El 16 de abril de 1973, España perdió a una de las voces más emblemáticas del país: José Manuel Ferri Llopis, mundialmente conocido como Nino Bravo. El cantante falleció trágicamente en un accidente automovilístico en la carretera de Valencia a Madrid, cerca de Villarrubio, provincia de Cuenca. En el vehículo viajaban José Juesas y los integrantes del dúo Humo, siendo Nino Bravo la única víctima fatal.
La noticia conmocionó a toda España, que vio cómo la carretera arrebataba la vida de un hombre de 28 años con una exitosa carrera musical y un futuro prometedor. Nino Bravo era un hombre familiar, casado y con una hija de un año, esperando la llegada de su segunda hija.
Nino Bravo en una de sus presentaciones.
Un romance de película
Nino Bravo conoció a María Amparo Martínez Gil, Mari, en una discoteca, gracias al periodista Guillermo Ortigueira. Su música era un canto al amor, y su propuesta de matrimonio no fue menos romántica. En la funda del single de "Te quiero, te quiero", Nino Bravo le propuso matrimonio a su novia con la frase: "Para Marie, mi único y verdadero amor con propuesta de matrimonio, ¿sí o no?". Detrás, María Amparo respondió afirmativamente.
Reservado con su vida privada, el cantante trató de mantener el enlace alejado de las cámaras, orquestando un plan para evitar a la prensa. "Lo de la boda fue una odisea tremenda porque nos tocó a nosotros ir haciendo de cebo para llevárselo a los periodistas de un sitio a otro", recuerda Pepe Juesas. Al final, Nino Bravo y Mari se dieron por vencidos y se dejaron fotografiar.
Nino Bravo y María Amparo Martínez Gil el día de su boda.
La familia, su mayor tesoro
La llegada de su primera hija, Amparo, llenó de ilusión a Nino Bravo. "Esta actuación", decía, con el bebé en brazos, sobre la experiencia de ser padre, "es la primera vez que la hago y siempre que se actúa por primera vez, se sienten unos nervios extraños. Luego, en el segundo o el tercero… Este es el primero de la docena. En el último ya estaré tranquilo".
El artista no pudo conocer a su segunda hija, Eva, ya que su mujer estaba embarazada en el momento del accidente. Siete meses después de la tragedia, nació la pequeña Eva.
De alguna forma, Nino Bravo siempre ha estado a su lado. "Vivimos con él. Siempre está presente. Es un padre que no lo hemos tenido físicamente, pero siempre nos acompaña. El día a día nuestro siempre ha sido con él", dice Eva Ferri en la actualidad. Como asegura Amparo, "tenemos la fortuna de que él sigue vivo, de que Nino Bravo sigue vivo".
Tanto Amparo como Eva han crecido escuchando la música de su padre, igual que sus hijos. En el caso de Eva, además, pudo homenajearle en 1997, cuando grabó la canción "Vuelve" junto a la voz de su padre. "Yo he tenido la oportunidad de poder cantar con él también. Fue una experiencia… lo más cerca que he estado de él", recuerda.
Amparo y Eva Ferri, hijas de Nino Bravo.
Valencia, su hogar
Rompiendo la norma de la mayoría de artistas que se trasladaron a Madrid para desarrollar su carrera musical, Nino Bravo optó por quedarse en su Valencia natal. Una decisión que le mantuvo cerca de los suyos, pero que le obligó a pasar media vida en la carretera. En un año, el cantante podía recorrer cerca de 115.000 kilómetros. Siempre a borde de aquel BMW 2800 de segunda mano, el mismo coche en el que perdería la vida y en el que, sin saberlo, encendería la chispa de una melodía arrolladora que jamás se pudo escuchar y de su gran canción póstuma.
Ocurrió aquel 17 de abril de 1973 en el que Nino Bravo perdió la vida. Junto a él, en su último trayecto Valencia-Madrid, viajaban los músicos Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, del dúo Humo, y su camarada musical Pepe Juesas. La idea era grabar algunos coros para el que iba a ser el quinto disco de estudio del valenciano. Un elepé del que ya se habían comenzado a grabar varios temas en Londres y en el que se incluían canciones como América, América o Vivir, la única canción conocida en cuya composición participó el cantante y que quiso dedicar a su esposa, Mary.
NINO BRAVO: CARTAS AMARILLAS | La Historia detrás de la Canción.
El último viaje
La historia la cuentan el propio Juesas y Romero en Nino Bravo, Vivir (2023), el nuevo documental producido por el programa Imprescindibles con el que se rinde tributo a uno de los artistas más importantes de la historia musical española, que se estrena coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento. En él, los dos músicos relatan aquel las horas previas al fatídico accidente de tráfico en el que Nino Bravo perdió la vida.
Un viaje, entre Valencia y Madrid, muy diferente al que puede hacerse hoy día, mucho más largo y cuyo trayecto se hacía por viejas carreteras secundarias. Habían salido muy temprano, a las 7 de la mañana ya estaban en marcha. Con Nino al volante, los cuatro dejaron pasar las horas con lo que más les apasionaba: la música. Los Beatles, Serrat… sonaban a todo volumen en el reproductor de casettes del coche. También hablaron de la producción del disco que tenían entre manos.
"Poco antes del accidente, me llamó a casa y me dijo que había compuesto unas notas”, cuenta Juesas. Nino se refería a la canción Vivir, que tuvo que terminar de arreglarse en estudio, de forma póstuma. Inicialmente, la letra de aquel tema decía “Mary”, en vez de “vivir”, en referencia a su mujer, a quién quiso dedicar la canción.
"Vivir": Un himno póstumo
Hablar sobre aquel “tremendo himno a la vida”, como lo define Juesas, poco antes del momento de su muerte es algo que marcó para siempre al Juesas, que, junto a Romero y Ciaurriz, sí salieron del accidente con vida. En el documental explican por qué fue tan importante sacar adelante aquel tema de forma póstuma, una canción de la que Nino solo había escrito el estribillo, pero acabaría tomando forma, tras su muerte, con los arreglos de uno de sus cómplices más cercanos, Juan Carlos Calderón.
“Esta canción te inyecta tanta vitalidad que está claro que esto tiene que ser estimulo para muchísima gente. Eso algo muy grande”, cuenta Juesas.
La canción que nunca fue
Hecho de retales y de canciones que lograron conservarse con mucho esmero, a finales de 1973, pocos meses después de su muerte se publicó … y volumen 5 (1973), el disco póstumo de Nino Bravo. Un trabajo en el que se incluyen éxitos como América, América y Laura y Mona Lisa, versiones de los temas de Frank Sinatra y Nat King Cole.
Para ese mismo disco, Nino también había estado trabajando en una idea para versionar el Himno al amor de Edith Piaf. Algo de lo que también hablaron en aquel último viaje en coche. En Nino Bravo, vivir (2023), Pepe Juesas cuenta que el músico se puso a tararear la melodía de aquella canción. Nadie sabrá jamás qué podía haber hecho con ella, porque no llegó a materializarse de ninguna manera, pero algunos de los miembros de su grupo que sí llegaron a escucharla, cuentan que su particular himno al amor era “arrollador”. Un adjetivo que persiste para recordar toda su obra. Nos queda, desde luego, su himno a la vida, Vivir.
