La Fascinante Vida de Paco Racionero y su Legado Familiar

En la época en que la doctora Ochoa salía en televisión hablando de temas tabú, en su pueblo, Trives, provincia de Ourense, se hacían cruces ante la sorpresa y el escándalo. Don Paco y doña Pía, los abuelos de Elenita, eran gente de pedigrí vinculada al Opus Dei, dueños de la tienda de ultramarinos más importante del pueblo y de la mejor casa.

Hoy, desde luego, también se asombrarían si vieran a su nieta viajando por el mundo en jet privado, conduciendo por el jardín de su fabulosa casa de la Costa Azul su Porsche o por el chalet de Suiza el Range Rover edición especial, siendo recibida por la reina de Inglaterra, quien la llama lady Foster, y considerada la segunda española en proyección social en el mundo después de la baronesa Tyssen.

Ya hay, incluso, alguna editorial buscando autor para que escriba su biografía, no en vano está casada con uno de los mejores arquitectos del siglo, Norman Foster, ennoblecido por Su Graciosa Majestad con el título de sir. Un largo camino para la niña Elenita Fernández Ferreiro López de Ochoa, que nació en 1958 en Ourense bajo la única distinción de ser la hija de Pepiño, el dueño de la farmacia Román.

Estudió Medicina, y fue dando clases en la Complutense de Madrid donde la encontró el productor y realizador Chicho Ibáñez Serrador y la convirtió en una estrella de la tele, la doctora del sexo. En su pueblo, entre que se había operado la nariz y cambiado el apellido, tardaron en reconocerla. «Todos decíamos: "esto matará a Pepiño". El pobre, al principio, no se atrevía ni a salir a la calle», explica un amigo de la familia.

Hablemos de sexo y Luz roja se convirtieron en dos hitos de la televisión con audiencias millonarias. En 1991 protagonizó boda por todo lo alto con el escritor Luis Racionero, hoy director de la Biblioteca Nacional. «Estuvimos casados tres años. ¿Que cómo la definiría? Mucha energía, mucha voluntad y una mujer muy trabajadora». El último año de matrimonio lo pasaron en Cambridge, donde Racionero daba un curso de Urbanismo y Elena de Psiquiatría.

«A finales de invierno decidimos separarnos y yo ya me volví solo a Madrid. Ella se quedó algo más, y supongo que fue entonces cuando conoció a Foster». En esa época Elena escribía en el diario El País y por la redacción del rotativo se cuenta que se tenía como hobby rastrear la paternidad de los artículos en diversas revistas médicas inglesas.


Norman Foster, el renombrado arquitecto y esposo de Elena Ochoa.

El Encuentro con Norman Foster

Norman Foster era el viudo de oro de Inglaterra. Su mujer Wendy, colaboradora suya en su estudio, había muerto en 1989 dejándole cuatro hijos, dos de ellos adoptados, y el pequeño de tan sólo un año de edad. Era ya multimillonario y como arquitecto, a sus 60 años, estaba en la cumbre de su carrera. Además era un deportista nato, divertido, vital y muy atractivo.

Los tabloides ingleses empezaron a difundir rumores de que se había enamorado de una catedrática española, «una científica misteriosa y muy sexy», según la definían los medios británicos entonces. Y es que en Inglaterra nadie conocía ni conoce el pasado televisivo de Elena Ochoa, una etapa de su vida que ella considera totalmente superada.

El noviazgo lo llevaron con discreción y sus íntimos amigos se enteraron la víspera de su boda. Desde entonces han tenido dos hijos. Viven en un fabuloso penthouse de 600 metros cuadrados encima del estudio y al lado del río Támesis: un edificio de valor incalculable.

Elena, en los últimos años, ha incorporado el sombrero a su vestuario habitual, va a las carreras de Ascot, a la ópera, toma ocasionalmente el té en el palacio de Buckingham y es simpática y amable, una imagen totalmente distinta de la que ofrece cuando viene de visita a España.

Y, hace un par de semanas, acudió a Barcelona a la apertura del año Gaudí se cumplen ahora 150 años del nacimiento del arquitecto catalán y estuvo tan adusta y distante que, según fuentes cercanas a la familia, su marido, uno de los más destacados artífices del diseño de la Barcelona olímpica, tuvo que llamarle la atención.

En la inauguración de la Ciudad de las Artes en Valencia pasó lo mismo, y también en Valladolid, donde se la retrató con gesto agrio en una visita recreativa que el matrimonio realizó a las bodegas de marqués de Alella. La marquesa es la mejor amiga de lady Foster.

El Legado en Trives

Entretanto en Trives, su localidad natal, el maestro de escuela Julio Vázquez está intentado convencer al Ayuntamiento de que le dedique una plaza a la doctora, «a ver si se trae aquí a Foster y nos echa una mano con los jardines, que están algo abandonados».

Elena Ochoa Foster: "En la vida hay que ir a por todas" | El Faro

Manuel Fernández-Montesinos Lustau: Más Allá del Cuñado de Lorca

Manuel Fernández-Montesinos Lustau ha pasado a la Historia de Granada por dos circunstancias: ser el alcalde más breve de la ciudad, ya que fue depuesto a los diez días de su elección y asesinado por los golpistas el 16 de agosto de 1936; y por ser el cuñado de Federico García Lorca. Aunque fue mucho más: médico de prestigio, diputado provincial y miembro de la tertulia El Rinconcillo, la avanzadilla de jóvenes “modelnos” de Granada en el primer tercio del siglo XX.

Lo menos conocido y sorprendente de su personalidad es que también cultivó la poesía popular, hasta el extremo de cartearse en verso con los compañeros estudiantes de Medicina. Nos ha quedado como muestra una jocosa misiva enviada a un amigo en la que le cuenta, en poesía, las últimas noticias acaecidas en la ciudad. Este romance supone una contracrónica de cómo discurrió la inauguración del monumento a Ganivet.

El Homenaje a Ángel Ganivet: Una Perspectiva Juvenil

Las crónicas publicadas correspondientes a los años 1920-21 referidas al homenaje a Ángel Ganivet se pueden resumir de la siguiente manera: el joven Antonio Gallego Burín se convirtió en un impulsor de hacer un magno homenaje a Ángel Ganivet tras haber sido localizado su cadáver en el cementerio de Riga.

Paralelamente, el político y exministro Natalio Rivas Santiago empezó a mover los hilos para que Granada erigiese un monumento a su insigne escritor. Encargó por su cuenta el inicio de un grupo escultórico al joven artista Juan Cristóbal (1897-1961). La prensa y la sociedad granadina empezaron a dividirse sobre el lugar donde debía ser instalado el monumento a Ganivet, si en el Paseo de los Tristes o en el Camino del Avellano, andurriales asiduos de la tertulia literaria de la Cofradía del Avellano.

La polémica arreció cuando empezó a conocerse el diseño del monumento/homenaje y, sobre todo, que iba a ser colocado en mitad del camino de subida a la Alhambra, frente a la fuente del Tomate. La mayoría de jóvenes de la “modelnidad” rechazaron el monumento, en tanto que los antiguos se mostraron de acuerdo con la decisión tomada unilateralmente por Natalio Rivas, del alcalde de las 5 Gs (Germán Gil de Gibaja), del Centro Artístico (Antonio Ortega Molina) y del director de la Alhambra (Modesto Cendoya).

Las noticias de prensa refieren que fue un acto muy serio, de traje oscuro, frac y corbata, capitalizado por las autoridades y con asistencia de la familia de Ganivet. En el acto fueron pronunciados varios discursos oficiales; Antonio Gallego Burín leyó infinidad de telegramas y cartas de adhesión que llegaron de toda España; Gallego Burín dio lectura a un emotivo panegírico poético que había compuesto el jurista madrileño Adolfo Bonilla Sanmartín. A continuación, tocó el turno al literato Nicolás María López, que en su juventud fue amigo de Ángel Ganivet.

El joven Manuel Fernández-Montesinos Lustau no vio ni vivió de la misma manera la colocación del monumento a Ganivet. Tenía 22 años, acababa de licenciarse en Medicina. Formaba parte del grupo de jóvenes con inquietudes culturales arremolinados en torno a la tertulia del Rinconcillo. Era de familia pudiente, su padre ostentaba un alto cargo de la Banca Rodríguez-Acosta.

Aquel 3 de octubre de 1921, la inauguración del monumento a Ganivet no fue el asunto de actualidad más importante ocurrido en Granada. Lo ensombrecieron la procesión de la Virgen de las Angustias y la entrega del Generalife y la Casa de los Tiros al patrimonio nacional.

La Carta en Verso: Una Crónica Intrahistórica

El joven Manuel Fernández-Montesinos, los rinconcillistas y amigos de estudios solían intercambiar cartas en formato verso. Pervivía tal costumbre decimonónica, todavía algo arraigada por aquellos años. Como si fuesen troveros de la pluma.

El recién licenciado en Medicina había comenzado por aquellos días de octubre de 1921 a cumplir su mili en los servicios sanitarios del Hospital Militar. Decidió escribir a un compañero de Medicina que se había trasladado a Málaga; se llamaba Rodrigo Rodríguez Marchena.

La carta que le escribió Fernández-Montesinos es todo un romance bufo de lo que estaba aconteciendo en Granada por aquellos días, especialmente centrada en la parafernalia montada para la inauguración del monumento a Ganivet. Está versificado desde el saludo hasta la despedida y la data. Es una crónica llena de gracia, humor y dobles intenciones.

La carta está estructurada al estilo de los romances de cuerda o ciego del siglo XIX, propio de los juglares que los iban recitando por los pueblos y vendiéndolos impresos. El original de este texto fue guardado por Rodrigo Rodríguez Marchena entre uno de sus libros de consulta; lo dejó en la biblioteca de la casa familiar del Salón; cuando fue demolida la vivienda ya en poder de su hermana Clotilde Rodríguez Marchena, en los años ochenta del siglo pasado, los papeles del médico fueron a parar al archivo de Miguel Giménez Yanguas. Ahí está guardado el curioso documento.

Esta carta/romance/crónica contiene curiosos detalles de la intrahistoria granadina de 1921, es un retrato de la sicología popular del momento. Contiene aspectos que no suelen trascender a los libros ni los recogían los escasos medios de comunicación. A lo sumo, han saltado a la literatura. El texto se presta a infinidad de comentarios y aclaraciones; unos conseguimos resolverlos, otros es imposible al no vivir ya el remitente ni el destinatario.


La Plaza Nueva en Granada, un lugar emblemático mencionado en la carta.

Detalles y Curiosidades de la Época

La carta revela varios detalles interesantes sobre la vida y las costumbres de la época:

  • Pirrilo: Era el apodo de otro licenciado en Medicina, amigo de ambos, que también estaba haciendo la mili en Sanidad.
  • Avenida de Cervantes: Era el domicilio veraniego de la familia Fernández-Montesinos, un chalecillo en la acera de enfrente al carmen de Quinta Alegre, del banquero Manuel Rodríguez-Acosta. Los terrenos eran del dueño de la Banca.
  • Plaza del Tomate: Esta zona y su fuente fue hecha por un albañil al que apodaban El Tomate, de ahí su nombre popular.

Además, la carta critica la poca importancia que se le daba a la fiesta de la Patrona y la sequía que ya se detectaba en la ciudad. También menciona a varios personajes de la época, como Juan Cristóbal, el escultor encargado del monumento a Ganivet, y a los miembros de la corporación municipal.

Fernández-Montesinos caricaturizó a los encopetados concejales que formaban la comitiva municipal y de autoridades subiendo por Reyes Católicos, Plaza Nueva y Cuesta de Gomérez en una procesión cívica al estilo del Corpus. Menciona a varios de los 39 concejales de aquella Corporación, la mayoría pertenecientes al partido maurista: Leyva (Juan Leyva Narváez, segundo teniente de alcalde); Ortega Molina (fue concejal y profesor, presidente dela Cooperativa de Funcionarios); Gil de Gibaja (Germán García Gil de Gibaja, de Gabia, el hombre de 5 Gs, alcalde en el momento); Gabriel Morcillo.

También se refiere a la tertulia Oración de la Tarde, una cofradía de tertulianos que solían juntarse de juerga en el Cortijo del Marqués de Santa Fe y en el Último Ventorrillo. A ellos se sumaba Natalio Rivas cada vez que viajaba a Granada.

PersonajeDescripción
Juan CristóbalEscultor encargado del monumento a Ganivet.
Natalio RivasPolítico granadino con vitola de cacique.
Germán Gil de GibajaAlcalde de Granada en el momento.

El Final de un Legado

El romance de Fernández-Montesinos acaba con un toque autobiográfico. Por él conocemos que estuvo unos meses perdiendo el tiempo en instrucción militar. A los 24 años, Manuel ya ejercía la medicina de manera privada, con pacientes a los que visitaba por toda la ciudad. En 1929 contrajo matrimonio con Concha García Lorca. Se inició en política en 1930.

Fue concejal de Beneficencia a partir de 1931, ya dentro de las listas del Partido Socialista. En junio de 1936 era primer teniente de alcalde, pero la sorpresiva dimisión del alcalde Luis Fajardo le hizo alcalde accidental. El 10 de julio fue elegido alcalde titular y la tarde del 20 fue detenido en el Ayuntamiento por el piquete militar de coronel Miguel del Cam...

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