Mi Cuna Fue Una Carreta: Historia y Tradición

Cualquier motivo o pretexto es bueno para salir de la rutina diaria. Viajar es el más deseado y codiciado. Ver nuevos lugares o volver a ver aquellos que ya viste hace muchos años y así poder valorar los cambios que, a buen seguro, se han producido con el paso del tiempo.

En mi caso y en este caso, ha sido un concierto que el Coro y Orquesta de RTVE ha dado en el Convento de San Francisco de la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada. Si a ello le añadimos que el acompañante elegido y agradecido ha sido mi nieto mayor, muy unido a mí por el sencillo motivo de que se lo pasa muy bien conmigo, y yo con él, se adivinaba que íbamos a pasar un buen día de excursión.

Y como el concierto no era hasta las 20:30 h teníamos todo el día para disfrutar «culturizándonos» de alguna manera. Llegamos a San Millán de la Cogolla justo a la hora en que podíamos visitar el interior del Convento acompañados por una guía oficial. Fue casi una visita privada ya que la hemos sido sólo 4 personas. Buena guía, Raquel, que nos ha glosado lo fundamental, sin irse por las ramas, con una exposición clara, sencilla e ilustradora.

Se agradece que el guía no nos abrume con datos de los cuales no te acuerdas nunca, porque es imposible, y que vaya a lo esencial, al espíritu que allí se respiraba siglos atrás con los monjes benedictinos y después de la desamortización de Mendizábal en 1836, con los agustinos recoletos, que son los actuales dueños del Monasterio y sus moradores en número de 10, aunque llegaron a ser más de 100 hace un siglo.

San Millán de la Cogolla (1974)

La Leyenda Fundacional

Quizá convenga iniciar la historia de la construcción de este Monasterio desde el principio, y ese principio no es historia sino leyenda. El traslado se realizaba en una carreta tirada por una yunta de bueyes que, al llegar al valle detuvieron inopinadamente su marcha y no hubo manera de que arrancasen, lo que se consideró como una señal de que el santo no quería abandonar aquellos lugares. Y fue en el lugar en que pararon los bueyes donde se levantó el Monasterio de Yuso.

Monasterio de Yuso, donde la leyenda sitúa la detención de la carreta.

El Monasterio a Través de los Siglos

Del monasterio original de los siglos X y XI no queda nada ya que fue destruido por un incendio. En el portalón de entrada, una de las imágenes que se refleja en ella en relieve es San Millán, apodado «Matamoros» ya que las crónicas cristianas cuentan que combatió al islam ayudando a su derrota, junto al Apóstol Santiago en la famosa batalla de Simancas.

El claustro bajo se comenzó en 1549 y aunque sus bóvedas son góticas la concepción es renacentista. Muy austero y en las ornacinas existentes en los capiteles faltan muchas figuras. Hay que tener en cuenta que a principios del siglo XIX, durante la invasión francesa, los gabachos se llevaron todo lo que consideraban que tenía algo de valor.

La Sacristía y la Iglesia

La sacristía es una de las más bellas de España, antigua sala capitular comenzó a usarse como tal hacia 1693. Los frescos del techo del siglo XVIII conservan, sin haber sido restaurados en más de 300 años, toda la riqueza del color original debido a la naturaleza del suelo que es de azulejos de alabastro que recogen toda la humedad ambiente del recinto.

La cajonería es de madera de nogal, encima de la cual hay veinticuatro óleos sobre cobre de estilo barroco de procedencia flamenca, madrileña e italiana. ¿Cómo puede ser que el óleo sobreviva sobre el cobre? Lo normal es que el óleo, que no deja de ser aceite, se deslice sobre el metal, pero ellos utilizaron una técnica de lo más audaz y singular. Antes de comenzar a pintar, aplicaron, sobre el cobre, ajo, lo que hizo que la pintura al óleo quedase fijada.

La iglesia del monasterio es lo primero que se hizo de todo el conjunto, comenzada en el año 1504, se terminó treinta seis años después y está catalogada dentro del gótico decadente. El grandioso retablo del altar mayor contiene un lienzo de Fray Juan Ricci, de la escuela del Greco, que representa a San Millán a caballo en la batalla de Hacinas. La sillería del coro bajo fue realizada por un tallista flamenco en torno a 1640, el trascoro de estilo rococó francés está decorado con esculturas de volúmen redondo que representan a discípulos de San Millán, destacando por su belleza el púlpito plateresco decorado con relieves de los evangelistas y símbolos de la pasión.

Retablo Mayor del Monasterio de Yuso.

El Órgano y los Cantorales

Uno de los tesoros que alberga el Monasterio es el órgano. Situado en el lado sur del coro bajo, fue realizado en 1768 por Esteban de San Juan en Logroño, probablemente aprovechando materiales pertenecientes a otros dos órganos habidos anteriormente. Fue en 1985 cuando, en Asamblea, la comunidad de los Agustinos Recoletos decidió su reparación integral con la ayuda económica del Banco Exterior de España y el Banco Cantábrico, asignándose los trabajos a un organero, que no cuajó. Un año después se designó al organero Federico Acitores para que hiciese la puesta a punto, pero en esa época estaba tan agobiado de trabajo que renunció a él, siendo definitivamente los Hnos. Usabiaga de Hernani (Guipuzcoa) los que acometieron la rehabilitación.

En la Asamblea del 24 de septiembre de 1988, el P. El 24 de septiembre de 1989 el P. Fernando Sacristán informa a la Asamblea: “A primeros de junio los Hnos. Usubiaga daban comienzo a la restauración del Órgano de la Iglesia. Según estaba establecido en el contrato, fue examinado por un organero y un organista, como era costumbre, que dieron un informe FAVORABLE por dicha reparación». Al final, el Banco Exterior financió todo el importe de la rehabilitación presupuestada. En la actualidad, funciona de vez en cuando hay algún concierto, pero su estado no es el mejor que podría tener.

Otro de los lugares singulares del monasterio y del cual se sienten muy orgullosos sus moradores, es la estancia donde se alberga la estantería de los cantorales del monasterio que conserva en su haber veinticinco volúmenes copiados entre 1729 y 1731. La guía nos juró por “san Gualberto” que era único en el mundo, pero yo, sin jurar, le dije que, al menos he visto otro muy parecido, creo recordar que en el Monasterio de Melk, en Austria. Unos 30 libros gigantes que pesan entre 40 y 60 kg cada uno, hechos a mano durante cuatro años de trabajo y para los que se utilizó un pergamino proveniente de fragmentos de la piel de unas 2000 vacas.

Cantorales del Monasterio de Yuso.

Archivo y Reliquias

El archivo y biblioteca monasterial de gran valor para los investigadores están considerados entre los mejores de España; en él se guardan dos cartularios y trescientos volúmenes originales. En la sala de exposiciones resaltan dos pequeñas arcas, una de ellas con los restos de San Millán y la otra con los de San Felices. Ambas arquetas son relativamente recientes ya que las originales se las llevaron los franceses, dejando desparramados por el suelo los marfiles de los siglos XI y XII, a los que no dieron valor alguno.

Un Legado Imperecedero

Todo este conjunto monumental fue construido con sus manos y piedra a piedra por los propios monjes benedictinos, que permanecieron en él hasta la desamortización de Mendizábal en 1836 y exclaustración del XIX. A finales del siglo XIX, fueron los frailes Agustinos Recoletos los que lo compraron, prácticamente en ruinas, lo reconstruyeron y son los que mantienen vivo el espíritu del monasterio en la actualidad. Lo que realmente me emociona y me sobrecoge es poder pisar las mismas baldosas, las mismas losetas que hollaron aquellos hieráticos monjes a lo largo de más de 5 siglos. Su ascetismo, sus silencios, sus trabajos, sus oraciones, su laboriosidad, su pobreza elegida voluntariamente (también había quien iba obligado por sus circunstancias personales) me impresiona sobremanera. ¡Cómo se puede aguantar esa rutina donde toda una vida! Mi desafío es, con la imaginación, viajar en el tiempo e intentar adivinar cómo vivía aquella gente con sus tristezas, su melancolía, sus alegrías, sus desvelos, su soledad. Me imagino el sonido de las sandalias al dar sus pasos acompasados, la cabeza reclinada y su mirada puesta en los azulejos, sin transgredir la ley del silencio, ocultando todo atisbo de emoción o sentimiento.

En estos muros, los novicios, en los cuatro enlucidos realizados entre los siglos XVII al XX, con sus grafitos, han transmitido e inmortalizado para la historia, las rutinas de la vida conventual, así como sus recuerdos, añoranzas, sentimientos y vivencias. Así, podemos encontrar en ellos escenas festivas, como procesiones, pentagramas con música y letra de canciones religiosas o populares, representaciones florales, de animales, imágenes religiosas, sentencias, juegos o dichos populares y escenas de la vida conventual que son verdaderas joyas históricas.

Cuna de la Lengua Castellana

Pero siendo importante el continente, lo que realmente le convierte en significativo a este Monasterio es que se le tiene por ser la cuna de la lengua castellana al hallarse allí las «Glosas emilianenses«. Una lengua no nace. Se hace. Las Glosas Emilianenses no indican un momento ni el lugar exacto en que comienza a existir el castellano. Hace más o menos mil años, un monje de San Millán se enfrenta a un códice escrito en latín. Va tomando notas para comprender la gramática y aclarar los significados. A esas notas las llamamos glosas, las Glosas Emilianenses. Lo más novedoso es que esas glosas están redactadas, conscientemente, en el habla del pueblo, en romance, y pueden presumir de ser la primera página de la literatura española, aunque hallazgos posteriores han provocado una disputa con otro Monasterio, burgalés en este caso, el de Valpuesta. Y un dato muy importante por su relevancia en el entorno del euskera: «Es interesante que, en este mismo Códice, aunque en otras páginas, se recogen también dos anotaciones, hechas por el mismo monje, en euskera”. Se trata del más antiguo testimonio escrito conservado de dicha lengua.

Glosas Emilianenses, consideradas el primer testimonio escrito en lengua castellana.

Los Monasterios de Suso y Yuso

Hasta ahora sólo hemos hablado del Monasterio «de abajo«, el de Yuso, pero con anterioridad a éste ya había otro, el «de arriba«, que es el de Suso, surgido de las cuevas habitadas por los eremitas ya en el siglo VI, que no pudimos contemplar por estar en obras de rehabilitación. Primero fue eremitorio, luego fue cenobio y con posterioridad, monasterio, por eso se han ido superponiendo los distintos estilos arquitectónicos: visigótico, mozárabe y románico. Ambos son Patrimonio de la Humanidad y están situados en el pueblo de San Millán de la Cogolla, en el valle del río Cárdenas, afluente del río Najerilla, en las estribaciones de la Sierra de la Demanda bajo las cumbres nevadas, en invierno, del monte San Lorenzo, el más alto de La Rioja (2262 metros). La importancia cultural de Suso se manifiesta en la colección de manuscritos y códices que salieron de su “escriptorio”, uno de los más notables de la Edad Media en España: el Códice Emilianense de los Concilios (992), la Biblia de Quiso (664) o una copia del Apocalipsis realizado por el Beato de Liébana (siglo VIII), lo que le hace ser uno de los principales escritorios, si no el más notable, de la Edad Media española.

Valpuesta y los Primeros Balbuceos del Castellano

Valpuesta es conocida históricamente por ser una de las sedes episcopales que ejercía su dominio sobre una amplia zona, de ahí el monasterio y la iglesia de Santa María. Los últimos estudios llevados a cabo parecen testimoniar que las primeras palabras escritas del castellano podrían tener allí su cuna. Según indican esos estudios (¿interesados?) realizados por diferentes instituciones, las primeras palabras escritas del Castellano, aparecen en los Cartularios de Valpuesta. Los monjes amanuenses que habitaban en el monasterio escribieron ese cartulario, del que no hay otros documentos o textos anteriores que estén escritos en romance castellano. Por ello, se cree actualmente que el cartulario Gótico y el cartulario Galicano de Santa María de Valpuesta son los más antiguos de la península a decir de ciertos historiadores que han estudiado durante años este tema, aunque haya otros que lo desdicen afirmando que son copias de siglos anteriores. En Valpuesta son palabras sueltas, en San Millán son frases enteras y perfectas, con estructura literaria. Lo importante es que ambos cartularios son fundamentales para entender los balbuceos iniciales del castellano y reconociendo esto, no conviene convertir un tema científico, en político y mercantilista, cayendo en un provincianismo propio de otras épocas y al que tanta propensión tenemos en este país. Es absurdo caer en rivalidades nacionalistas y provincianas en un asunto en el que todos deberíamos ir y avanzar de la mano.

Colegiata de Santa María de Valpuesta, otro posible origen de la lengua castellana.

Santo Domingo de la Calzada: Convento de San Francisco y Catedral

Después de una frugal comida, nos dirigimos a Santo Domingo de la Calzada donde nos esperaba el Convento de San Francisco y la Catedral. Empezamos por ver ésta ya que San Francisco no estaba visitable a esa hora por estar los técnicos de la RTVE realizando su trabajo para el concierto posterior. La visita a esta grandiosa Catedral puede ser y, de hecho es, una experiencia única y enriquecedora. Es una verdadera obra de arte, donde se combinan la arquitectura, la escultura y la pintura en un ambiente de paz y espiritualidad. Además de su belleza, es testigo de la historia y de la cultura de la ciudad calceatense, por lo que es un lugar de gran valor histórico y patrimonial. También puedes visitarla como lugar de oración y meditación, donde se puede encontrar un momento de tranquilidad y conexión con lo divino si eres creyente. En la realización del actual templo calceatense confluyeron diversas causas e intereses, por un lado la pujanza económica del momento de un lugar en expansión, los beneficios obtenidos de los devotos calceatenses, la importancia del camino para la peregrinación a Compostela, junto con el decidido interés de un obispo en convertir esta iglesia en símbolo del poder episcopal frente al Monasterio Cluniacense de Santa María La Real de Nájera. En su interior, lo que más llama la atención es el gallinero gótico del siglo XV, donde conviven un gallo y una gallina, tienen que estar vivos y ser de color blanco, en recuerdo del milagro del peregrino ahorcado. Encima de la hornacina que se construyó hacia 1445, se conserva un trozo de madera de la horca del peregrino. La leyenda dice que una joven enamorada y despechada porque un peregrino no la correspondió, le acusó de hurto por lo que, juzgado y condenado, fue ahorcado. Pero no murió porque Santo Domingo había intercedido por él. Sus padres, al ver hablar a su hijo ahorcado fueron a la casa del Corregidor que, en aquel momento, estaba comiéndose un gallo y una gallina asada. Al oir éste la noticia, incrédulo, les contestó que estaría tan vivo como el gallo y la gallina que tenía en la mesa, produciéndose al instante el milagro ya que ambas aves, saltando del plato, se pusieron a cacarear. El retablo mayor, obra de Damián Forment, es una joya de la escultura renacentista española. Destacan también los capiteles historiados del deambulatorio (espacio transitable situado detrás del presbiterio) y las cuatro pilastras decoradas que dan al presbiterio, con un árbol de Jessé, la Santísima Trinidad y de un rey David músico, de estilo románico. En la cripta (1957), se encuentra el sespacio transitable situado detrás del presbiterio epulcro de S...

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