En el cine contemporáneo, el realismo social a menudo corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de turismo moral, una mirada externa que observa la miseria desde una distancia higiénica y demasiado cómoda. En Ciudad sin sueño, título lorquiano y canción de Morente y Lagartija Nick con presencia al final, Galoe evita la trampa llevándose el rodaje a la localización más complicada de Europa, metiendo a decenas de habitantes de la Cañada en el filme y transformando la periferia de Madrid en un escenario donde lo telúrico y lo trascendental se dan la mano.
La semilla de este largometraje se plantó en ese premiado corto que fue Aunque es de noche (2023). Si allí Galoe nos sumergía en una odisea nocturna de dos chavales bajo el apagón de la Cañada, aquí la cámara se posa, con algo menos de noche y un sol polvoriento, en uno de ellos, Toni, interpretado, de nuevo, por Toni Fernández Gabarre. Su actuación es un milagro de presencia física, mezcla de orgullo gitano, desamparo y verdad emocional.
La trama, de una sencillez engañosa, se articula en torno a la identidad frente al borrado. Toni, un joven de etnia gitana, se gana la vida como chatarrero junto a su abuelo materno Chule, patriarca familiar cuya autoridad se ve amenazada por su yerno Julio. El conflicto estalla cuando el realojo se convierte en una amenaza: la mudanza a un piso moderno que propone Julio supone abandonar la Cañada y la libertad del asentamiento por un bloque impersonal a las afueras de Madrid.
El drama se vuelve íntimo cuando Chule vende a Atómica, la galga de Toni adiestrada para cazar liebres, bajo la extraña promesa de una nueva parcela. Lo que separa a Ciudad sin sueño de la corrección política que suele asfixiar al cine social contemporáneo es su brutal credibilidad.
Galoe, cuya experiencia en el documental fortalece este tipo de ficción, huye de la moralina y del cine higienizado. En su lugar, apuesta por un naturalismo zolaesco que abraza la aspereza: niños que fuman con naturalidad y conducen motos, bodas prematuras, trato crudo y utilitario hacia los animales, figurantes heroinómanos… Hay ecos lejanos del Eloy de la Iglesia de los setenta, pero desde una perspectiva muy diferente.
Galoe dirige magistralmente un elenco de actores no profesionales que hibrida la ficción con la realidad, recordando la excepcional saga gitana de Isaki Lacuesta, y construye un marco de una veracidad que desborda el encuadre. El espacio en la Cañada, construido con una dirección de arte que se funde con el escombro real, es un personaje más.
Los barriles con fuego, la basura, los animales de granja, las casas destartaladas, las palas excavadoras o los coches oxidados crean una atmósfera de frontera. Si bien el conjunto evoca ciertos aspectos del western, en mi opinión la mirada de Galoe remite de forma más directa al Buñuel mexicano, específicamente a Los Olvidados.
Sin embargo, Galoe no renuncia a la lírica en su realismo. El director integra vídeos rodados por Toni y Bilal con sus teléfonos móviles. Saturados con filtros de colores ácidos (rosas flúor, verdes radiactivos), le otorgan al metraje un carácter hipnótico que nos permite ver la tragedia desde los ojos prodigiosos de la adolescencia. Es un recordatorio de que, incluso en la ruina, hay espacio para la creación de belleza.
La apuesta estética llega al punto de subvertir las convenciones realistas: Toni rueda estos vídeos en horizontal, desafiando la verticalidad impuesta en películas similares, un detalle que subraya la determinación poética del director por encima del hiperrealismo.
El trabajo en el montaje es vital para entender la película, que sabe alejarse del guion cuando el material filmado lo pide, apostando por rascar en los discos duros del rodaje para descubrir lo que nadie había previsto. La película se detiene en puntos muertos, en conversaciones espontáneas del grupo donde surge una magia que no puede escribirse.
Poças, cuyo ojo ya deslumbró en Zama y Grand Tour, aquí opera en dos frecuencias. Primero, una luz de documental crudo, de texturas ocre y luces altas que castigan la piel de los actores.
Ciudad sin sueño es, sin lugar a dudas, una de las películas más deslumbrantes y poderosas de la década. Las cinco nominaciones a los Goya le hacen escasa justicia, si bien es cierto que algunos de los mejores largos de lo que llevamos de siglo no obtuvieron ninguna. El filme explora los límites entre ficción y realidad con una fluidez que elude toda impostura.
Hay un momento en Ciudad sin sueño que funciona como una declaración sobre el éxodo. Toni, cuya mirada posee la gravedad de un oráculo, pregunta sobre el piso al que su familia quiere mudarse: «¿Y hay campo?». No es una pregunta geográfica. Es una elegía.
Vista de la Cañada Real Galiana.
Un Festival Flamenco con Alma: Valle Gitano y su Tributo a la Cultura
La Hermandad Sacramental de Los Gitanos de Sevilla ha presentado el cartel de la II Edición del Festival Flamenco “Valle Gitano”. Este festival no solo celebra el arte jondo, sino que también cumple una importante función social, extendiendo su ayuda a los barrios más desfavorecidos de la ciudad, como el Polígono Sur.
José de la Tomasa, emocionado, agradeció a la Hermandad este tributo a su persona y a su flamenco. Pastora Galván también expresó su gratitud y presentó a los artistas que la acompañarán: Bobote al compás, el cante de Rubio de Pruna y a la guitarra, El Perla.
El Hermano Mayor, José María Flores, agradeció la implicación de los artistas y medios de comunicación en este Festival y su causa, destacando que la acción social de la Corporación va más allá de auxiliar a sus hermanos, llegando a los barrios más desfavorecidos de la ciudad con proyectos sociales.
La jornada del viernes estará dedicada a los artistas emergentes del arte jondo, con el cante de Manuel de la Tomasa, de familia de larga tradición flamenca, y el espectáculo “Fuera de Serie” de jóvenes artistas del Polígono Sur, presentado por El Torombo y la ONG Tetoca Actuar.
El Festival Valle Gitano vivirá su jornada grande el sábado 22 de junio, con un homenaje al artista sevillano José de la Tomasa y la participación de grandes voces flamencas.
El Sueño de la Música y la Realidad: Albert Gil y los Brighton 64
Albert Gil (Barcelona, 1963) ha publicado en Las cosas por su nombre (66 rpm) una serie de reflexiones y memorias sobre aquella época accidentada. Años en los que todo pudo ser, años de efusión adolescente en contraste con el paso del tiempo, la llegada de la madurez y las decepciones de un negocio que es en la actualidad, parafraseando a Luis Miguélez, mucho show pero poco business.
Los hermanos Gil absorbían tendencias y estilos musicales como esponjas, pero los canalizaban todos con dos premisas: velocidad y energía, en la línea del revival mod del 79 y el punk del 77. Un estilo, el de su grupo Brighton 64, distintivo y característico porque en la primera mitad de los ochenta no era tan habitual ejecutar así las canciones.
Llegaron a tener hits en lo más alto, como «La casa de la bomba» y «El mejor cocktail», que todo amante del pop español recordará, y un disco anterior de solo ocho canciones, Haz el amor, que es una verdadera gema.
En su casa siempre hubo reuniones de fumadores empedernidos, bebedores, gente bastante trasnochada, sobre todo habladores, pero eso les hizo estar en contacto con personas bastante curiosas, del entorno más radical y nacionalista. Gente sobre todo muy crítica con todo lo que era la Transición y vinculada a luchas utópicas. Eso marcó su forma de ser y su querencia a las causas perdidas. El tema musical se lo tomaron también como un proyecto bastante utópico.
Lo que más les marcó fue una cosa que descubrieron su hermano y él, creo que por la radio, que era la relación de acordes del blues y el rock & roll. Las pentatónicas, esos tres acordes que hacen que el rock & roll sea el rock & roll. Sobre todo, Chuck Berry.
Todo esto hasta que descubrieron por accidente a su grupo de referencia, los Who, por una película, Los chicos están bien, que la vieron por casualidad en el cine Maldà y salieron de ahí entregados a la causa. Fue una epifanía acojonante. Se pusieron a tirar del hilo a raíz de lo que habían visto, pero encontrar sus discos era imposible.
Conocieron a Jordi Fontich, el actual teclista de Brighton 64, en el colegio, con quince años, y el tío tocaba como Jerry Lee [Lewis]. Se compraron un libro que se llamaba Rock ‘n’ Roll de John Lennon, con todas las partituras de ese disco y, sin saber leerlas, se ponían a cantar en casa «Be-Bop-A-Lula» y cosas de esas con un piano desafinado.
Aunque ellos eran en realidad herederos del movimiento punk, salieron en un momento en el que no hicieron más que apuntarse a una moda. Era como ahora el trap, que es la música de actualidad. Los discos de los Jam entonces eran la música actual, eran contemporáneos suyos. Así se han tomado siempre su militancia mod y la forma de entender la música como algo vinculado al momento.
Como cualquier adolescente, te sientes llamado a ser alguien, a ser especial. La diferencia es que, en el movimiento mod, tú eres un puto líder y no necesitas ser un grupo, como los rockers o los skins. Al contrario, es más selecto. Eso encajaba con sus gustos y ahí se metieron.
La ÉPOCA MÁS SALVAJE de ESPAÑA QUE ACABÓ MAL | MOVIDA MADRILEÑA
La Movida Madrileña: Un movimiento cultural que marcó una época.
Habían ido mucho con su tío, Salvador Giner, el hermano de su madre, que era un sociólogo muy importante y trabajaba en Inglaterra. Visitaban Londres, Lancaster, etc. En una de las últimas, se hicieron unas fotos en la playa de Brighton. Compraban muchos discos. Allí podías conseguir todo lo que deseabas, tanto en discos como en ropa. Aquí se tenía que hacer estrechos los vaqueros uno mismo, cosiéndolos. Tenías que ir a tiendas de segunda mano para conseguir un traje. Ibas vestido de mod con la ropa del abuelo. Él tuvo la suerte de tener uno, el materno, que era un dandi y tenía buen fondo de armario. Tanto su hermano como él han tirado de ese armario… no te lo puedes ni imaginar. Hay muchas fotos de Brighton 64 en las que salieron llevando ropa de su abuelo.
Luego empezaron a ir a conciertos. Algunos memorables, como los Clash en Brixton. Eso fue acojonante. Tocaban con Tenpole Tudor, un grupo también excelente. Era acojonante ver a Clash en ese momento, antes de Sandinista!
En esa época, veías un extranjero y te deshacías por él, le querías enseñar todo, y ahora lo ves y quieres huir. Los extranjeros eran los marineros americanos de las bases, que estaban en el barrio chino, que se llamaba así, y no el Raval. La Plaza Real era de tierra, podías entrar, pero no sabías si ibas a salir vivo. Era todo muy peligroso, pero muy auténtico. A finales de los ochenta, con lo del 92, ya se puede dar por enterrada una Barcelona de la que ahora solo quedan residuos. Desapareció una forma de ser, un cosmopolitismo que no había tanto en Madrid. Barcelona era una ciudad provinciana, pero abierta de miras. Y con muchos contrastes. Era capaz de integrar al Gato Pérez, que vino de Argentina y triunfó tocando rumba catalana hasta convertirse en un símbolo. Tenían un mono blanco [risas]. Era una ciudad cojonuda.
La Ludwig Band y "La Perla 29": Un Canto en Verso a la Vida de Camarero
Después del éxito de Sant Pere el farsant, los chavales de La Ludwig Band se transmutan en dramaturgos y actores para contar la historia de un camarero singular, “que hereda un bar y pierde los mejores años de su vida”.
La compañía celebra haber podido trabajar profesionalmente, “con un mes para ensayar en una sala y no en cualquier lugar”, afirma Quim Carandell. Él es la mitad de la pareja de dramaturgos que forma con Lluc Valverde, quien explica: “Hemos hecho muchos trabajos, y muchos actores hemos hecho de camareros. Mientras la gente se lo pasa bien, nosotros vendemos nuestra felicidad por un sueldo escaso.
Carandell sigue: “ Lluc crea buenos protagonistas. Le hemos añadido cancioncillas y lo hemos escrito en verso. El verso ayuda a memorizar el texto, y como somos fans de Calderón de la Barca, con el verso nos acercamos un poco más a él.
Valverde contesta: “Sí, estamos ocupados haciendo de camareros y de monitores de comedor”.
Tommy: La Ópera Rock que Salvó a The Who y Rompió Tabúes
El 23 de Mayo de 1969, The Who publicaron un doble LP conceptual con 24 canciones sobre las diferentes etapas de la vida de un chico sordo, mudo y ciego. "La historia de un abuso infantil", explicó su creador.
Tommy fue una apuesta arriesgada: nunca antes se había hecho nada parecido. Pero The Who se jugaban su futuro y el órdago salvó su futuro. El éxito del álbum dio un vuelco a su carrera y proporcionó fama y fortuna para Pete Townshend, Roger Daltrey, John Entwistle y Keith Moon.
Según Richard Barnes, amigo y biógrafo del grupo: "En 1968 parecía que estaban perdiendo fuerza. Tenían problemas". Hasta ese momento, eran una banda principalmente de singles pop y estaba empezando a costarles mucho llegar al top de las listas de discos, tanto en Inglaterra como en Reino Unido. Daltrey lo corroboraba: "Éramos una banda de singles que no iba a ninguna parte. Teníamos problemas internos reales".
Pete Townshend sabía que necesitaba algo arriesgado y diferente para salvar a la banda. Necesitaba un álbum de éxito y Tommy superó cualquier expectativa: "Siempre supimos que Tommy iba a significar algo importante". Aclamado por crítica y público, superó los 20 millones de copias en todo el mundo.
Mayoritariamente escrita y concebida por Pete Townshend cuando apenas tenía 23 años, Tommy "es la historia de un abuso infantil", revelaba el guitarrista de la banda inglesa en el documental 'The story of Tommy'. La historia de un chico nacido durante la Primera Guerra Mundial que sufrió un shock y se quedó ciego y sordomudo tras el shock que le produjo ver a través de un espejo cómo su padre asesinaba al amante de su madre.
Sus progenitores se desentendieron de él y sufrió malos tratos por parte de su primo, el cruel Kevin, y de su tío Ernie. El chaval, Tommy Walker, se convirtió en un 'mago' del pinball. Posteriormente, recuperó sus sentidos y se convirtió en una figura mesiánica por su 'curación milagrosa'.
La portada del álbum Tommy de The Who.
Townshend nunca ha ocultado que sufrió abusos sexuales y físicos cuando era niño. En su libro de memorias de 2012, Who I am, escribió que su abuela materna, Emma Dennis, le negaba la comida y le metía la cabeza debajo del agua en una bañera cuando tenía entre cuatro y seis años, y cinco años después abusaron de él sexualmente dos líderes de los Sea Scouts.
Pete explicaba en 'The story of Tommy': "Por supuesto, no era exactamente mi historia. Era la historia de todos estos chicos que yo conocía, con los que crecí, todos ellos tenían experiencias muy muy similares, muchos de ellos, bastante peores que la mía".
En Tommy, Pete Townshend expresó su dolor personal y espiritual como nunca antes lo había hecho. En un momento de la actuación, confesó al público:"Algunas de estas canciones son realmente duras de escuchar. Ya sabéis que abusaron de mí cuando era niño y encuentro muchas de estas cosas realmente duras de escuchar y realmente duras de tocar. Pero este es un concierto benéfico, para los chavales, para sacarles de sitios que son mucho peores de los que yo estuve, lo que me ocurrió no fue tan serio. Pero me jodió. Hasta que escribí Tommy. Y después, cuando escribí Tommy, pensé '¿de dónde viene todo esto?'. Y empecé a recordar. No voy a tocar Tommy muy a menudo. Lo encuentro demasiado duro".
En una entrevista con Rolling Stone, el vocalista contó: "Cuando habíamos acabado de grabar el álbum, y estábamos haciendo los ensayos, de repente me di cuenta de que había estado sordo, mudo y ciego durante tres años. Ese había sido yo. Yo había sido Tommy. Me identifiqué totalmente con él". Daltrey añadía "La gente solía llamarme Tommy… y aquello empezó a fastidiarme".
"Estoy harto de hablar de Tommy, pero desde luego, no estoy harto de tocarlo", decía Keith Moon. En su autobiografía, Pete escribe: "El 31 de Marzo de 1969, estuvimos ensayando en una sala en West Ealing. Habíamos tardado cuatro días en darnos cuenta de que Tommy iba a ser una pieza maravillosa para tocarla en directo. Después del último ensayo, Keith me llevó a tomar un trago, me miró a los ojos y me dijo 'Pete, lo has conseguido. Esto va a funcionar'."
Anécdotas de la Selectividad: Entre Errores Históricos y Deslices Geográficos
Entre los cerca de 58.000 exámenes que los estudiantes gallegos hicieron en la selectividad de junio los hay de diez, los hay de cero y los hay también con patinazo incluido. Los nervios juegan malas pasadas, más aún cuando lo que está en juego es el acceso a la universidad.
Los correctores de las pruebas aseguran que las anécdotas son el pan nuestro de cada día de la selectividad. Este año, tras 18 como director del grupo de trabajo del examen de Composición dun texto histórico, Balboa no ha podido corregir ningún ejercicio. Cuestión de incompatibilidad. «Se examinaba mi hija», cuenta. «Aprobó, y la nota le da para elegir carrera», añade orgulloso. Pero, pese al paréntesis, Balboa recuerda mil y una perlas como corrector. «Hay chavales muy capaces de inventarse que Santiago Carrillo era falangista y que acabó asesinado por ETA.
Es que la Historia «é moi dada a erros importantes», afirma Antonio Díaz, profesor de esa asignatura en el IES Eusebio da Guarda de A Coruña y corrector desde hace más de diez años. «Eu atopei cantidade deles. Desde quen mete a Lenin na Guerra da Independencia ata quen chama Felipe VII ao rei Fernando VII», señala.
En geografía, algunos de los que se examinaron en junio no van mucho mejor encaminados. «Colocar provincias y accidentes geográficos lo hacen bastante bien, pero este año hemos encontrado auténticas burradas en las definiciones», asegura Alberto Pazo, de Ciencias de la Educación de Pontevedra y coordinador del examen de Xeografía. «Algunos correctores las están recopilando, dan para una antología», comenta. Una de las mejores, recuerda, es la de un alumno que, en una pregunta sobre inmigración, contestó: «Las zonas del mar Cantábrico tienen una de las medias más bajas de inmigración por culpa de que son zonas cercanas al mar Atlántico, que es muy difícil por ser un océano muy grande».
Jóvenes realizando el examen de Selectividad.
Para Xesús Balboa, sin embargo, la mejor anécdota no estaba sobre el papel. «Un año se presentó un chaval con el brazo en cabestrillo, me dijo que se había lesionado el día anterior y me pidió más tiempo para escribir con la izquierda. Incluso le puse una nota para que quien corrigiese supiese el motivo de su mala letra.
Suspenso en ortografía
La selectividad también destapa otras carencias. Los correctores aseguran que las faltas de ortografía y de sintaxis «están a la orden del día». «Se notan deficiencias bastante generalizadas. Llegas a encontrar 40 o 50 faltas en una redacción de tres páginas. Y es gente que va a acceder a la universidad», comenta Xesús Balboa. «Escriben tubo como pasado de tener, vamos haber en vez de vamos a ver o haver en lugar de haber», añade Alberto Pazo.
