Uno de los cuentos más educativos para los niños es el de El lobo y los siete cabritillos. Este cuento infantil se considera uno de los más populares y conocidos de todos los tiempos, un verdadero cuento tradicional que sigue gustando e intrigando a los niños.
El cuento de 'Los siete cabritos' se empezó a narrar a los niños con el fin de inculcarles la moraleja sobre lo importante que es la obediencia y la prudencia en este mundo. A través de la historia de los siete cabritos que se quedan solos en casa se hace entender a los niños que deben ser prudentes y no confiar en desconocidos.
El Lobo Feroz y los Siete Cabritos 🐺🎉 Cuentos infantiles para dormir en Español
La moraleja del cuento de El lobo y los siete cabritillos recuerda que siempre hay que hacer caso a los padres y no hay que fiarse nunca de los desconocidos. Pero, sobre todo, enseña que nunca hay que abrir la puerta de casa a un desconocido, por mucho que insista. Este cuento encanta a los pequeños, pues incluye partes alegres, tristes y un final feliz que no les dejará indiferentes.
Resumen del Cuento
Érase una vez una mamá cabra que vivía en una bonita casita en el bosque junto a sus siete cabritillos. Un día, la madre tuvo que salir, dejando a sus hijos solos en casa. Pero, antes de salir, les avisó seriamente de que no abrieran la puerta a ningún desconocido. La mamá cabra salió de casa y no había pasado mucho rato cuando los cabritillos oyeron que alguien llamaba a la puerta.
Se escuchó una voz que dijo: “Abrid la puerta, hijos míos. Soy vuestra madre y he vuelto con un regalo para cada uno de vosotros”. Pero los cabritillos pudieron ver las feroces patas del lobo por la ventana y dijeron: “¡Vete! ¡Nuestra madre no tiene las patas negras como las tuyas!”. El lobo se marchó, pero no tardó en volver con las patas manchadas de harina y gritó: “Abrid la puerta, hijos míos. Soy vuestra madre y he vuelto con un regalo para cada uno de vosotros”.
Los siete cabritillos gritaron a la vez: "¡Primero, enséñanos las patas para saber si eres nuestra madre!". El lobo enseñó su pata emblanquecida por la ventana y los cabritillos abrieron la puerta pensando que era su mamá. Entonces, el lobo entró rápidamente en la casita para comérselos.
Con la barriga llena, el lobo se marchó satisfecho a echarse una siesta en el claro del bosque. Al mismo tiempo, la mamá de los cabritillos regresó a la casita y, enseguida, se dio cuenta de que algo no iba bien. Por suerte, el más pequeño de sus hijos había conseguido permanecer a salvo escondido y pudo explicar a su madre todo lo que había pasado.
La mamá cabra lloró por sus hijos pero salió en su busca. Al llegar al prado donde dormía el lobo, pudo ver que en su abultada barriga algo se movía. Así que pidió a su hijo más pequeño que trajera de casa tijeras, hilo y aguja. Con todo ello, consiguió abrir la barriga del lobo y sacar a sus siete cabritillos sanos y salvos. Rellenó la barriga del lobo con piedras y la cosió.
Cuando se despertó, tenía mucha sed y al acercarse al pozo para beber agua, el peso de las piedras hizo que se cayera dentro y se ahogara. Los cabritillos se acercaron al pozo y comenzaron a saltar y cantar en corro alrededor de él celebrando que volvían a estar los siete juntos.
Otra Versión del Cuento
Había una vez una vieja cabra que tenía siete cabritillos a los que quería mucho. Como no quería que les pasase nada malo, siempre insistía cuando se iba a por comida que tuvieran mucho cuidado y no abrieran la puerta a nadie.
- ¡No os fiéis de nadie! El lobo es muy astuto y es capaz de disfrazarse para engañaros. Si veis que tiene la voz ronca y la piel negra será él.
- ¡Síii mamá, tendremos cuidado!
En cuanto la cabra desapareció, apareció el lobo y llamó a la puerta.
- ¿Quién es?, preguntaron los cabritillos
- Abridme hijos míos, soy vuestra madre.
Pero los pequeños recordaron el consejo de su madre y no se fiaron.
- Tu no eres nuestra madre. Nuestra madre tiene la voz suave y tu la tienes muy ronca.
El lobo se marchó enfadado por haber sido descubierto y fue directo a la tienda donde se compró un trozo de yeso para suavizar su voz. De nuevo volvió a la casa de los siete cabritillos.
- ¿Quién es?, preguntaron los cabritillos
- Soy yo, vuestra madre.
Esta vez su voz sonaba suave, así que los cabritillos no estaban seguros del todo. Entonces, vieron por la ventana que su pata era negra como el tizón y se dieron cuenta de que era el lobo.
- ¡Tu no eres nuestra madre, eres el lobo! Nuestra madre tiene las patas blancas.
El lobo volvió a marcharse malhumorado pensando en que esta vez lo conseguiría. Fue al molinero y le pidió que le pintase la patita con harina, y aunque al principio el molinero no se fió de él, le entró miedo y acabó accediendo.
De modo que el lobo volvió a llamar a la puerta.
- ¿Quién es?, preguntaron los cabritillos
- Soy yo, vuestra madre.
- Enséñanos la patita para que podamos verla
Al ver los cabritillos que su pata era blanca como la nieve creyeron que de verdad se trataba de su madre y le dejaron pasar. Pero cuando vieron que era el lobo, corrieron despavoridos a esconderse por todos los lugares de la casa. Uno se metió debajo de la cama, otro en el horno, otro en la cocina, otro en el armario, otro en el fregadero y el más pequeño en la caja del reloj.
El lobo fue encontrándolos y comiéndoselos uno por uno, excepto al más pequeño, al que no pudo encontrar. Estaba tan harto de comer cuando terminó que se fue a tumbar debajo de un árbol y se quedó profundamente dormido.
Entretanto llegó mamá cabra y menudo susto se dio cuando vio que toda la casa estaba revuelta y no había ni rastro de sus hijos. Entonces la más pequeña la llamó desde la caja del reloj, su madre la sacó de su escondrijo y le contó lo ocurrido.
La vieja cabra cogió tijeras, aguja e hilo y fue con el cabritillo en busca del malvado lobo. Cuando lo encontraron cogió las tijeras y le abrió la tripa al animal. De ahí salieron uno por uno sus seis cabritillos vivos. Todos estaban muy contentos de estar sanos y salvos, pero la madre quiso darle al lobo su merecido y ordenó a los pequeños que fueran a por piedras. Con astucia, logró la vieja cabra llenar al lobo el estómago de piedras sin que éste lo notara.
Cuando se despertó, tenía mucha sed y al acercarse al pozo para beber agua, el peso de las piedras hizo que se cayera dentro y se ahogara. Los cabritillos se acercaron al pozo y comenzaron a saltar y cantar en corro alrededor de él celebrando que volvían a estar los siete juntos.
