Nacido para Sufrir: Explorando el Significado del Sufrimiento en la Vida

La idea de que hemos nacido para sufrir es una reflexión que ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Este sentimiento, el contexto que cada persona tiene, queda marcado por cosas así.

El Triunfo de la Muerte, Pieter Bruegel el Viejo

Reflexiones Personales sobre la Pérdida y el Dolor

Yo perdí el miedo cuando perdí a mi primo, tan joven, tan bueno, tan bien que estaba todo. Me duele mucho siempre que lo recuerdo. Aún no acepto la realidad, no sé en qué creer. Estoy enojado con la vida, con dios, o quién fuera. Si vivimos las cosas malas que nos pasan deberían ser en medida en cómo vivimos la vida, pero la realidad parece solo ir en contra. Los buenos siempre caen, los malos son alabados. Maldito mundo. Maldita sociedad. Malditas ganas de tener poderes para retroceder el tiempo.

Lo malo de la muerte no es del que muere o se va porque ese ya ni siente ni padece, se acabó todo y pasa a ser materia que se transforma. Lo malo de la muerte y quien le debe temer es para quien se queda, para el ser querido que sigue vivo porque ha perdido a un ser querido, el vacío que deja, saber que no lo vas a volver a ver nunca más, los recuerdos, vivir en la misma casa que has compartido, saber que nunca más vas ni a ver ni a oír hablar a esa persona. Eso es horroroso y hay poca gente que lo supera.

La muerte es una putada y debe ser tenida por el que se queda no por el que se va. Por eso nació la religión y nos aferramos a ella pensando que nos reuniremos con nuestros seres queridos en otra vida o algo así pero lo cierto es que eso no va a pasar. A pesar de todas las teorías lo único cierto es que moriremos, no importa si eres creyente o no hay un solo destino cierto , la muerte.

El Sufrimiento como Parte de la Existencia Humana

Realmente no sé a qué venimos a este mundo o la razón cierta de estar vivo para mí solo vinimos a sufrir a sufrir con el estilo de vida implantado por el humano de codicia avaricia, venimos a sufrir con la muerte de nuestros seres queridos viendo y sufriendo como gente que te amo se muere, sufrimos por la muerte de nuestras mascotas de nuestros padres de nuestros hijos . Aquí en esta tierra son muy pocos los que son felices porque lo pueden tener todo pero tampoco son felices.

De qué sirve vivir, aprender y todo lo que hacemos día a día si después vamos a morir y olvidar todo, seguro que no vamos a recordar nada y va a ser como si no hubiésemos nacido. Porqué los científicos inversores y averiguan muchas cosas si el mundo se acabará y no va a servir de nada y las personas van a morir. ¿Que habia antes de nacer?, yo no recuerdo nada, ¿Alguien recuerda algo?, y, ¿ que hay ó habrá después de la muerte?...

Si solo es nacer y vivir unos cuantos años no tiene sentido la vida, puesto que todo lo que hagamos ahora en vida es pura vanidad y cuando mueres ya queda todo en el olvido como si no hubieras nacido. A pesar de ello, hay esperanza. Creo en lo que Dios promete para el futuro, nos lo asegura en su palabra la Biblia. Textos: Apocalipsis 21:3, 4. Isaías 25:8.

Somos uno más de las especies de la naturaleza, nacemos, crecemos, reproducimos y morimos, cuando aceptemos este hecho seremos libres. Puedes volver a ser Feliz. ¿Y? ¿Entonces por qué sigues Vivo? La verdad es que a mi por lo menos no me convence. Dicen al final una frase cliché que practicamente nadie realmente hace o puede hacer. Vive la vida como si cada día fuese el último. No. Cuando naces ya viene incluido todo, solo vive cada día como si fuera el último.

Perspectivas Filosóficas sobre el Sufrimiento

Arthur Schopenhauer (1788-1860) sentó en su temprana obra cumbre, El mundo como voluntad y representación (1819), las columnas fundamentales para fundar el pesimismo filosófico y antropológico del siglo XIX. En estos aforismos encontramos algunos de los pilares de su pensamiento, que pueden ayudarnos a entender mejor los mecanismos internos del mundo, así como a poner en práctica algunas máximas para alcanzar el bienestar a través de la filosofía.

El mundo está regido por una voluntad incansable e incandescente que nos convierte en máquinas deseantes. Deseamos incansablemente y, tras la satisfacción de un deseo, espera siempre uno nuevo, que a su vez busca ser satisfecho; una dinámica que nos vapulea y maltrata sin descanso y que nos sitúa entre dos polos inevitables: el sufrimiento y el aburrimiento.

Por eso, Schopenhauer explica, apelando a la autoridad de Aristóteles, que la persona sabia no busca una inaccesible felicidad, sino más bien la ausencia de dolor. De esta forma, el autor alemán nos invita «a dirigir nuestra atención no a los placeres y comodidades de la vida, sino a los medios de evitar, en la medida de lo posible, sus innumerables males».

Schopenhauer compara nuestra consciencia con «aguas de cierta profundidad»: los «pensamientos claramente conscientes» solo aluden a la superficie; el resto de su contenido es denominado con un elocuente sustantivo, la «masa», «lo borroso» (o no claro, Undeutliche), especificando más adelante que el material que recibimos del exterior es siempre «rumiado» en nuestras más «oscuras profundidades», y es así, en fin, como se «refunden» (o reelaboran, umarbeiten), es decir, es así como se relacionan todos nuestros pensamientos.

Nuestra inteligencia, asegura el filósofo, no es más que un «parásito» de la voluntad, del organismo, «un simple fruto» que tan solo sirve «para la autoconservación, regulando sus relaciones con el mundo exterior». El intelecto es algo secundario, mientras que lo fundamental y primario es nuestra voluntad, nuestros deseos y anhelos.

«Solo hay un error innato: pensar que existimos para ser felices», señaló Schopenhauer en el capítulo 49 de El mundo como voluntad y representación. Mientras persistimos una y otra vez en darnos contra este muro y nos «reafirmamos en los dogmas optimistas», el mundo se nos aparece como una continua contradicción, ya que a cada paso experimentamos que el mundo y la vida «no se han hecho para contener una existencia feliz».

Arthur Schopenhauer

Aunque Schopenhauer fue un declarado ateo, siempre defendió que su doctrina es la representación y concreción del cristianismo más puro, sin apelaciones a la divinidad o la trascendencia: el sufrimiento y el dolor son los goznes que sujetan la puerta que abre la vía a la liberación.

El sufrimiento y el dolor nos conducen a la convicción de que todos vivimos y compartimos un mismo mundo de pesadumbres en el que la crueldad y la malicia son monedas corrientes de cambio. Por eso, quien sale de nuestro error innato (quien se da cuenta de que no hemos nacido para ser felices), «enseguida verá todo con otra luz y el mundo entrará en consonancia, si no con sus deseos, sí con su comprensión de él. Las desgracias de todo tipo y magnitudes, aunque le duelan, no le asombran ya: porque ha entendido que precisamente el dolor y la aflicción trabajan en favor del verdadero fin de la vida», asegura Schopenhauer.

Si bien es cierto que alcanzar la felicidad, tal como la entendemos (como una completa satisfacción de nuestros deseos), resulta imposible, sí encontramos momentos en nuestra vida en los que la alegría y el contento se apoderan de nuestros corazones. En ese instante nunca hay que cerrarle la puerta intentando pensar por qué nos encontramos en ese estado o entorpecer la entrada de la alegría en nuestra vida, pues es efímera y su tiempo muy fugaz.

Los Aforismos sobre la sabiduría de la vida de Schopenhauer son un ungüento -tan filosófico como literario- en el que pueden ser probadas las mieles y bondades de la sabiduría pesimista. Esta, lejos de situarnos en un inoperante quietismo o en un derrotismo vacuo, nos invita a encarar el mundo sin esquivar ninguna de sus aristas, por oscuras u onerosas que puedan resultarnos.

Para que no vivamos anclados a nuestra insaciable capacidad de desear, debemos mantener siempre atada a nuestra fantasía: «Ante todo, pues, no construir castillos en el aire, porque nos costarán muy caros y tendremos que demolerlos más tarde entre gemidos». Pero, aún más, sostenía Schopenhauer, «debemos evitar inquietar a nuestro corazón imaginando desgracias solo posibles», pues los males de seguro llegarán. La mayor tranquilidad es la que se tiene en el presente, y hay que aprovecharla sin inquietarse por el inmodificable presente o por el imprevisible futuro.

Podría parecer paradójico que el padre del pesimismo moderno se inclinara por la compasión para explicar la auténtica moralidad del ser humano, pero nada más lejos de la realidad (metafísica y antropológica): precisamente porque vivimos en el peor de los mundos posibles, justamente porque presenciamos a diario el dolor y el sufrimiento en nosotros y en los demás, solo puede salvarnos la ayuda mutua, el reconocimiento de que el otro no es un Otro, sino otro yo que también sufre y se duele. El pesimismo de Schopenhauer acaba derivando, finalmente, en un humanismo que no elude las capas más tenebrosas y onerosas de la existencia.

Refranes sobre el Sufrimiento y la Vida

Los refranes te darán consejo y alivio en tus afanes. Aquí hay algunos refranes y expresiones coloquiales que hemos recopilado:

  • Quien de los suyos se aleja, Dios le deja: Indica que quien abandona a sus parientes, sin un motivo justificado, Dios le abandonará también.
  • A pan duro, diente agudo: Indica la diligencia que se debe poner para superar las cosas difíciles.
  • Es de bien nacidos el ser agradecidos: Refrán que enseña que debemos ser agradecidos con nuestros bienhechores.
  • Cada uno lleva el agua a su molino: Dirigir un asunto de modo que favorezca al interesado solamente.
  • Dinero ahorrado dos veces ganado: Refrán que pone de manifiesto la necesidad del ahorro.
  • Más vale algo que nada: Indica que no se deben despreciar las cosas aunque sean de mala calidad.
  • Quién más tiene más quiere: Refrán que critica a los ambiciosos.
  • Entrañas y arquetas, a los amigos abiertas: Indica la franqueza y la confianza que se ha de tener con los amigos.
  • A río revuelto, ganancia de pescadores: Refrán aplicable a los que se aprovechan de las situaciones desordenadas.
  • Bocado comido no gana amigo: Indica que quien no comparte lo suyo con los demás, no obtendrá su amistad.
  • Otro vendrá que a mí bueno me hará: Indica que las personas que hoy se tienen por malas, mañana puede estimárselas, al compararlas con otras peores.
  • Caer del burro: Reconocer los errores.
  • En boca callada no entran moscas: Denota lo útil que es callar.
  • Cuando fueres por camino, no digas mal de tu enemigo: Indica la precaución con que hay que hablar de otros en los lugares donde hay personas desconocidas.
  • Dios consiente, pero no para siempre: Refrán que pone de manifiesto la justicia y castigo de Dios al que obra mal, confiando en su misericordia.
  • Cría cuervos, y te sacarán los ojos: Indica que los beneficios hechos a ingratos les sirven de armas para pagar el bien con el mal.
  • Dádivas quebrantan peñas: Indica que con los regalos se suelen vencer las mayores dificultades.
  • Al desdichado, poco le vale ser esforzado: Refrán que indica que ni el trabajo ni la prudencia bastan para contrastar la fortuna contraria.
  • Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón: Manifiesta que el que roba y es robado, no tiene derecho a quejarse.
  • La rueda de la fortuna, de acá para allá se muda.

Cómo Afrontar el Sufrimiento

Las personas siempre intentamos construirnos una vida segura y tranquila donde queden excluidos los riesgos y, por supuesto, el sufrimiento. Hay quien va más allá de este simple principio y, por miedo a sufrir o a experimentar cualquier emoción negativa, se olvida precisamente de vivir.

No podemos aislarnos del sufrimiento, es casi imposible. No podemos introducirnos en una pompa de jabón esperando que el viento o los elementos no rompan jamás esa débil protección. Tarde o temprano nos llegará una desilusión, por pequeña que sea. O una traición, con todas sus consecuencias. Una pérdida e incluso una enfermedad.

Uno de los mayores errores de nuestra sociedad es el considerar el dolor, las lágrimas o el sufrimiento como algo que debe esconderse. Sufrir no es algo anormal, no es una enfermedad ni un signo de debilidad. Sufrir es comprender que hay algo que no va bien y que debemos saber comprender, asumir, aceptar y afrontar. Nada más que eso.

El sufrimiento es algo común y tan normal como el aire que respiramos. Todos experimentamos alguna vez las mismas cosas: ser despedidos en un trabajo, ser rechazados o abandonados, sufrir desilusiones, perder a alguien… el dolor no elige víctimas al azar, el dolor nos acaricia a todos por igual en algún momento pero cada uno de nosotros lo afrontamos de modo diferente.

Es muy importante por ejemplo el modo en que interpretes tu padecimiento. Llorar no es un acto de dolor, es un modo de desahogarnos y una necesidad natural. Las lágrimas son algo normal y necesario. Tampoco busques culpables, porque de lo contrario, alargarás aún más tu recuperación añadiéndole al sufrimiento el componente “rabia”, con lo cual, la sensación será aún más negativa.

Al sufrimiento, además, se le debe comprender y no solo aceptar. Si lo aceptamos sin luchar no nos sirve de nada: “yo sé que estoy triste porque mi pareja me ha defraudado, porque me ha hecho daño”. Si lo aceptamos sin más nos estancaremos en ese dolor de por vida. Hazle frente, asume esa decepción pero levanta la vista más allá. “Me han defraudado, sí, pero yo sé que esa persona no era capaz de hacerme feliz, sé que he hecho lo mejor y que ahora, es momento de enfocar mi vida en mi propio camino en busca de mi bienestar y mi felicidad. Porque merezco ser feliz”.

Sufrir es algo normal. No hay vida sin su pequeña cuota de sufrimiento, debemos recordarlo, de ahí que valga la pena aprender a gestionarlo para que no se desborde. Sufrir de modo continuado nos empareda en vida quitándonos el aire y haciéndonos perder todo aquello que nos rodea. E incluso a todos aquellos a quienes queremos. No vale la pena, reacciona, lucha por tu bienestar.

COMO SUPERAR LA PERDIDA DE UN SER QUERIDO

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