Placenta Marginal: Guía Completa para Embarazadas

La placenta marginal es una de esas frases que no nos gusta escuchar cuando estamos embarazadas, se trata de uno de los tipos de placenta previa que se pueden desarrollar durante el embarazo y que merecen ser controladas.

¿Qué entendemos por placenta previa?

Desde el Hospital Infantil de la Universidad de Stanford, entienden por placenta previa al trastorno que se puede producir durante el embarazo por el que la placenta obstruye en mayor o menor grado, el orificio del cuello del útero, por donde debe salir de forma natural el bebé en el momento del parto.

La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo. Esta estructura se encuentra en el útero y se encarga de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: la respiración, la alimentación y la excreción. Algunos problemas durante el embarazo pueden surgir como consecuencia de alteraciones en la placenta. Uno de estos casos es la placenta previa, que se produce cuando ésta crece en la parte más baja del útero y cubre toda la abertura del cuello uterino o parte de ella.

Hablamos de placenta previa cuando ésta se encuentra cerca del cuello del útero. El diagnóstico se realiza siempre mediante ecografía, siendo muy frecuente al inicio del embarazo: si así ocurre, no es una situación alarmante, pues con el transcurso de las semanas, el útero crece y la placenta asciende, normalizándose en la mayoría de casos la situación.

El síntoma más frecuente cuando se produce una placenta previa, es que aparece un sangrado vaginal súbito y espontáneo por el que conviene acudir al ginecólogo cuanto antes. Desde la Clínica Universidad de Navarra la señalan como causa más frecuente de este tipo de sangrados durante el tercer trimestre del embarazo. En algunos casos, algunas mujeres también presentan cólicos durante el embarazo que se relacionan con la presencia de placenta previa.

El riesgo más importante es la hemorragia. Suele ser un sangrado abundante e indoloro o asociado a la presencia de contracciones vaginales. Normal mente si no ha habido episodios de sangrado abundante se programa la cesárea en cuanto el bebé alcanza el término, es decir, en la semanas 37 o 38.

Tipos de placenta previa

En los Protocolos Asistenciales de Obstetricia, redactados desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, la placenta previa se puede presentar de distintas formas:

  • Placenta previa total: También se conoce como placenta previa oclusiva ya que es la que cubre la abertura cervical por completo.
  • Placenta de inserción baja: La que está en el segmento inferior del útero y no llega a alcanzar la abertura del cuello uterino.
  • Placenta previa parcial: La que solo una parte de la abertura cervical.
  • Placenta previa marginal: La que estando en un lateral del cuello uterino no llega a cubrir la abertura.

Es importante el diagnóstico correcto de una placenta previa oclusiva o una marginal, mientras que la primera tapa completamente el orificio del cérvix, la placenta previa marginal está rozándolo nada más, lo que produce menos riesgos e incluso, en algunos casos, el especialista puede plantear la posibilidad de un parto vaginal llegado el momento.

A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior. Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.

Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa. Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.

Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.

Causas de la placenta previa

Realmente aún se desconocen las causas que provocan que se desarrolle la placenta previa aunque sí se han detectado algunos factores de riesgo que hacen que sea más alta la probabilidad de que se produzca:

  • Si la embarazada ya ha tenido un bebé anteriormente.
  • Si hay cicatrices en el útero porque ya ha habido una cesárea o una extirpación de un fibroma antes de producirse el actual embarazo.
  • Si ya ha habido placenta previa en embarazos anteriores.
  • Si tienes un embarazo múltiple.
  • Si ya has cumplido los 35 años.
  • Si eres fumadora.

La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.

La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:

  • Malformaciones uterinas.
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
  • Haber tenido varios embarazos previamente.
  • Poco tiempo entre dos partos.
  • Haber tenido un parto previo por cesárea.
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
  • Edad materna avanzada.
  • Tabaco y abuso de cocaína.

Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización. La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.

PLACENTA PREVIA en el embarazo, placenta baja ¿Qué es? ¿Cómo afecta al parto la placenta previa?

Diagnóstico de la placenta previa

Si se ha producido una placenta previa de cualquiera de las anteriores formas mencionadas, los controles prenatales habituales que se realizan durante el embarazo y más concretamente, la ecografía del segundo trimestre, son claves para detectarla y controlarla. Para confirmar o para tener un diagnóstico más concreto, el médico puede plantear la necesidad de realizar una ecografía transvaginal.

La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no. Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande. Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.

Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema. La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.

El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.

Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Síntomas y tratamiento de la placenta previa

La mayoría de mujeres con placenta previa antes de la semana 20 de gestación son asintomáticas. Los síntomas de placenta previa se suelen presentar cuando ésta persiste en un estado más avanzado del embarazo, a partir de las 20 semanas. El principal síntomas es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable.

Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas. Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.

El sangrado ocurre porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.

La recomendación principal ante el diagnóstico de placenta previa, es el reposo y observación constante, con un seguimiento de la implantación uterina mediante ecografía. Se ha de limitar toda actividad física, abstinencia sexual y evitar los tactos vaginales. Si se presenta un sangrado súbito e intenso, ingreso hospitalario inmediato, y dependiendo de la intensidad de la hemorragia, incluso con intervención urgente, con finalización del embarazo.

En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:

  • Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
  • Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.

A continuación, el médico tendrá que tomar una decisión sobre el tipo de parto, que en la mayoría de casos será programado.

Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.

Parto con placenta previa

La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad. En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro.

Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación. En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.

En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.

En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto.

Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.

Complicaciones de la placenta previa

Las complicaciones en la placenta son causa común de parto prematuro y, en no pocas ocasiones, de cesárea. La placenta previa consiste en una mala colocación de este órgano, fundamental para el desarrollo del bebé, en la parte baja del útero, tapando parcial o completamente el cuello del útero, lo que puede impedir el parto vaginal.

La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.

El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.

En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.

Otras complicaciones

  • Implantación anormal de la placenta o placenta accreta.
  • Mala presentación del feto.
  • Retraso del crecimiento intrauterino.
  • Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
  • Anomalías congénitas.

Desprendimiento prematuro de placenta

El desprendimiento prematuro de placenta es otra complicación grave del embarazo sucede cuando la placenta se desprende de la pared uterina antes de que nazca el bebé o incluso antes de que se inicie el parto.

El desprendimiento prematuro de placenta tiene peor pronóstico y es una complicación muy grave. Por algún motivo, la placenta se despega de la pared uterina antes del parto. “No se sabe con exactitud las causas del desprendimiento de la placenta cuando está normalmente insertada . Un traumatismo abdominal puede provocarlo, pero deber ser de alta intensidad, como un accidente de tráfico.

Lo más importante es conocer los síntomas para acudir urgentemente a las urgencias de un hospital. “Suele presentarse con dolor abdominal intenso que incluso se irradia hacia la espalda, con aumento del tono uterino (endurecimiento del abdomen incluso entre contracciones) y sangrado escaso y muchas veces oscuro. Hay un riesgo muy elevado de muerte fetal, por que el bebé se queda sin oxígeno.

Como nos dice la ginecóloga Vanesa Núñez no es posible prevenir el desprendimiento de la placenta.

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