Los quistes ováricos son sacos llenos de líquido que se forman en el ovario, ya sea en la superficie o en el interior de uno o ambos ovarios. Los ovarios son los órganos encargados de producir los óvulos y las principales hormonas femeninas. Con frecuencia, aparecen en relación con el proceso de ovulación. Son muchas las mujeres que tienen algún quiste de este tipo a lo largo de su vida.
En muchas ocasiones no producen síntomas y se diagnostican de forma casual durante una ecografía ginecológica de control. Su comportamiento y relevancia clínica varían según su origen.
Cuando una mujer está pensando en ser madre, es normal que surjan dudas sobre cualquier diagnóstico ginecológico previo. Una de las preocupaciones más habituales en consulta es la relación entre los quistes ováricos y el embarazo.
Los quistes ováricos son frecuentes y, en la mayoría de los casos, compatibles con el embarazo. Los quistes ováricos son una alteración frecuente en mujeres en edad fértil y, en la mayoría de los casos, no impiden lograr un embarazo. La mayoría de quistes en el ovario se forman durante la ovulación y la mujer no presenta ningún síntoma o tan solo una ligera molestia. En estos casos, los quistes del ovario suelen desaparecer por sí solos en unos meses, sin necesidad de tratamiento.
Sin embargo, otras veces los quistes ováricos pueden cursar con síntomas e, incluso, con dolores fuertes. Ante esta situación, podría ser necesaria una intervención quirúrgica para solucionarlo.
QUISTES Y TUMORES DE OVARIOS. SÍNTOMAS, DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO
¿Por qué aparecen los quistes ováricos?
Normalmente, los quistes se producen durante el funcionamiento normal del ovario, bien porque el folículo no se rompe para liberar el óvulo (quistes foliculares) o bien porque, al liberarlo, se acumula líquido en la estructura restante del folículo (quistes de cuerpo lúteo). Estos dos tipos de quistes que se producen de forma normal en el ciclo menstrual se denominan quistes funcionales.
Los quistes foliculares pueden tener más de 2,5 cm de diámetro, no suelen producir dolor y desaparecen espontáneamente en dos o tres ciclos menstruales.
Por otro lado, los quistes de cuerpo lúteo pueden llegar a medir 3 cm y suelen desaparecer por sí solos en unas semanas.
Tipos de quistes ováricos
Además de los ya mencionados quistes funcionales, existen también otro tipo de quistes menos comunes. Se trata de quistes ováricos no funcionales que no ocurren con el ciclo menstrual, sino que pueden tener diversos orígenes. Entre estos quistes ováricos están los siguientes:
- Cistoadenoma seroso: quiste de contenido claro y superficie lisa. Puede ser de gran tamaño.
- Cistoadenoma mucinoso: tumor ovárico que puede alcanzar gran tamaño. Son masas redondas u ovoides, con superficie lisa, de color gris azulado.
- Endometrioma: quiste producido por la endometriosis, que contiene un líquido espeso color chocolate.
- Quiste dermoide o teratoma maduro: tumor de células germinales que suele ser benigno.
Es importante diferenciar ambos conceptos:
- Ovarios poliquísticos: hacen referencia a un aspecto ecográfico con mayor número de folículos de lo habitual.
Para poder detectar quistes ováricos que no producen síntomas es muy importante acudir a las revisiones ginecológicas.
Síntomas de quistes ováricos
Generalmente, la aparición de quistes en los ovarios no provoca síntomas. Pese a ello, algunas mujeres pueden notar:
- Dolor abdominal o pélvico constante, que puede irradiar a las piernas o la espalda.
- Dolor pélvico antes y durante toda la menstruación.
- Menstruación irregular.
- Dispareunia, es decir, dolor durante el coito.
- Náuseas, vómitos o mayor sensibilidad mamaria.
- Sensación de peso o distensión abdominal.
- Presión en el recto o en la vejiga, con sensación de dificultad de vaciado completo de la vejiga.
Sin embargo, en caso de dolor pélvico o abdominal agudo que aparece de repente, o si se produce junto a vómito y fiebre, es muy importante acudir de inmediato a urgencias. Este dolor puede estar originado por una complicación como la ruptura del quiste o la torsión ovárica. Aunque no es lo habitual, algunos quistes pueden dar lugar a complicaciones:
- Torsión ovárica: puede producirse cuando el quiste aumenta de tamaño y el ovario gira sobre sí mismo, causando dolor intenso, náuseas y vómitos, y comprometiendo el riego sanguíneo.
- Rotura del quiste: puede provocar dolor abdominal brusco y sangrado interno.
No existe una medida preventiva específica para evitar la aparición de quistes ováricos.
¿Cómo es el diagnóstico de los quistes ováricos?
Algunos quistes ováricos se pueden detectar mediante un examen ginecológico palpando los ovarios. En segundo lugar, se puede realizar una ecografía pélvica transvaginal para ver los ovarios y facilitar la identificación de los quistes y su contenido.
También será necesario descartar una gestación haciendo una determinación de beta hCG en sangre. Si el resultado es positivo puede tratarse de un quiste de cuerpo lúteo, ya que este tipo de quiste es bastante habitual durante el embarazo.
Otras pruebas complementarias son el análisis en sangre de una proteína llamada CA-125 y la resonancia magnética, que pueden hacerse en caso de duda de diagnóstico o si se sospecha que el quiste puede ser maligno.
Tratamiento de los quistes en los ovarios
El tratamiento dependerá del tipo de quiste, de su tamaño, de los síntomas que ocasiona y de la edad de la paciente. Después de la menopausia, es aconsejable el seguimiento de cualquier tipo de quiste por su mayor riesgo de malignidad.
De esta manera, el especialista puede optar por, simplemente, esperar y comprobar tras unas semanas que el quiste ha desaparecido. Sin embargo, también puede valorar recurrir a un tratamiento quirúrgico para eliminar, sobre todo, los quistes que pueden ser cancerosos y todos aquellos que causen dolor u otros síntomas.
En mujeres en edad reproductiva se intentará eliminar la menor cantidad de tejido ovárico posible, pero, en algunos casos, la cirugía puede requerir la extirpación del ovario o, incluso, de ambos. Finalmente, el servicio de anatomía patológica será quién dé el diagnóstico definitivo tras analizar la lesión.
El tratamiento depende del tamaño, el tipo de quiste y la evolución durante la gestación.
- Conducta expectante: en quistes pequeños y sin síntomas, lo más habitual es realizar controles ecográficos periódicos y esperar a su resolución espontánea.
- Tratamiento quirúrgico: se reserva para casos concretos (crecimiento rápido, sospecha de complicaciones, dolor intenso).
Cuando es necesario, se recomienda realizar la cirugía a partir del segundo trimestre, siempre valorando cuidadosamente el balance riesgo-beneficio.
Quistes ováricos fetales
En los fetos de sexo femenino, los quistes ováricos son las anomalías intraabdominales que se diagnostican con mayor frecuencia durante el embarazo. La mayoría son diagnosticados de forma incidental entre el segundo y el tercer trimestre de gestación como consecuencia de una exploración rutinaria ecográfica.
La primera publicación de un diagnóstico de quiste ovárico fetal se remonta a 1975. La incidencia real es desconocida, aunque en 2008 se publicó un estudio que estimaba que los quistes ováricos fetales representaban un 1,8% de toda la patología fetal que se diagnostica durante el embarazo.
Actualmente, las ecografías realizadas como parte de la asistencia a la embarazada permiten diagnosticar intraútero la mayoría de los quistes ováricos fetales. Los diagnósticos se realizan durante el examen rutinario para la búsqueda de malformaciones fetales, que suele hacerse en el segundo trimestre del embarazo y sobre todo son hallazgos incidentales en exploraciones realizadas en el tercer trimestre para evaluación de crecimiento fetal.
La etiología de los quistes ováricos en el feto no está clara. La mayoría de los autores apoyan la hipótesis de que su desarrollo depende de la acción de hormonas maternas y de origen placentario sobre el ovario fetal (gonadotropinas fetales, estrógenos maternos y la gonadotrofina coriónica humana placentaria), que actuarían durante el tercer trimestre de gestación cuando el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal ya ha madurado.
Las características ecográficas de los quistes ováricos fetales no son muy específicas, por lo que es necesario considerar el diagnóstico diferencial con una serie de entidades, como la obstrucción intestinal, el quiste de duplicación intestinal, quiste renal y de la vía ureteral, el linfangioma, el quiste de uraco, el quiste del colédoco o el quiste mesentérico. A pesar de esta relación relativamente larga de alternativas, la presencia en un feto de sexo femenino con una formación quística abdominopélvica, de forma regular, situada fuera de la línea media, junto con la identificación de la normalidad de los tractos urinario y gastrointestinal, nos deben hacer sospechar un quiste ovárico.
La mayoría de las series recogidas en la literatura clasifican los quistes ováricos en simples o no complicados, que son aquellos que presentan una pared fina con contenido anecoico. Los complejos o complicados, quizás porque hayan sufrido una torsión o una hemorragia intraquística, presentan en su interior niveles líquidos, tabiques o imágenes de coágulos organizados, con una pared que puede ser más gruesa. Aparte de las torsiones y hemorragias, a veces, si son de gran tamaño, pueden causar compresión de otras vísceras y excepcionalmente después de una torsión puede producirse una «autoamputación» del ovario.
Los quistes que ecográficamente no presentan signos de torsión disminuyen de tamaño o desaparecen espontáneamente durante el seguimiento ecográfico prenatal o posnatal. En cambio, cuando se observan signos ecográficos de torsión ovárica, suele ser necesaria una intervención quirúrgica inmediatamente tras el nacimiento.
Al no ser posible predecir exactamente la evolución, es fundamental realizar ecografías seriadas, para evaluar el tamaño y la ecoestructura del quiste, como parte del manejo, y para seleccionar la estrategia terapéutica más adecuada.
Los quistes simples con un tamaño menor a 5cm tienen un mejor pronóstico por su tendencia a resolverse espontáneamente en los primeros 4 a 6 meses de vida y, por lo tanto, no requieren tratamiento quirúrgico. Es por ello que se recomienda mantener una actitud expectante y conservadora. Aquellos quistes de mayor tamaño (mayores a 5cm) tienden a presentar complicaciones intraútero y pueden precisar tratamiento quirúrgico posparto.
En algunos estudios, se menciona que la torsión ovárica ocurre en un 40% de los casos en el que el quiste presenta un diámetro mayor de 5cm, aunque otros estudios apoyan que el tamaño del quiste no se correlaciona con la torsión ovárica. Los únicos signos predictores de torsión ovárica son aquellos que nos indican que se trata de un quiste complejo.
Las opciones de tratamiento incluyen el manejo conservador, la aspiración antenatal o neonatal del quiste y la quistectomía laparoscópica o laparotómica posnatal. La punción y la aspiración ecoguiada intraútero permiten reducir el tamaño del quiste y, por lo tanto, evitar complicaciones como la torsión, aunque no hay que olvidar las complicaciones que pueden aparecer como consecuencia de ese procedimiento. Esas serían la rotura, la hemorragia, la corioamnionitis o el inicio de un parto prematuro y también debe tenerse en cuenta la posibilidad de reaparición del quiste o incluso la diseminación de tumores de estirpe maligna, por lo que la punción y la aspiración ecoguiada no serían recomendables.
Con la aspiración de los quistes ováricos podríamos evitar la pérdida del ovario por torsión, pero al mismo tiempo hay que considerar que vamos a tratar de forma innecesaria a muchos pacientes que, sin nuestra actuación, terminarían por presentar una resolución espontánea de su patología. Sería una situación típica de «sobrediagnóstico» y «sobretratamiento». La tasa real de complicaciones es difícil de asegurar, entre otras cosas porque las series recogidas en la literatura incluyen generalmente pocos casos, pero debe tenerse en cuenta la probable existencia de un sesgo de publicación, por el que se notifican sobre todo aquellos casos con mayores complicaciones.
En relación con la forma de terminar el embarazo, debe tenerse en cuenta que el diagnóstico prenatal de un quiste de ovario no es indicación de cesárea, de modo que serán las restantes circunstancias obstétricas las que determinen la vía preferible del parto.
La mayoría de los quistes ováricos fetales tiene un buen pronóstico, ya que tienden a la resolución espontánea. En cambio, existe un subgrupo, el de los quistes con imágenes ecográficas complejas, con un pronóstico muy diferente.
