Placenta Posterior: Posición y Tamaño de la Barriga durante el Embarazo

Cuando una mujer embarazada acude a hacerse una ecografía de control y le comentan que tiene placenta posterior, a veces, saltan las alarmas. ¿Qué es placenta posterior? Y, sobre todo, ¿qué implica? Que el especialista emplee un término desconocido para la futura mamá puede generar cierto temor, preocupación o angustia, ¿pero realmente hay motivo para ello?

Para aclarar todas las dudas al respecto, consultamos a la Dra. María Dolores Gómez Roig, especialista en Ginecología, directora del Instituto Dra. Gómez Roig, en Barcelona, y miembro de Top Doctors.

¿Cuál es la Posición Normal de la Placenta?

“La placenta se puede localizar en las diferentes paredes dentro del útero: puede estar muy alta, en lo que sería como ‘el techo’, que sería una placenta insertada en el fundus, a nivel fúndico; También puede estar insertada en las paredes de forma lateral (en el lateral derecho, lateral izquierdo) o en la pared posterior o la pared anterior”, señala la Dra. Gómez Roig.

“Siempre que esté a una altura recomendable, es decir, que no llega a interferir el cuello uterino, que no llega al orificio cervical interno del cuello uterino, son localizaciones correctas”.

Diferentes posiciones de la placenta en el útero.

¿Qué Pasa Si La Placenta Es Posterior?

Teniendo en cuenta la explicación de la doctora Gómez Roig, hablar de placenta posterior no es más, por tanto, que hacer referencia a una posición correcta de la placenta. Una posición que, además, en caso de tener que practicar una cesárea, “molesta menos que una placenta anterior un poquito baja, pues al hacer la incisión de la cesárea te la puedes encontrar”, añade. “Pero aún así no hay problema porque los obstetras estamos acostumbrados a este tipo de placentaciones y de su manejo en operaciones como sería la cesárea”.

La obstreta puntualiza que un aspecto importante a tener en cuenta, independientemente de la localización, es a qué altura está colocada la placenta respecto al orificio cervical interno. Este orificio cervical interno es una de las tres grandes partes que conforman el cuello del útero (junto al canal del cuello y el orificio cervical externo) y es el que está en contacto directo con la placenta.

Así, si el borde de la placenta está a la misma altura o a menos de 2 centímetros del orificio cervical interno, se la define como placenta de inserción baja.

Gómez Roig, la denominación de placenta anterior y de placenta posterior hace referencia a la ubicación de la placenta dentro de las paredes del útero. De este modo, hablamos de placenta anterior cuando está adosada a la pared anterior del útero, y de posterior, cuando lo está en la pared posterior.

“En ocasiones, sobre todo en la primera mitad del embarazo, se puede diagnosticar una placenta previa, pero hemos de decir que, si el diagnóstico es muy precoz, antes de la semana 20 de embarazo, no es el diagnóstico definitivo”, comenta la ginecóloga. El motivo de que no sea este un diagnóstico definitivo es que, según avanza el embarazo y va creciendo el útero, la “placenta también va subiendo a medida que las paredes del útero van siendo más altas a nivel longitudinal”.

Y esto se refleja de manera muy clara en los datos que nos proporciona la especialista en Ginecología, pues la prevalencia de placenta previa en la semana 20 de embarazo es del 1 al 6%, si bien el 90 % de ellas se suele resolver en los meses posteriores, a medida que avanza el embarazo.

La placenta es un auténtico órgano que se desarrolla durante el embarazo y que sirve para proporcionarle los nutrientes y el oxígeno necesario a nuestro bebé durante su desarrollo dentro del útero. Además, es la encargada de secretar algunas de las hormonas fundamentales para que la gestación siga su curso de forma correcta.

Por tanto, su papel es muy importante durante el embarazo, por no decir fundamental. De hecho, es una de las cosas que los especialistas necesitan observar y controlar en cada una de las revisiones . Lo normal es que se sitúe de tal manera que, después de producirse el propio nacimiento del bebé, se produzca su expulsión, lo que conocemos como alumbramiento y que es una fase natural del parto .

Un proceso siempre auxiliado por una matrona quien, además, debe cerciorarse de que no permanezcan restos placentarios dentro del útero, pues podría producir complicaciones en el postparto.

Sin embargo, ¿qué ocurre en los casos en los que la placenta impide la salida del bebé? En estos casos, el parto vaginal no es una opción, la cesárea es la única vía posible. Pero, para ello, la placenta debe estar taponando por completo la salida del bebé.

Funciones protectoras, ya que permite el paso de los anticuerpos de la madre al feto, con mecanismos que previenen la aparición de daños oxidativos, el ataque de compuestos tóxicos, tanto endógenos como exógenos, etc. Esto es “porque la placenta es un órgano que se forma durante el embarazo a partir de las mismas células que el propio bebé, pero que se especializan de otra manera”.

Cuando se comienza a formar, se adhiere a la capa más interna del útero y, depende de dónde se coloque, tenemos la que podemos definir como primera clasificación y quizás de las más importante.

  • Placenta posterior: si están hacia atrás del útero, es decir, parecen pegadas hacia la espalda.
  • Placenta anterior: si se sitúan hacia delante, más hacia la propia barriga.
  • Placenta fúndica: la que se sitúa en la parte más superior del útero.

Cualquiera de estas tres posiciones de la placenta se considera como normal durante el embarazo y no conlleva ningún control especial ni riesgos específicos.

La primera de la que podemos hablar es la placenta de baja implantación, “cuando se inserta muy cerca del orificio cervical (por donde sale nuestro bebé)”. En estos casos, pueden aparecer complicaciones, “pero es algo que no se puede prevenir”.

Se suele observar ya al principio de la gestación, con la primera ecografía incluso, y se ve cómo es su evolución en los sucesivos controles. Para explicarla, nos dice, “pensad en que el útero tiene forma de globo o de bombilla cuando una mujer está embarazada”.

En este momento, “el cuello del útero sería la parte de abajo del globo (por donde lo hinchamos) o bien el cuello de la bombilla. Imaginemos que tenemos una pelota dentro y que queremos que salga, pero hay un trozo de carne que está cerca de esa salida”. Esto sería una placenta de baja implantación y podría dificultar mucho la salida de esa pelota.

Además, nos dice, “en ocasiones puede dar lugar a sangrados durante el embarazo, ya que los vasos sanguíneos que se deberían conectar con el útero pueden sangrar con mayor facilidad en esa zona, debido a que la inserción será subadecuada y habrá exceso de movimiento en esa zona”.

El siguiente tipo de placenta que puede llamarnos la atención es la placenta previa parcial, que “nos sitúa en la misma posición que una placenta previa total (de la que hablaremos a continuación), pero con algunas especificaciones”. En este caso, la placenta se implanta parcialmente sobre el orificio cervical interno, obstruyendo la salida del útero.

Una circunstancia que tiene efecto directo sobre el parto. En líneas generales, nos dice la matrona, “se puede intentar un parto vaginal con una placenta de inserción marginal, pero se debe realizar una monitorización más estrecha de la evolución del parto”. De hecho, nos dice, “tampoco es muy seguro plantear un parto vaginal”. , que sí es una opción segura en algunos casos para mujeres con embarazos normales o de bajo riesgo”.

Y, aquí, nos confirma la matrona, “esto implica necesariamente una cesárea el día del parto”. Es la única vía posible, “ya que le bebé no puede atravesar su propia placenta para poder nacer, está físicamente taponando la salida que tiene”.

También hay algunas placentas, nos explica la experta, “mucho más raras de ver y que presentan anomalías”.

  • Placenta acreta: un tipo de placenta que se inserta demasiado dentro, en la capa interna del útero y puede llegar a atravesarlo.
  • Placentas bilobuladas: “bastante curiosas”, que es cuando se encuentra dividida en dos.
  • Placentas circunvaladas: aún menos frecuentes, se caracterizan por la unión de las membranas y una depresión central con zona anular blanquecina engrosada.

Habitualmente, nos explica la matrona, “se inserta en el centro de la misma, pero hay veces que puede estar en un lateral (placenta con cordón de inserción marginal o placenta de raqueta) o en las membranas amnióticas (inserción velamentosa)”. No implica complicaciones, salvo en este último caso, “que puede suponer riesgos importantes, especialmente para el bebé”.

Por último, como hemos visto, la placenta va aumentando en tamaño según avanza la gestación, sin embargo, su diámetro suele oscilar entre los 15 y los 25 centímetros (su tamaño medio es de 18,5 cm), con un espesor de 3 centímetros y un peso aproximado de unos 500 gramos.

Placenta grande: se da en aquellos casos de eritoblastosis fetal (afección que hace que los glóbulos rojos de un bebé no sean los suficientes), sobrepasando el 50% del tamaño del feto.

¿Cuándo se Siente al Bebé con Placenta Posterior?

En el caso de que la mujer embarazada tenga placenta posterior, podrá empezar a sentir los movimientos de su bebé entre las semanas 16 y 22 de gestación, aproximadamente. En concreto, los movimientos fetales son uno de los primeros signos de viabilidad fetal. Suelen detectarse por la gestante a partir de las 18 semanas. Traducen una situación de bienestar fetal.

A partir de las 34 semanas, pueden disminuir ligeramente sin estar indicando un problema fetal, ya que a medida que el feto crece tiene menos espacio en el útero y sus movimientos se hacen más limitados y definidos. La ausencia aguda de movimientos fetales durante más de 2 horas en una gestante que anteriormente los percibía, así como la percepción subjetiva de una disminución respecto al patrón habitual de movimientos fetales durante más de 12 horas, requieren una consulta con el médico.

En caso de presentar contracciones uterinas, el ginecólogo realiza un tacto vaginal para ver las características del cuello del útero; se valora la dilatación, la consistencia (duro o blando), la posición (posterior o centrado) y el acortamiento del cérvix.

Tamaño de la Barriga y Placenta Posterior

Uno de los síntomas más esperados de las embarazadas es cuando la barriga crece y se empieza a notar. Cuando al ponerse un pantalón, abrocharlo resulta imposible. Es un signo evidente de que tu bebé crece dentro de ti. Tu barriga en el embarazo cambia, crece (y mucho) y además es única.

Sobre el cuándo se empieza a notar depende de cada mujer, “pero suele ser frecuente que empiece a notarse a partir de la semana 12-14 de gestación", explica la Dra. A veces, la futura madre nota en las primeras semanas del embarazo que su tripa ha crecido, pero no siempre se debe al crecimiento del bebé.

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Existen muchos factores que determinan el tamaño de tu tripa. como nos dice la Dra.

  • La cantidad de líquido amniótico. "Los ginecólogos podemos identificar lo que llamamos “altura uterina” (hasta donde llega la parte más alta del útero) y ver que no corresponda con lo que se espera para el tiempo de embarazo, pero realizamos la ecografía como prueba objetiva para evaluar y medir la cantidad de líquido amniótico".
  • La complexión de la madre. "Si la madre es alta, la tripa suele ser menos abultada, suele ser más contenida. Por el contrario, si la altura de la madre es más baja, con menos espacio entre pelvis y costillas, la tendencia es que la tripa se desarrolle más hacia delante", añade.
  • Si ha tenido embarazos previos. "Cuando la madre ha tenido más embarazos, la distensión de los músculos se suele producir antes, por lo que la tripa suele ser más prominente, no siendo necesariamente más baja", nos comenta la Dra.

“El útero va creciendo durante el embarazo, y su altura nos indica el crecimiento fetal. Sobre la semana 37, el útero suele llegar al arco costal materno. En ese momento, la madre suele notar incomodidad por la presión que ejerce el útero sobre el estómago y las costillas. En las últimas semanas de embarazo, según la cabeza se va apoyando más e introduciéndose en la pelvis, el útero desciende un poco, ejerciendo menos presión sobre el estómago y los pulmones. Esto se traduce en que la mujer nota una mayor facilidad para respirar y para la digestión, con menos episodios de reflujo gastroesofágico. Físicamente se puede identificar que la tripa está más baja.

Que la forma de la tripa, puntiaguada o redonda, indica el sexo del bebé es uno de los mitos más extendidos, sobre todo antes, cuando no existía la ecografía y había que adivinar si el bebé era niño o niña.

  • Cómo esté colocado tu chiquitín. “La posición del feto puede determinar la forma de la tripa materna, especialmente cuando el feto se encuentra en situación transversa, es decir, perpendicular al eje materno, dando lugar a una tripa más ancha. También cambia la forma de la tripa en función de la postura que adopte el feto, por lo que puede ir variando a lo largo del mismo embarazo”, señala la Dra.
  • La situación de la placenta. Si la placenta se implantó por delante, "la tripa puede ser más redondeada, mientras que si la placenta es posterior o está en el fondo uterino, puede ser una tripa más irregular, ya que se diferenciarán mejor las partes fetales, especialmente si la madre tiene poca grasa abdominal", concluye la ginecóloga.

Tipos de Placenta Posterior

En la gran mayoría de los casos, la placenta posterior normoinserta no da síntomas y pasa totalmente desapercibida. La mayoría de diagnósticos de placenta posterior baja se realizan en las ecografías de control prenatal, lo que permite una vigilancia estrecha y un manejo adecuado para evitar complicaciones.

  • Placenta posterior alta y normoinserta: corresponde a la localización más frecuente. En este caso, la placenta está situada en la parte superior de la cara posterior del útero, lejos del cuello uterino.
  • Placenta posterior baja: se detecta cuando la placenta se implanta en la cara trasera del útero, pero más cerca de la parte inferior.
  • Placenta posterior marginal: ocurre cuando la placenta posterior llega hasta el borde del cuello uterino.
  • Placenta previa posterior: es el caso más complejo, ya que la placenta posterior cubre parcial o totalmente el cuello uterino.

Muchas embarazadas se preguntan si es “mejor” tener placenta posterior o anterior. En realidad, ambas son posiciones habituales y no deben ser motivo de preocupación por sí mismas. La diferencia principal radica en la forma en la que la madre percibe los movimientos del bebé.

  • Placenta posterior: situada en la pared trasera del útero.
  • Placenta anterior: situada en la pared frontal del útero.

Placenta Previa

En un embarazo normal la placenta se desplaza en el útero a medida que éste crece. La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones.

  • Placenta previa total.
  • Placenta previa parcial.
  • Placenta previa marginal.

Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.

La causa de la placenta previa se desconoce.

  • Causas uterinas.
  • Causas placentarias.

La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior. La placenta previa solo sangra si se desprende.

  • Durante el embarazo.

La capacidad de crecimiento del segmento inferior del útero supera a la de la placenta y puede producir pequeños desprendimientos del borde placentario que dejan al descubierto vasos sanguíneos que pueden producir hemorragias.

  • Durante el parto.

Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización. Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas.

Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos. En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.

Recomendaciones

Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.

Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.

Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.

Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Conclusión

La placenta posterior es una ubicación frecuente, y generalmente normal, de la placenta durante el embarazo. En la mayoría de los casos, la placenta posterior es normoinserta (está bien colocada) y no implica riesgos. Cuando la placenta posterior es alta y normoinserta, no implica riesgos ni condiciona el parto.

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