Paternidad Activa: La Corresponsabilidad en la Crianza y su Impacto

Ser un padre activo implica tener una relación afectuosa e incondicional con los hijos. Además, implica participar en acciones de cuidado diarias, como la alimentación, pasear con ellos y jugar con ellos.

Con el objetivo de impulsar estilos de paternidad activa en la población, se ha elaborado un informe titulado "Paternidad activa: la participación de los hombres en la crianza y los cuidados", dentro de la iniciativa impulsada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en el marco de la Iniciativa Spotlight, una alianza global de la Unión Europea y las Naciones Unidas a favor de la eliminación de la violencia contra mujeres y niñas en todo el mundo.

Beneficios de la Paternidad Activa

Se ha comprobado que la participación de los padres y la corresponsabilidad en los cuidados influye positivamente en el desarrollo y bienestar psicológico de los menores.

  • Libera la sobrecarga de los cuidados, que suele recaer en las madres.
  • Disminuye el riesgo de violencia en el hogar.
  • Influye también positivamente en la salud y bienestar de los hombres.

Análisis y Recomendaciones del Informe UNFPA

En el manual se establece una revisión de los estudios científicos que han evaluado el impacto de la paternidad activa y la corresponsabilidad en los cuidados, incluyendo los últimos datos aportados durante la pandemia de COVID-19. A partir de este análisis, el documento determina los factores que influyen en la participación de los hombres y los padres en las labores de crianza y cuidado, ofrece recomendaciones para el ejercicio de una paternidad activa y propone estrategias para incentivar la mejora del clima familiar.

Asimismo, revisa los obstáculos y barreras existentes para alcanzar esta igualdad de género en materia de crianza y establece una serie de recomendaciones para la implementación de políticas y programas que tengan en cuenta la perspectiva de la corresponsabilidad, salud e igualdad de género, junto con recomendaciones específicas para padres.

Creciendo Juntos: La buena paternidad y la corresponsabilidad en la crianza

Recomendaciones para Padres Activos

A continuación, se exponen las recomendaciones dirigidas a los padres recogidas en el informe Paternidad activa: la participación de los hombres en la crianza y los cuidados:

  1. Participa e involúcrate en el cuidado diario y la crianza de tus hijos/as desde el embarazo.
  2. Construye un vínculo cariñoso y de confianza a través de acciones cotidianas (muda, baño, cambiarle su ropa, prepararle sus alimentos, darle de comer, hablar, hacerle dormir, pasearle, jugar, estudiar juntos, etc.).
  3. Debes proveer afecto y seguridad emocional, yendo más allá del aspecto económico.
  4. Comparte corresponsablemente con la madre y otras mujeres de tu entorno el trabajo de cuidados, de crianza y el trabajo del hogar.
  5. Incorpora a tu hijo/a en tareas simples. Esto a modo de juego y aprendizaje.
  6. Cuida la salud de tu hijo/a cotidianamente y sé parte del seguimiento a controles de salud, vacunaciones y atención de enfermedades.
  7. Involúcrate en la educación de tu hija/o. Estimula su desarrollo, leyéndole cuentos, contándole historias, cantándole y/o poniéndole música, apoyándole en sus tareas escolares, etc.
  8. En el caso de que tu hijo/a esté en el jardín infantil o la escuela, asiste a las reuniones de padres y madres y entrevistas con las educadores/as o profesores/as. Participa en las instancias colectivas del jardín infantil o escuela (eventos o fiestas). No te pierdas las ocasiones en que tu hijo/a realice alguna muestra o presentación. Pasa a dejar y a busca a tu hijo/a al jardín infantil o escuela. Apóyale en sus actividades, logros y aprendizajes.
  9. Pon atención a sus necesidades (qué cosas le gustan; qué no le gusta o le molesta; de qué manera se siente más motivada/o; distingue cuando siente cansancio, alegría, miedo, pena o rabia, etc.).
  10. Expresa tus sentimientos y ayuda a tus hijos e hijas a utilizar el diálogo para expresar sus sentimientos, como una herramienta para compartir y resolver problemas. Conversa con otros padres o madres sobre preocupaciones en la paternidad, cómo han resuelto dificultades, los estilos de crianza, etc.
  11. Mira y escucha con atención cuando tu hijo/a tiene algo que contarte o expresarte sin palabras. En el caso de tener pena, rabia o ira contenlo/a y dale un espacio de diálogo para conversar sobre el tema.
  12. Sé firme y respetuoso para poner límites. No utilices la violencia como modo de corregir o disciplinar.
  13. Conversa con la madre sobre los avances, logros y necesidades escolares y vitales en cada momento del desarrollo de tu hija/o. Pon especial atención a las necesidades que tu hijo/a tiene en cada etapa. Recuerda que se desarrolla rápidamente.
  14. Cuida que las tensiones del trabajo y la carga laboral no afecten tu paternidad. Si es necesario, pide permiso en tu trabajo para asistir a las actividades relacionadas con la educación de tu hija/o (reunión de apoderados/as, entrevistas con las/os educadoras/es, graduaciones, etc.) y a instancias relacionadas con su salud (controles de salud, vacunas, cuidado en caso de enfermedad, etc.).
  15. Si trabajas a jornada completa procura que el tiempo de cuidado que pasas con tu hija/o sea de calidad (ten contacto físico y con la mirada, evita distracciones como la TV o el teléfono, comparte momentos exclusivos, mantén un buen trato, pon atención a sus necesidades, muestra interés por sus gustos y preferencias, etc.).

Recomendaciones Específicas para Padres Adolescentes

Como padre adolescente tienes derecho a ejercer tu paternidad, a participar y tomar decisiones respecto al cuidado y crianza de tu hijo/a, a contar con apoyos y a terminar tus estudios. Puedes buscar a familiares, amistades, personal docente y de salud que estén dispuestos y disponibles para apoyarte a ejercer tu paternidad de manera activa y responsable.

Si eres adolescente o joven, tan importante como el desarrollo de tu hijo/a es tu propio desarrollo como joven, así como el de la madre. Busca un equilibrio entre el estudio, el trabajo y la vida afectiva con las tareas de cuidado de tu hijo/a.

Es vital que estés presente en la vida cotidiana de tu hija/o, aunque no vivas con la madre. Si no vives con tu hijo/a procura que el tiempo de cuidado que pases con él/ella sea de calidad y preocúpate también de tener tiempos exclusivos para dedicarle. Mantén el compromiso económico de garantizar la provisión de alimentos y acuerda con la madre un sistema de cuidados ya sea desde la tuición (custodia) compartida o a través de un régimen de visitas.

Promueve la conversación honesta sobre asuntos sobre sexualidad en el hogar, infórmate para promover masculinidades y feminidades más igualitarias, libres de estereotipos sexistas que permitan construir relaciones más equitativas dentro y fuera de tu núcleo familiar.

La Evolución de la Paternidad y la Crianza Cooperativa

La crianza cooperativa y en especial la participación paterna en los cuidados de los hijos desde etapas tempranas, ha sido un factor decisivo en la filogenia de nuestra especie, y considerado una de las adaptaciones importantes en la separación evolutiva con el resto de los primates, la neotenia. Esto permitió un desarrollo cerebral acelerado, en recién nacidos poco autónomos y altamente dependientes de sus padres, lo que se conoce como “desarrollo altricial”.

Este es un modelo frecuente en aves, con una alta participación del padre (90%), pero escaso en mamíferos (10%). El objetivo de esta revisión es presentar evidencias acerca de la existencia de mecanismos neuroendocrinos y neurológicos que condicionen ancestralmente esta conducta en padres humanos.

La literatura revisada que incluye estudios en humanos, animales y paleoantropológicos, sugiere que en la filogenia de nuestra especie se han sucedido cambios neuroendocrinos y cerebrales que han contribuido a la adquisición de conductas de “paternalidad”, decisivos para la sobrevivencia y posiblemente adaptativos hasta los tiempos actuales.

El Rol del Padre en el Cuidado Temprano

El rol del padre en el cuidado temprano de los niños podría haber surgido de esta estrategia evolutiva. En esta condición altricial, los recién nacidos humanos requieren de muchos cuidados por un largo período de tiempo, lo que implica un gran gasto en tiempo y energía por parte de los cuidadores.

Otro efecto de esta coparentalidad sería mejorar la fertilidad materna al disminuir los intervalos inter-embarazo, y contar con alimentos de mejor calidad nutricional.

La mayor participación de los padres en los cuidados de sus hijos motiva a comprender las bases psicobiológicas y neurológicas asociadas a este proceso. Considerando lo recién planteado, se intentará buscar mecanismos biológicos ancestralmente condicionantes de esta conducta en padres humanos e intentando extrapolar desde el mundo animal, aunque circunscrito al ámbito neuroendocrino sin incluir otros factores (epigenética, ambientales) por exceder los propósitos de esta revisión.

Bases Neuroendocrinas de la Paternidad

En cuanto a las hormonas, estas cumplen un rol muy importante en el desarrollo de comportamientos, tanto maternales como paternos. En los mamíferos se incluyen conductas diversas, aunque en la minoría de estos machos, las hay hacia la crianza; uno de éstos, en la especie humana. Así, la expresión de actitudes parentales específicas es propia de cada especie, para dar protección y respuestas inmediatas a las necesidades físicas y emocionales de su cría para un óptimo desarrollo.

En estos procesos, las hormonas, como mecanismos biológicos, juegan un rol fundamental. Las cinco hormonas más estudiadas, en humanos y otras especies, son la oxitocina (OT), testosterona (T), arginina-vasopresina (AVP), prolactina (PRL) y cortisol (CORT).

Oxitocina (OT)

La principal hormona implicada en el nacimiento y lactancia es la oxitocina, reconocida como la “hormona materna”. Es un péptido con importantes funciones en la reproducción de los mamíferos (eyección láctea, contracciones uterinas, orgasmo), así como en comportamientos sociales y apego.

En humanos, durante los primeros seis meses de crianza, se ha visto que la OT se mantiene en niveles altos y estables en padres y madres. Esto es consistente con estudios previos, que muestran mayores niveles de OT en padres emparejados que en solteros sin hijos.

La OT no solo promueve conductas paternas, sino que también dirige estas actitudes a un comportamiento específico. Así, en madres se correlaciona con contacto afectuoso, mirada social y vocalizaciones, mientras en padres se asocia a contacto estimulante para el niño, como paseos, contacto propioceptivo y estimulación táctil, contribuyendo así a la sinaptogénesis temprana mediada por fibras amielínicas C-táctiles y estimulación vestibular propioceptiva.

Testosterona (T)

La testosterona ha sido muy estudiada en su relación con el comportamiento de paternidad. Mayores niveles se asocian a apareamiento y territorialidad, mientras que más bajos, con actitudes de crianza y cuidado parental.

En hombres, al aproximarse la paternidad presentan una disminución de testosterona y, a menores niveles de esta hormona, mayor participación en la crianza. Lo mismo durante el embarazo en pareja.

Un meta-análisis reciente mostró que quienes son padres tienen niveles más bajos de testosterona que aquellos sin hijos y, si, además están involucrados en la crianza, son aún menores. Esto sugiere que la experiencia de cuidado paterno, en sí misma, podría reducir los niveles de esta hormona.

Prolactina (PRL)

La PRL es una hormona proteica que interviene en la reproducción de los mamíferos y galactopoyesis. También en el metabolismo y sistema inmune. Se le ha relacionado con comportamiento materno en mamíferos y paterno en aves; sin embargo, su efecto en mamíferos machos no ha mostrado resultados consistentes.

En humanos, los niveles de PRL se han visto asociados a juego explorador padre-hijo, incluyendo la presentación, manipulación y atención dirigida del niño hacia los juguetes.

Vasopresina (AVP)

La AVP, tradicionalmente conocida por su rol en el equilibrio hídrico, recientemente ha cobrado importancia por sus implicaciones en el comportamiento social, el apego y la formación de vínculos de pareja.

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