Oración para la Fertilidad Masculina: Un Anhelo Universal

A lo largo de la historia, la capacidad de procrear ha sido una preocupación constante y un deseo poderoso en todas las sociedades. La psicología, la antropología y la sociología intentan explicar las causas y razones de este anhelo universal. Esto ha llevado a considerar la maternidad como algo normal y deseable, mientras que la esterilidad, desde tiempos remotos, ha sido vista como una maldición divina y un estado indeseable.

Pruebas de Fertilidad en el Pasado

Antiguamente, se utilizaban diversos métodos para determinar la fertilidad. En Cáceres, se recomendaba untar saliva en los párpados; si se secaban pronto, la mujer era considerada fecunda. En la Sierra de Gata, se comprobaba si un hueso de liebre ardía sin estallar al ser puesto en el fuego. En el valle medio del río Alagón, la mujer orinaba en un recipiente y lo dejaba al sereno; si el orín cambiaba de color, se consideraba estéril.

El cabello también era objeto de análisis. El marido o novio tomaba algunos cabellos caídos de su pareja y los metía en agua durante los días de luna llena. Si no se convertían en culebrillas, se consideraba que la mujer era fértil. En Miajadas, Alía, Oliva de Plasencia y Pozuelo de Zarzón, los jóvenes llevaban un cabello de su prometida cosido al sombrero; si cambiaba de color, se anunciaba su fertilidad. Sin embargo, las mujeres no siempre confiaban en estos métodos.

Formas Propiciatorias para la Fecundidad

Tras realizar las pruebas, las mujeres comenzaban un "calvario" de formas propiciatorias para hacer posible el deseo de engendrar. La infecunda no se resignaba a aceptar su condición y creía que, mediante un determinado comportamiento, su destino podía cambiar.

El Poder del Agua

El agua de ciertos lugares de Extremadura era muy valorada por su poder fecundante. Las mujeres acudían a los baños romanos de Alange o a las termas de Baños de Montemayor, los baños de San Gregorio, de Brozas y a los de Pedroso de Acín. Las ribereñas del Tajo tomaban baños impares en el río a la luz de la luna, mientras que otras se bañaban en el río de Los Ángeles antes del amanecer, realizando nueve inmersiones.

Mezclar agua de tres fuentes o ríos y beberla en ayunas era otro remedio popular, siempre que el agua fuera recogida por la propia mujer entre la puesta y la salida del sol. Se lavaban los pechos y el vientre con agua en la que se había remojado una medalla de la Milagrosa, o en la que se había vertido cera derretida de una vela de tinieblas, o con agua en la que se había lavado una imagen de San Ramón Nonato.

Rituales y Creencias

El agua bendita del Sábado de Gloria tenía un efecto fecundizador especial. La mujer rociaba su cama con un manojo de hierbabuena, diciendo: "Por el Crihto resucitau, que creza en mi vientri comu en el de la Virgen María creció en Belén." En algunos pueblos, las mujeres pedían pañales sucios de un bebé a una madre con varios hijos y los remojaban con su ropa interior, esperando alcanzar la fecundidad.

El rocío de la noche de San Juan también era muy valorado. Las jóvenes se revolcaban en los prados para propiciar la maternidad.

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El Viento y la Fecundación

Al viento también se le atribuía un papel importante en el proceso fecundativo. En la antigua Lusitania, se creía que el viento Céfiro fecundaba a las yeguas de la región. Se hacían labrar a los contrayentes el día después de la boda, atados a un yugo, como acto propiciatorio de la fecundidad.

Plantas y Piedras

Las plantas eran un elemento muy considerado. Se recomendaba evitar tocar cebollas albarranas o arrancar "pies de burros", pero se aconsejaba una alimentación rica en cebolla y un jarabe de vino blanco, manteca de cerdo y canela. Se creía que ciertas hierbas podían mostrar su poder fecundativo por simple contacto con los pies de la mujer.

Las piedras también tenían un valor importante. La piedra bamboleante cerca de Montánchez era un recurso para alcanzar la fertilidad. En Casar de Cáceres, los matrimonios sin hijos yacían en la lancha de Valdejuán y movían una piedra oscilante para alcanzar la fecundidad.

Emplastos y Alimentos

Se utilizaban emplastos con sustancias variadas como aceite, manteca, yema de huevo, cera, cerumen, excrementos, vino y agua bendita, colocados en la pelvis, el vientre y los riñones. Un remedio popular era dar a la mujer nueve granos de excremento de liebre virgen. En Coria y Plasencia, se raspaban los eslabones de las cadenas de la catedral y se administraban los polvos a la mujer con vino blanco.

Otros Rituales

Saltar la hoguera de San Juan hacía fecundas a las mujeres. Ponerse la camisa sudada de una embarazada o los pantalones de un hombre también se creía que facilitaba la concepción. Frotar la mano del almirez cada noche o levantar el mazo de machar el incienso en la catedral de Plasencia eran otros rituales.

En Portezuelo, las mujeres llevaban amuletos fecundadores para alcanzar la maternidad.

Parvati: La Diosa de la Fertilidad

En la mitología hindú, Parvati es la Diosa Madre y consorte de Shiva. Representa la energía divina entre lo masculino y lo femenino, y es clave en el poder de Shiva. Como diosa de la fertilidad, el amor, la belleza y la armonía, Parvati es un símbolo de lo femenino y protagoniza festividades importantes en la India.

Parvati simboliza el aspecto físico del universo, en conexión con la naturaleza, mientras que Shiva representa el aspecto espiritual o metafísico. Juntos, equilibran el mundo.

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