¿Por Qué Mi Hijo No Come Nada? Causas y Soluciones

A día de hoy nos encontramos un alto porcentaje de niños con dificultades a la hora de comer y de probar nuevos alimentos. La pregunta ¿Por qué mi hijo no quiere comer? es muy recurrente en las familias. En el Centro Júlia Farré abordamos este tipo de casos de manera integral, tanto desde el punto de vista nutricional como psicológico. Es por ello que hemos enfocado este artículo desde ambos aspectos.

¿Por Qué Mi Hijo No Quiere Comer? Aspectos Psicológicos

Los niños adoptan comportamientos neofóbicos (miedo a probar cosas nuevas) y se vuelven muy selectivos a la hora de decidir lo que les gusta y lo que no.

Neofobia Alimentaria: ¿Qué es y Cuáles son las Causas?

Cuando hablamos de neofobia alimentaria nos referimos al trastorno que restringe la alimentación de nuevos alimentos a causa de un miedo irracional. Para explicarlo mejor, si nos encontramos que un alimento que solemos comer, huele distinto o tiene otro color ¿Verdad que desconfiaremos de que esté bueno?, pues a los niños les sucede lo mismo.

Además, aquí le podemos sumar que ya hayan podido vivir una situación desagradable al probar un alimento nuevo, como náuseas, vómitos, sentirse presionados a acabarse la comida a la fuerza, entre otras. Es fácil pasar por alto cómo ciertas situaciones alrededor de la comida pueden marcar a un niño, pero lo cierto es que estas experiencias a menudo dejan una huella que influye en su actitud hacia ciertos alimentos. Si alguna vez tu hijo ha sentido náuseas, ha vomitado o incluso ha tenido dolor de estómago tras comer algo, es normal que lo relacione con ese alimento y lo evite en el futuro. Por ejemplo, si vomita tras probar una fruta nueva puede relacionar tanto el alimento en sí como el sabor, textura o el color del alimento con la experiencia desagradable y que desde entonces se genere un rechazo automático. Incluso si el malestar fue causado por otro motivo (como que se haya dado durante un proceso de gastroenteritis).

Muchas veces, sin querer, los adultos caemos en la tentación de usar frases como “si no comes esto, no hay postre” o “tienes que comerte todo el plato o no podrás irte a jugar”. Como ya habréis notado los niños son auténticas esponjas emocionales. Si sienten que estamos frustrados, ansiosos o enfadados porque no comen, eso también influye en cómo se sienten respecto a la comida.

El ambiente también juega un papel importante. Si las comidas son caóticas, o si hay distracciones como la televisión o la Tablet, es más difícil que el niño desarrolle una relación positiva con la alimentación.

¿Cómo Actuar Si Tu Hijo Se Niega a Comer o Probar Nuevos Alimentos?

Es importante que aquí el adulto mantenga la calma por difícil que pueda resultar a veces. Puede ser beneficioso que en casa se coma de todo, normalizar la variedad de alimentos, comer todos los miembros de la familia juntos y el mismo tipo de alimentos.

También nos vamos a encontrar que si conseguimos que el niño pueda probar algo distinto a lo de siempre, nos diga que no le gusta, es algo normal porqué es nuevo, y puede que llegue a necesitar probarlo hasta diez o quince veces para normalizar en su repertorio de sabores y lo pueda identificar como familiar. Otra de las soluciones es implicar a los niños en la compra, en la cocina y poder crear platos visualmente atractivos.

Mi hijo NO PRUEBA NUEVOS ALIMENTOS | Neofobia a comer nuevos alimentos | Nutrición infantil

¿Por Qué Mi Hijo No Quiere Comer? Aspectos Nutricionales

Puede ser agotador sentarnos a la mesa cada día y enfrentarnos al rechazo constante de nuestro hijo hacia la comida. No saber cómo ayudarle y esa sensación de que “algo no estamos haciendo bien”, puede generar una gran frustración y ser una fuente de estrés. Pero queremos deciros que no estáis solos/as.

Cómo Influyen Las Experiencias Negativas en la Relación con la Comida

Es fácil pasar por alto cómo ciertas situaciones alrededor de la comida pueden marcar a un niño, pero lo cierto es que estas experiencias a menudo dejan una huella que influye en su actitud hacia ciertos alimentos.

Si alguna vez tu hijo ha sentido náuseas, ha vomitado o incluso ha tenido dolor de estómago tras comer algo, es normal que lo relacione con ese alimento y lo evite en el futuro. Por ejemplo, si vomita tras probar una fruta nueva puede relacionar tanto el alimento en sí como el sabor, textura o el color del alimento con la experiencia desagradable y que desde entonces se genere un rechazo automático. Incluso si el malestar fue causado por otro motivo (como que se haya dado durante un proceso de gastroenteritis).

¿Cómo Os Podemos Ayudar Desde La Consulta De Nutrición?

Desde la consulta, trabajaremos con las familias para buscar formas creativas y adaptadas a su día a día para reintroducir los alimentos que generan rechazo. Lograr que la hora de la comida sea más relajada y positiva. Una estrategia clave es ayudar a los padres a crear un entorno donde el niño se sienta libre de elegir cuánto y qué comer dentro de lo que se ofrece, sin presiones. En lugar de frases como “¡tienes que comer esto!”, proponemos decirles cosas como “Esto está aquí por si te apetece probarlo”.

Por supuesto, nos enfocaremos también en la alimentación del entorno familiar, ya que el ejemplo de los adultos juega un papel importante. En las consultas de seguimiento, el papel de la nutricionista es ayudar a las familias a identificar qué dificultades están encontrando al llevar a cabo las recomendaciones y asegurarnos de que sean conscientes tanto de los avances de sus hijos como de los suyos propios. Este proceso mejora si trabajamos en equipo con la psicóloga, quien acompaña a las familias en gestionar las emociones que puedan surgir, como la frustración o la ansiedad.

En consulta, trabajaremos juntos para establecer rutinas claras que hagan de las comidas un momento más tranquilo y consciente. Por ejemplo, una de las recomendaciones podría ser crear un espacio libre de pantallas. Esto ayuda a que tanto niños como adultos estén más presentes, puedan conversar entre ellos y disfruten del momento. Será importante proponer cambios que realmente sean factibles.

La Aversión de Lucas a las Verduras: Ejemplo Práctico

Los padres trataban de insistir para que volviese a comer esos alimentos, pero esto solo generó más tensión en las comidas.

  • Reducir la presión.
  • Apagar pantallas y mejorar el ambiente.
  • Nuevas formas de presentar los alimentos.

Tras el primer mes de seguimiento, los padres notaron que Lucas comenzó a aceptar pequeñas porciones de calabacín. Además, las cenas libres de pantallas habían mejorado la dinámica familiar, y Lucas parecía más relajado en la mesa.

Podemos Ayudarte a Mejorar La Aceptación de Los Alimentos de Tu Hija o Hijo

Dietista-nutricionista especializada en alimentación infantil. Graduada en nutrición humana y dietética por la Universidad de Barcelona. Especialista en nutrición en el embarazo y la infancia, Trastornos de la Conducta Alimentaria, obesidad y enfermedades digestivas.

Otras Causas Comunes Por Las Que Un Niño Puede No Querer Comer

Uno de los motivos más frecuentes en la consulta del pediatra es el tema de la alimentación. Cuantas veces habré sentido la frase «es que mi niño no me come o es que mi niña come poco». Sin duda es uno de los temas que genera más preocupación y angustia a las familias.Hoy repasaremos 5 motivos por los que un niño/a puede no querer comer:
  1. Presencia de una enfermedad aguda: Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro. Suele ser una perdida de hambre reciente y transitoria, y cuando se resuelva el episodio, el hambre vuelve. ante un peque que no tiene hambre, lo primero que siempre tenemos que descartar es que no haya ningún signo de alarma que haga sospechar una enfermedad. Algunos signos de alarma son: la fiebre, las diarreas, los vómitos, el dolor de barriga, la tos…
  2. Cambios en la rutina habitual: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño. Esto lo podemos ver en el contexto de viajes, si ha habido el nacimiento de un hermanito o hermanita, con el inicio de la escuela o de la escuela infantil… Los niños son muy sensibles a los cambios así que es normal que hasta que no se adapten a la nueva situación puedan comer menos.
  3. Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a: Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento. En estos casos es habitual que coman menos de lo que la familia espera de ellos. Debemos revisar qué expectativas en relación a la alimentación tienen los padres para ajustarlas a la realidad y hacer un registro dietético para comprobar que la ingesta sea la adecuada tanto en relación a la energía como en los nutrientes.
  4. Etapas normales del crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades. Por ejemplo, durante el primer año los bebés crecen muy rápido y por tanto ingieren más cantidad de alimentos. Pero a partir del año de vida este ritmo va más lento. A partir de los 2 años el crecimiento va mucho más despacio, nuestro cuerpo se autoregula y se adapta a la nuevas necesidades, por lo que el peque pasa a comer menos. Es totalmente fisiológico, como no necesita crecer tanto como el primer año, tampoco necesita comer tanto. Además, a esta edad es más difícil que se mantengan sentados en la mesa ya que tienen mucho interés por el mundo que les rodea.
  5. Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos que desplazan el resto de alimentación: Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips… Todos estos son alimentos poco saludables y de baja calidad nutricional. Un exceso en su ingesta puede generar una falsa pérdida de hambre, ya que son alimentos que sacian y que por tanto desplazan la ingesta de otros alimentos saludables como la fruta o la verdura.

Recordad, cada niño/a es diferente y su interés por la comida puede ser que vaya cambiando con el tiempo. Ante cualquier duda, siempre es recomendable que consultéis con vuestro pediatra.

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