Hijo de Caín: Significado y Trasfondo Psicológico

A lo largo de la historia, la humanidad ha lidiado con la muerte, la enfermedad y la incertidumbre. En esta lucha constante, hemos avanzado en la medicina y la calidad de vida, pero aún enfrentamos desafíos morales y éticos. La responsabilidad universal recae sobre nosotros, y siempre habrá alguien necesitado de ayuda.

En este contexto, el relato de Caín y Abel, presente en el Génesis, se vuelve particularmente esclarecedor.

7. CAÍN, ABEL Y SET - Curso de Biblia Católico

El Relato Bíblico de Caín y Abel

Cuando Eva da a luz a su primer hijo, lo llama Caín, explicando que ha "ganado" un varón con la ayuda de Dios (Génesis 4:1). Es común en la Biblia Hebrea que las madres justifiquen el nombre de sus hijos, relacionándolo con eventos o emociones.

Posteriormente, Eva tiene a Abel, cuyo nombre en hebreo es "hébel", que significa "vanidad", "soplo" o "brisa tenue". Aunque no se explica el origen de este nombre, su significado nos da información valiosa sobre la vida de Abel. La palabra hébel sugiere algo breve y pasajero, como la vida misma.

La vida de Abel es, en efecto, breve, ya que Caín lo mata, cometiendo el primer homicidio de la historia. El texto bíblico relata cómo Caín llevó una "ofrenda" al Eterno, y Abel también llevó "de los primogénitos de su rebaño". El Eterno prefirió a Abel y su ofrenda (Génesis 4:3-5).

La tradición judía interpreta que Caín era agricultor y Abel pastor, simbolizando la agresividad de la vida sedentaria frente al pacifismo de las culturas nómadas. También se interpreta que la ofrenda de Caín era vegetal, mientras que la de Abel era un cordero joven.

El texto parece indicar que ambos llevaron la misma ofrenda, ya que se utiliza la palabra hebrea "minjá" para referirse a ambas. Sin embargo, el Eterno prefirió la ofrenda de Abel. Dios le dice a Caín: "seguramente, si hicieses lo que es correcto..." (Génesis 4:7). Esto sugiere que Caín no era un hombre recto en su conducta.

Caín se acerca a Dios con pompa y adornos, pero sin reverencia en su corazón. Abel, en cambio, enfrenta cada segundo de su vida con reverencia, y el sacrificio no es especial en comparación al resto de su vida: toda su vida es un ejemplo.

En el Midrash se recoge esta cita en boca de Abel: «Mi sacrificio fue aceptado porque mis buenas acciones excedían las tuyas». Abel no es un hombre dado a los ritos pero sí un hombre recto. Caín perpetúa su comportamiento falto de ética, pero, lleno de hipocresía, se atreve a ofrecer su sacrificio a Dios.

Caín no entiende por qué la ofrenda de Abel es escogida y no la suya. Después del crimen, Dios le pregunta a Caín: "¿en dónde (está) Abel, tu hermano?". Dios sabe dónde está Abel, pero quiere darle a Caín la oportunidad de confesar y arrepentirse.

Caín responde con rebeldía: "no sé". Y pregunta: "¿(acaso) el guardián de (lit. el que guarda a) mi hermano soy?" (Génesis 4:9). Esta respuesta, debemos reconocerlo, la hemos dado muchas veces.

En el Talmud, Rabí Shimón bar Yojai trata de explicar la argumentación de Caín. Cuando Dios preguntó dónde está Abel, Caín respondió, “¿acaso soy el guardián de mi hermano? Tú eres Dios. Tú has creado al hombre. Es Tu trabajo cuidar de él, no el mío. Si creías que cuanto iba a hacer era malo, ¿por qué no lo impediste?”.

Dios responde: "¿Qué hiciste? ¡Escucha! Las sangres de tu hermano lloran hacia Mí desde la tierra” (Génesis 4:10). El clamor de la sangre derramada. ¿Qué has hecho? ¿Acaso no te das cuenta?

Habiendo garantizado al ser humano libertad moral, Dios, en cierto sentido, comparte con aquél la culpabilidad de cada transgresión. Aunque el hombre puede preguntarse dónde está Dios cuando la calamidad ocurre, la ausencia (o la negativa) de lo Divino para contestar nuestras peticiones o la sensación de soledad que genera en nosotros no reducen la responsabilidad del ser humano por sus malas obras ni por sus omisiones.

La libertad encuentra así un contrapeso en la responsabilidad. Cuando nos equivocamos, debemos afrontar las consecuencias de nuestros actos. No por esconder el cuerpo de Abel pudo Caín escapar a su castigo. A la pregunta "¿acaso soy el guardián de mi hermano?" cada uno de nosotros debería responder: "Sí, lo soy".

Cuando nuestro vecino muere de hambre, hemos fallado. Cuando en la mayor parte del mundo los niños recién nacidos no disponen de vacunas que tienen un coste ridículo en el mundo desarrollado, hemos fallado. Cuando una mínima disposición personal al día podría dar comida a un desamparado pero aun así no damos el paso para ayudar al prójimo, hemos fallado. Cuando «permanecemos impasibles ante la sangre del prójimo» (citando a Lev. 19), hemos fallado.

En resumen, el relato de Caín y Abel nos invita a reflexionar sobre la fraternidad, la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos.

Caín huyendo tras el asesinato de Abel, por Ferdinand Cormon

Interpretaciones y Adaptaciones Literarias

La historia de Caín ha inspirado numerosas obras literarias, que exploran la complejidad del personaje y su atroz parricidio. Algunas de las más conocidas son "Al Este del Edén" de John Steinbeck, "Demian" de Hermann Hesse y "Abel Sánchez, una historia de pasión" de Miguel de Unamuno.

La Envidia en la Divina Comedia

A pesar de que Yaveh perdonó la vida de Caín, y aunque haya razones para pensar que se arrepintiera de su delito, no tiene cabida en el Purgatorio de la "Divina Comedia" de Dante Alighieri. Al entrar en el círculo donde purgan los envidiosos, Dante escucha voces, entre otras la de Orestes, pero se trata de una referencia a la historia de su amistad con Péleas. Ambos son ejemplo de amistad inquebrantable, homoerótica según algunos intérpretes modernos, reflejada en múltiples circunstancias, como cuando los dos ofrecieron su vida por el otro cuando las autoridades de Táuride reclamaban un sacrificio humano.

En este círculo del Purgatorio, los envidiosos son castigados a vestir túnicas grises, que se difuminan con la roca, a la que se arriman sentados en el suelo, y tienen sus ojos sellados con hilo, para no poder ver más que su interior. Como explica Nelson W. Aldrich, “Invidia, envidia en latín, se traduce como `falta de visión', y Dante hacía que los envidiosos caminaran pesadamente bajo capas de plomo y con los ojos cosidos y cerrados con alambre de plomo. Lo que no ven es lo que tienen en sí mismos, dado por Dios y nutrido humanamente.”

En ese círculo, Dante también encuentra a una tal Sapia, supuestamente Pia de la familia sienesa de los Tolomei, a la que su marido despeñó de su castillo para casarse con otra. No sabemos las culpas por las que Pía no ha ascendido al cielo, pero imaginamos que su marido se encontrará en alguna esfera del Infierno.

A diferencia de otros vicios, como la ira, la soberbia o la avaricia, donde los individuos incluso disfrutan exhibiéndolos, ser envidioso da vergüenza, porque proyecta una insatisfacción con uno mismo, el descontento con lo que se ha recibido comparativamente, o la amargura por lo que tienen los demás.

Aristóteles explica en su "Retórica" que la envidia es la “tristeza por el bien ajeno”, y añade que es causada “porque otros tienen lo que nosotros (pensamos) que deberíamos tener”. Immanuel Kant añade a esta definición el componente de insatisfacción interior que yace en el origen etimológico del término: “[Es] una renuencia a ver nuestro propio bienestar eclipsado por el de los demás porque el estándar que utilizamos para ver qué tan bien estamos no es el valor intrínseco de nuestro propio bienestar sino cómo se compara con el de los demás”.

En el entorno profesional, se dan muchas situaciones que potencialmente enardecen reacciones envidiosas, algunas veces justificadas por otros colegas y en ocasiones más fruto de la zozobra mental. Un elenco no exhaustivo en el ámbito individual incluye nombramientos, promociones, comparaciones de sueldos, elogio de los jefes a compañeros, diferencias entre despachos, o protocolos de situación en reuniones y tratamientos.

Una expresión que sintetiza bien el síndrome que experimentan los envidiosos es “la hierba es más verde al otro lado de la valla”, o en el célebre dicho español, “la vaca del vecino da más leche”, significando que siempre nos va a parecer mejor lo que tiene otra persona próxima, sea un vecino, un colega, alguien cercano, o incluso un amigo o familiar.

Un conocido proverbio español dice que “las comparaciones son odiosas”, refiriéndose por un lado a la falacia de comparar cosas muy disímiles, como a la opinión diversa que varios pueden tener acerca de un mismo fenómeno.

Aunque la envidia se puede producir en cualquier fase vital -no solo la infancia o la adolescencia, sino también en la madurez- y germina en cualquier geografía o cultura, se puede cultivar el aprecio personal desde el comienzo, y respetar y admirar la diversidad de todo tipo.

Hijo de Caín: Un Thriller Psicológico

Hijo de Caín es un thriller psicológico sorprendente e inteligente que obtuvo el Premio a la Mejor Ópera Prima de La Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía (ASECAN) en el Festival de Málaga. Se trata del primer largometraje de Jesús Monllaó Plaza, basado en el best-seller "Querido Caín" de Ignacio García-Valiño.

La película narra la historia de Nico (David Solans), un adolescente con una obsesión particular: el ajedrez. Sus padres, Carlos (José Coronado) y Coral (María Molins), preocupados por su comportamiento, contratan al psicólogo infantil Julio Beltrán (Julio Manrique). A través de la terapia y la afición compartida por el ajedrez, Julio se adentra en el mundo del joven y las complejas relaciones familiares.

Jesús Monllaó reconoce que el libro le impactó profundamente: "Me impactó tremendamente, lo leí en una noche de un tirón. Y a la mañana siguiente llamé a Sebas (Sebastián Neri, el productor) y le dije No busquemos más, nuestra historia está aquí, solo hay que rebuscar. Fue un impulso en el que me dije, vale la pena dejarse la piel por esto".

Un Thriller Psicológico con Dosis de Suspense

Hijo de Caín es un thriller psicológico con grandes dosis de suspense que se adentra en una familia al borde del colapso y enseña el lado oscuro de las personas.

"Me gustan las historias que no son mojigatas -asegura Jesús- y me pareció un guion potente, que no intenta proteger al espectador de sí mismo, ni de la realidad que le envuelve. Y lo muestra con una crudeza y una epicidad íntima que explota dentro de nosotros, que tiene que ver con esos botones que tenemos dentro y que incluso a nosotros nos da miedo tocar. Fue una historia que me hizo emocionarme, me hizo temblar y me cambió. Y ¿a qué podemos aspirar los cineastas si no es a cambiar la vida de la gente durante ese tiempo que dura una película?. Esa reflexión sobre mi mismo es lo que me gustaría regalar al público que vea la película".

Según Monllaó, "La película transciende el género de niño malo y va mucho más allá. La novela es un drama famililar y nosotros lo hemos convertido en un drama, pero sin olvidar la parte familiar, de una familia que sufre. Más alla de las metáforas sobre el poder que pueda haber en la película, al final hablamos de personas. No se puede comparar esta película con otras como Tenemos que hablar de Kevin por una sencilla razón, porque no la he visto".

"Me dan grima las películas de buenos y malos porque al espectador no hay que tomarle por tonto- asegura el director- hago cine para un público que quiere ser apelado. Con personajes complejos, vivos y con los que empaticemos tanto en sus aciertos como en los errores".

El ajedrez, un elemento clave en la trama, representa la complejidad de la estructura mental de los personajes: "El ajedrez es otro de los regalos que estaba en la novela, aunque he intentado no caer en ese cliché del ajedrez como una especie de nido de frikys. El ajedrez representa la complejidad de la estructura mental de los personajes. De hecho, la película es una gran partida de ajedrez donde las piezas son seres humanos".

El Casting y los Jóvenes Protagonistas

La elección de los jóvenes protagonistas fue un proceso exhaustivo: "Descubrir a los jóvenes protagonistas fue una búsqueda a lo Indiana Jones -asegura Jesús Monllaó- hicimos tres castings en Cataluña, ya que la película es bilingüe en su versión original, empezando por 500 chicos. Yo me coloqué a observar y me deje impactar, primero por los rostros, porque no sabía si el personajes de Nico era rubio o moreno. Pero cuando ví a David, la mirada que lanzaba a la cámara, esa frialdad, ese acero, ese impacto visual... me dije: "Eso es lo que quiero". Y con Abril me pasó lo mismo, mi mujer la descubrió en la cola y me dijo: "mira que cosita tan frágil y tan bonita". Y cuando habló en cámara con su voz aterciopelada pensé: "Es lo que yo quiero".

David Solans, quien debuta en el cine con esta película, comenta sobre su personaje: "Me presenté al casting tras verlo en Internet. Y aunque nunca lo había pensado creo que tengo una mirada potente, por decirlo de alguna manera. Y como dice el director raja todas las ópticas de las cámaras" (bromea).

Para David, lo más desafiante fue transmitir sin actuar explícitamente: "Lo más difícil es hacer mucho no haciendo nada -asegura David-, porque el personaje tiene muchas secuencias así, en las que está presente y no dice nada. Entonces tienes que trabajar la mirada, los gestos, como anda el personaje, como se sienta, como rmira, como toca las cosas. Y este lenguaje corporal y gestual lo estuvimos trabajando durante un mes para darlo todo en esas secuencias en las que no había nada".

Un Pequeño "Hannibal Lecter"

David describe su personaje como un "Hannibal Lecter" de joven: "El director me dijo que mi personaje era un cínico y me preguntó que cómo lo entendía. Yo le dije: "Como un "Hannibal Lecter de pequeño". Y me contestó: "Lo has clavado".

Para prepararse, David recibió clases de un maestro de ajedrez: "Nos enseño como mover las fichas, como matar... Y lo más complicado es que las partidas que jugamos en la película son reales, sacadas de campeonatos de España, del mundo. Y era más difícil porque nos teníamos que aprender las partidas de memoria".

La relación con José Coronado fue fundamental: "La relación con José Coronado ha sido estupenda -asegura David- lo compartía todo, me enseñaba, me daba consejos e incluso antes de rodar escenas de tensión me insultaba para conseguir una mirada más de odio. En la película somos padre e hijo. Nos llevamos fatal. Mientras que mi madre (María Molins) me protege constantemente sin sospechar lo que tiene en casa. Mi única relación de verdad es con Julio (Julio Manrique) al que le cuento un poco mis sentimientos a través del ajedrez".

"Lo más difícil es hacer cosas muy sutiles pero reales, como trabajar las miradas y los gestos; y que funcionen sin pasarse y llegar a cansar" afirma David.

La Visión del Psicólogo Julio

Julio Manrique interpreta a Julio, un psicólogo con carisma e ideales: "Julio quiere saber y entender; y busca porqués. Y como en la película no siempre hay un porqué, acabará aprendiendo cosas de forma un poco dolorosa. Es un buen tipo, aunque tiene la vanidad de los listos y paternalistas. Es el personaje con el que viaja el espectador".

"Nico y Julio se encuentran por el ajedrez. Y le fascinan varias cosas de este chaval inteligentísmo y brillante, que es un poco cabrón pero piensa que lo puede arreglar. Pero resulta que además de un genio del ajedrez es el hijo de la mujer de su vida, a la que conoció en París y con la que vivió un romance inolvidable. Nico tiene a su alrededor todo lo que hace que Julio se sienta bien".

"Es una relación un poco paternal, Julio sustituye al padre con el que el chaval esta enfrentado (Coronado). Es el padre que a Nico le gustaría tener. David es un chaval muy brillante, un chaval de 15 años inteligentísimo, humilde, discreto, disciplinado, muy bien organizado y con el que es muy fácil trabajar. A David la inteligencia se le escapa por todos los poros y por eso encarna tan bien al personaje".

Julio elogia al director: "Es un tipo con una fuerza arrolladora, que contagia. No se si sabéis que fue boxeador y esta lleno de fuerza física interior y exterior".

Sobre la película, comenta: "Al espectador le va a sorprender todo, como en los buenos thrillers. Y por supuesto el final. Cuando leí el guion solo hacía que pensar ¡Coño!, ¡coño! y creo que la gente pica con la historia".

Coral: Entre el Pasado y el Presente

María Molins interpreta a Coral, esposa de Carlos, madre de Nico y antiguo amor de Julio: "Mi hijo tiene graves enfrentamientos con su padre y yo intento remediar lo que está pasando. Soy de esas madres coraje que luchar por su hijo ante todo. Y, como yo soy madre, comprendo que a veces no queremos ver cosas que pasan. Además tiene un pasado que va a aparecer en la película a traves del personaje del psicólogo, con el que tuvo una relación a los 17 años, de esas que no se olvidan. Y todavía tienen cosas que resolver".

"Toda la trama es como sifuera un tablero de ajedrez. Hay un cerebro, que no puedo desvelar quién es, que está manipulando los movimientos de todos los demás personajes, hasta que finalmente matan al Rey. El secreto y el éxito de la película es que está escrita para sorprender. Tienes que buscar lo que está pasando en esa parte oscura de cada uno de los personajes. Y tiene un giro final sorprendente".

Jack Taylor: El Maestro de Ajedrez con Intuición

El veterano Jack Taylor interpreta a un psicólogo jubilado convertido en maestro de ajedrez: "Mi alumno y amigo, Julián, me pide que le ayude con un chico inadaptado, Nico. Mi intuición es que es un caso perdido y al principio me niego, pero por mi amistad con él accedo y, por supuesto, debía haber hecho caso a mi intuición. Por cierto que el joven que interpreta a Nico, David Solans, tiene mucho talento, va a ser un gran actor".

Taylor describe su personaje como alguien que conquista al público: "Todo estaba en el guion, es un papel estupendo. El guion es el mapa, esqueleto, yo solo he añadido la carne, porque si tienes un buen esqueleto es muy fácil. Este es un buen personaje. Los hay grises y mediocers pero es un gran personaje secundario".

A pesar de interpretar a un profesor de ajedrez, Taylor confiesa: "Yo no juego al ajedrez ni a las cartas, tengo muy poca paciencia. Hay pensadores y hacedores y yo soy un hacedor.

Análisis de la Trama y el Giro Final

La película presenta a Nico como un adolescente problemático que desafía a sus padres. Sin embargo, su verdadera naturaleza se revela cuando los padres encuentran a su perro muerto. Para ayudar a Nico, contratan a Julio Beltrán, un psicólogo que utiliza el ajedrez para conectar con él.

El espectador descubre que casi nada de lo que se presenta inicialmente es verdad. Este giro inesperado es uno de los mayores logros de la película, transformando una narrativa aparentemente tópica en algo mucho más complejo. La película sorprende al espectador y lo vuelve a hacer después en una segunda ocasión, pillando al respetable, ahora ya sí, completamente desprevenido.

El final de Hijo de Caín es impactante y deja al espectador reflexionando sobre la naturaleza de la maldad y la manipulación.

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