La placenta previa es un problema que afecta a un pequeño porcentaje de mujeres embarazadas. Provoca que el crecimiento y la posición de la placenta, que es el órgano encargado de nutrir al feto y eliminar los desechos, sean anormales. Sigue leyendo para obtener más información sobre esta afección y las formas de tratarla.
Representación gráfica de la placenta previa.
¿Qué es la Placenta Previa?
La placenta previa consiste en la inserción de la placenta en el segmento inferior del útero, pudiendo ocluir el orificio cervical interno. En la mayoría de los embarazos, la placenta se adhiere a la parte lateral o superior del útero. Si tienes placenta previa, la placenta se encuentra en la parte baja del útero y cubre el cuello uterino. Esto puede causar sangrado intenso en el momento del parto o incluso durante el embarazo.
Muchas mujeres a las que se les diagnostica placenta previa al principio del embarazo descubren que desaparece por sí sola. Esto es especialmente común en el caso de la placenta previa marginal, donde la placenta cubre parcialmente el cuello uterino. En el caso de la placenta previa completa, donde la placenta cubre completamente el cuello uterino, es poco probable que se resuelva antes del nacimiento.
La placenta previa es una forma anómala de colocación de la placenta. Se habla de placenta previa cuando esta se posiciona cubriendo parcial o completamente el orificio cervical interno o cuello del útero. Entendemos por placenta previa el hecho de que la placenta esté insertada en la parte baja del útero, lejos de su lugar habitual, que es el fondo del útero. Esta anomalía de la inserción placentaria se presenta entre un 0,4-0,5% de los embarazos.
Se debe sospechar placenta previa en cualquier mujer que presente sangrado vaginal más allá de las 20 semanas. La placenta previa es una complicación que afecta a 1 de cada 200 embarazadas. La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones.
Existen diferentes tipos de placenta previa:
- Placenta previa total.
- Placenta previa parcial.
- Placenta previa marginal.
Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.
Tipos de placenta previa.
También podemos diferenciar los casos más leves de los más severos, y sus implicaciones clínicas:
- Placenta de inserción baja: es aquella placenta localizada en el segmento uterino inferior pero que no llega a alcanzar el orificio cervical interno.
- Placenta previa marginal: la que llega al borde del orificio cervical interno, pero no lo sobrepasa.
- Placenta previa u oclusiva total: se localiza centralmente y ocluye por completo el cérvix uterino.
Podemos clasificar la placenta previa de la siguiente manera:
- Tipo I. Placenta baja.
- Tipo II. Placenta marginal.
- Tipo III. Placenta oclusiva parcial.
- Tipo IV. Placenta oclusiva total.
Causas y Factores de Riesgo
La causa específica de la placenta previa es desconocida. Se desconocen las causas concretas por las que aparece la placenta previa, pero la principal hipótesis la relaciona con una vascularización alterada de la capa interna del útero (endometrio), estando asociados una serie de factores de riesgo que podrían aumentar las posibilidades de padecerla. La causa de la placenta previa se desconoce.
Sin embargo, algunos factores de riesgo pueden ser los siguientes:
- Has tenido un bebé.
- Te has sometido a una cirugía u otro procedimiento que deje cicatrices en el útero, como una cesárea o la extirpación de un fibroma.
- Has tenido placenta previa anterior o posterior antes.
- Estás embarazada de mellizos, trillizos o más bebés.
- Tienes más de 35 años.
- Fumas.
- Embarazo múltiple.
- Cicatriz uterina anterior.
- Multiparidad.
- Mujeres fumadoras.
- Edad avanzada.
- Causas uterinas.
- Causas placentarias.
Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización. El riesgo de presentarla se incrementa con la edad materna avanzada, multiparidad (haber tenidos más hijos), cirugías uterinas previas, técnicas de reproducción asistida, abortos previos y con el consumo de tabaco.
La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.
Síntomas de la Placenta Previa
El síntoma principal de la placenta previa es el sangrado vaginal indoloro en la segunda mitad del embarazo (segundo y tercer trimestre). Suele ser indoloro y la sangre que se pierde roja y abundante (a veces acompañada de coágulos). El sangrado puede ser intenso y es grave. Puede detenerse por sí solo, pero puede empezar de nuevo días o semanas después.
Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas. Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.
Si presenta algún síntoma, será fundamentalmente el sangrado vaginal (también llamado metrorragia), que puede ocurrir en cualquier momento de la gestación, aunque es más frecuente que se presente en el tercer trimestre.
Es importante que el médico os supervise tanto a ti como al bebé para reducir posibles complicaciones. Los riesgos de tener placenta previa incluyen:
- Sangrado intenso. Puede ocurrir durante el parto o más adelante.
- Parto prematuro. El sangrado puede ser motivo para someterte a una cesárea de emergencia aunque no hayas llegado a término.
Además, a partir de la semana 24 de gestación, un sangrado vaginal de color rojo brillante e indoloro puede indicar que existe placenta previa. Es el síntoma principal de esta anomalía, pero no sucede en todos los casos.
Consulta al médico si sangras a partir de este momento o experimentas contracciones y síntomas de parto prematuro. Acude a urgencias si el sangrado es intenso.
Diagnóstico de la Placenta Previa
Si tienes placenta previa, lo averiguarás durante los controles prenatales habituales o la ecografía del segundo trimestre. Para estar segura u obtener un diagnóstico más completo, el médico puede realizar una ecografía transvaginal con un dispositivo similar a una varita, que se introduce en la vagina.
Si sospecha o nota algún síntoma de placenta previa, puede realizar ecografías convencionales o 3D adicionales para determinar la ubicación precisa de la placenta y evaluar si se resolverá por sí sola en el transcurso del embarazo. Sin embargo, si experimentas sangrado intenso durante el embarazo, acude a urgencias.
Por lo tanto el diagnóstico de la placenta previa se realiza mediante una ecografía en la que se observa que la posición de la placenta no es la adecuada. El diagnóstico de placenta previa se realiza fundamentalmente a través de la ecografía. Generalmente se detecta en la ecografía del segundo trimestre, y es un diagnóstico relativamente frecuente en este momento (hasta en un 5% de todos los embarazos), aunque la mayoría no será placenta previa al término de la gestación.
El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias. Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.
Tratamiento y Manejo de la Placenta Previa
La placenta previa es una afección rara. Si la padeces, la gravedad también depende de factores como tu salud y la del bebé, las semanas de embarazo de las que estás, la posición de la placenta y la medida en que cubre el cuello uterino. El médico controlará si la placenta previa desaparece por sí sola. De no ser así, intentará que llegues a término en la medida de lo posible.
Si el embarazo está avanzado y sigues teniendo placenta previa, es posible que se requiera una cesárea. En caso de estar en una posición baja, pero sin cubrir el cuello uterino, es posible que puedas tener un parto vaginal. No obstante, háblalo con el médico.
Sea como sea, debes cuidarte, descansar y evitar cualquier actividad que pueda desencadenar un sangrado, como el deporte intenso.
En este sentido, si el sangrado es leve y la placenta está situada más baja de lo normal pero no obstruye el cuello del útero, el ginecólogo puede retrasar la cesárea y proponer una conducta expectante con reposo absoluto, un seguimiento intensivo y tratamiento para evitar un parto muy prematuro. Si, por el contrario, existen factores de riesgo de complicaciones para la madre y el feto, como sangrado abundante o la placenta obstruye totalmente el cuello del útero, puede ser necesario ingresar a la mujer embarazada para controlar el proceso y realizar una cesárea de urgencia.
Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre. La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas. Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.
Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto. Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.
Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea.
En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación. En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.
En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.
Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.
Complicaciones de la Placenta Previa
La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.
La principal complicación de la placenta previa durante el embarazo es la presencia de sangrado intenso antes o durante el parto. Además, si fuera necesario practicar una cesárea de forma urgente, el bebé podría nacer prematuro y tal vez algunos de sus órganos mayores no se habrían terminado de desarrollar.
Otra complicación muy temida de la placenta previa es que esta se convierta en una placenta accreta. Esto sucede cuando la placenta se implanta profundamente en el útero y no termina de despegar en el momento del parto, lo cual puede provocar una hemorragia masiva y tener que recurrir a una histerectomía (extirpación del útero).
Otras posibles complicaciones son:
- Implantación anormal de la placenta o placenta accreta.
- Mala presentación del feto.
- Retraso del crecimiento intrauterino.
- Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
- Anomalías congénitas.
El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.
Preguntas Frecuentes
¿Cuáles son los signos y síntomas de la placenta previa en el embarazo?
La placenta previa es un problema del embarazo, en el cual ésta crece en la parte más baja del cuello uterino, obstruyendo total o parcialmente su apertura. El principal síntoma es el sangrado vaginal indoloro y repentino. Se detecta mediante ecografía que muestra la posición de la placenta. Es conveniente tener un control ecográfico exhaustivo en estos casos con el fin de evitar el parto prematuro. En ocasiones puede ser necesario la realización de una cesárea de urgencia.
¿Es posible tener un parto vaginal con placenta previa?
Esto depende del tipo de placenta previa. Si se trata de una placenta previa completa o parcial, pero con un borde inferior a 2 cm del orificio de salida del cérvix, la vía de parto será necesariamente una cesárea. Por otra parte, si el borde de la placenta se encuentra a más de 2 cm del orificio de salida del cérvix, es posible tener un parto vaginal. En este caso, si surge alguna complicación durante el parto o hay un sangrado, se procederá a practicar una cesárea inmediatamente.
¿Qué cuidados hay que tener durante el embarazo con placenta previa?
Cuando se diagnostica un caso de placenta previa, el especialista suele recomendar evitar los esfueroz físicos y llevar una vida tranquila. Además, suele ser aconsejable evitar las relaciones sexuales si hay placenta previa. Tampoco estarían indicados los viajes largos en caso de embarazo con placenta previa, especialmente al extranjero, así como estresarse o agotarse mucho. Si la embarazada presentara un sangrado vaginal, deberá acudir a urgencias tan rápido como sea posible.
¿Qué es la placenta previa oclusiva?
La placenta previa oclusiva es un tipo de placenta previa y que también se conoce como placenta previa total. Esto significa que la placenta crece en la parta más inferior del útero, por lo que la abertura del cuello uterino queda cubierta por completo. Por este motivo, las mujeres con placenta previa oclusiva no podrán dar a luz por parto vaginal, sino que tendrán que recurrir a una cesárea.
