«Las relaciones humanas son complejas, de ellas se desprenden diferentes emociones y sentimientos, no siempre agradables ni fáciles de sentir y manejar. También son dinámicas que cambian, fluyen y se tejen en un entramado de sensaciones, percepciones y comportamientos». Quién habla es Sara Tarrés, psicóloga especializada en psicopatología infantojuvenil y autora del libro «Mi hijo me cae mal».
Una conclusión a la que llegan muchos más padres y madres de los que se suele pensar.
Mejora la relación con tu hijo adolescente - Con Ana María Arizti y Shulamit Graber Psicoterapeuta
¿Es posible que tu hijo te caiga mal?
Sí, ¿por qué no te puede caer mal tu hijo? No deja de ser una persona con la que te relacionas y no todas las relaciones que mantenemos siempre son placenteras y agradables. Quizás, nos hemos pensando que por el hecho de ser nuestro hijo, por haberlo gestado o buscado, esa relación tiene que ser de por sí bonita.
Pues no siempre lo es. Hay momentos a lo largo del ciclo vital en los que estas relaciones no son tan magníficas como habíamos creído, en los que aparecen emociones y pensamientos muy desagradables producidos por esa interacción. Ese «me cae mal» no tiene que ser permanente porque las dinámicas de las relaciones son fluctuantes.
¿Y al contrario, es posible que los padres caigan mal a los hijos?
Creo que está más aceptado y se habla más de lo mal que nos pueden caer nuestros padres, sobre todo entre adolescentes. Esto, como padres, lo aceptamos relativamente bien, entra dentro del proceso. Pero lo que cuesta más aceptar en los coros es que tu hijo te caiga mal. Ahí hay más dedos acusadores.
Por ello, se sienten malas personas, malas madres, por tener ese sentimiento que parece estar prohibido. Este era uno de los objetivos del libro, romper el tabú sobre esto y que habláramos de estas emociones, porque nos están diciendo algo. Hay que escuchar qué necesidad debemos cubrir. Al hablar de todas estas situaciones podremos encontrar mayor tranquilidad y más respuestas.
Hagamos tribu, no para ir contra nuestros hijos, sino para saber que en la maternidad, aparte de ese amor incondicional que parece que lo debe cubrir todo, hay otras emociones.
¿Las madres tienen un peso añadido?
Hablo en femenino porque no dejo de ser mujer, madre e hija. Y este libro lo he escrito desde todas estas facetas. No me olvido de los padres y de su importancia. Pero parece que en las madres recae mucho más el peso, la responsabilidad, y se nos juzga con mayor severidad.
¿Qué razones suelen estar detrás?
Hay muchas, pero voy a decir unas cuantas solo. Empezamos por esa idealización que los padres siempre tienen de los hijos. Me incluyo. Es casi inevitable que, en el momento en que se plantean serlo, tengan un ideal tanto de cómo serán ellos como padres y también de cómo será esa criatura que traen al mundo.
Les van poniendo cara, una personalidad, planifican su futuro y luego, el hijo es único y la realidad les dice que las cosas no son tal y como se las habían imaginado. Se encuentran con las rabietas, con que los niños contestan mal, con que toleran mal la frustración, les ponen contra las cuerdas y llevan a los límites. Lo intentan un día tras otro. Leen libros y no saben por dónde ir. Es cierto que, además, hay niños que acaban siendo muy tiranos. Aprenden a exigirnos y no hace falta que nos contesten mal, sino que simplemente muestran desaires.
En suma a todo esto, está ese duelo que todos los padres deben pasar de las distintas fases evolutivas de los hijos: se tiene un bebé, que se transforma en un niño, después en una adolescente y finalmente en un adulto. Y al final de cada fase hay un pequeño duelo.
¿Suele ser difícil dejar ir en cada etapa?
Bueno, es que el papel de los padres también es cambiante durante el ciclo vital del menor y eso a veces tampoco se acepta bien. Nos encontramos con padres y madres de niños adolescentes que aún pretenden seguir teniéndolos como niños pequeños y no, ese no es el papel de los padres.
Tenemos que aprender nosotros también, a medida que nuestros hijos crecen que nosotros como padres también crecemos, y que la familia tiene unos ciclos vitales. Tiene equis duelos que exigen aceptar la pérdida del bebe, niño y adolescente que se convierte en adulto, el cual en un momento determinado se irá de tu casa. Ese es el objetivo también de ser padre. Prepararlo para que vuele.
¿Cómo se pasa de idealizar una situación a relacionarla con experiencias más negativas?
Más que negativas, son emociones displacenteras e intensas, que están ahí. Un buen día, sin saber por qué, aparecen como respuesta a algo, porque hay que saber que las emociones son guías, nos dicen que hay algo importante a lo que atender. ¿Qué sucede? Que ante respuestas inesperadas de los hijos, como suelen ser las primeras rabietas, se genera malestar, frustración, porque pensamos que eso nunca nos pasará a nosotros.
Estas pataletas forman parte de su desarrollo y no nos cansamos de repetir que no son patología. Si vemos que no sabemos cómo calmarlas, también nos hacen pensar que no somos buenas madres.
¿Cómo influye el bagaje de los cuidadores?
Cada persona es un mundo y, como dices, los adultos también llevan sus mochilas.
¿Es posible que las relaciones con los hijos se vuelvan tóxicas?
Sí. Fíjate. Esta palabra se usa mucho, pero ¿qué significa ser tóxico? Son esas relaciones difíciles que impiden el óptimo desarrollo de las personas. Mi intención es que esto sea lo menos culpabilizador porque, al final, la madre se acaba sintiendo muy culpable por ser una madre tóxica, por mantener la relación de esa forma, pero por lo general, no hay una intención de hacer daño y de dificultar el desarrollo de la personas a las que quieres.
Las personas a veces no sabemos querer. A veces queremos mucho, pero no es la forma en la que el otro necesita que lo queramos. Querer también es poner límites y, a veces, muchos padres piensan que no poniendo normas y límites están queriendo más a sus hijos. Ponerlos también puede acabar en una relación tóxica, debido a estar muy encima de ellos, por exigir por encima de sus posibilidades. Ahí es donde se convierte en tóxico ese amor o relación.
¿Qué tendrían que preguntarse los padres para entender mejor a los adolescentes?
Yo tengo dos hijos: uno de doce, y otro que va a cumplir quince. La adolescencia no deja de ser una etapa más. Como profesional, la veo así. Como madre, muchas veces en las que no entiendo a mis hijos, tengo que entrar en mí y pensar en cómo fui y qué necesitaba. Con esto, pienso: ¿qué me está queriendo decir mi hijo con este comportamiento?, ¿qué necesita?
Necesita afirmarse, despegarse, y para hacerlo siempre encuentra la mejor forma. Los adolescentes están aprendiendo, es un proceso, y a veces discuten con nosotros porque así están aprendiendo esas habilidades de confrontación, ya que saben que nosotros estaremos ahí sí o sí, en la gran mayoría de casos.
¿De qué forma inconsciente, los padres juzgan a sus hijos, a los amigos de sus hijos y lo que hacen?
«¿En serio vas a hacer eso?». Ahí juzgamos. Lo hacemos de forma muy inconsciente, porque nos juzgamos constantemente, lo hacemos cuando lo comparamos con su amigo, con nosotros mismos, con su hermano. Es muy fácil desprenderse de esto. Entiendo que lo es. A veces, tenemos que escuchar más y juzgar menos. Por ejemplo, cuando nos plantean qué quieren ser de mayores, a veces les tenemos que permitir que sueñen.
Te dicen: «Mamá, quiero ser futbolista». Y les decimos: «A eso se dedican cuatro, no pierdas el tiempo».
¿Qué hacer si tu hijo adolescente te cae mal?
- Acepta tus sentimientos.
- No te lo tomes como algo personal.
- No trates de cambiar a tu adolescente.
- Cambia el foco.
- Trata de conocer a la persona en la que tu adolescente se ha convertido.
¿Cuándo recomendarías buscar ayuda profesional?
Es importante buscar ayuda siempre que:
- Tras buscar una y otra vez soluciones no conseguimos que acaben de funcionar y nos invade una profunda sensación de no poder más.
- Cuando las discusiones, desavenencias, faltas de respeto o la aparición de patologías en algún miembro de la pareja nos impidan ser una familia funcional (entendida como aquella que promueve el desarrollo adecuado y beneficioso de todos los miembros que la componen).
- Cuando las emociones que sentimos nos llevan a actuar de un modo que puede poner en riesgo tanto nuestra propia salud física y mental como la de nuestros hijos.
Tabla resumen: Causas y acciones
| Causa | Acción Recomendada |
|---|---|
| Idealización de la maternidad | Aceptar la realidad y desprenderse de expectativas irreales. |
| Expectativas poco realistas | Ajustar las expectativas a la etapa de desarrollo del hijo. |
| Sentimiento de incompetencia | Buscar apoyo y reconocer las propias limitaciones. |
| Reflejo de aspectos no deseados | Trabajar en la auto-reflexión y sanar heridas personales. |
