Niños Robados del Franquismo: Causas y Consecuencias de un Crimen Silenciado

Durante los cuarenta años de dictadura franquista, y hasta ya entrada la democracia, en España tuvo lugar uno de los delitos más silenciados y, a su vez, con mayor implicación y difusión mediática de la historia reciente. En el año 2010, los casos de mujeres que habían dado a luz en clínicas y maternidades a neonatos que fallecieron en extrañas circunstancias se hicieron noticia.

El fenómeno delictivo de los bebés robados engloba una heterogeneidad de situaciones, todas relacionadas con las adopciones irregulares sucedidas en el seno del Estado español durante el siglo XX. El delito de sustracción de menores en España presentó una evolución diferenciada en dos etapas.

Primera Etapa: Higiene Racial y Represión (1940-1950)

El primer periodo, comprendido durante los años cuarenta y cincuenta, se enmarcó bajo un contexto de represión dictatorial donde la separación de multitud de niños de su familia biológica se justificó como medida de “higiene racial” en aras a la regeneración del espíritu nacional español.

El final de la Guerra Civil española supuso la búsqueda, por parte de la dictadura franquista, de diferentes medios de instauración de la ideología fascista y nacionalcatólica, mientras acababan con cualquier resquicio y manifestación del enemigo. La patologización y negación de la condición humana de los militantes republicanos fue el primer paso hacia su anulación política y social.

De este modo, desde el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, el comandante Vallejo Nágera se centró en “investigar las raíces psíquicas del marxismo” llegando a concluir y promover, partiendo de la consideración de la raza como adquisición cultural derivada del ambiente, las medidas de higiene racial y eugenesia positiva.

Así se produjo el comienzo de la separación de multitud de menores sustentada por un “entramado legal ex profeso” que abrió paso a las deportaciones de estos niños al ámbito tutelar pasando a depender su custodia de la red asistencial falangista. El Decreto sobre los huérfanos de la revolución y la guerra publicado en 1940 establecía, en su tercer artículo, que dicha tutela sería confiada, en defecto de la propia familia, a causa de existir “razones fundadas para estimar nocivo a este -el menor- para sus intereses de orden formativo y moral” (art. 4), a personas de “reconocida moralidad, adornadas de garantía que aseguren la educación de los huérfanos en un ambiente familiar irreprochable desde el triple punto de vista religioso, ético y nacional” (art. 3).

Un articulado que, en última instancia, reducía la operación de la pérdida de la tutela a criterios de carácter arbitral, únicamente dependientes de la opinión política que merecían los familiares según las autoridades.

Segunda Etapa: Engaño y Lucro (Posterior a 1950)

Durante su segunda etapa, y debido al cambio contextual sufrido por el régimen, asociado a su etapa de aperturismo que conllevó la entrada de España en la ONU, la práctica de sustracción de menores y adopciones irregulares que se había mantenido vigente durante más de veinte años adoptó un cambio en su estructura y organización.

Todo ello con la intención de dar respuesta a la demanda social de niños por parte de familias afines al régimen, económica y socialmente bien posicionadas, que hasta entonces se había visto satisfecha. En este periodo se consolida un modus operandi caracterizado por el engaño a mujeres solteras, pobres o jóvenes a quienes se informaba falsamente de la muerte de sus hijos al nacer o se negaba la recuperación de su tutela tras el ingreso de sus hijos en centros de beneficencia.

Los recién nacidos eran entregados, a cambio de donaciones o pagos, a familias consideradas aptas para la crianza en un intento de imponer una moral familiar tradicional y favorecer la vigencia de la institución familiar desde el punto de vista nacionalcatólico.

Las sustracciones en las clínicas de maternidad se producían, también, por coerción, sobre todo, en los casos de madres solteras y mujeres ingresadas en pisos o casas de maternidad que, tras el parto, eran coaccionadas a la entrega de su hijo en adopción como medio para evitar el estigma de la maternidad en calidad de soltera. Coacción también sufrida por las mujeres y niñas ingresadas en los diferentes reformatorios y correccionales para madres solteras dependientes del Patronato de Protección a la Mujer.

Un organismo constituido formalmente en el año 1942, dependiente del Ministerio de Justicia y presidido por Carmen Polo de Franco, encargado de “velar por las jóvenes caídas o en riesgo de caer” y cuyas maternidades se dirigían, tal como referían sus propios boletines informativos (1971), a voluntarias y forzadas, huidas, rechazadas, rabiosas, listas, tontas, analfabetas, educadas, groseras.

El Testimonio de las Víctimas

La verdadera comprensión de la profundidad de este fenómeno requiere de la escucha y reconocimiento de las voces de sus víctimas. El archivo público Maternidades robadas recoge los testimonios de distintas víctimas cuyo análisis permite reconstruir el daño ocasionado desde el relato y la narrativa de sus historias.

En la revisión del discurso de las víctimas, podemos observar cómo la ideología marca para ellas el inicio de la práctica del delito, pasando a ser sustituida por la motivación de lucro a medida que avanzaban las décadas y, en especial, tras el comienzo de la democracia.

Asimismo, las víctimas coinciden en la identificación del poder residual del Estado franquista como facilitador de la comisión del delito en democracia. Al igual que la ideología, la desigualdad y vulnerabilidad social son identificadas por los testimonios como factores predisponentes a su victimización y dificultades a la hora de actuar judicialmente y buscar la reparación del daño ocasionado.

Las consecuencias emocionales y psicológicas narradas en los testimonios son numerosas y devastadoras. Las mujeres describen sentimientos de culpa, duelo no resuelto, y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Asimismo, encontramos multitud de menciones de las víctimas al proceso de embarazo y parto; y el trato violento recibido por el personal sanitario durante el mismo.

Un eje transversal a los testimonios es la denuncia de la falta de reconocimiento oficial y de reparación efectiva. Las víctimas sienten que el Estado ha desatendido su derecho a la verdad y la justicia.

Tabla Resumen de las Etapas y Características

Etapa Periodo Motivación Principal Características
Primera Etapa 1940-1950 Higiene Racial e Ideología Represión, separación de niños de familias republicanas, influencia de la eugenesia nazi.
Segunda Etapa Posterior a 1950 Lucro y Demanda Social Engaño a madres vulnerables, adopciones irregulares, coerción en clínicas y reformatorios.

¿Por qué NO se investiga el ROBO DE BEBÉS en España? | Tenía la Duda

La Búsqueda de la Verdad y la Justicia

Es necesario que el Estado democrático se haga merecedor de su condición reaccionando frente a atentados graves y masivos contra la dignidad de las mujeres, y que, revestido de la imprescriptibilidad de estos crímenes, se ponga del lado de las víctimas para el reencuentro, la reconciliación y la reparación. Hay que cerrar las heridas, y la única receta cicatrizadora es la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

Explicar la represión, la humillación y la violencia que durante tantos años sufrieron las mujeres por ser mujeres -tras la primavera republicana en que miles de maestras llenaron nuestro país de cultura, de alegría y de fraternal afecto- es necesario para que no vuelva a repetirse. En España pasaron cosas muy, muy, muy feas, durante muchos, muchos, muchos años.

Las madres robadas y los niños y niñas robados no pueden seguir solos, desorientados y engañados. Creo que debemos empezar a hablar de una verdadera Causa General contra la Mujer durante el franquismo, y realizar los cambios legislativos y las políticas públicas necesarias para reconstruir y reparar la identidad biológica, y facilitar los reencuentros.

Nace Fundación Contexto y Acción, una entidad sin ánimo de lucro y con un fin social: defender los DDHH y fortalecer la democracia a través de la información veraz. Por desgracia, es bien sabido que en todas las guerras las mujeres se convierten en botín de depravadas mentes violentas, y en víctimas de los ancestrales ritos de dominación patriarcal que con tanta amargura salpican la historia de la humanidad. Nuestra Guerra Civil no fue diferente, y la mujer, siempre víctima directa de la guerra, pierde a los hombres que conformaban su entorno, compartiendo su sufrimiento y sufriendo su ausencia, y es asaltada en su condición de mujer y en su vulnerabilidad.

En España, de la mano de un destacado grupo de psiquiatras afectos a la causa reaccionaria, capitaneados por Antonio Vallejo-Nájera y formados en la Alemania nazi, se conformó la estrategia de extirpar el “gen rojo” de la sociedad republicana mediante el robo de bebés a las mujeres y madres “peligrosas”. Sobre estas ideas se organizó, desde la rabia y la crueldad extremas, la represión franquista contra las mujeres republicanas, víctimas de bárbaras humillaciones estratégicamente diseñadas por los que Paul Preston denomina “arquitectos del terror”.

Con la creación en 1941 del Patronato de Protección de la Mujer, bajo la honorífica presidencia de Carmen Polo de Franco, se institucionaliza la represión nacionalcatólica contra la mujer por ser esta inferior y símbolo de la maldad y el pecado. Despojadas de toda capacidad jurídica, las mujeres quedarán sometidas a la familia, el matrimonio y el confesionario. Controladas en su vida privada y cotidianidad por normas morales represivas que instaban a su sometimiento al varón, su destino será exclusivamente el hogar y la procreación: “Una mujer sin hijos es un jardín sin frutos”.

Y en los improvisados e insalubres centros de internamiento y cárceles de mujeres, severas monjas carceleras obligaban a la oración y al himno, en esa España que debía funcionar “con la moral del convento y la disciplina del cuartel”, mientras les arrancaban a los niños y las obligaban a parir -en ocasiones los embarazos eran producto de agresiones sexuales- para llevarse el botín rasgando sus entrañas y su alma para siempre. Se trataba de extirpar las malas hierbas y de conseguir cachorros para la nueva España.

Centenares de miles de mujeres, muchas aún niñas, son enviadas del campo a la ciudad para servir como internas en las casas de los vencedores a cambio de comida y un techo, pero sin sueldo ni libertad. Allí se controlará hasta el extremo su conducta y moral, serán víctimas de la absurda disciplina y el autoritarismo más caprichoso, y en no pocas ocasiones también se verán sometidas a la humillación y al abuso. Una mezcla grisácea de pobreza, miedo y represión se cernirá sobre su condición de mujeres y de pobres. Y muchas de ellas, con embarazos que no fueron ni previstos ni buscados, serán además víctimas de robos de bebés, de inducciones a la adopción, de engaños y de mentiras.

En 1984, Fernando Ledesma, ministro de Justicia, ordenó el cierre automático e instantáneo de todos los centros de las Juntas Provinciales del Patronato de Protección de la Mujer. Franco llevaba casi diez años muerto entonces. Las chicas con “mala conducta moral” salieron humilladas, heridas y agotadas a las avenidas de la libertad, pero detrás quedaba el oscuro silencio, la sonrisa segura de los delincuentes, la complicidad arrogante de los vencedores que jamás mostraron arrepentimiento ni hicieron propósito de enmienda.

Más de 250.000 niños y niñas fueron robados hasta finales del siglo XX. Se establece toda una arquitectura jurídica para hacer posible el robo de bebés: el parto anónimo, el abandono en conventos, el registro con los nuevos apellidos, la necesidad de que transcurran 24 horas desprendido del claustro materno para ser civilmente registrado, la ausencia de protocolos para la identificación biológica, la connivencia con las autoridades públicas, el silencio de confesión, los legajos de aborto y los ataúdes vacíos… y, sobre todo, el miedo, la culpa y la represión.

Porque donde no llega la monja, llega el cura, donde no llega el médico, llega la comadrona, y si no, siempre quedan la policía y el juez. Las madres robadas y los niños y niñas robados no pueden seguir solos, desorientados y engañados.

Cambiamos las leyes de adopción y ahora es obligatorio informar al adoptante de su verdadera filiación, el Supremo suprimió el parto anónimo, quien nace debe ser inscrito al momento, los hospitales se iluminan y los protocolos de buenas prácticas se generalizan. Pero nos quedan las víctimas, las madres, las mujeres, que cada día se levantan y se acuestan con la duda, nos quedan los niños que buscan a las madres, los que descubren -por casualidad, y tras muchos años- que su identidad está falseada.

Y quedan también las mafias, las que robaron, las que ocultan, quedan los cómplices, los que se enriquecieron. Y quedan todas las causas archivadas, y los archivos ocultos e inaccesibles, y las autoridades ausentes, y los años pasan, y las madres mueren.

Publicaciones populares: