Explorando Vidas y Arte: Niño Ricardo, Annie Wilkes y el Mundo de Rose O'Neill

Este artículo se adentra en diversos temas, desde la música flamenca y la psicología de la violencia familiar hasta el arte y la historia de personajes icónicos. A través de las memorias de Humberto J. Wilkes, la novela "Misery" de Stephen King, y la creación de los muñecos Kewpie por Rose O'Neill, exploraremos la complejidad de la condición humana y la creatividad artística.

El Sonido de España: Niño Ricardo y el Flamenco

Las memorias castizas de Humberto J. Wilkes nos transportan a la España de antes, durante y después de la Transición. Desde el punto de vista de un holandés errante, pero muy convencido de su vocación, el autor plasma estampas que cualquier aficionado al flamenco soñaría con haber vivido.

Wilkes nos lleva en un recorrido por un arte universal en un momento crítico de su existencia, mostrando la ruptura frente al purismo y el choque entre jóvenes y veteranos consagrados. Niño Ricardo, Paco de Lucía, Morente, Manolo Sanlúcar, Carmen Linares, Juan y Pepe Habichuela, todos aparecen y son radiografiados como nunca antes se había hecho, desde el conocimiento que da la verdadera convivencia más allá del misterio que rodea al flamenco.

Umberto Wilkes, conocido como "El Payo Umberto", regaló una guitarra de Manuel Reyes a Alejandro Hurtado, un joven guitarrista alicantino considerado guardián de las viejas esencias del toque. Hurtado, en 2023, lanzó el álbum "Tamiz" y un año antes "Maestros del Arte Clásico Flamenco", grabado con guitarras que pertenecieron a Ramón Montoya y a Manolo de Huelva.

Alejandro Hurtado relata su experiencia al tocar las guitarras de Ramón Montoya y Manolo de Huelva: "Fue precioso tocar esas guitarras. Supuestamente este mote se lo puso Ramón Montoya porque tenía un sonido muy potente, es como muy echá palante. Pero he leído que le ponía ese mote a todas las guitarras buenas que tenía. Cuentan que en los recitales ponía la guitarra para delante y decía: “Aquí la leona”.

Según Hurtado, la guitarra de Ramón Montoya, construida por Santos Hernández, tiene un sonido delicado y lírico, mientras que la guitarra de Manolo de Huelva tiene un sonido más seco y corto. Hurtado también posee una guitarra de Manuel Reyes, regalo de Umberto Wilkes, un discípulo del Niño Ricardo.

La Oscuridad Humana: Annie Wilkes en "Misery"

Dentro del universo de Stephen King, Annie Wilkes, coprotagonista de la novela "Misery", destaca como una de las malas más memorables. Annie es la fan número uno de Misery Chastain, el personaje literario creado por el escritor Paul Sheldon.

Annie Wilkes es una enfermera retirada que rescata al herido Paul Sheldon después de un accidente de coche. Ella lo lleva a su casa para cuidarlo y leer su nuevo manuscrito, pero al no gustarle el libro, decide encerrarlo y obligarlo a escribir una nueva novela. "Usted va a utilizar esta máquina para escribir una nueva novela".

Paul se da cuenta de que su vida corre peligro y obedece a Annie, escribiendo la nueva novela mientras busca una manera de escapar. Con estos nuevos datos, Paul asume que si quiere salir de esa casa con vida, solo le queda matarla.

Annie Wilkes es caracterizada por cambios de humor extremos, una característica común en la personalidad borderline. En ocasiones, se comporta de manera bondadosa, pero al segundo siguiente es presa de ataques de furia y crueldad sádicas. Además, se considera una devota católica y una obsesa del control y el orden.

Se calcula que Annie Wilkes ha asesinado a unas 70 personas aproximadamente. Al trasladarse a la unidad de neonatos, cambió de objetivo y asesinó a varios niños. Las circunstancias extrañas de estas muertes provocaron que sus compañeros sospecharan de ella y, al final, Annie fue acusada, aunque se libró por falta de pruebas.

La novela fue adaptada al cine en 1990, y el papel de Annie Wilkes le valió a Kathy Bates el Globo de Oro y el Óscar a la mejor interpretación femenina.

La Ternura en Porcelana: Los Kewpies de Rose O'Neill

El Museo Art Nouveau y Art Déco Casa Lis se encuentra habitado por pequeños y entrañables elfos de alas azules: los Kewpies. Esta figura diseñada por la ilustradora americana Rose Cecil O´Neill se ha convertido en un símbolo del Museo con su pequeña nariz chata, sus mechones de pelo rubio, manos extendidas en forma de estrella, tripa prominente, piernas unidas en forma de pedestal y traviesa sonrisa en forma de sandía.

Rose O’Neill (1874-1944) aprendió a dibujar de forma autodidacta y a los catorce años ganó su primer concurso. Con diecinueve, se mudó a Nueva York y comenzó a realizar ilustraciones y carteles comerciales para revistas como Harper, Life, Broadway Life, Cosmopolitan, y Colliers. Además, se convirtió en la primera artista femenina de la revista Puck dibujando a otras mujeres como personas independientes, capaces, seguras, modernas y de carácter fuerte, lo que describía su propia personalidad.

Poco después de tener un sueño sobre pequeñas y regordetas criaturas que revoloteaban por su jardín, Rose O’Neill concibió a Kewpie como un hado élfico empeñado en hacer buenas obras de manera divertida. Su apariencia de bebé se debe al tiempo que Rose pasó con su hermano pequeño cuando era niña. Así, en el libro de Johl Janet , La Fascinante Historia de las Muñecas, Rose O’Neill explicó que simplemente había convertido un bebé temporal en un elfo inmortal añadiéndole un par de alas.

En 1909, Edward Bok, escritora de la revista Ladies’ Home Journal, pidió a O’Neill que dibujase una serie de pequeñas criaturas para acompañar sus textos. Las ilustraciones de O’Neill alcanzaron tal éxito que Rose comenzó a recibir cartas de niños pidiendo un Kewpie que tener en sus manos. Lo mismo ocurrió con las fábricas de juguetes, que deseaban comercializar la figura de Kewpie y hacían ofertas a Rose para producir el muñeco.

Rose modeló un Kewpie en plastilina con la ayuda del estudiante de escultura Joseph L. Kallas. Después, ella y su hermana Callista lo ofrecieron a la fábrica de juguetes alemana JD Kestner Co., que realizó el muñeco en biscuit a partir de 1912. Ya en 1913 O’Neill patentó a Kewpie y comenzó a producirse el muñeco en otras fábricas de Alemania y Estados Unidos bajo licencia de George Borgfelt & Co.

Los Kewpies eran adorados por niños y adultos y su encanto se hizo universal, de modo que durante los años 20 no solo aparecieron en revistas, sino también en campañas comerciales como la del Fonógrafo Edison, el libro de cocina Jell-0, los cereales Kellogg, Pinturas y Barnices Lambert y un sinfín de productos alimenticios. Como ejemplo de ello basta recordar cómo en 1925 un comercial japonés comenzó a importar mayonesa desde EE.UU cambiando el tarro tradicional por otro con un dibujo de Kewpie: Kewpie Mayonezu.

Además de dibujar a Kewpie para revistas y carteles, O’Neill también escribió e ilustró ocho libros para niños entre 1912 y 1936, así como varias novelas y poesía.

A partir de los años 30, Rose O'Neill sufrió graves dificultades económicas debido a la mejora que la fotografía suponía frente a la ilustración, la crisis económica en E.E.U.U. y el estallido de la guerra mundial que dificultó la producción de muñecos de biscuit en Alemania. Entonces trató de repetir el éxito logrado con Kewpie creando a HoHo, un Buda sonriente que no logró la misma aceptación.

Los Kewpies originales de J.D.K (la Companía Kestner) se elaboraron íntegramente con biscuit, si bien posteriormente algunos Kewpies sólo contaban con este tipo de porcelana en la cabeza, ya que el cuerpo se fabricaba con tela. Debido a la gran demanda de estos muñecos, también se comercializaron numerosas versiones no autorizadas e inferiores producidas en diversos países con celuloide, tela y goma.

Todas ellas trataban de captar la esencia de Kewpie, una criatura traviesa de buena voluntad, un angelito cortés y sonriente, tierno, que representa todo lo que nos gustaría ser aunque parezca imposible alcanzar.

Violencia Filio-Parental: Un Análisis Psicoeducativo y Jurídico

Dentro del maltrato familiar, la violencia filio-parental es una línea de investigación en el ámbito de la psicología y la pedagogía de cierta relevancia actual. En la primera parte del artículo se pretende analizar este fenómeno, desde las perspectivas psicoeducativa y jurídica, para aportar una definición integral que abarque diferentes perspectivas de la violencia filio-parental, porque la intervención y prevención de ésta debe partir del conocimiento acerca de las causas y mecanismos que intervienen en el complejo ámbito de ésta violencia intrafamiliar, así como de las relaciones e interacciones que se establecen entre hijos, hijas y progenitores.

La violencia filio-parental aparece tipificada en el artículo 173(2) del Código Penal español, denominándose “malos tratos habituales en el ámbito familiar”, donde lo determinante no es solo la relación biológica entre hijo maltratador y progenitor maltratado, sino también la relación civil o de convivencia de la víctima con el agresor (familia de acogida, familia adoptiva o familia reconstruida).

La violencia familiar puede manifestarse de formas muy diversas, aunque la mayoría de las investigaciones de este fenómeno y la literatura científica existente se centren principalmente en el maltrato infantil, según la revisión realizada por Aroca (2010). No obstante, existen otras formas de maltrato, como la que se da entre hijos adultos y sus progenitores ancianos, entre hermanos o entre niños y adolescentes contra su madre y/o padre (Erath, Bierman y Conduct Problems Prevention Research Group, 2006; Howard y Rottem, 2008; Jackson, 2003; Kethineni, 2004).

Asimismo, los estudios revisados para este artículo no establecen, algunos ni de manera expresa ni implícita, que los hijos e hijas maltratadores de sus muestras sean: (a) sujetos que no presentan delirios o alucinaciones, es decir, adolescentes que distinguen la realidad de la no realidad y son conscientes de sus actos (Garrido 2006), (b) personas que piensan correctamente, porque su reflexión cognitivo-teórica es la adecuada, pero se ‘bloquean’ si actúan al margen de los vínculos emocionales o de apego (Aroca y Alba, 2013), (c) personas que diferencian perfectamente el bien del mal (Aroca y Alba, 2013; Garrido, 2006) y (d) sujetos que necesitan controlar y ejercer el poder sobre sus progenitores y situaciones familiares (Omer, 2004).

Al respecto, los resultados del estudio efectuado por Gámez-Guadix y Calvete (2012) sugieren que tanto la exposición a la violencia entre ambos progenitores como las agresiones parentofiliales (físicas o psicológicas) correlacionan positivamente con la violencia filio-parental. Incluso esta investigación indica que la violencia en la pareja (física o psicológica) de la que son testigos los hijos aumenta la probabilidad de violencia filial, porque la conducta de los progenitores podría llegar a ser más desorganizada, dificultando que puedan rechazar, de forma firme, la conducta inapropiada del hijo o de la hija.

Otro trabajo es la investigación realizada por Ibabe (2015), para quien la violencia filio-parental, tanto física como psicológica, se relaciona de forma significativa con mayores niveles de violencia entre los padres. Además, la violencia marital en esta investigación resultó ser un factor predictivo de la violencia física dirigida de hijos a padres y, al contrario, las conductas prosociales de los hijos hacia los padres se asociaban con un menor nivel de violencia entre los progenitores. En esta misma línea, Contreras y Cano (2016) muestran cómo la proporción de testigos de la violencia en el hogar es mayor en los casos de violencia filio-parental, siendo esta una variable diferenciadora entre los adolescentes que abusan de sus progenitores con respecto a otro tipo de delincuentes y adolescentes no infractores.

En otro orden de cosas, la violencia filio-parental posee un conjunto de características conductuales bien establecidas, tanto en la víctima como en el agresor, pudiéndose manifestar en la falta de límites, supervisión, control, presencia psicológica y física del progenitor y la pérdida de autoridad parental (Aroca et al., 2014; Evans et al., 2008; Sempere, Losa del Pozo, Pérez, Esteve y Cerdà, 2007), además de, en el caso del menor, aversión a ser controlado, supervisado y reprendido por sus progenitores.

De hecho, en la dinámica parentofilial existente, el menor responde con conductas violentas frente a los regaños, amenazas o sanciones de los progenitores, ante lo cual éstos quedan desconcertados, optando por la persuasión y la negociación para lograr reducir el estrés en el contexto familiar (Aroca et al., 2014). No obstante, de nuevo de forma inesperada, el hijo rehúsa su acercamiento reaccionando con mayor contundencia para reafirmar su poder ante los adultos (que considera vencidos), pudiendo llegar a ser, si cabe, más enérgico en sus actos violentos (Howard y Rottem, 2008; Jackson, 2003; Paterson et al., 2002), a pesar de lo cual los progenitores volverán a intentar instaurar la convivencia familiar y su jerarquía parental, bien desde una postura de acercamiento, bien desde la imposición, pero sin éxito.

Ante dicha realidad, los progenitores desautorizados por el agresor renunciaron a controlar y disciplinar a su hijo, llegándose a un estilo claramente permisivo y sobreprotector (no denunciaban la situación que viven en sus hogares) y en otros momentos coercitivo o autoritario con violencia. Por tanto, las madres y los padres cambiaron de estilo educativo en la medida en que sus hijos iban adquiriendo poder, principalmente, físico.

Características de la Violencia Filio-Parental

Característica Descripción
Falta de Límites Ausencia de reglas claras y consistentes en el hogar.
Supervisión Inadecuada Falta de control y seguimiento de las actividades del hijo.
Pérdida de Autoridad Parental Incapacidad de los padres para ejercer su rol de autoridad.
Aversión al Control Rechazo del hijo a ser supervisado y reprendido.
Escalada de Violencia Aumento progresivo de la frecuencia e intensidad de los actos violentos.

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