El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a millones de niños y a menudo continúa en la edad adulta. Es importante tener en cuenta que sus cerebros operan de una manera diferente para entender sus formas de funcionar en el mundo.
Se habla e investiga mucho acerca de los síntomas que definen este trastorno y de sus principales déficit cognitivos (atención, inhibición de respuesta, memoria de trabajo,…), pero además de las consecuencias comportamentales que desencadenan estos déficits, hay otras alteraciones que también afectan el desempeño de la vida diaria (escolar, laboral, social, personal,…). Se trata de problemas emocionales (procesamiento de la recompensa, aversión a la demora, procesamiento emocional, regulación emocional,…).
Los niños con TDAH también pueden tener dificultades con la baja autoestima, las relaciones problemáticas y el bajo rendimiento escolar. Sin embargo, algunas personas nunca superan por completo sus síntomas de TDAH, pero pueden aprender estrategias compensatorias para tener éxito.
En el desarrollo del cerebro, la última área que madura es la que gestiona las emociones, y en los cerebros con TDAH, esta maduración llega todavía más tarde porque son cerebros que maduran más tarde. Por ello, es importante trabajar con ellos el empoderamiento y la capacitación.
A modo de resumen, si tenéis un hijo o hija con TDAH o sois vosotros, adultos, los que lo presentáis, os animo a que contempléis la importancia de trabajar con ellos y con vosotros mismos estas competencias personales y emocionales, el mundo les/os resultará menos aversivo y en vez de gastar energía en la lucha contra él, podréis invertirla en vosotros, es vuestro crecimiento personal, en aprender, conoceros, conocer vuestras debilidades y trabajarlas para que causen menos estragos.
El TDAH en niños ¡todo lo que debes saber!
El Procesamiento Emocional en el TDAH
Todo el procesamiento de la información es emocional. La emoción es el nivel de energía que impulsa, organiza, amplifica y atenúa la conducta. Por ello, estos viven con mayor intensidad y durante más tiempo, llegando a tener incluso explosiones emocionales.
Debido a que los sujetos con TDAH tienden a procesar la información de una forma emocional, a menudo se les cataloga de excesivamente intensos, o por el contrario de excesivamente apáticos. Las emociones condicionan nuestra conducta; si estoy enfadado, preocupado o nervioso, me será difícil sentarme a estudiar. De tal modo, que nuestro estado emocional regula nuestro comportamiento.
En el TDAH esa función regulatoria "falla". El lenguaje interno y las autoinstrucciones son necesarias cuando queremos aprender a hacer una actividad novedosa.
Pensadlo por un momento, ¿cómo vamos a rendir en nuestro trabajo o en nuestros estudios si estamos presos en una marasmo de inseguridades y emociones no resueltas que nos distraen? Hay también un factor muy importante y es la tendencia que tienen a responsabilizar al entorno de sus fracasos, tienden a “echar balones fuera” como estrategia de evitación para no enfrentarse a la búsqueda de soluciones.
Dificultades Emocionales Específicas
Asimismo, muchas de las personas con TDAH muestran problemas emocionales, entre las que destacan la dificultad para reconocer la información emocional y la incapacidad para regular sus propias emociones. Interpretan las situaciones como más amenazantes y negativas de lo que son realmente, por lo que las viven con mayor malestar.
Dificultad para manejar su capacidad de autocontrol. Su corteza prefrontal no es capaz de inhibir el impulso primario, lo que provoca una respuesta desproporcionada de la que luego se arrepienten.
Pobre o escasa habilidad para reconocer las emociones propias y ajenas. Tienden a simplificarlo en estar “bien” o estar “mal”, esto hace que la expresión se reduzca a dos tipos: los explosivos y los apáticos o planos, siendo más arriesgado el segundo perfil porque tienden a reprimir o a guardarse sus sentimientos para sí mismos, lo que provoca que se queden únicamente con su interpretación (generalmente sesgada y distorsionada).
Baja capacidad para regularse emocionalmente. Principalmente tienen dificultades para manejar las emociones que suponen una alta activación fisiológica como son la ira, la tolerancia a la frustración y la alegría.
Sabemos que las emociones predisponen nuestra conducta, por tanto, si somos capaces de gestionar nuestras emociones seremos capaces de regular nuestras conductas.
Alteraciones a nivel motivacional. Son cortoplacistas. Prefieren una pequeña recompensa inmediata que una superior postergada en el tiempo. La demora les genera realmente inquietud y molestia. Por tanto, necesitan refuerzos externos de manera continuada. Pueden empezar muy ilusionados una tarea pero al poco tiempo, generalmente al primer obstáculo, se vienen abajo y abandonan.
Todos estos problemas emocionales ocasionan que puedan ir desarrollando otras problemáticas asociadas al TDAH, como comportamientos desafiantes, trastornos de ansiedad o del estado de ánimo o dificultades de aprendizaje.
El Impacto en las Relaciones Sociales
El TDAH es un trastorno de origen neurológico que, debido a su sintomatología predominante (dificultades atencionales, hiperactividad e impulsividad) habitualmente se aborda desde sus consecuencias comportamentales y académicas. Sin embargo, las personas con TDAH experimentan también alteraciones en el ámbito emocional y relacional, principalmente asociadas a dificultades en la cognición social, habilidades sociales y reconocimiento de emociones.
A nivel emocional, se ha indicado que las personas con este trastorno pueden presentar dificultades en la regulación, dificultades de tolerancia a la frustración, menor empatía y menor respuesta a la estimulación. Además, el diagnostico de TDAH se ha relacionado con menor autoestima.
El comportamiento hiperactivo e impulsivo, así como también la inatención de las personas con TDAH puede tener como consecuencia dificultades sociales. Según el modelo de las funciones ejecutivas (Barkley et al., 1996), los problemas comportamentales en el TDAH se pueden relacionar con dificultades en la inhibición, asociadas a dificultad en la separación del afecto, prolongación, internalización del lenguaje y reconstitución.
Las habilidades sociales son una parte esencial de la actividad humana, ya que determinan en gran parte el nivel de adaptación y bienestar de una persona. Este conjunto de habilidades permite a la persona desarrollarse en un contexto individual e interpersonal, expresar sentimientos, actitudes, deseos y opiniones de un modo adecuado al contexto (Caballo, 2005). Los comportamientos sociales se adquieren de manera progresiva a lo largo del ciclo vital, gracias a las interacciones sociales a las que la persona se expone continuamente.
Numerosos estudios han observado dificultades interpersonales y baja competencia social en los niños con TDAH. En este sentido, se ha señalado que un 74% de los niños con TDAH (subtipo combinado) son rechazados por sus compañeros de manera frecuente y constante (Pardos et al., 2009). Los niños y adolescentes con TDAH pueden presentar menores competencias sociales y comunicativas en comparación con los niños y adolescentes con desarrollo típico (Klimkeit et al., 2006). Las dificultades sociales tienden a mostrarse de forma mas intensa en los casos en que existe comorbilidad con otras dificultades.
En cuanto a las relaciones con los pares (Coghill et al., 2006; Becker et al., 2006), distintos estudios han indicado que los niños con TDAH tienen menos amigos (Meltzer et al., 2003) o presentan limitaciones en las actividades con estos (Escobar et al., 2005). Estas dificultades se han considerado una consecuencia de las menores competencias para participar en intercambios sociales en los que se exige compartir, cooperar o esperar el turno (Barkley, 2006).
Las dificultades interpersonales de los niños con TDAH pueden aparecer también en las relaciones con los adultos (padres y profesores). Los profesores tienden a mostrarse más controladores y a responder con mayor frecuencia a las conductas negativas (Pardos et al., 2009).
El correcto reconocimiento de expresiones faciales de emociones desempeña un papel fundamental en el desarrollo y la regulación de las relaciones interpersonales. También en relación con las dificultades interpersonales en el TDAH, existen investigaciones que señalan la frecuente aparición de déficits en la comunicación no verbal y, de manera particular, a nivel de aspectos receptivos (Sinzing et al., 2008; Corbett y Glidden, 2000; Shapiro et al., 1993).
Por otro lado, existen estudios que señalan la presencia de marcadas diferencias en la capacidad de percibir correctamente emociones entre niños socialmente aceptados y rechazados (Pelc et al.). A nivel evolutivo, existen investigaciones que señalan que estas dificultades se muestran de manera más marcada en los pacientes más jóvenes (Shapiro et al.,1993; Guyer et al., 2007), hipotetizando la posibilidad de una mejoría evolutiva en la asignación de recursos atencionales o el desarrollo de ciertas estrategias de compensación en la percepción emocional.
Neuropsicología del TDAH y las Emociones
A nivel neuropsicológico, el TDAH se ha relacionado con alteraciones en el funcionamiento ejecutivo, sistema relacionado con la capacidad de auto-regulación y organización (Barkley, 2006). Como consecuencia de las cuales, las personas con este trastorno pueden presentar mayor dificultad para moderar, manipular o manejar sus reacciones emocionales , mostrarse más impulsivos y, por ello, expresar reacciones emocionales más extremas en comparación con otras personas de su edad.
El Center of Child Development de Harvard (2011), ha señalado que el correcto funcionamiento de las funciones ejecutivas es uno de los procesos claves para un desarrollo típico, y un factor de protección significativo en la adaptación funcional en el ciclo vital. La cognición social se encontraría implicada en los dos primeros pasos del modelo (codificación e interpretación de claves sociales). En estos dos primeros pasos, la presencia de sesgos en el procesamiento de la información se considera de especial relevancia, ya que una tendencia a distorsionar o malinterpretar las intenciones atribuidas a los comportamientos ajenos puede generar reacciones y soluciones menos adaptadas a los problemas sociales (Uekerman et al., 2010).
A nivel neurológico, distintas investigaciones de neuroimagen y estudios neuropsicológicos y neuroquímicos, han indicado la presencia de anomalías estructurales y funcionales en distintas áreas cerebrales y circuitos neurales en personas con diagnóstico de TDAH de todas las edades (Cubillo et al., 2012; Konrad y Eickhoff, 2010; Krain y Castellanos, 2006; Bush et al., 2005).
Conclusión
Las alteraciones afectivas en niños con TDAH son un aspecto crucial a considerar para su bienestar y desarrollo integral. Abordar estas dificultades emocionales y sociales, junto con las estrategias compensatorias, puede mejorar significativamente su calidad de vida y su capacidad para desenvolverse en el mundo.
