Desprendimiento de Placenta Previa: Causas, Síntomas y Tratamiento

El desprendimiento prematuro de la placenta, también conocido como abruptio placentae, es una complicación grave del embarazo que ocurre cuando la placenta se separa de la pared uterina antes del parto. Este evento puede comprometer el suministro de oxígeno y nutrientes al feto, poniendo en riesgo tanto la salud del bebé como la de la madre.

El desprendimiento prematuro de placenta o abruptio placentae es la separación total o parcial de la placenta de su unión al útero antes de que se produzca el parto. Suele producirse en el tercer trimestre del embarazo aunque puede ocurrir en cualquier momento a partir de la semana 20 (antes de la semana 20 se considera aborto). Se produce en 1 de cada 150 embarazos y su incidencia parece ir en aumento. Supone una causa importante de problemas para la madre y el feto y de mortalidad fetal.

La placenta es un órgano fundamental en el embarazo, ya que constituye la conexión vital del bebé con la madre. La formación de la placenta comienza en el mismo momento en el que se produce la implantación del embrión en la pared uterina.

Desprendimiento de placenta: ¿Es una complicación grave? 😓 | Maternar.co

¿Qué es el Desprendimiento de Placenta?

El desprendimiento de placenta, también conocido como abruptio placentae o separación de la placenta, consiste en un despegamiento de esta estructura de su lugar normal de implantación en la pared uterina antes de que se haya producido el parto. De forma normal, la placenta se expulsa después de que lo haya hecho el feto durante el alumbramiento.

Cuando ocurre una separación, total o parcial, de la placenta antes del parto es lo que se conoce como desprendimiento prematuro de la placenta. Esta complicación gestacional suele tener lugar al final del tercer trimestre de gestación.

La incidencia del desprendimiento de placenta es de 1 de cada 100 embarazos y lo habitual es que ocurra en el tercer trimestre de gestación, aunque puede darse en cualquier momento después de la semana número 20 de embarazo aproximadamente. Se trata, por tanto, de una complicación gestacional poco frecuente.

Puesto que la placenta es la responsable de conducir al feto el alimento que le proporciona la madre, si ésta empieza a desprenderse puede suponer un cuadro grave tanto para la vida de la madre como la del feto. El bebé puede dejar de recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios; mientras que la madre puede sufrir una hemorragia que puede poner en peligro su vida.

Causas del Desprendimiento de Placenta

La causa exacta del desprendimiento de placenta se desconoce, aunque existen algunos factores de riesgo para que se separe la placenta antes de tiempo.

Las causas por las que se puede producir el desprendimiento de placenta no son bien conocidas, pero se suele asociar a varios factores tales como: la hipertensión materna gravídica o previa al embarazo, rotura prematura de ciertas membranas de sujeción, traumatismos externos, consumo de cocaína o la presencia de miomas uterinos.

Sin embargo, algunos factores de riesgo conocidos incluyen:

  • Traumatismos o lesiones en el abdomen: Impactos físicos directos en el abdomen, como los que pueden ocurrir en un accidente de tráfico, caídas o golpes durante actividades deportivas, pueden desencadenar el desprendimiento de placenta.
  • Hipertensión arterial, tanto crónica como gestacional: La hipertensión incrementa significativamente el riesgo de desprendimiento de placenta.
  • Antecedentes de desprendimiento de placenta en embarazos anteriores: Las mujeres que han experimentado un desprendimiento de placenta en embarazos previos tienen un mayor riesgo de repetición. Las mujeres que han tenido un desprendimiento prematuro de placenta tienen mayor riesgo (5% - 15%) de que se repita en embarazos posteriores que las que tienen embarazos normales (0,4% - 1,3%). El riesgo es más alto cuanto más grave haya sido el desprendimiento sufrido. Las hermanas de las mujeres que han sufrido un desprendimiento prematuro de placenta también tienen más riesgo de padecerlo en sus embarazos. Cuando el desprendimiento ha sido lo suficientemente grave como para que el feto haya muerto, la probabilidad de que vuelva a repetir es del 7%.
  • Fumar o el uso de drogas durante el embarazo: Fumar tabaco o el consumo de drogas ilícitas puede deteriorar la función placentaria y aumentar el riesgo de desprendimiento.
  • Alteraciones en la coagulación de la sangre de la madre: Condiciones que afectan la coagulación, como la trombofilia o ciertos tratamientos anticoagulantes, pueden predisponer al desprendimiento de placenta.

Además, las anomalías en útero, los trastornos en la coagulación sanguínea y un elevado número de partos previos también incrementan el riesgo de que ocurra un desprendimiento prematuro de la placenta.

Síntomas del Desprendimiento de Placenta

Los síntomas de abrupción placentaria dependen del nivel de desprendimiento, así como de la cantidad de sangre perdida. Lo más probable es que el desprendimiento placentario no ocurra a las 5 semanas, sino que se de en el tercer trimestre del embarazo.

Las principales señales del desprendimiento de placenta son la hemorragia vaginal y contracciones uterinas de gran intensidad. La cantidad de sangrado variará según la magnitud de placenta desprendida. Por ejemplo, si se produce un desprendimiento de placenta leve, el sangrado será ligero. En cambio, si se produce un desprendimiento de placenta elevado, el sangrado será abundante.

Los síntomas más comunes incluyen:

  • Hemorragia vaginal: La hemorragia se produce en el lugar en el que la placenta se separa. Puede variar desde leve a grave; la sangre es de color oscuro debido a que ha estado retenida durante un tiempo antes de salir al exterior, y no se coagula.
  • Dolor abdominal y dolor de espalda: Se trata de un dolor abdominal repentino que pueden darse tanto de forma constante como en forma de calambres o cólicos. Aparece en un 65% de los casos. Suele ser un dolor punzante, de aparición brusca y evolución variable. En los casos leves puede ser un dolor intermitente, difícil de diferenciar de las contracciones uterinas.
  • Contracciones uterinas.
  • Caída de la presión arterial.
  • Sensibilidad uterina. A la exploración el útero se nota rígido.
  • Sentir menos los movimientos del bebé.
  • Parto prematuro. En un 10% a un 20% de los casos, el desprendimiento prematuro de placenta se presenta como un parto prematuro con escaso sangrado vaginal. En estos casos, casi toda la sangre se encuentra atrapada entre el útero y la placenta.

En ocasiones, las embarazadas no sienten molestias pese a estar sufriendo un desprendimiento de la placenta. En estos casos, la separación placentaria se detecta casualmente cuando se realiza una ecografía.

Clasificación del Desprendimiento de Placenta

El desprendimiento de la placenta puede ser total o parcial, en función de si la placenta se separa de la pared uterina en toda su base de implantación o sólo por una parte. Ante este hecho, el espacio que queda hueco es ocupado por un hematoma o acúmulo de sangre que puede quedar retenido sin generar hemorragia o salir a través del cuello uterino y dando lugar a un sangrado vaginal. Generalmente, el sangrado vaginal que se produce por el desprendimiento de la placenta suele ser de color muy oscuro.

Con todo ello, es obvio que el mayor riesgo para el feto que comporta este incidente es que con el desprendimiento placentario se interrumpa el intercambio sanguíneo con la madre, mediante el cual le llegan los nutrientes al pequeño. Por tanto, cuando el desprendimiento placenta es total se produce inevitablemente la muerte del feto.

Por el contrario, el mayor riesgo para la madre es que se produzca una gran hemorragia intrauterina que tarde en ser diagnosticada y tratada y si, además, se alteran los mecanismos de coagulación sanguínea el riego es grave.

En cuando a los tipos de desprendimientos de placenta según la severidad de los síntomas se encuentran:

  • Desprendimiento de placenta de grado 0: embarazadas asintomáticas cuyo diagnóstico se produce tras el parto.
  • Desprendimiento de placenta de grado 1: caracterizado por un leve sangrado, pero sin suponer peligro ni para la vida de la madre ni del bebé.
  • Desprendimiento de placenta de grado 2: se produce sangrado, pero no hay choque de presión arterial. Además, la frecuencia cardíaca del feto aumenta.
  • Desprendimiento de placenta de grado 3: ocurre una hemorragia de gran intensidad, además de una caída de la presión arterial intensa y termina con la muerte fetal.

Sin embargo, el desprendimiento de placenta más habitual es el de grado 1; mientras que el menos común y que solo ocurre raras veces es el de grado 3. En cualquier caso, si la embarazada siente cambios o algún sangrado, deberá comunicarlo al especialista médico de manera inmediata.

Diagnóstico del Desprendimiento de Placenta

Tanto el diagnóstico como el tratamiento deben ser realizados por un profesional médico. En el caso de que el médico sospeche en la evaluación, puede ayudarse mediante una ecografía en el embarazo para ver si hay desprendimiento de placenta prematura y confirmar el diagnóstico.

El desprendimiento prematuro de la placenta se diagnostica mediante diferentes pruebas de imagen y análisis de sangre, aunque el principal signo de esta condición es sufrir una hemorragia.

Se debe sospechar ante cualquier embarazada en la segunda mitad de la gestación que presente sangrado vaginal y dolor abdominal o de espalda acompañado de contracciones uterinas.

La ecografía es poco sensible y específica en el desprendimiento prematuro de placenta, habitualmente los signos ecográficos aparecen tarde. El hallazgo ecográfico más característico es la observación de una colección de sangre (hematoma) entre el útero y la placenta, aunque su ausencia no excluye el diagnóstico. La ecografía también permite valorar si el feto está vivo o no y diferenciar el desprendimiento de otras causas de hemorragia (placenta previa, rotura uterina, vasa previa).

Tratamiento del Desprendimiento de Placenta

El principal tratamiento para una embarazada con desprendimiento de placenta varía en función del grado. Algunas ocasiones con tan solo reducir la actividad y hacer total reposo en cama es suficiente.

Una vez que se ha producido y diagnosticado la separación de la placenta, no se puede volver a adherir a la pared uterina. Sin embargo, existen algunas formas de tratamiento para esta complicación gestacional dependiendo de las circunstancias de cada embarazo.

Cuando el desprendimiento de la placenta ocurre hacia el final del embarazo y la fecha probable de parto está cerca, se inducirá el parto. En el caso de que sea un desprendimiento de placenta leve, se podrá llevar a cabo un parto natural. De lo contrario, el especialista realizará una cesárea.

En cambio, si el desprendimiento de la placenta no sucede hacia el final de la gestación, será necesario valorar su severidad. Si la separación placentaria es leve, la frecuencia cardíaca fetal no aumenta y el sangrado se detiene, la embarazada deberá hacer reposo. Sin embargo, si fuera necesario el nacimiento del bebé de manera prematuro, la mujer deberá tomar ciertos medicamentos para ayudar a la maduración del bebé.

Por último, cuando el sangrado es de gran intensidad y no cesa, la mujer será hospitalizada y probablemente requiera una transfusión sanguínea. No obstante, cada embarazo y cada situación es diferente, por lo que se deben seguir las recomendaciones médicas en todo momento.

En la siguiente tabla se resumen los tratamientos según la edad gestacional y la gravedad del desprendimiento:

Situación Tratamiento
Final del embarazo, fecha de parto cercana Inducción del parto (parto natural si es leve, cesárea si es grave)
Desprendimiento leve, frecuencia cardíaca fetal normal, sangrado detenido Reposo
Necesidad de parto prematuro Medicamentos para madurar los pulmones del bebé
Sangrado intenso que no cesa Hospitalización, transfusión sanguínea

Negligencia Médica y Desprendimiento de Placenta

El desprendimiento de placenta es una de las complicaciones obstétricas más serias que pueden ocurrir durante el embarazo, con efectos potencialmente devastadores tanto para la madre como para el bebé. Es verdad que en algunos casos resultan con condiciones incontrolables, pero otros pueden ser el resultado directo de negligencia médica.

La negligencia médica por desprendimiento de placenta puede ser directa o indirecta, dependiendo de las circunstancias específicas del caso en cuestión. A continuación, vamos a explorar varias formas en que la negligencia médica puede contribuir al desarrollo o agravamiento de esta condición:

  • Falta de seguimiento adecuado: En casos donde la paciente presenta factores de riesgo elevados para el desprendimiento de placenta, como hipertensión o historial de complicaciones en embarazos anteriores, la falta de un seguimiento médico riguroso puede ser considerada como negligencia.
  • Error en el diagnóstico: No identificar o reaccionar adecuadamente ante los síntomas tempranos de desprendimiento de placenta puede llevar a un manejo inadecuado de la situación, aumentando el riesgo de complicaciones severas.
  • Manejo inadecuado del parto: Durante el parto, es crucial monitorizar adecuadamente el bienestar del feto y la madre. La negligencia en la monitorización o en la intervención rápida ante signos de sufrimiento fetal o maternal puede ser fatal.
  • Medicación inapropiada: Administrar medicamentos que afectan la coagulación sanguínea o la presión arterial sin considerar su impacto en la placenta puede precipitar un desprendimiento.

Los pacientes afectados por negligencia médica tienen el derecho de buscar reparación legal, incluyendo compensaciones por daños físicos, emocionales y económicos. En el marco legal, es esencial probar que la negligencia resultó en un daño directo y que un estándar de cuidado más alto podría haber prevenido el resultado adverso.

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