El Debate del Aborto: Argumentos, Memes y la Guerra Política

El debate en torno al aborto es un tema recurrente y polarizado, tanto a nivel nacional como internacional. Para quienes analizan los debates sociales en los medios, la persistencia de este tema podría ser incluso irrisoria, si no fuera por la gravedad de la cuestión. Las posturas enfrentadas son claras: a favor o en contra del aborto.

Existe un tercer grupo, minoritario, que apoya el aborto solo en ciertas circunstancias, pero se oponen los dos anteriores. Dejándolos de momento a un lado, las dos posturas están claramente enfrentadas y parecen difícilmente reconciliables, pero la realidad es que no hay debate (si lo entendemos como confrontación de argumentos).

Argumentos a Favor del Aborto

Quienes están a favor del aborto defienden que es un derecho de la mujer, que sus opositores quieren limitar sus derechos. La mujer debe poder decidir libremente qué hacer con su cuerpo, que se trata de una opción personal e íntima y que cualquier mujer debe poder tomar esta decisión, pues la ausencia de esta opción implicaría la ausencia de libertad.

Argumentan que quienes se oponen son solo retrógrados que se oponen al progreso y a las libertades, especialmente de las mujeres. Por esta razón, históricamente esta opción la defiende un grupo mayoritario del feminismo. Los argumentos reales de los proaborto coinciden con muchos puntos de vista de los provida, como el derecho de la mujer sobre su cuerpo y la igualdad de derechos.

Argumentos en Contra del Aborto

La inmensa mayoría de quienes se oponen al aborto afirman que lo dicho arriba es, en su gran mayoría, cierto. De ahí la ausencia de debate real: de acuerdo con que el cuerpo de la mujer es suyo. De acuerdo con que debe tener los mismos derechos que el hombre y que este no debe poder decidir sobre ella. De acuerdo con que no se debería legislar sobre una opción que solo te atañe a ti con tu propio cuerpo.

El argumento principal de los provida es que el embrión es un ser humano y, como tal, debe tener los mismos derechos y la misma dignidad que cualquier otro, incluido el fundamental derecho a la vida. Este argumento, insisto, no se debate. Esta objeción a debatir sobre una cuestión tan destacada, en la plaza pública, aquella a la que accede la mayoría del pueblo, es, como mínimo, sospechosa.

Consideraciones Adicionales

Es importante reconocer que, entre quienes se oponen al aborto, puede haber algunos cuya motivación principal sea mantener un statu quo de sometimiento de la mujer al varón. Sin embargo, esto no invalida el argumento principal sobre la humanidad del embrión y su derecho a la vida. Es la base de la falacia antes citada (argumento ad hominem): por muy negativo que sea un rasgo de la persona o grupo que defiende una idea, nunca invalida por sí mismo dicho argumento o idea.

Si el embrión es un ser humano, debe estar protegido por la Declaración Universal de Derechos Humanos y tiene, en consecuencia, derecho a la vida. Si el embrión es un ser humano, no forma parte del cuerpo de su madre, aunque se albergue en él y ello tenga indudables repercusiones sobre él. En la confrontación de dos derechos fundamentales, debe primar uno y, en este caso, el menos lesivo, el que sustenta a los demás, es el derecho a la vida.

¿Cuándo Comienza la Vida Humana?

¿Qué hace que un ser humano lo sea? Resulta especialmente difícil contestar a ello, pero es esencial para determinar que un feto no lo es y podemos deshacernos de él. ¿Que no tenga piernas, manos, dedos o todos los órganos es razón suficiente para descartar su humanidad?

Si hablamos de fases de formación, la de cualquier humano no se completa hasta llegar a la edad adulta, con lo que todo aquel al que aún no le han salido las muelas del juicio sería un humano de segunda. ¿Y si lo ciframos en su independencia, en su capacidad para sobrevivir por sí mismo? ¿Son eliminables los niños, por ser menos humanos? ¿Y qué hay del resto de personas dependientes?

Vamos a establecer como válida, inicialmente, la hipótesis de que la vida empieza solo una vez se está fuera de la madre. Teniendo en cuenta la diferencia en el tiempo de gestación entre los partos de muchas mujeres, teniendo en cuenta que hay bebés que, con ayuda de incubadoras, en muchos casos, sobreviven tras apenas unos meses dentro del cuerpo de la madre, esta medida se antoja algo arbitraria.

Además, si lo pensamos algo mejor, el hecho de convertir la vagina de la mujer en una especie de túnel mágico que confiere humanidad a quien pasa por él resiste poco el escrutinio de la lógica. ¿Y qué ocurre en el caso de las cesáreas? ¿El bebé no es humano por no salir por la vagina?

El Tercer Grupo en Discordia

Pasemos ahora a ese tercer grupo en discordia: aquellos que aceptan el aborto solo en determinados supuestos. Decía que este grupo enfrenta la oposición de ambos polos: proaborto y provida. Unos, porque, si no es basado en la humanidad del embrión, no tienen fundamento ninguno para limitar este “derecho de la mujer”; otros, porque si reconocen esa humanidad, no hay supuesto que valga para justificar la eliminación de una vida humana.

La Instrumentalización Política del Aborto

Asistimos a la enésima guerra de género protagonizada por Vox, el partido que hace fiestas de disfraces y las llama mítines. Estos días ha generado una disputa con el PP en el gobierno de Castilla y León utilizando el aborto como dinamita para pegar un toque a Núñez Feijoó: “Dices que no nos quieres de socios de gobierno, pues podemos ponerte difícil pisar la Moncloa”.

La propuesta de terrorismo psicológico contra las mujeres que van a abortar, como hacer que oigan el latido del feto, o un tipo de ecografía que permite ver los rasgos de la cara -si el embarazo está suficientemente avanzado- parece difícil de implementar, o probablemente imposible bajo la legislación actual.

Así, este debate es totalmente instrumental, ya que a Vox le sirve para perimetrar su espacio electoral ultra frente al PP, mientras que desestabiliza la estrategia de los populares que pretende arañar votos al PSOE por el centro. Los socialistas lo han pillado al vuelo y han salido con todo para llevar más lejos si cabe esta guerra, para profundizarla y darle espacio porque saben que les beneficia.

Pero más allá de la agenda partidaria y sus líderes, las guerras culturales, o las guerras de género tienen una dimensión doble. Por un lado, son una táctica comunicativa que sirve para manejar agendas mediáticas y juegos de poder institucional. Pero, además, estas cuestiones hacen emerger juegos de significantes que es el material con que hacemos la cultura o resistimos y entroncan con cuestiones centrales de nuestro ordenamiento de género.

En este caso, los debates de estos días han sacado a la luz una serie de argumentos que remiten a un sustrato culpabilizador hacia las mujeres que abortan que, pese a todos los avances, todavía persiste. Y no solo en la derecha.

Aborto y Trauma: Un Discurso Cuestionable

Hay una defensa pretendidamente progresista del aborto que no se cansa de señalarlo como trauma, o de insistir en que es una catástrofe para las mujeres, que todas lo vivimos mal. “Dejad de decir que bastante duro es abortar porque parece que las que viven el aborto de otra forma son peores”, decía una tuitera.

Lo más traumático puede ser el propio proceso administrativo. “Tener que hacer algo que parece criminal o clandestino”, señala. Es ahí donde los ultras trabajan con ahínco cuando no consiguen cambiar las leyes; su objetivo es obstaculizar ese derecho; ya sea con este tipo de obligaciones de terror psicológico -escuchar el latido del feto-, haciendo presión a los médicos para que se hagan objetores o poniendo trabas en el proceso, como mandar a las mujeres a abortar a otra provincia.

Aunque las mujeres, por diversos motivos, viven de manera diferente esta cuestión, abortar no tiene por qué ser traumático si el sistema de salud funciona. Lo que siempre es mortificante y conlleva consecuencias para toda la vida es obligar a las mujeres al trabajo de parto y de crianza no deseados.

El marco sigue siendo ese místico que envuelve a la reproducción y la propia idea de maternidad del orden tradicional de género. Pero una embarazada no es una madre, ni siquiera una futura. Nadie debería dar a luz involuntariamente.

El Aborto como Liberación

Frente a las argumentaciones que defienden el aborto desde un marco que refuerza la idea de error, de “último recurso”, de algo que tiene que ser “poco común”, tenemos que volver a situar la cuestión en un lugar positivo, en el ámbito de liberación de las mujeres -u hombres con capacidad de gestar en el caso de los trans-.

Pero el marco de la defensa del aborto no es el marco de la muerte, como dicen los fundamentalistas, es el de la vida, no el de la vida biológica como absoluto, sino el de las vidas que merecen ser vividas. Además de la posibilidad de elegir no ser madres o no dar a luz -que no es lo mismo-, tenemos que poder elegir serlo si lo deseamos, y también criar y cuidar en entornos seguros, saludables y felices, como dicen las mujeres de Sister Song.

Todo ello define plenamente la justicia reproductiva, la libertad reproductiva, los marcos en los que debemos mover la defensa del aborto. Pero en la dimensión utópica que subyace a este planteamiento -donde imaginamos una sociedad que sería del todo diferente-, el decidir si dar o no a luz sigue siendo un paso inapelable, por eso abortar es bueno.

Aborto legal: un análisis del Colectivo de Sociólogos sobre el derecho a decidir

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