Consecuencias Legales tras la Rotura de una Vasija por un Niño en un Museo

El pasado 28 de agosto de 2024, un niño de 4 años que visitaba el Museo Hecht en Haifa (Israel) junto a sus padres, rompió accidentalmente una vasija datada de la Edad del Bronce.

Este incidente plantea interrogantes sobre la responsabilidad y las consecuencias legales en tales situaciones. A continuación, analizaremos los detalles del suceso, las acciones tomadas por el museo y las implicaciones para la familia involucrada.

Ejemplo de vasija de la Edad del Bronce.

El Incidente en el Museo Hecht

A diferencia de muchos museos que protegen sus obras de arte con barreras físicas, el Museo Hecht busca ofrecer una experiencia más cercana al público. En línea con la voluntad de su fundador, Reuben Hecht, el museo no cuenta con obstáculos que alejen las obras de agentes amenazantes, dejando así bajo responsabilidad de los visitantes el cuidado de las obras. Esto, según la institución, hace que incidentes como este sean "raros".

El artículo de la colección se ubicaba en la entrada del Museo Hecht, espacio en el que tuvo lugar el incidente. Alex, el padre del niño, narró a la BBC que su hijo "tiró ligeramente del frasco" porque tenía "curiosidad por saber qué había dentro". Seguidamente, quedó sorprendido al ver la vasija rota y, en un primer momento, pensó: "No fue mi hijo el que lo hizo".

La Vasija Dañada

Israel es un lugar de gran interés arqueológico debido a su ubicación geográfica y las numerosas civilizaciones que se asentaron allí a lo largo de la historia. La vasija dañada pertenece a la Edad del Bronce y tiene aproximadamente 3.500 años de antigüedad, habiendo sido fabricada entre los años 1150 a.C.

Según el museo, se trata de un recipiente único en su especie. Si bien se han hallado vasijas similares en otros yacimientos de la región, muchas de ellas están deterioradas. Esta, por su parte, se encontraba intacta en el momento de su excavación.

Restauración de la Reliquia

El Museo Hecht ya ha puesto en marcha las tareas de restauración de la reliquia, con la supervisión del curador y experto en conservación Roy Shafir, de la Escuela de Arqueología y Culturas Marítimas de la Universidad de Haifa. Debido al amplio registro gráfico que existe de la vasija, la institución ha avanzado que "en poco tiempo la urna volverá a su lugar".

Ejemplo de restauración de cerámica arqueológica.

Consecuencias para la Familia

En cuanto a las consecuencias para la familia implicada en el accidente, el museo no aplicó la norma universal que dicta que "el que rompe, paga". Por lo contrario, tal y como indican medios locales, el director de la colección, Inbal Rivlin, invitó al niño y a sus padres a realizar una visita privada por las instalaciones.

La Creatividad Infantil y el Arte

Constantemente oímos frases como: «¡Qué bien dibuja este niño! ¡Qué arte tiene!», aunque sea un dibujo normal y corriente, o «¡Que arte este niño con el cante o con el baile!». Y no digo nada si vives en Andalucía, allí ven el arte en las esquinas y en el aire. Sin embargo un día hablando con una persona que enseña a los niños en la Escuela Dominical a través de Godly Play me comentaba lo difícil que es hoy día que los niños saquen su lado más artístico: «Cogen papel y lápices de colores y me preguntan qué deben dibujar porque no se les ocurre nada. Lo mismo si cogen plastilina, me preguntan qué hacer. Les doy un instrumento de música y lo aporrean. Les pongo las figuritas de un belén y el burro acaba comiéndose al niño, y la vaca corneando a Maria y José….

Soy alfarera-ceramista, esa es mi profesión, aunque lo que realmente hago es jugar con los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego; y jugando con ellos consigo hacer obras que a la gente le parecen obras de arte. ¡Genial! Y es que hacer cerámica es eso: jugar con los elementos primigenios. Pero esto no es algo original mío.

Por cierto, el trabajo de creación que Dios realizó en los cinco primeros días fue un trabajo más bien intelectual, y de forma espontánea: «Dijo Dios: sea la luz… haya expansión… júntense las aguas… produzca la tierra… llénense las aguas…» Pero en el sexto día, Dios realizó un trabajo manual. Permitidme este antropomorfismo con relación a Dios. Nos dice el relato en Gn.2:7: «Dios tomó polvo de la tierra«, mezcló con agua para hacer una masa y metiendo las manos en la masa tomó su tiempo para «formar al hombre». Esta palabra en hebreo es יצר (yâtsar = moldear, tornear, lo que hace el alfarero al torno). Por último, le insufló «aliento» de vida (נשׁמה, neshâmâh = soplo, aire, vendaval).

El Proceso Creativo en los Niños y la Alfarería

1. El primer paso para hacer barro es ir a la cantera a buscarlo. No sirve cualquier montaña de barro, hay tierras que no sirven para ser moldeadas, no son plásticas. Los alfareros de antaño conocían los lugares de buenas tierras que se llaman barreros y que pasaban de boca en boca y de generación en generación. De cualquier forma, para obtener buenas tierras, hay que ir a los barreros con pico y pala, quitar la primera capa de hierbajos y piedras y luego romper la tierra en terrones y así transportarla hasta el taller.

El hombre nace con capacidades por el hecho de ser persona: capacidad de andar, saltar, comer, dormir… y capacidades intelectuales de hablar, de pensar, de inventar, de estudiar… y entre ellas la capacidad de crear - capacidad creativa - por el mero hecho de haber sido creado a imagen de Dios. Por lo tanto, todos, aún las personas con discapacidad, en un grado mínimo somos creativos.

Partimos por tanto, de un principio: Toda persona nace con capacidad creativa, y a través de la educación y la enseñanza hacemos que el niño desarrolle esa creatividad. De las primeras cosas que aprende en el área creativa es el lenguaje. Le enseñamos a hablar y él aprende por imitación. Y prácticamente al mismo tiempo, desde que nace, le damos juguetes muy sofisticados con los que únicamente aprende a apretar un botón, pero aún así está aprendiendo el proceso de acción-reacción.

Pero como estamos muy concienciados con esto de la creatividad y, si no, la televisión y los psicólogos nos lo recuerdan, llega un momento en que comenzamos a dar al niño juegos para desarrollar su creatividad. Le compramos pinturas y le mostramos cómo hay que quitar el capuchón a un rotulador, o cómo añadir agua y utilizar un pincel, como coger las tijeras, o el lápiz… ¡y eso está genial!

Viene la segunda parte: le dejamos que pinte lo que quiera en un papel - ¡también genial! - y entonces el niño solo hace círculos o rayajos, y si le damos masa para modelar solo hace bolitas y churros, muchos churros. Y aquí viene nuestro primer error: le guiamos a que haga líneas y figuras esquemáticas, en vez de muchos círculos sin parar, le enseñamos a que haga una línea curva y sea capaz de cerrarla aunque no sea un circulo perfecto. Y luego líneas que se cierren en un triángulo, luego en un cuadrado. Todo genial desde nuestro punto de vista, le obligamos a que haga cosas que a nosotros nos parece que es lo que debe hacer un niño en vez de dejarle que siga en su primera etapa: círculos sin ton ni son y rayajos y bolitas y churros. Es como darle los terrones y decirle que haga cerámica. Hay primero un proceso.

La primera etapa en la creatividad de un niño empieza en su mente: los rayajos y círculos sin ton ni son, así como las bolitas, son la forma en que él experimenta cómo funcionan los lápices, los colores, el barro, las masas… Para el niño esas rayas y círculos y esas bolitas y churros son cosas y, si no, preguntadle. Es una primera fase que debemos dejar que el niño desarrolle sin dirigirlo, solo preguntar, como mucho, ¿qué es?

La segunda fase vendrá tiempo después. Importante: cuando el niño nos lo demande, «Enséñame a hacer un árbol», «¿Cómo se hace una oveja?», «Dibújame un barco», «Quiero hacer una casa»…, entonces es el momento de enseñar al niño a cerrar círculos, a hacer cuadrados y rectángulos y triángulos, a añadirle palitos… En esta segunda fase el niño gana en precisión, está aprendiendo a coordinar su mente con sus manos.

Estará en esta etapa días y días hasta que le salgan lo más parecidos a los nuestros. Está aprendiendo los primeros pasos de la creatividad, nosotros le estamos enseñando el proceso de asimilación, y su respuesta, en un principio, es lo más parecido a nuestro dibujo: lo ha imitado. Lo mismo hacemos si le damos módulos de madera de una construcción o un trozo de arcilla o pasta de modelar. El niño adopta los principios de la creatividad por imitación. Lo mismo que hacemos cuando le enseñamos a hablar o a leer y escribir, la creatividad también tiene una fase de enseñar los principios creativos.

Repito: si ponemos a su alcance solo juegos demasiado sofisticados, aprenderá solo a apretar botones. Es como saltarnos al último paso y darle al niño un jarrón de cerámica y decirle que haga cerámica. ¿Qué cerámica va a hacer si ya se la hemos dado hecha nosotros? Por lo tanto, con la educación y a través de la enseñanza nosotros podemos potenciar o coaccionar esa capacidad.

2. Polvo de arcilla + agua = barro. Muchos alfareros no disponen de un molino para reducir los terrones de arcilla a polvo junto con pequeñas piedrecillas y arbustos, entonces lo que hacen es meter los terrones en unas balsas o pequeños estanques con agua donde la arcilla se satura y disuelve haciéndose lodo. Uno de los objetivos de este proceso es que el agua actúe como un limpiador: el agua hace que las impurezas como ramas, hojas y raíces floten y suban a la superficie. El alfarero cada día abre unas compuertas y deja que ese agua superficial y que sobra vaya saliendo. Cada cierto tiempo se mueve la mezcla para que afloren más impurezas. Es importante resaltar que en todo este proceso no hemos alterado la composición química de la arcilla pues hemos añadido más agua, que ya tenía.

Habíamos dejado al niño en la etapa anterior aprendiendo los rudimentos de habilidades o destrezas: a manejar los lápices, los rotuladores, sabe cómo funcionan los encajes o las construcciones, y cómo se comportan materiales como la plastilina, la arcilla o cualquier otra pasta moldeable y además coordina sus manos. Entonces llega un momento en la madurez del niño en que deja de imitar lo que el adulto le enseña, para ser capaz de hacer algo nuevo por sí mismo de forma muy tímida y progresiva. Comienza a experimentar.

Toda la información que le llega por sus sentidos en forma de bloques como de arcilla ya ha procesado en su mente: ha desmenuzado los terrones en polvo. Ahora es el momento de añadir agua para que sea moldeable y dar una respuesta elaborada, es decir, diferente a la recibida: la arcilla convertida en barro. Por ejemplo, es normal que un niño le ponga ojos al sol, sabe lo que es un sol y sabe lo que son ojos y hace la mezcla, y lo identifica como un personaje, a ver qué pasa. O que haga un gato de arcilla y le ponga seis patas y cuernos, o pinte una vaca de color violeta y el sol verde…

Las alteraciones de la realidad indican el proceso de asimilación-abstracción. Pero nosotros lo que hacemos entonces es coartar su creatividad diciendo: «Eso no es así». ¡Error! El niño no es tonto, no le falla la vista, ya lo sabe, solo quiere probarnos y probar los límites de la realidad. O puede que un personaje solo tenga cabeza con ojos y boca, sin cuerpo ni extremidades. Para el niño la esencia de una persona es la cabeza y sus facciones. Lo que están haciendo es ahorrar elementos superfluos como las culturas prehistóricas.

Luego pasará otra etapa en que le irá poniendo un pequeño cuerpo, que no será más que una línea, y brazos y piernas muy largos… Debemos dejar que pase por todas estas etapas especialmente en la formación de la figura humana. Otra curiosidad serán las repeticiones y las ausencias, es tan importante lo que se dibuja como lo que no.

Si un niño siempre dibuja paisajes sin sol puede ser síntoma de una vida triste, si una niña dibuja princesas está en la época de afianzar su feminidad, lo mismo que el niño que dibuja guerreros, su masculinidad. Si no pone rasgos a las caras son síntoma de que esconde algo… pero bueno, esto es más labor de los psicólogos y muchas veces las interpretaciones de los adultos pueden resultar erróneas. Los niños suelen tener motivaciones que alteran radicalmente los principios teóricos.

Otro ingrediente que nos da información sobre el proceso de madurez del niño es el color. Los niños prefieren los colores primigenios: el rojo, el azul, el amarillo y el negro, y luego pasan a colores compuestos. Hay toda una teoría que el gran pintor abstracto Vasili Kandinsky estructuró en cuanto al color y las motivaciones al usar uno u otro, pero en los niños esto puede estar alterado. No debemos obsesionarnos si un niño solo utiliza unos colores, son etapas y utiliza lo que va comprendiendo a base de práctica. Por eso puede estar días, semanas o meses con un solo color; está experimentando hasta donde llegan las posibilidades de ese color. Ellos tienen motivaciones muy personales que incluso pueden llevarles a prescindir de los colores.

Hay niños, como mi hijo pequeño Asiel, que llegó un momento en que prescindió totalmente de los colores, no coloreaba nada, solo dibujaba y no es que no supiera utilizarlos porque tenemos dibujos anteriores supercoloridos. Pero llegó un día en que ni la profesora ni yo, éramos capaces de que coloreara lo que dibujaba. Simplemente le interesaba más la narración; él contaba historias con los dibujos y la línea le bastaba. Siempre hacía como pequeñas tiras de cómic en los que destacaban guerreros y caballos y algún que otro castillo y dragón.

Y por último hay niños con cosas curiosas sin explicación aparente. Mi hijo mediano, con tres o cuatro años, dibujaba las casas en planta, como en un plano, viéndose las estancias e incluso con mobiliario dentro. Cuando su profesora de infantil le dijo que las casas tenían tejado y que él tenia que dibujarlas con tejado, entonces Izhar comenzó a hacer las casas en alzado, es decir, con un corte para que se vieran las habitaciones por dentro con infinidad de detalles. La profesora alucinaba pensando que el niño era un superdotado, pero la explicación era muy sencilla: aparte de que Izhar tiene un sentido de la espacialidad increíble, cada tarde hacíamos los deberes en la mesa del salón mi hija mayor a un lado, Izhar enfrente de mí y yo con mis deberes también (pues en aquel tiempo estaba haciendo mis estudios de arquitectura y diseño de interiores), el niño simplemente hacía lo que veía en mis láminas de dibujo. El niño imitaba las casas de mamá. Ah, pero siempre dibujaba un gato a la puerta.

Principio: los niños son un mundo sorprendente.

3. Habíamos dejado nuestra masa formada de arcilla saturada de agua ligeramente desecada en las balsas. De allí se saca con palas a un espacio enlosado que el alfarero llama la torta donde el aire y el sol acaba de evaporar el agua restante. Luego se llevan trozos de esta masa a una mesa de piedra que suele estar ya dentro de la alfarería donde se realiza otro amasado, esta vez de forma manual cogiendo trozos de la masa y golpeándola contra la mesa para que salgan las burbujas de aire. Este paso puede parecer muy obvio, pero es de gran importancia porque una burbuja de aire te puede distorsionar el modelado posterior y sobretodo estallar en el horno. Hasta este momento lo que hemos hecho no ha sido más que preparar la materia prima. Cosa que hoy en día no es más que ir al almacén de cerámica y comprar la arcilla ya preparada en pellas.

Como su palabra indica, es formar una pieza a base de ir añadiendo módulos o trozos de arcilla. Es la técnica que se usaba en la Antigüedad cuando no existía el torno de alfarero y las vasijas se hacían a base de añadir churros de barro que se alisaban por el interior y exterior. El proceso es lento porque cada vez que se añade un churro hay que esperar a que seque un poco y coja consistencia, para que pueda admitir el siguiente trozo o churro. Lo más importante por tanto, es controlar el secado del churro anterior para que no esté demasiado seco y ya no admita el barro nuevo blando. Son como silencios, momentos de inactividad manual donde hay que retirarse y ver la pieza que estas elaborando desde la perspectiva.

Es el proceso totalmente contrario: partiendo de un bloque de arcilla se va quitando masa hasta quedar libre la pieza que queremos. Como decía el genial Miguel Ángel, «rescatar la figura que ya estaba en el trozo de piedra». Es el mismo trabajo que la talla en cantería o en madera. Se utiliza para los relieves especialmente. Supone la forma más conocida y típica de modelado del barro: lo que conocemos como trabajo del alfarero. El uso del torno está documentado ya en el IV milenio a.C. El alfarero tiene que contrarrestar dos fuerzas: la fuerza centrífuga que lleva el barro hacia afuera y la fuerza de la gravedad que lo lleva hacia abajo: para hacer una vasija el alfarero tiene que tirar del barro hacia arriba y hacia adentro. Para hacer un plato sin embargo las fuerzas ayudan. La destreza de un alfarero se mide precisamente por sus piezas si son estilizadas de cuellos muy finos y largos o tensiones de volumen muy acusados. Se lleva la técnica al límite.

Hacer un botijo es lo más difícil aunque os parezca mentira… ¡y hacer un botijo que funcione mucho más difícil! Se necesita conocer una ecuación que dos estudiantes (Gabriel Pinto y José Ignacio Zubizarreta) de ingeniería industrial de la Politécnica de Madrid formularon en 1995. Por supuesto, un buen alfarero conoce el principio de esta ecuación aun sin saber matemáticas, ni física ni química. Lo ha aprendido por el método prueba-error, o lo que es más fácil aún, por imitación: lo que hacían sus padres y abuelos y funcionaba.

El modelado en el torno implica las dos técni...

Gestión de riesgos para el patrimonio cultural / Carolina Ossa (CL)

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