Razones para evitar visitas innecesarias después del parto

El nacimiento de un bebé es un momento especial y emocionante, pero también un período de adaptación y recuperación tanto para la madre como para el recién nacido. Tradicionalmente, este evento se celebra con la llegada de familiares y amigos deseosos de conocer al nuevo miembro de la familia. Sin embargo, es fundamental considerar las razones por las cuales limitar las visitas durante los primeros días y semanas posteriores al parto puede ser beneficioso para todos los involucrados.

La importancia de la intimidad y el descanso

Después de 10 horas de un parto que finalmente terminó en cesárea, estás exhausta y dolorida. Sí, feliz también, pero mucho más cansada que contenta. Un proceso de parto requiere muchísimo gasto de energía por parte de mamá y bebé. Tras el nacimiento y después del amamantamiento, el bebé entrará en el llamado estado de letargo, en el que dormirá varias horas (pueden estar durmiendo hasta 6-8 horas). Por otro lado el descanso tranquilo de mamá tras todo el proceso de parto, previene la depresión posparto en el puerperio.

Es el principal deseo de la mayoría de las recién estrenadas mamás: les encantaría que el día tuviera más horas para poder usar algunas de ellas para descansar. Los picos hormonales que mamá y bebé alcanzan tras el parto son inigualables e irrepetibles, la oxitocina (hormona de la vida, del amor y de la intimidad) alcanza unos picos elevadísimos que hacen que mamá y bebé se enamoren mutuamente, favoreciendo el mejor establecimiento del vínculo materno-filial entre ambos. Pero para que esto ocurra es necesario un contacto estrecho piel con piel, sin interrupciones y con mucha intimidad.

Acaba de comenzar una nueva vida al otro lado de la piel, pero también una nueva maternidad y una nueva paternidad, es un periodo de adaptación en la que las primeras horas son delicadas para ubicarnos y adquirir nuestro nuevo rol. En mi opinión, el primer día que una mujer da a luz sólo deberían venir a verle las personas con las que tenga muchísima confianza y relación. Si vas, que sea una visita muy corta. Felicita a la mamá. Jamás le digas nada inoportuno ni que le haga sentirse mal o incómoda. Si vas a decir algo: que sea para bien y positivo.

Somos mamíferas, lo que implica gestar como mamíferas, parir como mamíferas y «puerperar» como tal. ¿Crees que una leona permitiría que tocaran a sus crías tras el nacimiento? Ni siquiera podríamos acercarnos. Pues eso es exactamente lo que opina nuestro cerebro, no queremos que nadie toque a nuestras crías, ni mucho menos que las cojan. Sin embargo algo nos diferencia de esa leona, y del resto de mamíferas: hemos desarrollado una parte en nuestro cerebro llamada neocortex, lo que nos ha permitido evolucionar, ser capaces de razonar, planificar y tener un lenguaje, pero a veces, también nos lleva a desconectar de nuestros propios instintos, de nuestro cerebro más primitivo, más mamífero.

Ese neocortex nos dice que debemos respetar la deseabilidad social, los ideales sobre cómo una mujer debe recibir a las visitas de forma amable, sin mostrar incomodidad. Esa contraposición entre nuestros instintos mamíferos y lo que la sociedad nos impone nos crea sentimientos de culpa. Las visitas te exigen que seas feliz, pero tú necesitas tu tiempo.

El establecimiento de la lactancia materna

La clave del buen establecimiento de la lactancia materna y mayor producción en los próximos meses, son las primeras horas de lactancia. Necesitamos un agarre precoz del bebé al pecho (a ser posible tras el nacimiento, o en la primera hora), efectivo (con un agarre correcto) y frecuente (a demanda, que en las primeras horas de vida será casi continuamente). Para empezar, porque por mucho que todos tus familiares y amigos vengan a darte una clase magistral sobre cómo dar el pecho, su presencia no ayuda en nada a una buena implantación de la lactancia.

El recién nacido necesita un ambiente tranquilo y lo menos hostil posible para que pueda adaptarse bien a ella, por eso hay que minimizar todos los impactos que se lo impedirán: los ruidos (sin escuchar muchas voces para que se vaya acostumbrando a la de los padres), sin mezcla de diferentes olores (es importante que reconozca el olor materno, sin confusiones), sin muchas oscilaciones de temperatura, etc... Todo ello favorecerá la subida de la leche y que el niño finalmente se agarre al pecho.

Si la mamá va a darle el pecho al bebé, discúlpate y vete. Decide si vas a dar el pecho delante de las visitas o te retirarás a otra habitación. Si cuando te vas a otro sitio no quieres que nadie venga contigo, es sencillo: levántate en silencio, coge tu criatura, ve a la habitación elegida y cierra la puerta. Decide si cuando cambias el pañal vas a aceptar «público» para el cambio. Decide esto mismo para el momento del baño. Si preferís estar sólo los papás para estas cosas, os recomiendo lo mismo que he comentado antes: levántate en silencio, vete al baño o habitación con la criatura y cierra la puerta tras de ti. A quien intenta saltarse alguna, no le dejes. Dile amablemente que habéis decidido hacerlo de otra manera. De verdad, papá, defiende tus normas.

Normal, estamos en enero y en esta época del año casi todo el mundo ha pillado algo. Las visitas se pelean por acunar y besar al pequeño, que rompe a llorar. "Este niño tiene hambre, dale el pecho", te recomiendan. Te dispones muy diligentemente a hacerlo, pero justo cuando te sacas la teta aparece tu jefe, que a juzgar por el olor que desprende acaba de apagar un cigarro. Te quedas como absorta, lo que se dice con cara de vaca que ve pasar el tren. Aprovechando que estás como ida, tu suegra decide arrebatarte al peque de los brazos y cambiarle el pañal. Te hacia ilusión hacerlo a ti, pero te callas para que no te llamen rara.

Cuidados de la madre después del parto | Clínica Alemana

La salud del recién nacido y la importancia de la higiene

Pero por otra parte está en juego la salud del neonato. Los pediatras están hartos de advertirlo: la transmisión de enfermedades que se consideran banales en una persona adulta puede ser de importancia vital en un recién nacido. Esto es debido a la ausencia de un sistema inmune, que se va adquiriendo durante el primer año de vida (no se pone la primera vacuna hasta los dos meses de vida). El riesgo está siempre, pero especialmente en esta época del año, ya que estamos en plena epidemia de bronquiolitis y de gripe, ambos virus altamente contagiosos.

A ver, es cierto que nadie lo hace con mala intención, pero llevar a niños pequeños con mocos y tos a conocer al primito nuevo o no lavarse las manos antes de cogerle en brazos es un reflejo de la poca educación sanitaria que tiene la población en general. Que no haya fiebre no significa que no haya peligro de contagio y que las manos no estén aparentemente sucias no significa que estén limpias. Por otra parte, existen estudios que demuestran que el humo de tabaco impregnado en la ropa, cojines, alfombras o cortinas es altamente perjudicial para el recién nacido, ya que queda ahí retenido en el textil y luego se libera al contacto con la piel humana. Les cogemos en brazos y ellos inhalan un humo que, según demostró una investigación realizada por el Instituto Hohenstein, en Alemania, tiene concentraciones de sustancias tóxicas mucho más elevadas que el humo que queda en el aire (por lo que lo de fumar en el balcón y luego entrar a besarle es una acción casi igual de inconsciente como la de echarle el humo en la cara).

Respeta minuciosamente las pautas de higiene que requiere el sistema inmunológico de un bebé recién nacido: Lávate las manos en cuanto llegues. Nunca vayas a visitar a un bebé si crees que puedes estar enfermo (incluyendo un simple resfriado o catarro). En caso de que la mamá TE OFREZCA coger al bebé, colócate una muselina/gasa sobre tu ropa, podemos traer bacterias que no queremos que lleguen al bebé. No beses al bebé, ni sus manos, ni su carita, por muchas ganas que tengas, su sistema inmune es muy delicado.

La salud mental de la madre

¿Y qué ocurre con la salud mental de la madre? ¿Acaso a alguien le importa? La Dra. Margarita Escribano, psiquiatría y jefe clínico Hospitalario en la Unidad de Hospitalización de Agudos de IMQ AMSA, cree que todas estas nuevas normas con respecto a las visitas son sensatas, de sentido común, pero igualmente advierte que "a su juicio, todas estas reglas que se proponen no se pueden convertir en ley. Hay mujeres, por ejemplo, con un vínculo fortísimo con su madre y que la necesitan en este momento más que nunca. Otras veces no existe la pareja o no se está pasando por un buen momento en la relación. Puede que esa mujer esté atravesando por una depresión y necesite el apoyo y la ayuda de terceros; quizá se vea desbordada y agradezca una visita. La conclusión es que no se puede hacer un rígido protocolo respecto a esto", explica la especialista.

Margarita cuenta que, si todo funciona como debería, las matronas deben recoger con antelación al parto todos los deseos sobre cómo le gustaría a la madre que fuera el alumbramiento (plan de parto), y entre estos deseos estaría el querer o no visitas. "Siempre hay que tener en cuenta la opinión de la madre y las características de su parto, pero teniendo muy claro que no se puede predecir y que se pueden presentar circunstancias que harán replantearse ese protocolo", advierte la psiquiatra. Muchas veces hemos imaginado que vamos a poder con todo y luego la realidad te pega un bofetón que te obliga a delegar.

Porque por mucho que las mujeres lean sobre la maternidad o acudan a la preparación al parto, todas llevan una fantasía dentro de lo que será y significará ser madre por primera vez. Por mucho que te informen de que la lactancia no es fácil o que las contracciones duelen, la mujer tiene en su cabeza esa idea maravillosa de un parto natural sin epidural y un bebé enganchado al pecho y durmiendo plácidamente toda la noche del tirón. En definitiva, un ambiente idílico que no podemos evitar imaginar porque forma parte de nuestro psiquismo individual. "Pero el sentimiento de ver a tu bebé fuera de tu útero protector e indefenso ante el exterior lo cambia todo. Eso, por mucho que te informes, hay que vivirlo. Y cada mujer se enfrenta a ello y lo vive de manera diferente. Si una madre llora no le puedes decir -como dicen con toda su buena intención las visitas- 'vamos, mujer, que es normal, luego todo se pasa'.

Estableciendo límites y comunicando tus necesidades

Sí, todo parece de sentido común, pero el quid de la cuestión es cómo comunicas a la familia tus intenciones. ¿Quién es la valiente que se atreve a decirle a la tía del pueblo que, tras tres horas de viaje, no se quede más de unos minutitos en casa? Al final, por no provocar un cisma familiar lo dejas pasar y allí se queda la buena señora toda la tarde presenciando las tomas, la ceremonia de expulsión de gases, los lloros, el cambio de pañal.... ¿De verdad es tan difícil imaginar que a una recién parida no le apetecen visitas?

Papá, tú eres el intermediario habitual entre las visitas y el bebé y la mamá. Ellos son y se sienten importantes. Por supuesto, si eres un super abuelo de los que ayudan de verdad, que cambia los pañales él/ella sólo, baña a los bebés o prepara la merienda para las visitas para que los nuevos papás no tengan que hacerlo y puedan descansar un poco… ese abuelo tiene un pase-VIP y puede saltarse todas las normas!!

Llama un rato antes de ir y, por supuesto, pregunta si les viene bien tu visita o prefieren que sea en otro momento. Pregúntale a mamá qué tal se encuentra, o si necesita algo. Si este post te pilla tarde porque ya has hecho la visita de rigor espero que: Hayas silenciado tu móvil al entrar. No hayas venido con tus hijos y sobrinos a verme. Hayas hecho una visita corta: no más de 15 minutos. Hayas salido de la habitación con el resto de acompañantes cuando entraban los médicos o las enfermeras. Es lo que se llama: Respeto. No me hayas sacado una sola foto sin mi consentimiento ni por supuesto la hayas subido a ninguna red social. Te hayas lavado las manos al entrar. No hayas insistido en coger al bebé a toda costa. No hayas fumado justo antes de entrar a la habitación. No hayas ido si estabas enfermo. Tener un catarro también es estar enfermo, sí. No hayas hecho comentarios acerca de la mala cara que tengo, de la barriga que aun me queda o de lo pálida que estoy. Y sobre todo, espero que no hayas juzgado el tipo de alimentación que he elegido para mi hijo.

Alternativas a las visitas tradicionales

Puedes proponer a la gente quedar cuando salgas de paseo con el bebé. Esa ayuda eficaz consiste en intervenir para que no todo el trabajo recaiga sobre ella y al mismo tiempo, regalarle algunos mimos.

  • Tiempo para descansar.
  • Ayuda con los primeros baños y cambios de pañal.
  • Bien alimentada.
  • De paseo en compañía.
  • Un regalo para el bebé… y otro para mamá.

El puerperio: un período de recuperación

El puerperio, posparto o cuarentena es el gran desconocido de las madres. En este periodo el organismo materno va recuperando su normalidad después del parto. Suele durar alrededor de seis semanas (unos cuarenta días) y en esta etapa la mujer se enfrenta a cambios hormonales que le afectan desde el punto de vista físico y también emocional. Hay mucha información sobre el embarazo y el parto pero muy poca sobre "el día después".

Es curioso, ahora que a tienes a tu hijo en brazos y le ves la carita, compruebas cómo no todo es de color de rosa. Las mamás primerizas se encuentran ante situaciones que nadie les había contado y las emociones son una montaña rusa durante estos primeros días. Tanto si ha sido vaginal como por cesárea, se expulsa una secreción llamada loquios. La herida que queda en el útero al desprenderse de la placenta es la causante de la mayor parte de este flujo que se produce en los primeros días de la cuarentena, compuesto por sangre, mucosa y restos de las paredes del útero. Los loquios pueden ser más o menos intensos y suelen durar en torno a dos semanas, pero en esto cada mujer es diferente. En los primeros días del puerperio es normal tener contracciones que pueden ser más o menos intensas y frecuentes y que irán remitiendo a medida que pasan los días. Son los entuertos o contracciones posparto que ayudan al útero a contraerse y a recuperar su tamaño anterior al embarazo.

Para muchas madres resulta difícil comenzar la lactancia, muchas veces por falta de información y de práctica. Un mal agarre del niño al pecho suele ser la primera dificultad que puede surgir en el establecimiento de la lactancia materna. Tienes que darte un tiempo. En el parto se pierden muchos kilos, los que pesa el bebé y algo más con la placenta o el líquido amniótico, pero lo cierto es que el peso que has ganado en el embarazo no se va a ir de golpe. La recuperación llevará su proceso y esta es otra de las preocupaciones de las madres en el puerperio. El útero todavía tiene que contraerse, los órganos internos tienen que recolocarse, la piel está flácida y la tripa necesita recuperarse.

Aunque cada persona es diferente, la recomendación general es que la mujer necesita dejar pasar entre cuatro y seis semanas antes de realizar actividades físicas, es decir dejar que el cuerpo se vaya recuperando durante la cuarentena y después comenzar con el ejercicio físico. Si en el parto has sufrido desgarro o te han practicado una episiotomía necesitas cuidar esa zona durante el puerperio para recuperarla cuanto antes. Es normal sentirse cansada y, a veces, superada por las emociones. La falta de sueño del posparto, las nuevas responsabilidades y las atenciones que el bebé requiere acaparan todo el tiempo. Además, la revolución hormonal que el cuerpo de la madre experimenta durante el puerperio tampoco ayuda. Esa presión puede hacer que las madres estén tristes sin motivo aparente y con ganas de llorar. Cuando los síntomas no remiten y la mujer entra en un estado de melancolía, ansiedad y tristeza extrema, con pensamientos negativos que impiden seguir con el día a día, puede derivar en un trastorno psiquiátrico más o menos grave conocido como depresión posparto. Entonces es necesario acudir al médico para recibir el tratamiento adecuado. Para evitar la depresión posparto no dudes en pedir ayuda a tu pareja, familia o amigos, habla sobre tus sentimientos con ellos.

Acabas de dar a luz y es muy probable que no se produzca la ovulación, por lo que hay pocas posibilidades de quedarte embarazada durante el posparto, pero no es imposible.

Recomendaciones para las visitas (si son inevitables)

Si, a pesar de todo, decides recibir visitas, ten en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Limita la duración de las visitas: Las visitas cortas son menos agotadoras para la madre y el bebé.
  • Establece horarios: Define horarios específicos para las visitas y comunícalos claramente.
  • Pide ayuda: Si necesitas ayuda con las tareas del hogar o el cuidado del bebé, no dudes en pedirla a tus familiares y amigos.
  • Prioriza tu bienestar: No te sientas obligada a recibir visitas si no te sientes con energía o ánimo para hacerlo.

Recuerda que cada familia es diferente y lo que funciona para unos puede no funcionar para otros. Lo más importante es que tomes una decisión informada y priorices el bienestar de la madre, el bebé y el establecimiento de un vínculo familiar saludable.

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