Los Hijos de Nadie: Un Análisis Profundo de la Marginación y la Búsqueda de Identidad

La novela histórica y social "Hijos del Nadie" es una ficción que narra la vida de un hombre que no puede reconciliar el fracaso del mundo, y distanciamiento de los elementos esenciales de la condición humana; con un ángulo personal de participación amarga y repugnante como burócrata en una institución educativa, y los conflictos de su vida personal y erótica.

La única consolación la encuentra en ciertos elementos mundanos y superficiales que lo ayuda a suspender la realidad política, condición humana e injusticia, tanto en Latinoamérica como en el mundo. Duda de su libertad y constantemente se reinventa para forjarse una alternativa tolerable.

La culminación de su esencia se halla reflejada en la taza de café matutina y dos provocativos personajes, una pelirroja y una pelinegra de pantaloncitos cortos, y su sexualidad. Nunca les admite o niega amor, y trata de distanciarse para no caer en el error y farsa.

La novela Hijos del Nadie más que una historia, es la reflexión de los fracasos del mundo y la imposibilidad del personaje de vivir una vida llena de nada. Los extremos entre vida personal, vida contemplativa y realidad social se cruzan. Las acciones ocurren en un espacio físico limitado: su estudio, entre sábanas y peripecias físicas, contemplando los pantaloncitos cortos, su coche y la universidad.

El fenómeno del abandono de niños es recurrente en la historia de la Europa del Antiguo Régimen, así como fue costumbre común en las sociedades del Nuevo Mundo. Tal era la intensidad de ese acto que se crearon instituciones para acoger a los pequeños expósitos, conocidas como casas da roda en referencia al mecanismo, que garantizaba su anonimato en esa práctica.

El caso de la exposición de niños en el mundo lusobrasileño ha sido muy estudiado en las últimas décadas. Para analizar esta problemática, los investigadores recurren a las fuentes producidas por las instituciones que los recibieron. Inversamente, muchos menos estudios se han producido sobre la práctica del abandono en las puertas de las casas.

Se pretende contribuir, por lo tanto, al estudio del fenómeno del abandono que ocurría fuera del ámbito de las instituciones de acogida, y fomentar el estudio de esa práctica en áreas donde no fueron instaladas las casas da roda. Se abordará el abandono de niños comparando la región noroeste de Portugal y las feligresías del sur de la América portuguesa entre fines del siglo XVIII e inicios del XIX.

Las fuentes básicas son los asientos de bautismo. En paralelo al análisis cuantitativo del abandono, procuraremos identificar los hogares que recibían a los niños expuestos.

Obra genial tanto por su originalidad como por su capacidad expresiva, impactante más si cabe por la sencillez con que está escrita.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Localización: Revista Latinoamericana de Población, ISSN-e 2393-6401, Vol. 9, Nº. 17, 2015.

Anthony Passeron es profesor de Humanidades y de Historia y Geografía en un liceo de Niza, donde nació hace 41 años. Nunca había escrito un libro, ni siquiera lo había pensado. ‘Los hijos dormidos’ se ha traducido ya a quince idiomas y ha llevado al autor a una interminable gira de presentaciones -más de 120, confiesa- desde su lanzamiento.

España. Aquí, acaba de ser editado por Libros del Asteroide, ha sido finalista de los 23º Premios Cálamo y ha cosechado criticas unánimemente positivas. De ‘Los hijos dormidos’ ha dicho la Nobel Annie Ernaux que es “sublime”. Porque mezcla relato familiar y crónica social y científica.

Dice la solapa de la edición en español: “En la década de los ochenta, la extensión del consumo de heroína y la epidemia de sida causaron estragos en una generación de jóvenes de Europa y Estados Unidos. Cuarenta años después de que su tío Désiré muriera de sida, el escritor francés Anthony Passeron decidió indagar sobre el silencio familiar que rodea a su muerte y sobre la propia epidemia.

El resultado es este libro, a caballo entre el reportaje, las memorias y la novela, en el que el autor entrelaza dos relatos: la irrupción del virus en una familia de un pequeño pueblo del Mediodía francés -la suya- y la lucha contra el virus en los hospitales franceses y norteamericanos. El título del libro hace referencia a los hijos de familias trabajadoras de clase media que en la década de los setenta y ochenta del pasado siglo aparecían inconscientes y tirados de cualquier forma en la calle, víctimas de la heroína.

Nací y crecí bajo el manto del silencio. Mi tío Désiré murió cuando yo tenía cuatro años. Nadie me lo explicó nunca. Nadie nunca en mi familia pronunciaba las palabras sida o drogas. Hablaban de errores. Claro. Y hay que hablar. Sacar las cosas a la luz y hablarlas genera fuerza. Pero no es lo que pensaba la generación anterior a la nuestra.

Yo tendría diez años cuando hice algunas preguntas. La historia me rondaba, no sé bien por qué. Me contaron entonces que mi tío tomaba drogas y que había muerto de sida. Que no era un buen chico, que no había querido trabajar como el resto. Pero se guardaron la historia completa.

No lo justifico, aunque es verdad que no es lo mismo afrontar esta realidad en una ciudad grande que en un pueblo o en una ciudad pequeña de provincias, en un ambiente más intelectual que en uno, digamos, normal, trabajador. Fueron años terribles. La gente moría, no existían tratamientos efectivos. ¡Si los propios enfermos sabían más que los médicos!

Pero, sí, la clase médica no quería saber nada de una enfermedad asociada a homosexuales y drogadictos. Los despreciaba. Por primera vez, una enfermedad etiquetaba a la gente. A los enfermos se les cubrió de silencio. Hasta que el VIH saltó a los medios.

Yo vi aquellos programas. Entendí entonces que no era una historia únicamente familiar sino que otros muchos habían muerto en circunstancias similares, que era una historia colectiva. “Es la primera vez que puedo hablar del VIH con naturalidad. Este libro supone la reconciliación entre el niño que fui y el adulto que soy.

En el libro reconoces que tú mismo formabas parte de ese silencio. Así es. No me siento orgulloso de ello, pero tampoco me acuso. Hablamos de 1993: ella está a punto de morir. Mi familia tiene entonces que sincerarse. Lo que oyes en la calle es cierto, me dijeron. Aquello me impactó. Me hablaban como a un adulto por primera vez, me sentí orgulloso de formar parte del secreto. Pero no me atreví a visitarla. Me daba miedo.

El VIH y el sida me han dado muchísimo miedo durante años. Ni siquiera he podido pronunciar la palabra VIH hasta hace poco, o ver un anuncio en la tele: tenía que cambiar de canal. Es un trauma que viene de aquellas vivencias.

Para escribir el libro, has tenido que romper muchos tabúes familiares, sacar del silencio lo que todos querían callar. Hubo un tiempo en que mi familia andaba por la calle con la cabeza agachada, mirando al suelo. Fui testigo de esa vergüenza.

Ellos quisieron cerrar el caso con los funerales, yo no. Es verdad que hice algo prohibido, como es hablar. Algunos lo han acogido bien, otros no tanto. Con mi padre, por ejemplo, no tengo relación. El libro es una manera de hablar con él indirectamente, un intento de responder a su rabia, porque él acusaba a su hermano de ser responsable de tanta desgracia familiar.

En general, en la familia no se ha entendido por qué quería sacar a la luz todo esto, pero me han dejado actuar. “Todo el mundo tiene alguna historia que contar. El silencio ha sido el que me ha permitido escribir el libro. En mi juventud descubrí que mi familia había luchado contra la vergüenza, pero tampoco ellos conocían la historia completa.

De ahí que en el libro sea muy importante no sólo el ángulo familiar sino también la parte social y científica, la crónica de aquellos años. Había un lugar para esta historia. No es que fuera más importante que otras historias sino que era una pieza del puzzle, quizá la que permitía completarlo.

Porque, en Francia al menos, nunca se había escrito un libro sobre el VIH y sida desde esta perspectiva. Con lo de mi prima, me culpabilicé muchísimo en su momento; ya no. El recuerdo no lo puedo borrar, así que decidí que había que usarlo en positivo. Sí, este libro ha sido sanador. Es la primera vez que puedo hablar del VIH, del sida.

Viajo mucho. Me encuentro a muchas personas que han sido víctimas colaterales del sida. En general, veo que el interés va más allá del sida porque el libro habla de la clase media, de la inmigración, de la Francia de la segunda mitad del siglo XX. Todo el mundo tiene alguna historia que contar.

El sida cambió la manera de relacionarnos con los médicos, y no sólo por la prevención o los condones. Consiguió democratizar verdaderamente la sanidad. Consiguió que médicos y enfermeras pensaran de otra forma. “El sida cambió la manera de relacionarnos con los médicos. Consiguió democratizar verdaderamente la sanidad, que médicos y enfermeras pensaran de otra forma.

Así es. Cuando visito escuelas me doy cuenta de que los alumnos saben qué es el sida, pero no qué significa. Los jóvenes ven esto muy lejano. Algo parecido nos ha pasado con el covid. Muchos temores olvidados regresaron con la pandemia de 2020, parte de lo logrado se puso en riesgo… pero en seguida olvidamos. Y es clave no olvidar. No olvidar es útil. El libro quiere contribuir a esa lucha contra el olvido.

Se ha avanzado mucho. Disponemos de tratamientos eficaces. La historia del libro acaba mal, pero bien mirada es una historia optimista: hay buenas noticias sobre el VIH. En este sentido, es también un tributo a la investigación, a la medicina. Hubo profesionales que, a pesar de todo, tuvieron el coraje de enfrentarse al virus.

Pero tienes razón, el estigma continúa. Si lo piensas un poco, ves que pocos famosos reconocen abiertamente que tienen VIH, que no hay tanta gente que hable del tema con naturalidad. Es como la homosexualidad en el fútbol. En algunos hospitales incluso, cuando te van a hacer un escáner, te dejan para el final del día si tienes VIH. ¡Por mucho que digan que son indetectables y se quejen!

Yo mismo, entre mis colegas, cuando me preguntan de qué es el libro que he escrito y cuánto éxito tiene, y por el que me entrevistan en la radio, por ejemplo. Les digo que es sobre el VIH… y se crea un espeso silencio. Nadie lo considera como regalo de Navidad. No, en el fondo las cosas no han cambiado tanto, y eso es decepcionante. Ha cambiado lo médico, pero no la discriminación. No, no creo.

El libro me ha permitido continuar la lucha contra el VIH de otra manera. En las escuelas, ejerciendo el activismo en la calle, quizá haciendo un podcast… Ahí soy útil.

Doce hermanos, seis diagnosticados con esquizofrenia. Don y Mimi Galvin encarnan como nadie el espíritu ingenuo y entusiasta de los Estados Unidos de su época. Jóvenes y llenos de sueños y ambiciones, el futuro es para ellos un horizonte abierto.

Los hijos no tardan en llegar: en 1945 nace Donald, el primero de los doce que tendrá la pareja a lo largo de dos décadas. Atléticos, inteligentes, talentosos, atractivos y felizmente instalados en la idílica casa de Hidden Valley Road, los Galvin se dirían la perfecta familia americana.

Hasta que un día, tras una serie de extraños comportamientos, diagnostican esquizofrenia a Donald. En los años sucesivos, nada menos que otros cinco de los chicos de Hidden Valley Road desarrollarán la enfermedad, y la amenaza siempre penderá sobre la cabeza del resto.

Los chicos de Hidden Valley Road es una portentosa crónica con un pulso narrativo tan sólido y adictivo que se lee como una novela: una saga familiar llena de amor, sufrimiento y esperanza que se desarrolla en paralelo no solo a los grandes episodios de la historia estadounidense del siglo XX, sino también a los avances en la visión, comprensión y tratamiento de la esquizofrenia.

«Una crónica asombrosa y fascinante, que rebosa inteligencia y empatía… Kolker aborda esta historia extraordinariamente compleja con tal brillantez y eficacia que los lectores se verán atrapados por ella.

Jóvenes en tierra de nadie estudia la vulnerabilidad juvenil en las grandes ciudades, tomando como caso de estudio un barrio del sur de Madrid. En Francia, Inglaterra o Estados Unidos, las banlieues, las inner cities y el gueto negro llevan estudiándose desde hace décadas, pero en España este fenómeno aún no se ha abordado con la profundidad que merece.

Cecilia Eseverri Mayer se acerca a una nueva juventud mestiza y bicultural que se desvía por momentos del camino trazado, pero que sigue conectada a la familia, la comunidad étnica y el tejido asociativo local.

Este ejercicio de microsociología le ha permitido observar el cambio social en su estado más puro: el paso de una sociedad industrial, económicamente próspera, culturalmente homogénea y católica, a una sociedad de servicios, en plena crisis económica, culturalmente diversa y multirreligiosa.

Jóvenes en tierra de nadie nos habla de las miserias del sistema urbano, educativo y laboral, pero también de la capacidad de acción de los individuos, de su empuje por favorecer la igualdad de oportunidades cuando aún hay tiempo de elegir un destino.

Porque siempre he pensado en que las cosas rimbombantes pasan siempre en los mismos sitios: Times Square, Central Park, Picadilly Circus… Pero ¿por qué no iba a pasar algo en la Plaza del Altozano o en la Avenida de la Constitución de Sevilla?

Siempre me han llamado la atención, como lector, las novelas de Dan Brown, y cómo mezcla esa intriga y esas pistas propias de este género con el folclore de cada sitio sobre el que escribe. Sé que Dan Brown tiene escritas un par de novelas basándose en Sevilla, porque además vivió aquí durante un tiempo, pero nunca desde la perspectiva de esta fiesta.

Para mí, visualmente, la Semana Santa tiene mucha riqueza. Pero en tu novela hay una imagen que dejamos de ver y que detona la trama… La imagen de la Virgen de la Macarena. Visualmente es algo que me marcó mucho cuando me lo imaginé, tanto que incluso le encargué la ilustración de la portada a Jesús Tizón basándome en esa imagen.

Verás, el Camarín (es el sitio del altar donde se coloca la imagen de la Virgen) de la Esperanza Macarena es muy característico. Sé que me has preguntado por dónde está la Virgen. Os voy a dar una pista. Para el que conozca mínimamente la historia y las leyendas de Sevilla, le va a ser fácil saber dónde podría estar.

Has dicho en alguna ocasión que tenías miedo de herir sensibilidades con Los hijos de justo. Bueno, digamos que es un mundo bastante sensible, por así decirlo. Una mala interpretación de un hecho como es el hecho de que desaparezca una imagen tan emblemática como la Esperanza Macarena puede llevarte a herir sensibilidades. Es así. En general es una fiesta popular.

Es para hablar largo y tendido sobre el tema, pero conozco muchísimos casos de personas que hacen vida de Hermandad, como aquí se dice, que básicamente es asistir a los cultos programados y tener amistades con gente a través de la Hermandad, pero son agnósticos. Son agnósticos, pero creen en su Cristo y en su Virgen por lo que ven cuando miran esas imágenes.

Como agente literario debo reconocer que se me han puesto un poco los dientes largos con el argumento. Una novela negra ambientada en la Semana Santa de Sevilla me interesa, la verdad.

Fue publicada por una editorial de autopublicación en Amazon. Una editorial que por circunstancias ya no existe y el libro sigue ahí de manera residual.

Directa y con muchos giros. Me gusta mantener siempre el hilo de tensión. Y volviendo al argumento de Los hijos de justo. ¿La Semana Santa va de fe?

La Semana Santa va de la gente. Quizá haya podido explicarlo un poco en la pregunta anterior con el ejemplo de los agnósticos cofrades. Y sé que es un ejemplo que puede chocar, pero es así. Pero, por otro lado, que sea popular y que tenga esa vertiente más pagana, no significa que no haya fe a raudales.

Es una fiesta muy difícil de catalogar, Eva. Como te he comentado anteriormente, la novela se centra en esas semanas de antes y en cómo enfrenta la ciudad un problema de seguridad ciudadana con una fiesta mayor de por medio.

Me encantaría. Me gustaría que no se centren en mi novela como una novela cofrade. Es una novela negra en la que lo Cofrade es un eje vertebrador, pero es uno de ellos.

A Valen no le ha entusiasmado, no le ha enganchado, estaba leyendo otras cosas y no acababa de meterse en esta historia. El punto de partida está bien, con dos etarras colgados intentando unirse a la organización sin conseguirlo, le gusta, pero es claustrofóbico: solo muestra su punto de vista. La historia no despega del todo o despega tarde. La resulta un poco lento todo.

Yo estoy de acuerdo en que en algún momento se me ha hecho pesada, pero lo he remontado después. Conchi no cree que sea la obra de más calidad de las suyas. Es curiosa su parte irónica. Le ha gustado la incapacidad de ajustarse a la realidad de los personajes, que están en su propia realidad. Eso lo ha vivido mucha gente en el País Vasco.

Hay partes que sí que le han gustado, pero se le ha quedado un poco pobre. Son incapaces de volver a la realidad, me parece a mí, incluso cuando ya el grupo terrorista desaparece. Se quedan en tierra de nadie.

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A Manu le ha gustado. sobre todo porque tiene humor. El vivió en el País Vasco en aquella época y tiene recuerdos duros. Le costó leer Patria, pero lo hizo y le gustó. Esta lectura le confirma que Aramburu conoce bien el ambiente de aquella época. Habla de los chavales, de los sueños de la gente joven para llevarlos a la novela muy bien, También los escenarios están bien trabajados. El desenlace está muy bien: una mujer les lleva a la realidad, les pone los pies en el suelo.

Le gusta como escribe Aramburu y la forma de ir al grano. Mª José se lo ha pasado muy bien, se ha reído mucho, no va a olvidar el gallinero en años. Para ella tiene mucha retranca, es una sátira terrorífica. Se lo ha pasado muy bien aunque tiene un poso amargo. Esos gudaris con la escopeta de escoba… Ha sido un interludio entre los dramones leídos. Los protagonistas hacen un contraste bueno. Se lee muy bien y rápido.

Manu recuerda los nombre que les pone Txalupa, lo que se ríe de ellos. Conchi comenta que hay crítica muy fuerte de cómo se reciben los españoles en Francia. Cómo se aborda la inmigración. Hay momentos de Gila: cuando roban la chocolatina al niño, la miel, los cambios de acera, hay mezcla de risa y ternura. Los personajes son bastante incapaces de querer, pero entre ellos hay respeto y cariño (Conchi).

Parecen hermanos, se quieren, son considerados entre ellos (M. José). Por ejemplo, cuando se mojan los pies. Cuando eligen la ikurriña del calendario, la fundación del nuevo grupo terrorista… El autor se rie de los símbolos por los que se llega a matar. Es todo tan absurdo… y ahí es donde entra la ironía. ¿Por esto se está matando? (conchi).

María Cristina pone un punto amable con su locura, le da alegría a la historia. Es muy generosa (Manu) y enamoradiza y es una sobreviviente que se agarra a ellos (Conchi). Es un espíritu libre que se aleja de la familia porque la tenía ahogada. La otra cara sería su hermana que tampoco no es feliz.

La visión de las mujeres desde la perspectiva de Asier es un poco machista (yo). Manu piensa que es cultural vasco: las sociedades gastronómicas son masculinas, etc. Karmele es la tipica amatxu vasca, una mujer con los pies en la tierra. Se trata de una sociedad matriarcal (Manu).

A mí me gusta su manera de escribir, es escueta, va al grano, escribe de manera concisa. Otra protagonista es la lluvia (Manu). Se mojan, se calan y ese ambiente angustioso contribuye a genera malestar: no tienen comida ni ropa de abrigo.

Recordamos episodios muy divertidos: el tiro en casa de Txalupa, cuando recogen ciruelas, cuando se ríe de los lemas. Le recordaba a Conchi a la peli Fe de etarras. Es algo parecido. Están en un piso franco para actuar en Madrid. Valen que el tema da para ello. Yo recuerdo que no se olvidan las barbaridades.

El autor se moja en hablar de ellas aunque los protagonistas encuentran una justificación (Valen). Cuando vuelven a San Sebastián y las calles del casco están para pinchos, ellos cortociruitan.

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