecia, Egipto, Roma, Cartago y hasta en la China de los años 70. En la Antigua Esparta, también, pero de una manera que bien podríamos considerarlo como extrema.
La eugenesia, del griego antiguo εὐγενής, "bien nacido", se refiere a las creencias y prácticas llevadas a cabo para mejorar el material genético de un grupo de individuos. Por lo general, se ha practicado eliminando a los individuos más “débiles” de una sociedad, ya sea por abandono, por asesinato, o promoviendo la reproducción de los elementos más “fuertes”. El infanticidio eugenésico es un método por el cual se asesina a niños recién nacidos o de corta edad, cuando se considera que no son lo suficientemente “aptos” físicamente para formar parte de una sociedad.
Sí, es terrible, pero el infanticidio era algo muy común en la antigüedad. De hecho, es una práctica que ha acompañado al hombre buena parte de su historia. Eso sin contar el aborto, al que muchos consideran una forma de asesinato.
Es muy posible que nuestros más antiguos ancestros se hubiesen visto en la necesidad de dejar morir a un hijo, probablemente debido a la falta de alimentos. En épocas en las que se comía sólo lo que se cazaba o recolectaba, no había un colchón cuando la mala suerte apretaba. Dichas situaciones se debían exclusivamente a la necesidad. O desaparecían algunos para repartir la comida entre menos bocas, o morían todos. Sólo era cuestión de elegir.
Otras civilizaciones, no obstante, eliminaban a los más débiles por cuestiones eugenésicas, para, como decimos vulgarmente, “mejorar la raza”. En ocasiones, lo hacían para evitar tener que mantener en el futuro a individuos no aptos para el trabajo. En Esparta no aplicaba ninguna de estas premisas. Los espartanos cometían el infanticidio eugenésico por cuestiones militares. Simplemente querían asegurarse una buena dote de cuerpos “perfectos” para convertirlos en soldados.
¿Cómo era la Vida de un Espartano?
El Proceso de Selección Espartano
Al nacer un niño, este era bañado en vino por su madre. Si el niño era lo suficientemente fuerte para resistir el baño, pasaba a la siguiente prueba. El padre era el encargado de llevar al niño ante la Gerusía, el cuerpo legislativo creado por Licurgo, y compuesto por mayores de 60 años. Los ancianos revisaban al niño, y si estaba deforme o parecía enclenque o esmirriado, el niño era rechazado. Entonces, el bebé era llevado al Monte Taygetos, a un desfiladero conocido como el Apotethae (también llamado Caeadas), que en griego significa “el depósito”. Ahí, se dejaba caer al niño desde una altura considerable, para asegurar que muriera enseguida. Infanticidio eugenésico en su máxima expresión.
El Apotethae: Un Lugar de Rechazo
En el mismo Apotethae, los espartanos tiraban a los criminales y traidores. Excavaciones recientes han encontrado una mayoría de restos de adultos, por lo que es muy difícil conocer con exactitud el número de niños asesinados. Además, un terremoto en el 464 a. de C. Todos los ciudadanos hombres de Esparta nacían y crecían para ser soldados. Para el trabajo estaban los ilotas, esclavos. No es de extrañar entonces que buscaran los mejores individuos, los mas fuertes. A partir de los siete años, los niños sobrevivientes entraban en el Agoge, una escuela especial para convertirlos en hombres y para enseñarlos a luchar y sobrevivir.
El Agoge: Formación de Guerreros
La agogé (o educación espartana) puede resumirse en el verso del poeta Tirteo: “Es bello morir, en primera línea, como valiente que lucha por su patria”. Sus dos principales pilares eran el rechazo radical al individualismo -es decir, la entrega total a la colectividad, al bien social- y la militarización completa de la vida privada. Los espartanos fueron los guerreros más disciplinados y por ellos los más crueles. Estaban sometidos, desde muy críos, a un entrenamiento pérfido y exigente, tanto que si al nacer el bebé no contaba con las capacidades físicas esperadas, era descartado.
Cuando un niño espartano nacía, era llevado ante un comité de ancianos que dictaminaba si era lo suficientemente vigoroso. De ser vulnerable, enfermo o deforme, los padres lo abandonaban en un hoyo hasta que muriese de hambre. Al cumplir los siete años, los chavales abandonaban a su familia y quedaban bajo el faro guía de un tutor llamado “guardián”. Era el encargado de enseñarles a luchar y a usar armas. Si se mostraban torpes o indecisos, se les agredía con el látigo.
El grado de crueldad y austeridad no conocía límites: los jóvenes andaban descalzos y apenas contaban con ropa para que se les endureciese la piel ante las inclemencias del tiempo. Cuando no podían resistir más el vacío de su estómago, comenzaba otro festival: los adultos se agolpaban para verlo, aplaudían y reían. El ritual consistía en colocar trozos de queso sobre el altar de la diosa Artemisa y que los jóvenes se peleasen para conseguirlos y llevárselos a la boca. Los volvían despiadados, los deshumanizaban. Para que los ojos se les hiciesen a la violencia, les obligaban a ver asesinatos brutales de esclavos.
También se les entrenaba intelectualmente en la velocidad. Debían responder con agudeza y rapidez a preguntas como “¿quién es el guerrero más feroz de la comunidad?”. Si se mostraban indecisos y dubitativos o su respuesta parecía poco argumentada, volvían a ser castigados.
La Dieta y el Vino en Esparta
Como ya comentamos en el artículo “Cuando la vendimia determinaba las alianzas en la guerra del Peloponeso”, en las polis griegas se asociaba el vino con la civilización. Pero si alguna ciudad-estado de la Antigua Grecia se diferenciaba del resto, esa fue Esparta, situada en una región del Peloponeso llamada Laconia. Desde muy jóvenes, la educación y el entrenamiento que recibían los hijos de Esparta dependía de su sexo y tenía un único objetivo: convertirse en engendradoras de hijos fuertes y sanos, para las mujeres, y en fornidos guerreros para los hombres. Pero antes de eso, unos y otros debían superar algunas pruebas.
Si su forma de vida era austera y sobria, también lo era su comida. Al terminar el día tenía lugar la syssitia, la comida comunitaria que reunía en torno a una mesa a los hómoioi (“los iguales”, varones espartanos de pleno derecho) con la finalidad de estrechar y reforzar los vínculos de unión, además de discutir las diferentes temas que más tarde se tratarían oficialmente en la Asamblea. Para ser admitido en este club privado los candidatos eran propuestos por uno de los miembros tras haber cumplido los 20 años y debía aprobarse la admisión por unanimidad del resto de sus miembros.
Era obligatorio asistir a este ritual de hermanamiento y, lógicamente, lo que allí se comía y bebía, aportado entre todos, constituía una dieta frugal suficiente para calmar el apetito pero sin excesos ni productos exóticos. De hecho, la comida principal era el caldo negro: carne de cerdo, vísceras, vino, sal, una pizca de hierbas aromáticas (pero sin pasarse que eso podía considerarse ostentación), todo ello guisado en la propia sangre del cerdo que, al cocerse, adquiría el color negro.
De su sabor tenemos el testimonio de un rey extranjero que, como hiciesen los romanos para conseguir la poción mágica elaborada por el druida galo Panoramix de los cómics de Astérix, ordenó capturar a un cocinero espartano para que cocinase aquel guiso, pensando que era el secreto de su fortaleza. Cuando lo probó, estuvo a punto de vomitar y de matar al cocinero.
Y si en el resto de banquetes o festines griegos corría el vino a raudales e incluso se podía terminar con cantos regionales y exaltación de la amistad, en Esparta no. De hecho, era harto difícil, por no decir imposible, ver borracho a un espartano. El vino en la syssitia se servía y bebía con moderación. Sin embargo, a los ilotas -esclavos y siervos de los espartanos- se les obligaba a beber hasta emborracharse, para que perdiesen la compostura y protagonizasen situaciones grotescas y ridículas. Eso sí, el vino, como en toda Grecia, se bebía diluido con agua.
Desmintiendo el Mito del Infanticidio Sistemático
Alrededor del año 100 d.C. el filósofo Plutarco escribió su obra Vidas paralelas, una colección de biografías de grandes personajes, entre ellos el legislador espartano Licurgo. De esta obra procede la primera referencia a una idea que ha perdurado a lo largo de los siglos: que los espartanos descartaban a los niños con defectos físicos visibles y los abandonaban a la intemperie para que murieran o fueran devorados por los animales, “bajo la suposición de que no sería mejor para ellos ni para la ciudad que vivieran sin estar bien capacitados”.
Un estudio reciente, publicado en la revista Hesperia, desmiente que esta fuera una práctica común y que, aunque el infanticidio o el abandono sucedieran de forma ocasional, no era algo aceptado ni normalizado por la sociedad. En tumbas de toda Grecia, los arqueólogos han encontrado esqueletos infantiles con signos visibles de deformidades que pertenecen a infantes de varios meses de edad, algo imposible si fueran abandonados nada más nacer puesto que morirían en cuestión de horas. En estas tumbas también se han hallado frecuentemente utensilios semejantes a biberones, que podrían haber servido para alimentar a bebés con dificultades para mamar, una prueba de que habían sido cuidados como cualquier otro recién nacido.
Eso no significa, no obstante, que no se produjeran abandonos de bebés si sus padres consideraban que podían suponer un lastre; pero según los autores se habría tratado de una práctica no aceptada socialmente, al contrario de lo que parece sugerir Plutarco.
Además de las evidencias arqueológicas del cuidado de estos niños, se tiene constancia de personajes que habían llegado a posiciones de poder a pesar de tener algún problema físico, entre ellos un rey espartano del cual el propio Plutarco menciona que tenía una pierna más corta que la otra. Por ello, según los autores, no hay razón para pensar que los espartanos fueran más discriminatorios que los demás griegos en su tratamiento de las personas con defectos físicos, ya fueran bebés o adultos.
Evidencias Arqueológicas y Literarias
Existe la creencia popular de que los antiguos griegos y romanos estaban tan centrados en la fuerza y el poder que abandonaban a los bebés y a los miembros de la comunidad con discapacidad a su suerte. Según el filósofo y biógrafo del siglo I d. C. Plutarco, los espartanos llevaban a sus recién nacidos ante un consejo de ancianos para que los evaluaran. Los bebés que se consideraban «de baja cuna o deformes» eran abandonados al aire libre para que murieran.
Durante casi dos milenios, ha existido la sensación generalizada de que las personas de la antigüedad eran más brutales en su actitud hacia las personas con discapacidad. Como ha argumentado Martina Gatto, investigadora de la Universidad de Roma, las consecuencias de este mito fueron graves: las sociedades posteriores justificaron la práctica de la eugenesia y el exterminio de las personas discapacitadas basándose en que los antiguos griegos hacían lo mismo.
En un discurso de 1929, por ejemplo, Hitler elogió la eugenesia espartana y su política de infanticidio selectivo, alabando a Esparta como «el Estado racial más puro de la historia». Como declaró en 2021 a la revista Science la clasicista Debby Sneed, de la Universidad Estatal de California en Long Beach, esta idea «se ha utilizado con fines bastante nefastos».
Sin embargo, cada vez hay más pruebas arqueológicas que revelan que la realidad histórica puede haber sido diferente al mito. Desde los esqueletos encontrados en una ciudad romana que muestran cómo los ciudadanos ayudaron a las personas con discapacidad a huir de un terremoto, hasta los tiernos entierros de bebés discapacitados, está surgiendo una nueva y más compleja narrativa.
Ayudar durante una catástrofe
Un informe recientemente publicado sobre las excavaciones relacionadas con las víctimas del terremoto de la ciudad romana de Heraclea Sintica, en el suroeste de Bulgaria, sugiere que, en lugar de abandonar a las personas con capacidades diferentes en tiempos de crisis, los miembros de la comunidad trabajaron activamente para rescatar a aquellos que no podían afrontar solos situaciones peligrosas.
El estudio, publicado en la revistaJournal of Archaeological Sciencey escrito por las científicas búlgaras Viktoria Russeva y Lyuba Manoilova, examina los restos de seis personas que quedaron atrapadasen cisternas durante un terremoto en el siglo IV d. C. El hallazgo es interesante, ya que es el primer descubrimiento de víctimas de terremotos en el yacimiento. El análisis antropológico de los restos humanos, algunos de los cuales estaban solo parcialmente intactos, reveló que algunas de las personas fallecidas tenían una malformación congénita.
Utilizando los métodos de reconstrucción osteobiográfica iniciados por Saul y Saul y desarrollados por otros como Lauren Hosek y John Robb, los autores del estudio determinaron que todos los individuos (con una posible excepción en la que el esqueleto estaba muy dañado) «probablemente eran de sexo masculino». Dos de los individuos eran más jóvenes (18-20 años), mientras que el resto eran mayores, entre 25 y 35 años en el momento de la muerte.
El examen antropológico reveló que uno de los individuos más jóvenes (2N) «padecía una enfermedad grave». Otro de los individuos atrapados en la cisterna parecía tener paladar hendido. Los restos del individuo 2N revelaron «una variedad de características patológicas» que, por sí solas, eran graves, pero que, al encontrarse juntas, sugieren la presencia del síndrome de Apert, un trastorno genético poco frecuente.
El síndrome de Apert provoca el cierre prematuro de las articulaciones del cráneo, lo que da lugar a una formación ósea atípica en la cara, los pies y las manos. Estas diferencias habrían sido evidentes desde el nacimiento y podrían haber provocado dificultades para alimentarse, respirar, posibles problemas de audición, dificultades para hablar e incluso ceguera.
Según Russeva y Manoilova, es poco probable que este joven pudiera trabajar y es posible que fuera objeto de burlas debido a sus diferencias físicas. «Aplicando las designaciones modernas, este individuo se consideraría una persona con discapacidad» y habría dependido en gran medida de otros, concluyen.
La ubicación de los seis restos en la cisterna sugirió a los autores del estudio que el pequeño grupo estaba intentando escapar del terremoto cuando murió. «Es posible», escriben, «que una de las otras víctimas del terremoto encontradas en la cisterna estuviera acompañando y tratando de ayudar a la persona discapacitada a sobrevivir al desastre». Aunque el estudio solo tiene en cuenta una pequeña muestra de personas, cuestiona las suposiciones modernas sobre el valor de las personas con discapacidad en el mundo antiguo.
El cuidado de los bebés con diferencias físicas
¿Qué hay entonces de los antiguos griegos, que, según Plutarco, seguramente habrían prescindido de bebés discapacitados como este? Una vez más, tanto las pruebas arqueológicas como las literarias sugieren algo diferente. En un artículo publicado en Hesperia en 2021, Debby Sneed argumentó que hay pruebas generalizadas de que «los padres, las comadronas y los médicos de la antigua Grecia a menudo tomaban medidas activas y extraordinarias para ayudar y acomodar a los bebés nacidos con diversas discapacidades congénitas y físicas».
Sneed señaló las pruebas de varias excavaciones de restos de bebés que revelaban que, en lugar de ser abandonados, los bebés discapacitados parecían haber sido cuidados hasta que morían por causas naturales. En un caso de entierro de un bebé con diferencias en las extremidades superiores en el Pozo de Huesos del Ágora de Atenas (siglo II a. C.), este bebé fue tratado de la misma manera que los muchos otros bebés cuyos restos fueron enterrados allí.
El yacimiento contiene los restos de más de 450 bebés que murieron demasiado jóvenes para recibir un entierro formal, pero que, no obstante, fueron cuidados antes de su muerte. Liston, Rotroff y Snyder, los arqueólogos que publicaron el primer estudio completo de los restos, describieron las dimensiones de los huesos de este bebé en particular como «sugiriendo una grave anomalía de crecimiento que provocó un retraso en el desarrollo de las extremidades». Esta anomalía habría sido evidente al nacer. En el pozo también se depositó un segundo bebé discapacitado de entre seis y ocho meses en el momento de su muerte. Listron, Rotroff y Snyder observan que el niño, que padecía hidrocefalia antes de morir, «fue cuidado durante un período en el que se habría ido debilitando progresivamente...».
Sneed señala estos ejemplos, el uso de biberones como dispositivos de adaptación para bebés discapacitados y numerosos ejemplos literarios de personas discapacitadas que sobrevivieron hasta la edad adulta como prueba de que los antiguos griegos no solían abandonar a los niños discapacitados a su suerte. Aunque muchos bebés morían jóvenes y los antiguos griegos y romanos practicaban la exposición de bebés, el abandono estaba motivado por varios factores complicados, muchos de ellos económicos.
Según ella, es inexacto sugerir que la exposición de los bebés estaba motivada principalmente por su aspecto y la discapacidad percibida. Sneed escribe que al menos un médico griego antiguo «valoraba a las personas con discapacidades congénitas, como pie zambo y diferencias en las extremidades, lo suficiente como para dedicar su pensamiento y práctica profesional a su cuidado y desarrollo».
Cuidado, no crueldad
Todo esto sugiere que el infanticidio y el abandono no eran la actitud habitual ante la discapacidad y la deficiencia en el mundo de la antigua Grecia y Roma. Sin duda, algunos bebés eran expuestos al nacer, como ocurría en otras sociedades, y los filósofos antiguos valoraban mucho su propia idea de la perfección física. Algunos autores, como Platón y Aristóteles, escribieron sobre sociedades imaginarias en las que no existía la discapacidad. Pero en la práctica y en el mundo real, los niños discapacitados eran criados hasta la edad adulta.
El reciente descubrimiento en Bulgaria muestra que un bebé que era visiblemente diferente al nacer fue apoyado por su familia hasta la edad adulta, y que en momentos de desastre algunas personas en el mundo romano continuaban ayudando a sus familiares y vecinos discapacitados.
| Ubicación | Hallazgo | Significado |
|---|---|---|
| Ágora de Atenas | Entierro de bebé con anomalías en extremidades | El bebé fue cuidado antes de morir por causas naturales |
| Pozo de Huesos del Ágora de Atenas | Restos de más de 450 bebés | Bebés cuidados a pesar de morir jóvenes |
| Heraclea Sintica (Bulgaria) | Restos de personas con malformaciones en cisterna | Indica intento de rescate durante un terremoto |
| Tumbas en Grecia | Esqueletos infantiles con deformidades y biberones | Bebés cuidados durante meses, no abandonados al nacer |
