La relación entre madre e hijo es un vínculo complejo y multifacético, cargado de expectativas sociales y culturales. Sin embargo, cuando esta relación se desvía de la norma idealizada, puede convertirse en fuente de sufrimiento y conflicto. Este artículo explora algunos de los tabúes y desafíos asociados a la relación madre-hijo, desde el estigma de la "mala hija" hasta la delicada cuestión del incesto.
El Estigma de la "Mala Hija"
Sandra Sánchez, trabajadora social y terapeuta especializada en vínculos maternofiliales, aborda este sufrimiento específico en su libro 'Malas hijas'. El objetivo es aportar herramientas para tomar el control de la vida propia, ser libre y, sobre todo, feliz.
Carmen (nombre ficticio), una psicóloga de 35 años, ejemplifica esta lucha. "Tardé mucho en darme cuenta de que algo no funcionaba. Vas aprendiendo y le pones nombre a cosas que te pasan", dice. Su relación con su madre, a quien describe como narcisista y experta en chantaje emocional, la llevó a buscar terapia desde la adolescencia. Tras años de tensión y sufrimiento, Carmen tomó la difícil decisión de establecer contacto cero con su madre, a menos que esta acceda a buscar terapia juntas.
Esta ruptura radical la convierte inmediatamente en una mala hija a ojos de muchos. El quid de la cuestión es que a Carmen no le importa ya lo que piensen de ella. O no tanto como para no hacer lo que sea necesario si escapa del dolor que su madre le causa.
Sánchez analiza el vínculo entre progenitores e hijos, pero con perspectiva femenina: "Hay muchos estereotipos sobre lo que significa ser mujer que marcan esta relación. Si un hijo se marcha de casa e inicia una aventura, es un explorador. Si lo hace una hija, se interpreta que está rechazando a su madre. Somos cuidadoras y esto supone limitaciones, como la de independizarte de ella", explica. Y esto tiene un efecto rebote, en tanto que la hija percibe ese encarcelamiento y aumenta el rechazo. Al final se va, "pero con culpa".
Carmen confirma el conflicto que supuso volar del nido y escapar de una persona que nunca aceptó límites: "Aunque tenía 26 años, para ella era innecesario que yo me fuese de casa. Me reprochaba que no la quería, que quería hacerle daño. Se sumaban los problemas de pareja con mi padre y nos acusaba de olvidarla. Intentó suicidarse argumentando que si yo no la necesitaba, mejor se quitaba de en medio", recuerda.
Tipos de Madres que Pueden Generar Relaciones Difíciles
Sánchez explica que una madre como la de Carmen, manipuladora, conflictiva, entrometida, eternamente quejica, no es el único tipo de progenitora con quien una hija puede tener una relación dura. "Las madres pasivas, por ejemplo, parecen inofensivas y hasta las hijas desconocen el daño que les hacen. Vienen a mi consulta por otras cuestiones y al rascar, encontramos que han tenido madres ausentes emocionalmente de su vida, madres calmadas que están lejos, que las han desprotegido frente a un abuso sexual, bullying, etc.", añade.
Este estigma social es más acusado en sociedades latinas donde es impensable "cuestionar el maternaje", dice la autora de 'Malas hijas'. El charco en el que Sánchez mete los pies le ha costado más de un ataque. Sus redes están llenas de haters que la acusan de meterse con lo más sagrado: "Yo no digo que las madres tengan la culpa de todo. Yo misma también lo soy. Solo digo que tener una ausente, que no haya comprendido tus emociones, tiene consecuencias y que, seguramente, ellas también sean víctimas de una brecha parecida con la suya. Es una herida transgeneracional que hay que sanar".
Surge una pregunta necesaria: ¿Es peor acaso ser mala hija que mala madre? Carmen no duda: "Una madre está más excusada porque está aceptado que ser madre es muy difícil, que ha podido salirte un hijo complicado... En cambio, una mala hija es una desagradecida, que no corresponde el haberte dado la vida". Sánchez incorpora un matiz: "Desde pequeñas nos han dicho a las mujeres que tenemos que complacer. Nunca que apostemos por nosotras. Por eso, si una hija decide ser su prioridad, si no dice que sí a todo a su madre, será acusada de egoísta. Hay mujeres que por atenderlas, no cuidan ni a sus propios hijos".
El Contacto Cero como Herramienta de Sanación
Carmen se queja de que su madre nunca respetó sus límites. Algo sencillo como estar a solas en el baño era imposible, por más que le decía que no deseaba compartir ese espacio. Hoy viven en comunidades autónomas diferentes. Una paciente de Sánchez se cambió de casa solo y exclusivamente para evitar las insistentes visitas por sorpresa de su progenitora, que buscaba cualquier excusa para que, timbrazo va, timbrazo viene, le abriese la puerta.
Para la terapeuta, una adulta que decide separarse emocionalmente de su madre es alguien que quiere ser un individuo diferente de ella: "El enfoque no es que esté rechazándola, sino que está siendo fiel a sí misma. No hay que romantizar el ideal de madre, tenemos que verlas como un ser real", sostiene. Y para conseguirlo, no hay muros: "Yo misma tuve que establecer contacto cero con la mía, pero es algo que no puedes hacer sola. Necesitas un profesional que te sostenga", mantiene. Y cero significa "no llamadas, no mensajes, no saber, no ver".
Otra pregunta, también necesaria, para Carmen: ¿Quieres a tu madre? "No. Hace poco más de un año, en una discusión a gritos, le hablé de verdad. Sentí que se cortó el vínculo. Para mí el amor incluye respeto, y no la respeto. Ya he hecho mi duelo. Es lo que más daño me ha hecho en mi vida", lapida.
La última: ¿Y crees que ella te quiere a ti? "Me lo he planteado muchas veces. Seguramente sí, pero me quiere mal, y ese amor no me sirve. Querer es cuidar al otro, respetar, hacerte cargo de tu conducta...
El Tabú del Incesto
El tabú del incesto es una norma cultural que prohíbe las relaciones sexuales entre parientes. Todas las culturas han definido los emparejamientos matrimoniales adecuados y no adecuados y por lo general ciertos parientes cercanos están excluidos como posibles parejas. Para algunos autores, la prohibición del incesto es una construcción cultural que surge como un efecto secundario de una preferencia humana general por la exogamia del grupo, ya que los matrimonios mixtos contribuyen a construir alianzas valiosas que mejoran la capacidad de ambos grupos para prosperar.
Para otros autores, se basa en una preferencia biológica de parejas con las que es poco probable compartir genes, ya que la consanguinidad puede tener resultados perjudiciales. Otra explicación quizá más verosímil es que las primeras poblaciones cazadoras-recolectoras eran necesariamente pequeñas (alrededor de 30 individuos) y muy sensibles a los desequilibrios en la sex ratio. Por ello, existiría una tendencia natural a emparejarse con individuos de otras poblaciones. Los desequilibrios en la sex ratio también podrían estar en el origen de la poligamia, tan frecuente en las sociedades humanas.
El término incesto proviene del latín incestus, que significa “no casto”, y define a esas relaciones o encuentros sexuales entre individuos cuya línea de consanguineidad es muy cercana dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio, tal como las relaciones entre madres o padres con sus hijos, encuentros íntimos entre hermanos, y otros. El incesto no se limita al coito; puede abarcar un espectro de conductas sexuales inapropiadas entre miembros de la familia, incluyendo tocamientos, masturbación mutua o incluso la instrumentalización sexual de menores.
Por lo general, la mayoría de los grupos sociales, a nivel histórico y cultural, han prohibido las relaciones incestuosas y han incentivado a las personas a formar relaciones con otras personas que no pertenezcan al mismo núcleo familiar. Sin duda, es un fenómeno con profundas raíces históricas, sociales y culturales.
El incesto es considerado un tabú casi universal en las sociedades humanas, aunque la definición de “pariente cercano” varía culturalmente. A lo largo de la historia, encontramos referencias al incesto en diversas mitologías y textos religiosos.
El Incesto en la Mitología y la Historia
El incesto es un tema recurrente en muchas mitologías del mundo, incluida la mitología griega, egipcia, mesopotámica e incluso en ciertas tradiciones indígenas y orientales. Su presencia en estos relatos no implica una aprobación del incesto en la vida real, sino que suele reflejar ideas simbólicas sobre la creación, la divinidad, el linaje y el poder.
Sirvan algunos ejemplos de la mitología griega: Urano y Gea (Cielo y Tierra) son madre e hijo y también pareja, de cuya unión nacen los Titanes; Cronos y Rea son hermanos y esposos, padres de Zeus, Hera, Hades, etc.; Zeus y Hera también son hermanos y esposos. Y qué decir de Edipo, cuya historia de incesto es de las más conocidas, pues Edipo mata a su padre y se casa con su madre sin saberlo.
El incesto entre dioses representa una forma de pureza del linaje divino y la necesidad de mantener el poder dentro de la misma sangre. Pero también hay ejemplos en otras mitologías, como la egipcia (Osiris e Isis son hermanos y esposos, y engendran a Horus; Nut y Geb son hermanos y padres de los dioses mayores), la japonesa (Izanagi e Izanami son hermanos y esposos, quienes crean las islas de Japón), la inca (Manco Cápac y Mama Ocllo son hermanos y esposos, enviados por el dios Sol para fundar la civilización inca), etc.
Otro lugar común del incesto es dentro de las familias reales, donde se practicaba para mantener la pureza del linaje o el poder concentrado. Ya en el antiguo Egipto era común que los reyes se casaran con sus hermanas (p. ej., Cleopatra VII se casó con dos de sus hermanos, Ptolomeo XIII y XIV). Pero también recordamos la locura y depravación de Calígula, quien mantuvo relaciones sexuales con tres de sus hermanas, o el emperador Cómodo, quien hizo lo propio con las suyas.
En la Edad Media y Edad Moderna en Europa no era común el incesto directo (entre hermanos), pero sí hubo endogamia extrema durante siglos, es decir, matrimonios entre primos, tíos y sobrinas. Y el ejemplo de los Habsburgo o Austrias es paradigmático, hasta el punto de que el último rey de esta dinastía en España, Carlos II, apodado como “el Hechizado”, sufrió graves problemas físicos y mentales, producto de generaciones de matrimonios entre parientes. Y es que la obsesión con la sangre “pura” tuvo un alto coste en salud genética y llevó a la decadencia de varias casas reales.
| Cultura/Periodo | Ejemplo de Incesto | Motivación |
|---|---|---|
| Mitología Griega | Urano y Gea, Zeus y Hera | Pureza del linaje divino, mantenimiento del poder |
| Antiguo Egipto | Cleopatra VII y sus hermanos | Mantenimiento del poder dentro de la familia real |
| Dinastía Habsburgo | Matrimonios entre primos y tíos/sobrinas | Obsesión con la sangre "pura" |
Implicaciones Legales y Sociales del Incesto
En España, aunque el incesto no es delito, es ilegal un matrimonio civil entre familiares de hasta tercer grado (es decir, con tíos, sobrinos, bisabuelos y bisnietos). En Portugal, la prohibición se reduce al segundo grado, mientras que en Italia y Uruguay es delito el incesto que suponga “escándalo público”, pese a lo escurridiza que resulta la expresión.
El incesto con menores de edad es un delito grave en la mayoría de los países, ya que implica una combinación de dos factores criminales: relaciones sexuales entre familiares cercanos y abuso sexual infantil. Cuando uno de los involucrados es menor de edad (según la mayoría de edad sexual o legal del país), no se considera consentimiento válido, incluso si el menor no se opone activamente. En estos casos, se suele aplicar una o varias de las siguientes figuras penales: abuso sexual infantil, violación agravada (cuando hay penetración o violencia), corrupción de menores, incesto agravado y/o delitos contra la integridad sexual.
• Prohibición matrimonial: el artículo 47 del Código Civil español prohíbe el matrimonio entre parientes en línea recta por consanguinidad o adopción, y entre colaterales por consanguinidad hasta el tercer grado.
• Incesto como agravante en delitos sexuales: el Código Penal español no tipifica el “incesto” como un delito autónomo cuando existe consentimiento entre adultos.
• Protección de menores: cuando el incesto involucra a menores de edad, se considera abuso sexual infantil, un delito gravemente penado por el Código Penal. La diferencia de edad y la relación de autoridad o confianza convierten el acto en una forma de explotación y vulneración de los derechos del menor.
• Debate sobre la penalización del incesto consentido entre adultos: existe un debate académico y social sobre si el incesto consentido entre adultos debería ser penalizado. Los argumentos en contra de la penalización se centran en la autonomía sexual y el principio de mínima intervención penal en la vida privada.
El Incesto en el Cine: Explorando las Aristas de un Tema Complicado
El cine ha abordado el tema del incesto desde diferentes perspectivas, explorando las complejidades emocionales, sociales y psicológicas que lo rodean. A continuación, se presentan algunas películas destacadas que abordan el tema del incesto con víctimas menores de edad:
- Lolita (Stanley Kubrick, 1962): Una adaptación de la novela de Vladimir Nabokov que explora la obsesión de un hombre de mediana edad por una adolescente.
- El soplo al corazón (Louis Malle, 1971): Una película francesa que aborda la relación incestuosa entre una madre y su hijo adolescente con delicadeza y ambigüedad.
- La luna (Bernardo Bertolucci, 1979): Un drama italiano que explora la relación de dependencia y autodestrucción entre una cantante de ópera y su hijo adicto a la heroína, con elementos de incesto.
Emociones Negativas Hacia los Hijos: Rompiendo el Último Tabú de la Crianza
Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Sería precioso que todos los hijos fuesen ideales, que lo fuésemos nosotros (los padres y las madres) y que la familia fuese siempre ese mástil sereno al que agarrarse cuando pintan bastos. Que la crianza tiene asperezas es un axioma que solo asimilamos cuando ya nos hemos reproducido. Hasta ese momento el discurso que impera es el del almíbar hacia los hijos y viceversa, y así, gotita a gotita, vamos generando unas expectativas sobre quiénes deben ser nuestros hijos y cómo debemos desempeñarnos como progenitores. En ese ideal el concepto reinante aúna felicidad y perfección.
Después, ya, la realidad nos coloca en nuestro sitio. Llegan los batacazos, las culpas, la erosión. Y en algún momento, por qué no, uno puede sentir emociones negativas hacia sus propios hijos. La clave no es esconder esos sentimientos, sino identificarlos y ponerles remedio.
Sobre esto, la psicóloga Sara Tarrés, conocida por su blog Mamá Psicóloga Infantil, acaba de publicar 'Mi hijo me cae mal. De los hijos ideales a los hijos reales y cómo aprender a convivir con ellos' (Plataforma Actual), un libro para derribar el penúltimo tabú de la crianza. Tiene dos hijos (12 y 15 años), así que no solo habla desde la teoría...
Reconociendo y Abordando las Emociones Negativas
Usted reconoce que ha cambiado su enfoque profesional desde que tiene hijos. ¿Por qué?
Lo que nos cuentan los libros en la universidad queda muy bien sobre el papel, pero cuando ejerces, ves que los seres humanos no siempre encajan en aquello que has leído. Aún sí, persistes, pero cuando fui madre comprobé que los principios de la psicología cognitivo conductual no funcionaban. Las personas no podemos ser vistas solo como individuos sino como parte de un sistema. Pertenecemos a otros engranajes que nos influyen: el colegio, la familia, un equipo de baloncesto, un contexto socioeconómico...
Tradúzcame esto en situaciones concretas de la crianza. Un ejemplo claro es cuando intentamos calmar una rabieta. Según el planteamiento anterior, las conseguiríamos extinguir si no hacíamos caso a nuestro hijo. Así, teóricamente, se calmaría solo. Pero no es la mejor manera: los niños no se tranquilizan solos y tú, al final, te pones nerviosa y terminas gritando. Es necesario hacer un trabajo previo y ver por qué pasa esto. Quizá sea una respuesta a algo que hemos hecho nosotros mismos y convenga abrazarle para regularnos todos, en vez de enzarzarnos en castigar.
Claro. Criar no es fácil y mejorar nuestras habilidades emocionales solo se consigue con mucha práctica. Incluso así, podemos acabar gritando... De todos modos, debemos ser compasivos con nosotros mismos y rebajar la culpa. Tenemos altas expectativas sobre cómo seremos como padres y cómo deber ser nuestros hijos. Decimos mucho "nunca" (dejaré el móvil, daré chocolate...), pero la vida te lleva por donde te lleva y lo haces lo mejor que puedes.
El propio título de su libro es un tabú. ¿Cómo admitir que nos cae mal nuestro hijo? Es otro tabú, como lo era antes decir que hay niños maltratadores y también hubo que hablar de eso. Es importante expresar que tu hijo te cae mal, pero no para normalizarlo, sino para poner soluciones y favorecer el bienestar familiar. Es liberador pensar que no solo te pasa a ti, que no eres la única madre a la que su hijo le cae mal. No estás sola, eres un ser humano. Ni tienes una tara ni la tiene tu hijo.
¿Es un libro referido solo a adolescentes o lo de nos puedan caer mal nuestros hijos es transversal? No me he ceñido a ninguna edad en concreto. Me he encontrado con casos de hijos en edades muy tempranas y también adolescentes. Es verdad que cuando son pequeños no nos permitimos tanto ese sentimiento, pero aparecen muchas dificultades, como niños con muchas rabietas, de alta demanda... Es difícil para algunos padres encontrar el modo de conectar con ellos.
Usted dice que quiere cambiar el prejuicio de que la adolescencia es terrible. Ya nos dirá cómo... Es que al final es como la profecía autocumplida. Todo el rato recibimos esos mensajes sobre que es una etapa de peligro, de advertencia, de adicciones, de sustancias, de pantallas, de conflictos... Nos llegan muy pocas referencias positivas y parece que los padres nos tenemos que preparar frente al enemigo. Así es difícil mantener buena relación con alguien que, no lo olvidemos, está tan asustando como nosotros. Un adolescente necesita más comprensión y más conexión con sus padres. Hay que quitar esas etiquetas tan negativas y esa oscuridad.
Un adolescente parece que no nos necesita, pero sí, tanto o más que como cuando era pequeño. Antes lloraba para llamar la atención y ahora lo que hace es dar malas contestaciones, estar de mal humor... Ni ellos mismos se entienden, pero necesitan unos padres que no estén asustados y que puedan interpretarlos. Es una etapa difícil y con una vertiente social. Ni siquiera pensamos en ellos ni para la planificación urbanística. Hay áreas para mayores y niños, pero y a ellos, ¿dónde los ponemos? Luego criticamos que estén en los parques a oscuras... Es una etapa maravillosa y cuando los escuchamos, tienen cosas muy interesantes que decir.
No. Hay que poner límites y marcar líneas rojas, porque garantizan nuestra integridad física y emocional. En un momento de rabia todos podemos decir y hacer cosas de las que nos arrepintamos, pero no debemos permitir todo. Debe haber consecuencias, cada familia las que considere. Por ejemplo 'hoy no sales'. Si esos límites es preciso escribirlos y tenerlos visibles, se hace. Incluso se deja firmado, como si fuera un contrato. Siempre es mejor hacerlo en un momento de paz, no cuando estemos enfadados. De esta manera tampoco pondremos castigos inviables que sabemos que no vamos a cumplir y ellos lo saben. Esto nos desautoriza.
Dice que los hijos reflejan todo lo bueno y todo lo malo que hay en sus padres. O sea, ¿no son responsables de nada, son seres de luz? Nosotros somos sus principales referentes, pero no los únicos responsables de sus malos comportamientos. Si estamos enfadados y reaccionamos de un modo irónico, ellos lo van a copiar y quizá no nos guste que lo hagan. Nos ponen frente al espejo. Y esto vale para comportamientos agresivos, impulsivos, altivos... Es difícil aceptar que lo que menos te gusta de tu hijo quizá sea de tu propia cosecha. Y no son seres de luz. No por ser un adolescente debemos caer en la condescendencia y la permisividad de que peguen un portazo o prueben drogas, porque sin límites, se convierten en tiranos o, en casos graves, en hijos maltratadores. Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Si dejas pasar todo, no estás amando a tu hijo en realidad.
Elogiamos mucho y mal. No necesitan que les digamos 'oh, qué dibujo más bonito', sino algo más nutritivo: 'Cómo te has esforzado, he visto que has sumado muy bien y te costaba mucho'... No hace falta hacer una fiesta ni comprar chuches porque haya aprobado examen. Pero es más fácil recurrir al elogio vacío de '¡siempre lo haces bien!'. Ellos saben que es mentira. En general, nos fijamos más en los errores. Hay personas que todo el rato pasan lista de todo lo que hacen mal sus hijos. Todo esto se puede reeducar.
¿Cómo podemos arreglar lo de que nuestro hijo nos caiga mal? Tenemos que revincularnos con él. Y somos los padres quienes tenemos que hacerlo porque somos los adultos. Podemos pedirle permiso para sentarnos a su lado mientras ve la tele, por ejemplo. Debemos buscar cuáles son sus intereses, cenar sin distracciones y escucharlos cuando hablen sin criticarlos... Poco a poco irán surgiendo puntos de conexión. No hay magia que valga, es un esfuerzo diario. Y tenemos que tocarlos. Nos han dicho que los adolescentes no quieren y ellos mismos creen que son mayores para eso, pero si todos necesitamos afecto, ¿por qué ellos no?
Si un motor no funciona, lo llevas al mecánico. Con la familia pasa igual. Hay profesionales que nos ayudan a desatascarnos. No hace falta que ocurra nada gravísimo, pero si vemos que ya nos hemos hecho mucho daño, es el momento de ir a terapia. Normalmente los niños y los adolescentes, sobre todo, no quieren ir voluntariamente, pero son menores y hay que buscar la manera de que nos acompañen, aunque habrá sesiones en las que no haya manera de conectar con ellos. El profesional tendrá que buscar el modo de establecer alianzas terapéuticas.
Siempre que sientas que no hay avances, ni pequeños, en algo que te hayas propuesto, o si te sientes desbordado como padre. En esas situaciones te acuestas con sensación de malestar y de que nada ha servido, surgen peleas con la pareja por los hijos y llegan los problemas para dormir, las contracturas... Antes de quemarse, hay que pedir ayuda y que un profesional vea el 'mapa' y resitúe las cosas.
