Una separación siempre implica una reestructuración emocional. Pero cuando hay hijos o hijas en común, el proceso se vuelve aún más complejo. Ya no se trata solo de reorganizar una vida en pareja, sino también de proteger el bienestar de los niños y niñas, sostener una convivencia saludable o redefinir los roles parentales. Cada emoción se amplifica y cada decisión adquiere un peso mayor.
No existe una fórmula única para atravesar una ruptura con hijos, pero sí es posible identificar elementos comunes que muchas madres y padres experimentan: culpa, tristeza, miedo al daño emocional que pueda recibir la infancia, y una necesidad urgente de mantener cierta estabilidad dentro del caos. Lo importante no es alcanzar una perfección inalcanzable, sino transitar el proceso con conciencia, cuidado y humanidad.
A menudo, quienes se separan con hijos sienten que deben ser fuertes todo el tiempo. Pero esa exigencia es irreal. Es posible mostrarse vulnerable sin perder autoridad, llorar sin dejar de ser referente y tener dudas sin perder el rumbo. Lo esencial es comprender que lo que más necesitan las niñas y los niños en estos momentos no es una imagen de perfección, sino una presencia adulta emocionalmente disponible.
El impacto emocional en los hijos
Los hijos e hijas perciben mucho más de lo que imaginamos. Aunque no siempre comprendan con claridad lo que está ocurriendo, captan los cambios de tono, la tensión en el ambiente, las conversaciones interrumpidas o los silencios cargados. La ruptura de sus figuras parentales genera incertidumbre, y con ella pueden aparecer el miedo, la tristeza o incluso sentimientos de culpa, como si algo en ellos hubiera causado la separación.
- Las criaturas más pequeñas pueden mostrarse más demandantes o con alteraciones en el sueño.
- En la adolescencia, puede emerger una rabia intensa o una tendencia a tomar partido por uno de los progenitores.
Lo importante es no interpretar esas reacciones como problemas, sino como formas de procesar una situación que también los afecta directamente.
Además, no hay que subestimar el efecto que tiene en la infancia la forma en que las madres y los padres se relacionan tras la ruptura. Las discusiones constantes, la descalificación mutua o el uso de los hijos como mensajeros emocionales generan un profundo malestar en su desarrollo afectivo. En cambio, cuando las personas adultas logran mantener un vínculo cordial y respetuoso, se les transmite un mensaje de contención y seguridad que favorece su adaptación.
Ocho pasos para superar una ruptura con hijos
Superar una ruptura con hijos es un proceso emocionalmente intenso, lleno de matices, de contradicciones y de aprendizajes profundos. Requiere presencia, paciencia y una enorme dosis de humanidad. Pero también es una oportunidad para construir una relación diferente con los hijos, más basada en el respeto, en la escucha y en la autenticidad.
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Estos son los ocho pasos para superar una ruptura con hijos:
- Asumir que la ruptura es una etapa de cambio, no un fracaso: Aceptar que la relación de pareja ha llegado a su fin no es renunciar a la historia vivida, sino reconocer que ha cumplido un ciclo. Cambiar la mirada sobre lo que ha sucedido permite afrontar el presente sin cargar con la culpa o la vergüenza. Aceptar el cierre desde un lugar de madurez es el primer paso para construir una convivencia saludable desde el nuevo vínculo parental.
- Priorizar el bienestar emocional de los hijos e hijas sin anular el propio: Es común caer en el intento de proteger a los niños y niñas a toda costa, pero si las personas adultas se descuidan emocionalmente, esa tensión se acaba transmitiendo. No se trata de ocultar lo que se siente, sino de aprender a gestionarlo sin cargar a la infancia con responsabilidades que no le corresponden.
- Evitar el conflicto delante de ellos: Las discusiones abiertas, las acusaciones o los reproches frente a los hijos e hijas generan un daño profundo. No solo crean inseguridad, sino que los colocan en el lugar imposible de tener que tomar partido o mediar entre las figuras que deberían sostenerlos. La mejor forma de protegerlos es separar la pareja del rol parental y dejar los temas sensibles fuera de su alcance.
- Explicar lo ocurrido con palabras adecuadas a su edad: Las niñas y los niños necesitan entender qué está pasando. No necesitan detalles íntimos, pero sí claridad. Frases como “ya no estamos juntos, pero los dos seguimos siendo tus padres y te queremos igual que siempre” son muy eficaces. Les dan estructura, coherencia y seguridad. Dejar lugar para sus preguntas, incluso si no todas tienen respuesta, también es un acto de cuidado.
- Cuidar la imagen del otro progenitor: Hablar mal del padre o de la madre delante de los hijos es dañino, aunque la relación haya terminado con dolor. Los niños y niñas necesitan conservar una imagen positiva de ambas figuras parentales para desarrollar su autoestima y sentido de pertenencia. Descalificar al otro es, en el fondo, desestabilizar su identidad emocional.
- Mantener rutinas estables y espacios de contención: La rutina es una fuente de seguridad para la infancia. Aunque haya cambios inevitables en la dinámica familiar, mantener horarios, actividades y rituales conocidos les ayuda a sentirse protegidos. También es importante generar momentos de conexión afectiva, donde puedan expresar lo que sienten sin temor a ser juzgados.
- Establecer acuerdos claros entre las personas adultas: La organización práctica posterior a una separación puede ser fuente de tensiones. Para evitarlo, es fundamental que ambas partes lleguen a acuerdos sobre horarios, responsabilidades, límites y decisiones importantes. Cuanto más claro esté el marco, más fácil será para las niñas y los niños adaptarse sin confusión ni tensiones innecesarias.
- Permitir que el duelo siga su curso: Superar una ruptura lleva tiempo. Intentar acelerar el proceso solo genera más sufrimiento. Cada persona necesita un ritmo distinto, y eso también se aplica a los hijos. Habrá días de tristeza, de nostalgia o de rabia. Acompañarlos con presencia, sin presionar, es una forma eficaz de cuidarlos.
El amor hacia los hijos no se rompe con la separación. Cambia de forma, se adapta a nuevas circunstancias, se redefine. Y si quienes están a cargo logran sostener ese amor desde un lugar sereno y consciente, habrán cumplido con lo más importante: ofrecer a sus hijos e hijas la certeza de que, a pesar de todo, siguen siendo profundamente queridos y queridas.
La importancia de un nuevo comienzo
Separarse no es fallar. Es tomar una decisión difícil en busca de una vida más coherente. Y en ese camino, hay espacio para el dolor, pero también para el cuidado, para la ternura y para una nueva manera de amar. Sin embargo, si habéis tomado esta decisión, es el momento de ver la separación como una oportunidad y un nuevo comienzo. Si a esta transformación vital se le añaden los hijos es importante saber gestionar adecuadamente las formas y los tiempos para el bienestar de los más pequeños. A la hora de explicar la decisión de separarse, es recomendable que la pareja lo haga junta y evitar echarse las culpas. Para ellos seguiréis siendo sus padres / madres por lo que hay que respetar su necesidad de querer a cada uno sin sentir que toman partido.
Etiquetar a tu ex pareja (mentiroso/a, irresponsable, infiel…) complica que un niño/a se sienta conectado emocionalmente a esa persona. La información negativa puede afectar a la relación entre padres e hijos provocando el distanciamiento. Ver que los padres cooperan entre ellos para un bien común refuerza el sentimiento de que los hijo/as son la máxima prioridad. También hay que recordar que los hijos no son mensajeros.
Un divorcio puede desafiar el sentido de bienestar de los hijos/as por todos los cambios que supone en su día a día. Se debe trabajar para que comprendan sus nuevas rutinas e incluso para que puedan participar en la toma de decisiones. Cada persona es única y todos reaccionamos de una manera diferente ante las situaciones adversas. Es recomendable estar atento a las necesidades de cada niño/a y adaptarse a su capacidad de desarrollo. Y sobre todo es importante hacerles saber que siempre estaréis disponibles para hablar y escuchar cómo se sienten, sin juzgarles.
Debemos hablar a nuestros hijos con honestidad sobre la separación y los sentimientos que nos invaden, sin generar falsas expectativas en ellos. No es necesario hablar de los motivos que llevaron a la separación, ellos tienen otras dificultades a las que hacer frente, pero sí es importante poder aclarar sus dudas y preocupaciones. Es posible que los hijos sientan emociones conflictivas durante el proceso de separación, y es crucial que ambos padres les ayuden a aceptar sus sentimientos en vez de reprimirlos. Escuchad, reconoced y comprended. Los padres deben ayudar a sus hijos e hijas a aceptar sus sentimientos en vez de reprimirlos.
Muchas personas pasan por este proceso que puede resultar muy doloroso, pero también puede ser un punto de inflexión hacia una nueva oportunidad. Aún así, asumirlo y vivir cada etapa no es sencillo; por eso, desde Linares Nevado te tendemos la mano en todo lo que necesites para pasar por esta etapa con mayor tranquilidad y enfocarte hacia un nuevo futuro.
Desde que tenemos uso de razón nos enseñan a cómo mantener relaciones sanas y duraderas, que superen las dificultades. El matrimonio consiste precisamente en eso, pero ¿qué sucede cuando llega a su fin? No solemos estar preparados para superar una ruptura o para rehacer nuestra vida sentimental.
Rehacer la vida sentimental después de una separación con hijos
Enamorarse después de una separación no es nada fácil y si además tenemos hijos, parece casi imposible. En esa situación, nos enfrentamos a innumerables barreras a la hora de encontrar pareja.
¿Por qué nos cuesta rehacer nuestra vida sentimental?
- Los prejuicios: Lo que creemos que piensan los demás de nosotros, puede ser una de estas preocupaciones. A esto, hay que sumarle la edad, ya que a menudo tendemos a considerar que supone un problema. Debemos mirarnos con honestidad y ver qué juicios rápidos estamos basando en estereotipos culturales, sociales o personales. Una forma de descubrir si esto nos está suponiendo una limitación, es imaginándonos en otro lugar diferente al que vivimos, en el que no nos conozca nadie y podamos rehacer nuestra vida. Entonces, deberemos reflexionar si esto nos haría sentir incómodos o no.
- Temor al fracaso sentimental: Se trata de una de las barreras más comunes. En ocasiones muchas rupturas se dan con compañeros con los que teníamos una buena relación y con gran complicidad, pero a veces, el amor se acaba. Esto puede crearnos miedos a la hora de rehacer nuestra vida, pero siempre tenemos que tener en cuenta que existen otros factores externos que pueden influir de modo directo en el fin de una relación.
- Miedo a que los hijos no acepten a la nueva pareja: Ante esto lo mejor es dialogar abiertamente del tema sin sentir vergüenza y transmitirles que esta persona no sustituirá a nadie, ni nos quitará tiempo de estar con ellos, sino que más bien aportará cosas buenas a la familia. Hablar con los niños sobre sus necesidades les hará sentir más importantes y se verán como parte de la decisión.
A veces tenemos claro que queremos rehacer nuestra vida sentimental, pero lo que ocurre es que no encontramos el momento para conocer gente nueva con la que comenzar una relación amorosa o simplemente de amistad. Es por ello que cada vez son más los padres solteros o separados que usan Internet para ampliar su círculo, utilizando, por ejemplo, apps como Tinder o eDarling, pues entre los niños y el trabajo hay que hacer “malabares” para llegar a todo.
Debemos dialogar abiertamente del tema sin sentir vergüenza y transmitirles que esta persona no sustituirá a nadie, ni nos quitará tiempo de estar con ellos.
Las aplicaciones para encontrar pareja, así como las redes sociales, se han convertido en nuevos entornos del día a día. La tecnología supone una nueva forma de comunicación con la que debemos ser prudentes a la hora de emplearla y, por supuesto, con la que hay que aprender a familiarizarse. Es cierto que, en ocasiones, la experiencia de quedar con alguien a través de estas plataformas o aplicaciones no es gratificante, ya que es posible que no nos sintamos del todo cómodos o que nos llevemos algún tipo de desengaño. Algo que puede provocar que su uso se convierta en una fuente de estrés en lugar de algo positivo. Por ello, no debemos olvidar que existen muchas otras maneras de establecer relaciones: acudiendo a actividades como cursos de cocina, catas de vino, senderismo o clases de baile. Estas suelen realizarse en grupo y se convierten en la ocasión perfecta para encontrarse con personas de intereses afines.
Cómo ayudar a un ser querido que está pasando por una separación
Cada año el porcentaje de separaciones y divorcios aumenta. La mayoría de los artículos sobre psicología y separación aporta pautas a los propios implicados o tips en la comunicación con los hijo/as.
Respetar la decisión de la persona a la que acompañamos. Es muy habitual lanzar opciones o soluciones, sin saber exactamente qué necesita o desea hacer nuestro ser querido. No presionar en pedir ayuda terapéutica. En ocasiones, acuden a terapia personas que se sienten obligadas por su contexto a comenzar un tratamiento ante su separación. Si esa decisión no nace de la propia persona, es mejor soltar la idea de acudir a terapia. Preguntar qué quiere que hagamos. Ayudar a prestar atención en otros aspectos. Conviene que la persona que atraviesa dicha situación esté ocupada, sin pensar de forma obsesiva en lo ocurrido. Aportar acompañamiento, serenidad, calma y amor. Transmitir que la montaña rusa de emociones donde se encuentra calmará. No juzgar. No es momento de juzgar sino de acompañar, guiar y reforzar. Saber escuchar. No basta con atender, sino que hay que hacerlo de la manera más adecuada. Dejar expresar. Permitir que se comunique con libertad, con el fin de liberar su malestar. Ojo con los consejos. Siempre que vayamos a dar consejos, hay que preguntar antes si quiere que se los demos. Buscar opciones placenteras. Es el momento de animar a la persona a recuperar sus momentos de ocio y placer. Y es que puede ser importante reconectar con tu individualidad, buscar actividades placenteras que se habían quedado de lado o pospuestas; ahora es el momento ideal para retomarlas.
Además de las pautas hacia la relación con nuestro ser querido/a, debemos comprender qué hay detrás de una separación. Se trata de un duelo. Se ha perdido un vínculo muy importante que se estableció a lo largo del tiempo. Donde hay aspectos emocionales implicados, como: recuerdos, vivencias, hijos… o materiales, como: vivienda, proyectos laborales, entre otros.
Aclarar las incertidumbres
El primer punto, es aclarar las incertidumbres. Separarse es una decisión complicada que, por supuesto, no se debe tomar a la ligera. Especialmente, cuando hay hijos de por medio. Para finalizar este artículo, me gustaría explicar que nosotros podemos intentar ayudar, pero es la propia persona quién tiene que llevar a cabo unos u otros pasos para salir de esta etapa. Dar el paso de separarse es muy complicado y si hay hijos por medio aún lo es más. En consulta me suelo encontrar a padres con mucho miedo de perjudicar a sus hijos con la separación y en algunos casos, éstos suelen ser el motivo por el que se decide continuar con la relación. Obviamente es una situación complicada y tanto niños como adultos deben adaptarse, pero un divorcio no tiene que ser necesariamente traumático para los hijos, siempre y cuando esté bien gestionado por los adultos y se trasmita seguridad y tranquilidad.
En este tipo de procesos, siempre trabajo con un objetivo principal: Proteger a los hijos del conflicto de pareja. No importa la edad que éstos tengan, 8 o 18.
- Imprescindible: transmitir seguridad, tranquilidad. A los hijos, y aún más cuando son pequeños, hay que protegerlos del mundo adulto. Hace tiempo leí un ejemplo que me encantó. Éste decía que, para un niño pequeño, un divorcio equivale a sacar a Peter Pan de Nunca Jamás y meterlo en Wall Street. Los niños, que aún viven y creen en un mundo de fantasía, se enfrentan a esta cruda realidad, por lo que la fantasía sale por la ventana. Esto, como he explicado antes, no será traumático para el niño si está bien gestionado.
- Es muy importante diferenciar la pareja de la parentalidad. El conflicto que ha podido desencadenar la separación debe mantenerse al margen de los hijos. Ellos, necesitan una madre y un padre, no es bueno para ellos, ni necesario “juzgar” como han sido sus padres como marido o esposa.
- El conflicto de lealtades es muy habitual entre los hijos tras una separación y es importante trabajar para evitarlo. Debemos comprender la situación en la que se encuentran los hijos. Las dos personas más importantes de su vida de separan, y en situaciones con mucho conflicto entre ellos, quedándose él/ella en medio de ambos.
- Como ya sabemos, la seguridad y la tranquilidad son claves. Con la separación van a cambiar aspectos importantes de su vida, así que cuanto más se los podamos explicar a la hora de contarles la noticia, menos estrés para los hijos. Comunicárselo a los hijos ambos progenitores juntos.
Una separación no es fácil y todos los miembros de la familia sufren. Si estás pasando o vas a iniciar un proceso de separación y tienes dudas sobre cómo gestionarlo, no dudes en ponerte en contacto conmigo. En consulta acompaño a muchas familias en diferentes momentos del proceso, tanto a inicio de a separación como cuando ya se ha llevado a cabo y hay algo difícil de manjar. Mi recomendación es que la preparéis bien, tanto a nivel organizativo como emocional.
En nuestro artículo separación o divorcio con niños ya os hablamos de lo que es más recomendable si se llega a dar esa situación. Todo comienza por un mal concepto sobre uno mismo, si un miembro de la pareja o los dos tienen una baja autoestima siempre conducirá a un pensamiento irracional producto de la desvalorización y la inseguridad.
Seguramente si te sientes manipulado, desvalorizado, juzgado o maltratado estés en una relación tóxica. La dependencia emocional no es amor, los celos no son amor, la crítica constante tampoco, el intentar cambiar a tu pareja o que el o ella lo intente contigo no es amor. Cuando en una pareja una de las dos partes aprovecha el poder del vínculo para hacer daño a la otra mediante amenaza del abandono o chantaje emocional, no estamos hablando de amor, sino de una disfunción. Cuando desaparecen el afecto y la ayuda, ya no hablamos de pareja sino de problema.
El amor de sus padres es decisivo a la hora de construir su propio concepto del amor de pareja, por eso, la responsabilidad de ser padre y/o madre es mucho mayor de lo que nos imaginamos, todo cuenta, somos ejemplo para ellos en el día a día, en nuestras actitudes, en lo que decimos y en lo que no decimos, en como somos en el amor, en la forma en la que lo expresamos y en como manejamos los problemas.
Si continuas tu relación tóxica solo por “resistir” le estás diciendo a tus hijos que el amor es resistir, que no hay límites, que hacer daño y sentirse mal esta relacionado con el buen amor, es un mensaje poco saludable y lleno de consecuencias pues así es como construirán sus relaciones futuras.
¿Cómo salir de la relación “tóxica” para no afectar a mis hijos?
Los padres no se separan: Pase lo que pase tu pareja y tú siempre seréis padres de vuestros hijos, os separáis como pareja, pero nunca como padres, por lo tanto, siempre debe de existir una buena comunicación referente a los niños donde ellos sientan que independientemente de que ya no estáis juntos, cuentan con el apoyo de los dos.
La forma en la que comunicarlo: Como se lo comuniques a tus hijos que ha habido una separación en la pareja determinará muchas consecuencias. Es importante mantener una conversación con ellos donde estén presentes ambos progenitores y le ayuden (siempre en un lenguaje infantil) a comprender el por que papá y mamá han llegado a tomar esa decisión.
Elimina frases que infravaloren a tu pareja: Tienes que darles la oportunidad a ellos de que construyan su propio concepto sobre quien es su padre o madre. Muchas veces no hacen falta verbalizaciones, miradas y actitudes son mas que suficientes. Evítalas.
Existe un Síndrome de Alineación parental, hijos manipulados por un cónyuge para odiar a otro descrito por José Manuel Aguilar y lo describe como un conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual el padre o la madre transforma la conciencia de sus hijos , mediante distintas estrategias, con objeto de impedir obstaculizar o destruir sus vínculos con la otra parte de la pareja, el resultado en ese niño es dolor y frustración
El niño no es la razón: Cuando los padres de un niño se separan, la primera emoción que siente el menor es culpa, cree que es él el problema de la separación, por ello trabajar con ellos en reconducir ese sentimiento hasta que quede la ausencia de este es clave para que entienda que el motivo del divorcio es independiente de él.
El amor paternal continua: Aunque el amor entre mamá y papá haya terminado y dejando a un lado los problemas que han existido entre ambos, el amor por los hijos nunca muere, explicárselo así le ayudará a disminuir la ansiedad por abandono.
Minimiza cambios: En una separación todo cambia, probablemente existan mudanzas de hogar o incluso de escuela, mantener los menos cambios posibles para él le ayudará a seguir construyendo su ambiente como un entorno seguro.
Si estás bien, tu hijo también lo estará: Preocúpate de tu estabilidad emocional, de trabajar el duelo de la separación, de hacer deporte, comer bien y si es necesario, ponerte en manos de un especialista en psicología para lograr superar bien el cambio.
Sentimiento de culpabilidad: Muchas veces en una separación puedes sentirte culpable por haber sido la o el causante de esa ruptura de estructura familiar, esa culpa muchas veces, puede llevarte al error y a romper con los límites que se habían trabajado anteriormente, por ejemplo: empezar a comprarle demasiadas cosas, no seguir con una rutina de estudio... etc. Si el niño ve que te sientes culpable se aprovechará de ese sentimiento para seguir pidiendo y para que sigas consintiéndolo.
