La paternidad responsable es un concepto que ha evolucionado con el tiempo, abarcando mucho más que la simple provisión material. Hoy, implica un compromiso genuino con el bienestar, el desarrollo y la felicidad de los hijos.
Tradicionalmente, se asociaba la paternidad responsable con la capacidad de un hombre para proveer económicamente a su familia, asegurando techo, comida y recursos para cubrir sus necesidades. Sin embargo, esta visión es limitada.
Más Allá de lo Material
La paternidad responsable va más allá de lo material; implica estar presente física y emocionalmente en la vida de los hijos. Esto significa:
- Participar activamente en su educación.
- Apoyarlos en su desarrollo personal.
- Fomentar su autoestima y habilidades sociales.
Según la Real Academia Española, "responsable" se define como una persona que puede responder de algo o por alguien. Aplicado al matrimonio, implica que los esposos deben responder a la verdad del don que reciben, es decir, la totalidad del don de sí mismos vivido en la sexualidad.
El acto conyugal, en su esencia, tiene dos significados inseparables: el unitivo y el procreativo. Estos son inseparables porque al intentar eliminar uno, el otro también se elimina. Responder a esta verdad implica vivirlo en la plenitud y totalidad de la entrega.
Implica conocer el cuerpo del cónyuge y el propio, así como la dinámica de la fertilidad en ambos. La ciencia moderna ofrece herramientas para comprender la fertilidad masculina y femenina, y los métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad son útiles para aprender sobre el cuerpo femenino.
3 Estrategias para Educar sin GRITOS ni CASTIGOS - Marian Rojas Estapé
La Visión de la Iglesia sobre la Paternidad Responsable
La Humanae Vitae define la paternidad responsable como una vinculación profunda con el orden moral objetivo establecido por Dios, cuyo intérprete es la recta conciencia. Exige que los cónyuges reconozcan plenamente sus deberes para con Dios, consigo mismos, la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores.
La paternidad responsable subraya la dimensión de la respuesta, del diálogo con Dios. No se limita a un orden moral, sino que implica un reconocimiento de la voluntad del Creador y una oración entre los esposos para discernir qué espera Dios de ellos en cada momento de la vida matrimonial.
Benedicto XVI resumió la intención de la Humanae Vitae como "defender el amor contra la sexualidad como consumo, el futuro contra la pretensión exclusiva del presente y la naturaleza del hombre contra su manipulación".
La Humanae Vitae subraya los dos aspectos inseparables en los actos conyugales: la unión y la procreación. No se trata de una exigencia externa, sino de reconocer la realidad del acto conyugal y la naturaleza del amor conyugal como don de sí.
La apertura a la vida es una realidad del orden de la intención, de la disposición del corazón. Pablo VI promueve una paternidad responsable bien entendida en este contexto del amor conyugal.
Importancia de la Paternidad Responsable
Los niños que crecen en entornos donde sus padres son responsables tienden a tener mejores resultados académicos, mayor autoestima y habilidades sociales más desarrolladas. Además, los padres que se involucran activamente en la vida de sus hijos experimentan una mayor satisfacción personal y fortalecen los lazos familiares.
La paternidad está unida al amor mutuo entre los esposos, haciendo así que ella brote de éste como de su fuente y tienda a Dios como a su fin. Cuando el acto conyugal está privado de “su verdad interior… cesa de ser un acto de amor”. En otras palabras, la irresponsabilidad frente a la ley natural inscripta en sus corazones provoca la ruptura de la comunión de amor, la cual tiende a convertirse en un mutuo “uso” de la persona.
Beneficios de la Paternidad Responsable:
- Mejores resultados académicos en los hijos.
- Mayor autoestima y seguridad en los niños.
- Habilidades sociales más desarrolladas.
- Mayor satisfacción personal para los padres.
- Fortalecimiento de los lazos familiares.
Aspectos Clave de la Paternidad Responsable
Ser un padre responsable es un proceso continuo de aprendizaje y adaptación que requiere paciencia y compromiso constante con el crecimiento personal y familiar. Algunos aspectos clave incluyen:
- Involucrarse desde el embarazo: Apoyar a la pareja física y emocionalmente.
- Buscar apoyo: No tener miedo de pedir ayuda a familiares, amigos o profesionales.
- Comunicación: Fomentar un diálogo abierto y honesto en la familia.
- Educación: Participar activamente en la formación de los hijos.
Paternidad Responsable y Planificación Familiar
La Iglesia aconseja optar por la abstinencia en los días fértiles del ciclo femenino cuando los esposos consideran que no es prudente abrirse a la posibilidad de una nueva vida en determinado momento. El impulso sexual puede y debe ser dirigido por la razón y la voluntad.
Cuando los esposos son capaces de abstenerse y esperar los días infértiles del ciclo femenino, muestran realmente la grandeza de un amor que es consciente, verdadero y libre en sus entregas y en sus actos.
Dios llama a ser generosos con la vida. No exige números determinados, pero sí solicita que el amor no se cierre en sí mismos, sino que se multiplique y expanda. La vida de un hijo debería desearse más que cualquier otra realidad material.
Ser respetuosos con la vida implica ser conscientes de que el único dueño y Señor de aquella es Dios. En ocasiones, debemos aceptar dolorosamente la voluntad de Dios cuando los hijos no llegan, y buscar otros modos de vivir la fecundidad sin acudir a la manipulación y a la muerte de las técnicas artificiales.
La continencia periódica se refiere al ejercicio del dominio de sí para una entrega más madura en el amor. La continencia no es un “no hacer”, sino una posibilidad para reafirmar el sentido basal del acto conyugal.
Conocer la fertilidad es crucial para vivir la paternidad responsable. La mujer ha de conocer cuándo es fértil para poder vivir la paternidad responsable, tener o no tener un hijo, lo que hoy día se puede conocer de una manera muy eficaz observando el moco del cuello del útero (Billings), que es muy fluido el día de la ovulación, y seco cuando no es fértil.
A partir de los 30 años la fertilidad en la mujer baja al 50%, y los hombres estresados y de mayor edad tienen también disminuida su fertilidad; por este motivo, al casarse la gente con mayor edad que hace años, y por otras causas, es más frecuente hoy día la infertilidad.
Métodos Naturales de Planificación Familiar
La Iglesia apuesta por el uso de los métodos naturales de planificación familiar (también llamados métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad), ya que, usados con la mentalidad de apertura a la vida, son los que van más acorde con la naturaleza del ser humano y del amor conyugal, y los que encajan realmente en la denominación de “paternidad responsable”.
Los métodos naturales son simplemente un instrumento, no confundirlos con paternidad responsable. Son la capacidad de reconocer un periodo de infertilidad o de fertilidad. La paternidad responsable significa la exclusión del recurso a la contracepción.
La diferencia entre antiprocreativo y no procreativo es una decisión absolutamente esencial. Es necesaria la virtud; que los esposos sean capaces de comportarse de forma coherente. Los esposos han de estar en condiciones de distinguir el lenguaje del propio cuerpo.
Legislación y Paternidad Responsable
Aunque no existe una ley específica de paternidad responsable, muchos países promueven y protegen la paternidad responsable mediante diversas legislaciones.
La paternidad responsable suele reducirse a un pensamiento materialista que gira en torno al número de hijos que es “correcto” tener. Se llega a pensar, incluso, que cuantos menos hijos tiene un matrimonio más responsable es. Pensamiento que prevalece hoy en día en el común de las personas, incluso dentro de ámbitos religiosos. Esta postura descarta una rica espiritualidad que surge de este concepto.
La palabra “responsable” viene del latín responsum que significa “responder”. Según la Real Academia Española significa una persona que puede responder de algo o por alguien. Si vamos al tema que nos ocupa, los esposos, al casarse, son capaces y deben responder a la verdad del don que reciben. Es decir, a la verdad del regalo de la totalidad del don de sí mismos vivido en la sexualidad. Y sabemos que el acto conyugal, por su verdad misma, inscrita en el lenguaje del cuerpo del varón y de la mujer, tiene dos significados inseparables: el unitivo y el procreativo.
Les llamamos «inseparables» porque en el momento en que se intente eliminar uno de los dos, el otro también se elimina. Responder a esta verdad del acto conyugal implica vivirlo en la plenitud y en la totalidad de la entrega, sabiendo que no somos nosotros quienes creamos este don inmenso, sino que nos es dado por el Creador, quien nos muestra el modo pleno y verdadero de amarnos. Esto implica conocer el cuerpo del cónyuge y el propio y la dinámica de la fertilidad en ambos.
El Creador, en su infinita sabiduría, nos ha dotado de conciencia sobre nosotros mismos y de inteligencia para poder conocer nuestro cuerpo. Hoy en día, la ciencia nos aporta una gran ayuda para comprender la lógica de la fertilidad masculina y femenina. Los métodos naturales de reconocimiento de la fertilidad son la herramienta para aprender sobre la riqueza del cuerpo femenino.
Incluso, el Papa San Pablo VI, en la Encíclica Humanae Vitae, menciona varias veces que la paternidad responsable exige el uso de la inteligencia y de la voluntad de los esposos. Dios, en su Providencia, nos confiere de todo lo que necesitamos para poder comprender el lenguaje del cuerpo de la mujer y del varón. Es un acto de responsabilidad hacer todo lo que está en nuestro alcance para conocerlo y para actuar en consecuencia.
Humanae Vitae define la paternidad responsable de la siguiente manera: “La paternidad responsable comporta, sobre todo, una vinculación más profunda con el orden moral objetivo, establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la recta conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores”.[3] Vemos, por lo tanto, que la paternidad responsable subraya la dimensión de la respuesta. Es decir, del diálogo para con Dios.
Puede observarse que Dios aparece en relación con el orden moral, en el plano de la acción humana. Por el contrario, se refiere a un reconocimiento de la voluntad del Creador, de un diálogo, de una oración entre los esposos ante Dios para saber qué espera de ellos en cada momento de la vida matrimonial. De esta manera, ser padre y madre conlleva responder de hecho a Dios, a su plan respecto a la vida de los esposos. El matrimonio se convierte, por ende, en el lugar privilegiado donde ellos viven la santidad, entendiendo la misma como la justicia delante del Creador y la cumbre de la caridad.
Suele suceder que en esta oración y diálogo que mencionábamos, los esposos consideren que no es prudente abrirse a la posibilidad de una nueva vida en determinado momento del camino conyugal. Frente a esta situación, la Iglesia aconseja optar por la abstinencia en los días fértiles del ciclo femenino. Sabemos que no es fácil, pero sí posible, bueno y conveniente. El impulso sexual que viven los esposos puede y debe ser dirigido por la razón y la voluntad. Esto no significa la supresión del mismo, sino una correcta guía hacia la plenitud del hombre, lo cual implica en el ámbito conyugal una atenta vivencia del acto matrimonial, alejado de todo amor concupiscente hacia la persona y enfocado en una donación total y recíproca.
Cuando los esposos son capaces de abstenerse y esperar los días infértiles del ciclo femenino, muestran realmente la grandeza de un amor que es consciente, verdadero y libre en sus entregas y en sus actos. Cabe aclarar que la paternidad está unida al amor mutuo entre los esposos, haciendo así que ella brote de éste como de su fuente y tienda a Dios como a su fin.[4] Cuando el acto conyugal está privado de “su verdad interior… cesa de ser un acto de amor”.[5] En otras palabras, la irresponsabilidad frente a la ley natural inscripta en sus corazones provoca la ruptura de la comunión de amor, la cual tiende a convertirse en un mutuo “uso” de la persona.
La continencia periódica de la que habla san Pablo VI se refiere al ejercicio del dominio de sí para una entrega más madura en el amor. La continencia no es un “no hacer”, sino una posibilidad para reafirmar el sentido basal del acto conyugal. Nótese que el Papa la adjetiva “periódica” por tratarse de un tiempo, no de un estado de vida. Este último punto se refiere a la generosidad que Dios pide a los matrimonios en sus entregas. Sabemos que el amor de los esposos debe ser fecundo a imagen del amor de Dios que se multiplica y expande dando vida al hombre.
Pues bien, Dios nos llama a ser generosos con la vida. No nos exige números determinados, pero sí solicita que nuestro amor no se cierre en nosotros mismos ahogándose, sino que se multiplique y expanda. Nos pide que la vida sea una prioridad en nuestro hogar antes que la comodidad y los excesos materiales. La vida de un hijo debería desearse más que cualquier otra realidad material.
Ser respetuosos con la vida implica ser conscientes de que el único dueño y Señor de aquella es Dios. Reconocemos, así, que ésta no nos pertenece ni debemos manipularla. En ocasiones, debemos aceptar dolorosamente la voluntad de Dios cuando los hijos no llegan, y buscar otros modos de vivir la fecundidad sin acudir a la manipulación, al negocio y a la muerte de las técnicas artificiales.
Finalmente, podemos decir que ser responsables en materia de paternidad significa aceptar con humildad la verdad sobre el amor y la sexualidad creados por Dios y saber responder al camino de santidad propio que nos propone a cada matrimonio. Desde el momento en el que se empieza a soñar con ese hijo se inicia el proceso de gestación, así lo creo. Una de las formas más bonitas con las que he oído evocar el deseo de una pareja por tener un hijo ha sido "cuando no eras más que un brillo en los ojos de tus padres". Así se inicia una paternidad responsable.
No sólo habrá que preocuparse de lo genético, de conocer si hay enfermedades hereditarias, también de que la madre tenga apoyos, esté rodeada de un ambiente estable, tranquilo, con una alimentación correcta, un embarazo libre de tabaco y otras adicciones... todo ello repercutirá en el bienestar de ese niño que se está gestando, porque la madre no solo suministra nutrientes al hijo que lleva dentro sino que determina las condiciones saludables o no en las que está creciendo su hijo.
Los padres no son simples espectadores del desarrollo de su hijo sino que pueden y deben mejorar el entorno prenatal que es, al fin y al cabo, mejorar los primeros pasos de la vida de sus hijos. Esto es paternidad responsable.
Cada vez hay más estudios que confirman la complejidad del periodo prenatal, perinatal y primeros meses de vida y la repercusión en la salud del adulto; por ejemplo, en el tema de obesidad los estudios son contundentes, el bajo peso del recién nacido o una ganancia de peso excesiva en las primeras semanas de vida condicionarán la obesidad y el mayor riesgo de enfermedad cardiovascular en la vida adulta.
También sabemos que el feto y el bebé poseen un amplio repertorio de capacidades sensoriales y de aprendizaje hasta el punto que construirá los cimientos de su personalidad en este periodo. A pesar de que no recordamos nada por debajo de los 3-4 años, la capacidad de aprendizaje del cerebro infantil es prodigiosa, siendo especialmente sensible a lo que ocurre a su alrededor, son verdaderas esponjas; los cerebros de los niños en sus primeros años funcionan con una actividad cerebral «de baja frecuencia» que posibilita almacenar una cantidad inmensa de información que le servirá en su proceso de adaptación al medio familiar y social.
Sólo observando irá almacenando los comportamientos, las creencias y las actitudes de sus padres; por eso es importante reflexionar acerca de lo que transmitimos, cuidar los mensajes que le llegan, por ejemplo: un mensaje repetido de "no vales" o el demoledor "no tendrías que haber nacido" quedará grabado y le acompañará a lo largo de su vida; el niño no tiene capacidad para discernir que el maltrato verbal ha sido dicho en un contexto de enfado, él lo recibe como una verdad absoluta.
Por tanto, dependiendo del medio en el que crezca tendrá un desarrollo saludable o no. Se trataría de crear las mejores condiciones para que sea lo más sano posible, ser conscientes de la influencia que tienen en sus hijos los comportamientos, actitudes y creencias de los padres, educar desde un principio para desarrollar todo su potencial.
El mundo está en constante cambio. Nada es siempre igual y la frase “así se ha hecho toda la vida” cada vez tiene menos relevancia. Esto afecta también a las dinámicas familiares y a lo que se espera de cada miembro de la familia. Concretamente, el rol de los padres ha pasado de ser el de un mero proveedor económico a formar parte activa en la educación y crianza de los hijos.
No hace tanto tiempo que cuando se pensaba en un “padre responsable” se hablaba únicamente de un hombre que se preocupaba de que a su familia no le faltará nada material. De que tuvieran un techo sobre sus cabezas, comida en la mesa y suficiente dinero para sus necesidades. Sin embargo, la idea de la paternidad responsable va mucho más allá. Es un concepto que trata de asumir un compromiso genuino con el bienestar, el desarrollo y la felicidad de los niños.
Ser padres responsables implica estar presentes, tanto física como emocionalmente, en la vida de nuestros hijos. Diversos estudios en diferentes partes del mundo han demostrado que los niños que crecen en entornos en los que sus padres son responsables y están comprometidos con su crianza, tienden a tener mejores resultados académicos, una mayor autoestima y habilidades sociales más desarrolladas. Por otro lado, muchos aspectos de la paternidad responsable no solo benefician a los niños, sino también a los padres. Aquellos que se involucran activamente en la vida de sus hijos experimentan una mayor satisfacción personal, fortalecen los lazos familiares y crean recuerdos inolvidables que enriquecen sus vidas.
No existe una ley de paternidad responsable como tal, pero sí que hay muchos países, que promueven y protegen la paternidad responsable mediante diversas legislaciones. Contar con un permiso de paternidad remunerado es crucial para mejorar la conciliación familiar y permitir que los padres también puedan estar presentes durante los primeros meses de vida de sus hijos, un período crucial para el desarrollo del vínculo afectivo.
Ser un padre responsable no es algo que se logra de la noche a la mañana, sino que es un proceso continuo de aprendizaje y adaptación. Es fácil pensar que adherirse a los distintos aspectos de la paternidad responsable es cuestión de ejercer el sentido común y de querer a tus hijos con ese amor que muchas veces se da por supuesto. Sin embargo, se trata de un viaje que requiere paciencia y un compromiso constante con el crecimiento personal y familiar.
Involucrarse desde el embarazo: Puede que la mujer sea la que lleve la mayor carga (literalmente) en el embarazo, pero esto no significa que puedas desentenderte hasta que te pongan al bebé en brazos. Ayuda a tu pareja y dale el apoyo físico y emocional que necesita.
Buscar apoyo: No tener miedo de pedir ayuda a familiares, amigos o profesionales cuando sea necesario. Los beneficios de la paternidad responsable son innumerables y se extienden a todos los aspectos de la vida familiar y comunitaria. No vamos a mentir, no es un camino de rosas. Está lleno de desafíos, pero también de enormes recompensas. Al comprometernos a ser padres responsables, no solo estamos asegurando el bienestar y la felicidad de nuestros hijos, sino también construyendo un futuro más prometedor para todos.
