Los niños, al igual que los adultos, pueden desarrollar trastornos de ansiedad. También pueden sufrir ansiedad debido a su falta de experiencia vital, inmadurez emocional y dependencia de sus padres. Es crucial entender las causas y cómo abordar esta situación para el bienestar del niño.
Síntomas de la Ansiedad Infantil
La ansiedad en niños puede manifestarse de diversas maneras, tanto físicas como emocionales y conductuales. Algunos de los síntomas más comunes incluyen:
- Quejas de dolores de estómago u otras afecciones psicosomáticas sin causa física aparente.
- Dificultad para separarse de los padres.
- Miedos excesivos no reales a ciertas situaciones u objetos (fobias).
- Ataques de pánico repetitivos.
- Pensamientos y comportamientos repetitivos (trastorno obsesivo-compulsivo).
- Síntomas depresivos y de ansiedad tras un acontecimiento estresante (trastorno de estrés post-traumático).
Trastornos de Ansiedad Más Frecuentes en Niños
Los trastornos de ansiedad son muy frecuentes en la niñez y la adolescencia. Aproximadamente, 13 de cada 100 niños y adolescentes de entre 9 y 17 años experimentan algún tipo de trastorno de ansiedad. Las niñas se ven más afectadas que los niños y cerca de la mitad de los niños y adolescentes con estos trastornos padecen un segundo trastorno de ansiedad u otro trastorno mental o de comportamiento, como la depresión. Además, los trastornos de ansiedad pueden coexistir con trastornos de salud físicos que necesitan tratamiento.
Trastorno de Ansiedad Generalizada
En el trastorno de ansiedad generalizada, el niño tiene una preocupación constante y desproporcionada y una sensación continua y muy molesta de que algo malo va a suceder. Además, una vez que empieza una preocupación ésta no se puede parar. Afecta del 2,7 al 4,6% de los niños y adolescentes. Los niños se suelen preocupar demasiado sobre si hacen bien las cosas, son muy inseguros, excesivamente rígidos, preocupados con la puntualidad, etc.
Trastorno de Ansiedad por Separación
Los niños con este trastorno suelen tener dificultad en dejar a sus padres para ir a la escuela, quedarse en casa de un amigo o estar solo. A menudo, se “aferran” a sus padres y tienen problemas para quedarse dormidos. El trastorno de ansiedad por separación puede ir acompañado de depresión, tristeza o miedo a que algún miembro de la familia se vaya o muera.
El niño muestra un miedo intenso y desproporcionado cuando se separa de sus padres, cree que puede pasarle algo malo a él o a sus padres. Lo manifiesta no queriendo ir al colegio, ni a otros lugares en los que va a estar sin sus padres (excursiones, casa de amigos, etc). El niño también lo pasa muy mal si los padres salen, por eso los padres suelen renunciar a salir ellos solos ante la imposibilidad de dejar al niño con otra persona. Además, tienen ansiedad, rabietas, incluso quejas físicas, como molestias abdominales, vómitos y mareos, que mejoran rápidamente al volver con los padres. A veces éstos síntomas físicos de la ansiedad hacen que los padres lleven al niño al pediatra, pero no se encuentra una causa física al dolor de estómago, vómitos, mareos, etc.
Los síntomas aparecen más frecuentemente por la mañana antes de ir al colegio o los domingos por la noche, y no están presentes en fines de semana o durante vacaciones, puentes, etc. Si el niño no pierde el miedo al colegio y sigue teniendo síntomas, debe ser evaluado para descartar un problema de ansiedad por separación. El tratamiento es sencillo y eficaz. Consiste en una exposición repetida y gradual al estímulo que crea su ansiedad (ir al colegio). Al principio se puede quedar la madre o el padre un ratito en el colegio, luego éste tiempo se hace gradualmente más corto y sólo se queda para ayudarle a quitarse el abrigo. Al despedirse hay que hacerlo rápido, pues prolongar la despedida no va a hacer que mejore la ansiedad y puede que le preocupe más si nota que nos cuesta trabajo dejarle solo. Se le debe asegurar que todo va a ir bien, y que le estaremos esperando después de clase (es importante hacerlo, y no llegar tarde a recogerle y tenerle esperando). Como el niño tiene poco concepto del tiempo, se le puede decir que el profesor le va a contar unos cuentos y después de unos juegos vendremos a recogerle. A veces se necesita que los primeros días, el niño vea o llame a la madre en el recreo, pero es importante que el niño sepa que tiene que ir al colegio. Está contraindicado buscarle un profesor particular en casa para evitar la ansiedad, pues eso sólo cronifica el problema. En algunos casos, si la exposición gradual no es suficiente, es necesario emplear medicación durante unas semanas. El pronóstico es bueno, pero si no se trata supone un riesgo al quedar el problema “enquistado” y los niños pueden presentar en el futuro otros trastornos de ansiedad o incluso depresión.
Fobias
Los niños y adolescentes con fobias tienen excesivos miedos no reales a ciertas situaciones u objetos. Muchas fobias tienen nombres específicos, y el trastorno puede centrarse en animales, tormentas, agua, lugares altos o situaciones específicas como encontrarse encerrado en un lugar reducido.
Trastorno de Pánico
Los “ataques de pánico” repetitivos en niños y adolescentes sin una causa aparente son signos de un desorden de pánico. Se caracterizan por ser períodos de intenso miedo acompañados por fuertes latidos del corazón, sudoración, mareo, nauseas o sentimiento de muerte inminente. La experiencia es tan terrible que viven con el miedo de que puedan sufrir otro ataque. Los niños y adolescentes con el trastorno suelen hacer cualquier cosa para evitar la situación que provoque otro ataque. Es posible incluso que no quieran ir a la escuela o separarse de sus padres.
Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad en el que el niño o adolescente presenta generalmente obsesiones y también compulsiones, aunque a veces sólo tiene obsesiones o sólo compulsiones. Al menos alguna vez, el niño reconoce que las obsesiones o las compulsiones son excesivas o absurdas. No se trata solamente de obsesiones en el contexto de otros trastornos psiquiátricos (como una obsesión por el peso en la anorexia, o por la apariencia corporal en el trastorno dismórfico corporal)
Los niños y adolescentes con trastorno obsesivo-compulsivo, se ven atrapados en un patrón de pensamientos y comportamientos repetitivos. Aunque puedan reconocer que éstos parecen sin sentido y traumatizantes, son muy difíciles de parar.
Trastorno de Estrés Post-Traumático
Los niños y adolescentes pueden desarrollar un estrés post-traumático después de haber experimentado un acontecimiento sumamente estresante, como abusos físicos o sexuales, ser testigo de un hecho violento o la vivencia de un desastre.
Cuando un niño se expone o es víctima de una situación catastrófica en la que corre peligro su vida como un accidente de tráfico o doméstico (incendio…), un desastre natural (terremoto, inundación, huracán), una muerte violenta en la familia, un atentado terrorista, una guerra, o a una situación crónica como un maltrato físico, violencia doméstica, abusos sexuales, o abuso psicológico, puede responder con síntomas depresivos y con síntomas de ansiedad característicos. Este tipo de situaciones agudas o crónicas pueden afectar a cualquier familia de forma cercana o a distancia, y afectan también a los niños. Son cada vez más cercanas y variadas y además gracias a la televisión, contamos cada vez con imágenes más gráficas de catástrofes lejanas.
Varios factores pueden afectar la respuesta de un niño ante éste tipo de catástrofe: La forma en que los niños perciben la respuesta de sus padres ante la catástrofe es muy importante. Los padres deben admitir sus preocupaciones a los niños, pero también deben esforzarse en explicar su capacidad de resolver la situación y seguir adelante. La “cantidad” de destrucción y muerte que hayan presenciado, y la cercanía de la catástrofe a su familia es muy importante. Si un amigo o familiar ha muerto o ha sido herido seriamente o si su colegio o su casa han sido afectados es más probable que el niño tenga síntomas. La edad del niño afecta a cómo responderá a la catástrofe. Los niños de 6 años pueden expresar su preocupación o ansiedad rechazando ir al colegio. Los adolescentes pueden negar sus preocupaciones pero discutir más con los padres sobre cosas de la vida diaria o empezar a tener peores notas.
Los niños con éste trastorno a veces creen que el suceso traumático está sucediendo de nuevo (los llamados “flash-backs” o reexperiencias del suceso) y repiten la catástrofe en sus juegos. También tienen pesadillas intensas sobre la catástrofe, sueñan con monstruos o con otras situaciones en las que ellos o sus familias sufren daños y deben ser rescatados. Aunque los síntomas pueden ocurrir poco tiempo después del trauma, a veces afloran varios meses después.
Los padres de niños que hayan sufrido una catástrofe o hayan presenciado algún acto muy violento deben estar alerta ante éstos posibles cambios en el comportamiento del niño: rechazo a volver al colegio o no querer separarse de los padres en casa; miedos persistentes relacionados con la catástrofe; alteraciones del sueño (pesadillas, gritos durante la noche, y orinarse en la cama de forma repetida); pérdida de concentración o irritabilidad; asustarse o sobresaltarse fácilmente o estar inquieto; problemas de conducta en el colegio o en casa que no son típicos del niño; quejas físicas (dolores de estómago, dolores de cabeza, mareos) sin una causa física; aislamiento de la familia y amigos, desinterés, tristeza, disminución de la actividad, y preocupación con el suceso catastrófico.
Los profesionales recomiendan que aquellos niños que hayan sufrido una catástrofe sean atendidos para prevenir y reducir en lo posible el riesgo de ansiedad. Cuando hay una catástrofe en un colegio, o si la misma ha afectado a alguno de los alumnos, se recomienda que los profesores organicen clases donde cada niño hable de lo que vió, lo que oyó y lo que pensó durante la catástrofe, o cómo se enteró de que algo malo había pasado a sus compañeros. También deben hablar de los miedos que tienen sobre lo que va a pasar como consecuencia de la catástrofe. Los niños más mayores pueden escribir sus experiencias en redacciones o trabajos y luego discutirlas con el grupo. Para niños más pequeños, se recomienda que dibujen lo que vieron, y luego lo expliquen.
Factores Familiares que Contribuyen a la Ansiedad
La dinámica familiar juega un papel crucial en la salud mental de los niños. Diversos factores pueden provocar que la familia sea una fuente de ansiedad:
- Discusiones: Un alto nivel de conflicto familiar puede generar ansiedad en los miembros de la familia.
- Cargas familiares: Situaciones como el cuidado de familiares dependientes o problemas económicos pueden aumentar el estrés y la ansiedad.
- Dinero: La mala gestión del dinero y los problemas económicos son una fuente común de ansiedad familiar.
- Falta de afecto y apoyo: La falta de cariño y apoyo puede provocar ansiedad en los niños.
- Familia absorbente: Una familia que está demasiado encima de la persona, pidiendo explicaciones continuas, genera un nivel elevado de presión y ansiedad.
¿Cómo Son las Familias Tóxicas?
Las familias tóxicas o disfuncionales tienen características bien definidas:
- La sobreprotección o la falta de implicación total.
- No suelen hablar de los problemas y hacen como que no existen.
- No respetan los espacios vitales y de intimidad de cada uno.
- Tienen normas rígidas de funcionamiento o ausencia de límites.
- Deficientes o nulas habilidades de comunicación y expresión de sentimientos.
¿Cómo Solucionar la Ansiedad que Produce la Familia?
Cuando tu familia te hace sentir mal y te produce ansiedad, hay varias pautas que puedes seguir para mejorar el problema:
- Aprender técnicas para identificar y manejar nuestra ansiedad.
- Mejorar tus habilidades sociales y de comunicación para tratar el problema con la familia.
- Tomar decisiones - a veces lo indicado es tomar distancia de la familia.
- Trabajar en tu autonomía e independencia.
- Considerar la terapia psicológica.
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Tratamiento de la Ansiedad Infantil
Ante la sospecha de un cuadro de ansiedad se debe consultar con el pediatra o el psicólogo. Los tratamientos conductuales son muy importantes pero también la terapia familiar o el uso de técnicas de relajación para manejar las situaciones de estrés, como, por ejemplo, el yoga. En los casos más graves, donde las relaciones sociales se ven muy afectadas o el grado de ansiedad es muy alto, se puede recurrir a la medicación.
El tratamiento es la psicoeducación, orientación familiar, psicoterapia y fármacos.
- Psicoeducación: ofrecer información y educación a la familia y/o paciente en el conocimiento de los trastornos de ansiedad.
- Orientación familiar: instrucciones sobre cómo tratar al niño, cómo manejar y reaccionar ante las crisis.
- Psicoterapia: hay varios tipos para abordar estos problemas. Destacan la cognitivo-conductual y la de familia. Cualquiera puede ser útil en manos de un buen terapeuta. La psicoterapia que no produzca resultados en un tiempo razonable, debe interrumpirse y/o acompañarse de otro tratamiento.
- Psicofármacos: pueden ser necesarios desde el inicio o a lo largo del cuadro, solos o junto a la psicoterapia. Los más usados son los llamados ISRS (fluoxetina, sertralina, paroxetina, citalopram) y tricíclicos. También pueden ser necesarios medicamentos para algunos síntomas como el insomnio o las crisis de ansiedad (benzodiacepinas: diazepan, clorazepato, lorazepan, alprazolan).
¿Cómo Actuar Ante Nuestro Hijo Ansioso?
En primer lugar, tenga calma: el niño se pondrá peor si ve nerviosos a sus padres. No intente razonar con su hijo mientras esté ansioso, espere a que pase. Distráigalo, evitando la situación de estrés. Impida que se hiperventile, haciendo que respire lentamente y sólo por la nariz. Realice la actividad que sabe que le gusta al niño, sin imponerla: pasear, leer un cuento, etc. Su serenidad le calmará. Más tarde, ya tranquilo, procure que exprese sus temores para racionalizarlos y afrontarlos.
Es importante recordar que la ansiedad en niños es un problema complejo que requiere un enfoque integral. Al trabajar en conjunto con profesionales de la salud mental y al implementar estrategias prácticas en el hogar, los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar habilidades de afrontamiento saludables y a llevar una vida más plena y feliz.
